Agenda completa de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2024-2025

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8/9/10

Gozar en la existencia misma

Memento Mori (“no olvides que has de morir”) es una antigua máxima con gran eco y tradición en la historia de la filosofía y la espiritualidad. Condensa lo que se estima una justa y adecuada manera de afrontar la vida: recordando siempre su carácter efímero y preparándose para la “otra” vida. Sin embargo, ¿no se olvida la vida presente -la vida misma, que es en el ahora o no es- con tanto pensar en esa “otra” vida?.

Antifonte el Sofista (480-411 a.c.) espetaba a los jóvenes atenienses que “hay gente que no vive la vida presente: es como si se preparasen, consagrándole todo su ardor, a vivir no se sabe qué otra vida, pero no ésta, y mientras hacen esto, el tiempo se va y se pierde”. Quizá por esto mismo, muchas centurias después, en pleno Renacimiento, Michel de Montaigne (1533-1592) escribía estas líneas: “¡Cómo! ¿No has vivido? Ésta no es sólo la fundamental, sino la más ilustre de tus ocupaciones (…) La grande y gloriosa obra maestra del ser humano es vivir”. Antifonte y Montaigne hacían suya con ello otra máxima clásica: Memento Vivere (“no te olvides de vivir”).

La oposición entre Memento Mori y Memento Vivere ha conmovido el corazón de no pocos hombres y mujeres, algunos de la talla intelectual de Johann W. von Goethe (1749-1832), que volcó sus intuiciones e inspiraciones al respecto en lo que supuso de hecho la mayor expresión de su obra literaria. La transformación de su héroe, Wilhelm Meister, que de hombre de teatro muta en médico, ejemplifica bien la orientación de su sentir. Éste evolucionó hasta converger en buena medida con el de dos referentes históricos del estoicismo, el griego Epicteto (55-135) y el romano de ascendencia bética Marco Aurelio (121-180), que siglos antes habían mostrado su convencimiento de que la mayor obra espiritual no consiste en la palabra, la escritura o la oración, sino en la acción. Goethe lo asume e interioriza. Y lo manifiesta espectacularmente a través de su Fausto, quien traduce la primera frase del Evangelio de Juan –el conocido “Al principio fue el Verbo”- como “Al principio fue la Acción.

Y la Acción se explica y expande en la Voluntad, pues ésta es intrínsecamente la Intención plasmada en Acción y, por tanto, en experiencias conscienciales. Lo que subraya los luminosos y vigorosos lazos que ligan a la Voluntad con la Consciencia, y viceversa, señalando el binomio Consciencia-Voluntad como el camino que el ser humano ha de recorrer para desplegar su Capacidad Creadora, poner en valor las potestades que el Ser Uno (Dios) ha depositado en él y, finalmente, “retornar al Hogar” constatando que el Ser Uno (Dios) es persona en “mí” y que “yo” soy Él en forma de persona, con esta figura que tengo y en este preciso momento presente. Por eso bailo esta danza de la vida, pero “yo” no “estoy” bailando, sino que “soy” bailando, soy el baile: Dios se baila a Sí mismo en “mí” y entre Él y “yo” no hay diferenciación ni separación alguna hasta el punto de que, como afirmó Eckart de Hochheim (1260-1328), “si yo no estuviera, Dios no sería”.

Sin embargo, la significación de la Voluntad ha pasado inadvertida a demasiados teólogos. No fue el caso de Emanuel Swedenborg (1688-1772), que la encumbró en el seno de su sublime quehacer creativo: “Nuestra vida volitiva es la vida fundamental y nuestra vida cognitiva deriva de ella (…) Son las cosas aceptadas en nuestra Voluntad las que se convierten en materia de vida y son asimiladas por nosotros (…) Se es persona en virtud de la Voluntad y, secundariamente, en función de la capacidad cognitiva (…) Después de la muerte, lo que corresponde a la Voluntad, y el entendimiento que de ella dimana, permanece en nosotros, pero todo lo que es solamente materia de cognición (saberes, conocimientos, ideas, conceptos,…), y no de volición (intención, acción, experiencias conscienciales,…), desaparece porque no está realmente dentro de nosotros (Consciencia)”.

Por tanto, en la Voluntad, Memento Mori y Memento Vivere no sólo no confrontan, sino que se fusionan. Y lo hacen con un único objetivo: vivir el presente sin preocuparse del tiempo y sabiendo que no olvidarse de vivir es la mejor manera de afrontar la muerte cuando ésta sea precisamente el presente. Ambos “Memento“ quedan, pues, unificados en una misma vocación de perfil divinal: ocuparse del ahora sin preocuparse de si el ahora discurre en ésta o en “otra” vida; ejercer la Voluntad (Intención plasmada en la Acción y, por tanto, experiencia consciencial) en el momento presente continuo en el que lo eterno se desenvuelve y donde es imposible diferenciar entre una vida y “otra”, pues sólo hay Vida.

En esto se sintetizan los mejores ejercicios espirituales que se puedan practicar: en descubrir el gozo en la existencia misma Amando Con-Pasión y Con-Poder (la Pasión y el Poder del Ser Uno que se baila a Sí mismo en “mí”) la Vida, a uno mismo, a los demás y a cuanto nos rodea. Así lo hizo Goethe. Y así es como se alcanza y plasma lo propuesto décadas después de su fallecimiento por otro alemán insigne, Friedrich Nietzsche (1844-1900): “Ir más allá de mí mismo y de ti mismo. Experimentar de una manera cósmica”. Su visión de la voluntad cual “Voluntad de Poder” la asocian, como Martin Heidegger (1889-1976) supo interpretar, con el Eterno Retorno y con el proceso de expansión de la energía creativa que radica en lo más íntimo del ser humano y la Naturaleza.

Gozar en la existencia misma: ¿no es acaso ésta la ilusión, henchida de inocencia y alegría, con la que niños y niñas afrontan la vida y que Cristo-Jesús (Mateo 18:3 y 19:14, Marcos 10:14 y Lucas 18:16) colocó de modelo para acceder al Reino de los Cielos?.

Gozar en la existencia misma es la más bella y pujante cristalización de una Voluntad que es sinónimo de Amor en la cotidianeidad: la Intención de Amar incondicionalmente plasmada en la Acción consciente ejercida en el momento presente. Esta es la fórmula de la Gran Alquimia, la Magnum Opus que produce la metamorfosis de la criatura en Creador y abre las puertas de la vuelta a Casa.

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A Fernando, con Amor, en su Aniversario de Boda (14/08/10). Mj&e

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Reflexiones surgidas tras la lectura del libro “No te olvides de vivir. Goethe y la tradición de los ejercicios espirituales”, de Pierre Hadot (Siruela, 2010)

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