Agenda completa de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2024-2025

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25/6/21

Las Bodas de Caná (Testimonio de Cristo Jesús)

 


 

Preámbulo

Querido lector, antes de empezar, debo agradecer a mi amado “mensajero” Emilio el que ponga a disposición su blog para publicar este texto, que escribo, como el anterior, insertado el pasado 29 de marzo (“Quien soy yo…”: http://emiliocarrillobenito.blogspot.com/2021/03/quien-soy-yo-jesus-de-nazaret.html), a través de las manos de una persona también para mí muy amada; y que me ama, a su vez, de una forma tan especial que se prestó a efectuar funciones de “secretaría” para que estos párrafos se pudieran materializar y ser una realidad en el plano físico.

En el texto divulgado en marzo hablé de quién era yo, qué soy y qué vine hacer a este precioso planeta. En está ocasión, voy a contaros las verdadera historia de algunos acontecimientos de mi encarnación humana en la Tierra como y que se desenvolvieron tanto previamente como, muy principalmente, durante la celebración de las llamadas “Bodas de Caná”.

 

En casa de Lázaro

Tenía veintinueve años, me encontraba muy próximo a comenzar mi vida pública… Pero el hombre que habitaba en mí tenía las mismas inquietudes que cualquier joven de su momento.

Ya comenté en el texto anterior que, lógicamente, tenía amigos y amigas; y que con ellos solía compartir, frecuentemente en casa de alguno de ellos, en torno a una mesa, degustando una sencilla y rica  comida y bebiendo en común con agrado y moderación…

Y estando una vez en casa de Lázaro -mi buen amigo y hermano, porque así nos sentíamos- y sus hermanas, los tres personas cultas y con una posición económicamente acomodada, conocí a una gran mujer: María Magdalena, a quien la historia ha maltratado y calumniado tanto, trastocando su sabiduría, bondad y belleza en vulgar prostituta, sin conocimientos y sin ningún tipo de valores.

 

María Magdalena

Tenía un cuerpo esbelto, de estatura superior a la media de la época, ojos marrones claros y una melena de pelo largo, con contrates entre castaño y reflejos dorados. Su mirada era penetrante; su voz, serena y cálida; y su carácter, amable, alegre y servicial.

Así era la mujer que logró cautivarme como hombre… Antes me había atraído una de mis primas y hubo cierto “coqueteo” entre nosotros, pero no llegó a nada serio… Y también me gustaron otras mujeres (¿te extraña?, pues no debería, ya que fui humano al igual que tú; de lo contrario la encarnación crística en Jesús de Nazaret nada hubiera aportado ni a la humanidad ni al planeta). Pero lo que sentí por María Magdalena fue muy distinto y muy especial… Tanto que…

 

Boda en Caná

Quizás te estés preguntando quién y por qué me invitó a las Bodas de Caná (Galilea), donde hice mi primer milagro público, aunque ya había hecho muchas cosas, pero no trascendieron porque todavía no era el momento de que así fuera.

Bien, déjeme que te sorprenda, si aún no te has dado cuenta: la Boda de Caná ¡fue mi boda! Mejor dicho, nuestra boda: la que me unió en matrimonio con María Magdalena (encabeza este texto una foto, que he seleccionado entre las muchas que circulan por la redes, para ilustrar ese acontecimiento).

Tuvo lugar en la casa principal y familiar, una edificación tan grande como acogedora, de un buen amigo, José de Arimatea, que se brindó a ser anfitrión del evento. Y se trató de un día tan importante para Magdala y para mí que me animo a compartir seguidamente las enseñanzas que están ahí, en ese momento de mi vida como hombre.

 

Mi madre

Especialmente, las derivadas de dos hechos que ocurrieron con mi madre, a la cual quiero también darle el valor y el lugar que, sin duda, merece en la historia. El primero, al hilo de lo expuesto, que sin ella no hubiera podido casarme. Y el segundo transciende mi matrimonio: ella fue mucho más que una madre convencional y mantuvo siempre conmigo una hermosa y estrecha relación, ayudándome a dar mis primeros pasos en el “Servicio al Padre” y dando armonía y equilibrio para superar la impaciencia que pudiera tener en mi deseo de que todos vieran las cosas que su hijo “primogénito” podía hacer para dar testimonio de Él y la sabiduría y elocuencia que tenía al hablar…

Ella estaba muy orgullosa de mí; y así lo demostraba cada vez que podía, como aconteció en lo relativo al vino en mi boda. Pero no adelantemos acontecimientos. Quiero ir parte por parte… Por cierto, os describo también a mi madre: Sus rasgos no se correspondían con los que hoy proliferan en tantos templos y eran los propios de una mujer palestina. Eso sí, tenía una cara como una niña, ojos negros, pelo rizado de este mismo color. Y era más bien bajita, con manos y pies pequeños. Sin embargo, era fuerte de carácter y muy protectora de los suyos.

 

Enseñanzas de una boda

Para mi boda con María Magdalena, mis hermanos, hermanas, familiares y amigos se engalanaron para gozar de nuestra felicidad. Fue una boda por el rito judío, con un banquete que duró varios días… Ahora bien, ¿qué lecciones tiene para ti, lector? Varios fueron los acontecimientos allí ocurridos.

El vino

Cuando llevábamos un día de banquete, en un momento determinado, el Mayordomo de la casa donde se celebraba el festejo se acercó a mí madre, como representante de la familia del novio, y en voz baja le susurró que no había más vino. Lo cierto es que estaba previsto en las Escrituras que este hecho fuera a suceder, pero ella no se percató en ese momento. Estando sentada a mi derecha en la mesa presidencia del ágape, giró la cabeza y, de manera suave, pero enérgica, dijo a mi oído: “¡Hijo, no hay más vino!”

Yo, que estaba pasándomelo muy bien en compañía de quien ya era mi esposa y de mis amigos y familiares, si fui consciente de que había sido anunciado que este hecho se tenía que producir. Y con voz serena y un tanto dura le dije: “Aún no ha llegado mi día ni mi hora”. Con esto, mi intención fue hacerle ver que no tuviera prisa porque los demás vieran mis milagros; y que desde luego los haría, pues formaba parte de la misión de dar testimonio del Padre para la que había encarnado, pero sería en su momento, cuando fuera adecuado. Seguidamente, le sonreí, me puse el manto e hice una señal al mayordomo para que acompañará a uno de los patios de la casa, al sitio donde se ubicaban las tinajas, ya vacías, de vino, cerca de los establos. Una vez allí, le dije que indicara al personal  a su  servicio que llenara las tinajas con agua del pozo que daba a los abrevaderos del establo.

Imaginaos la cara de asombro del mayordomo y su personal al escuchar mis palabras, ja, ja, ja… Y la de absoluta perplejidad cuando, tras hacer lo que les señalé, comprobaron que el agua se había transformado en vino, ja, ja, ja…

Tras rogarles que guardaran silencio sobre lo sucedido (bien sabía que no lo iban a hacer, todo lo contrario, lo contarían por doquier), regresé a la mesa nupcial y pedí que sirvieran del nuevo vino tanto al padre de María Magdalena, padrino de la boda, como a José de Arimatea, anfitrión de la misma. Y al beberlo y constatar su exquisitez, mostraron su agradecimiento y alabaron el gesto de haber dejado el mejor vino para el final, en lugar de servirlo al principio como era costumbre… En ese momento, nadie, salvo yo mismo, percibió que las Escrituras habían sido cumplidas.

Estar atentos a las señales

Al día siguiente, ya en el tramo final de la boda, José de Arimatea, reclinado en uno de los extremos de la mesa, se percató de que con el milagro del vino se había producido lo previsto en las Escrituras. Y, muy pensativo, tomó su manto, se levantó, vino hacia mí y me dijo: “Me gustaría hablar contigo en privado”.

Salimos y en cuanto empezamos a dar un paseo por el jardín que rodeaba toda su casa, me dijo: “¡Ayer se cumplieron las escrituras!”. Le corregí afablemente: “Es el comienzo de la cuenta atrás…”. Y, efectivamente, allí dio comienzo mi vida pública, por así decirlo, y arrancó la dinámica y el proceso que me llevaría al Gólgota, con todo lo que ello conllevó y conlleva.

Esta es otra de las enseñanzas de las Bodas de Caná: hay que estar atento a las señales porque son el anunció de lo que va a acontecer.

Comer, beber, bailar, reír…

Por todo lo hasta aquí expuesto, habrás tomado consciencia, querido lector, de que como hombre fui una persona “normal”. Celebraba mi boda y la unión con la mujer de mi vida. Plenamente consciente de mi divinidad –que, por cierto, es igualmente la tuya, aunque tú todavía no tengas esa consciencia-, pero encarnado en un ser humano con todo lo que esto implica. Por tanto, comí, bebí, baile, reí y me divertí…

Cuánta tergiversación de la Verdad ha tenido lugar en nombre de lo pretendidamente sagrado; cuánto dogmatismo, cuanta ignorancia, cuánto egocentrismo… Cuánta negación absurda de uno de los pilares fundamentales de la espiritualidad: el equilibrio entre lo interior y lo exterior; caminar por la vida con los dos ojos bien abiertos, el de la introspección y  el conocimiento de uno mismo y el de la vivencia y el conocimiento de la realidad de nos rodea, y no tuerto, por centrarse solo en uno y negar el otro.

¿Por qué debe de ser malo comer, beber, bailar, reír…? El comer, con alimentos que no procedan del daño a otros seres vivos, es uno de los placeres más maravillosos que Dios le dio a vuestra especie; y no hay nada indigno de disfrutar de la buena mesa, mejor aún si se hace en buena compañía, y saborear los miles de sabores y esencias que envuelven los platos hechos para el deleite. Y lo mismo vale para el vino… Todo con la justa moderación de la que nuestro mismo cuerpo nos habla desde su sabiduría natural.

Lector, lo que estoy tratando de decirte es que yo vivía intensamente cada momento como si fuera el último. Y no porque fuera a desencarnar pronto, no… Lo que trababa de hacer era gozar de esta oportunidad de experimentar que proporciona la Vida. ¿Te sorprende?

Antiguamente, las personas sólo se desinhibían cuando iban a determinados eventos; y ha habido épocas de la historio humana en las que no podían ir ni de boda, porque la inquisición de turno –la católica, la islámica, etcétera-, las guerras, los horrores y el hambre, castigaban a los pueblos…

Lo Creación de manifestó para que la existencia y la Vida se experienciara y gozara desde la divinidad que en todo subyace y es esencia de todas las formas vitales y materiales; para Amar en todo su esplendor la diversidad en la que se plasma la Unicidad de cuanto es y existe, glorificando siempre el Milagro de la Vida, el gran regalo del Padre.

Probablemente estés pensando que hay momentos en los cuales no se puede saborear la vida: situaciones de enfermedad, muerte, pérdida, hambre, tristeza, soledad… en las que no es posible ser feliz. Sin embargo, ya en el Libro de  Eclesiastés dice el Rey Salomón (he seleccionado algunas de las palabras que más me gustan): “En la vida hay un tiempo para… Hay un tiempo para amar. Hay un tiempo para reír. Hay un tiempo para llorar”

Te traslado con ello que soy consciente, porque lo que vivido, que en tu mundo la vida está llena de circunstancias donde no siempre se está con el mismo ánimo. Mas esto no quita para que, cuando esos momentos pasan, porque tal como vienen se irán, aportándote experiencia y consciencia, retomes tu verdadera misión en este mundo: ser feliz.

Todo lo que vives en cada instante, de momento en momento, sea cuál sea el color que al mismo otorgue tu mente, es para tu crecimiento, tu apertura, tu avance… Para que descubras y vivas tu divinidad y la plasmes en tu cotidianeidad… Y para que te regocijes en las maravillosas cosas, frecuentemente las más pequeñas, de la vida que eres y te rodea. Cada rayo de sol, cada gota de agua, cada brizna de viento, cada ser vivo, cada persona, cada circunstancia, cada hecho… Todo huele a Vida y te impregna de ella.

 

Canto a la Vida

Hace casi tres meses que la persona a la que dicté este texto comenzó a transcribirlo. Al principio, cuando empezó a hacerlo, parecía ser una bonita historia de amor que ha perdurado por siempre y para siempre. Pero entonces, en su propia vida ocurrieron múltiples acontecimientos… Y yo le decía que siguiera en su labor de redacción porque el texto finalmente resultante estaría repleto de enseñanzas, también para ella.

Hoy, como espero que también tú con la lectura de estas páginas, ha descubierto que las Bodas de Canán son un Canto a la Vida, a ser feliz con lo que la existencia ofrece en cada momento y lo que cada momento tiene y depara, con su sentido profundo, con su porqué y para qué…

La gente suele vivir –mejor dicho, sobrevivir- afanados constantemente con lo que “tendrán” y no con lo que “tienen”. ¿Qué logran con eso además de ofuscarse y sufrir? Hay que aprender a amar la vida en todos sus detalles, las pequeñas cosas, todo lo que está alrededor…

Cada día es un día menos para el fin de esta generación humana y de la sociedad materialista y falta de amor, carente de principios y de respeto por todas las formas de vida sin excepción de ningún tipo, que ha surgido de su parte más egoica y egocéntrica… Y es hora de pasar página y poner los cimientos en la vida de cada uno de la nueva humanidad que ya late en tantos corazones y brilla en las almas.

Aprendan a vivir con la felicidad que nace del alma, del corazón. Cultiven la alegría tal y como hacen los niños. Obsérvenles: juegan, ríen y lloran justo cuando hay que hacerlo; y luego siguen jugando como si nada… Ahí está la esencia en llegar hacer como ellos: la Inocencia Consciente.

 

Recapitulando

En las Bodas de Caná mi madre tenía impaciencia porque yo hiciera un milagro “público”.

Tanto ella como mis hermanos, José de Arimatea, Lázaro, sus hermanas y otros amigos y familiares sabían de las Escrituras, pero no estuvieron atentos a las señales, ni a los acontecimientos.

Los criados y sirvientes no podían creer en los milagros; y, mucho menos, en ser prudentes, corriendo para contar lo que vieron.

Les he mostrado con esta historia que hay que vivir la experiencia humana con la consciencia y sus dos ojos –el interior y el exterior- bien abiertos, gozando, más allá de los juicios duales de la mente, de cada instante, de cada cosa que ocurre en nuestra propia vida y alrededor más a tu alrededor, del alimento y la bebida ingeridos con consciencia y moderación, de las personas, de la risa, del júbilo por una vida sencilla y alegre…

En la vida hay un tiempo para cada cosa. Y la Vida está ahí y en ti para que seas feliz, sacando lo mejor de ti mismo y poniéndolo al servicio de los demás, la naturaleza y el planeta desde la Reverencia por la Vida…

 

Una profecía para ti: los tiempos van a empezar a girar

Tienes que empezar a ver las señales, tienes que prepararte porque las cosas se van a poner muy difíciles si no hay una profunda comprensión de su auténtica razón de ser y el regalo que traerán consigo. Satanás y sus demonios, junto con la “élite” humana que se ha postrado a sus pies, saben que el reloj de arena ha dado la vuelta y sus horas tienen fecha de caducidad.

La pandemia que vivís es el pistoletazo de salida para su agenda plagada de imposiciones, recortes de libertad, enfermedades, distorsiones electromagnéticas, implantación de toda clase de “nano-robots” y otros dispositivos para la manipulación y el dominio de las personas, el enfriamiento del espíritu humano y el intento de control de la vida en todas sus manifestaciones.

Vendrán seres de otros planetas y esa élite os asegurará que vienen hacer el bien, cuando la realidad es que también están al servicio de Satanás. Os ofrecerán la cura de enfermedades y maravillosas tecnologías, pero a cambio querrán vuestras adoración y que hagáis vuestro sus sistemas de creencias y su visión de la existencia, absolutamente egótica y materialista (por cierto, como es sabido por bastante de vosotros, muchos de estos seres extraterrestres ya viven en la Tierra desde hace decenas de miles de años). Os advierto que ni vienen en son de paz, ni son enviados ni por mí ni por mi Padre, que es el vuestro.

 

¿Cómo puedo saber dónde está la verdad?

Ahí tenéis de quién fiaros: de aquel que llegue a vosotros en nombre del Padre, de aquel que diga que viene porque me envío Cristo Jesús… Estos –no los que se proclamen Cristo, no los que se autocalifiquen de dioses- son los Bendecidos y merecen vuestra confianza.

Además, usad vuestro discernimiento y sentido común y liberaros del pensamiento único y las versiones oficiales.

Y es más, el mismo corazón y la misma alma saben cuándo algo es verdad y puro.

Recordar que en las pequeñas cosas y en la inocencia está la mano del Padre.

 

Cierre

Quiero que seáis felices, que no sufráis por cosas que realmente ya no son parte de vuestras vidas. Nacer de nuevo: morir a una forma de vida aferrada al pequeño yo y resucitar en vida y en una nueva manera de vivir centrada en el Yo Superior y su plasmación diaria, de instante en instante.

Esto texto de viene a deciros que estáis vivos; y que debéis estar más atentos que nunca.

Ha comenzado una cuenta atrás para todo. Para los que están alineados con el sentido de la vida desde el respecto y el Amor, será un final; para los que sí lo hacen, el principio de algo nuevo e inefable. Y aunque no va a suceder en cuestión, si es real que a este sistema de cosas y a la actual generación humana les queda un breve tiempo de vida.

Se feliz, ama ríe, llena tu corazón de cosas nobles y puras para ti y para todo lo que te rodea, sean minerales, montañas, ríos, océanos, plantas, árboles, animales, personas…, lo que sea, ora y ama.

Te recuerdo que fui humano como tú y que mi ejemplo solo quiere mostrarte que todos podemos, porque todos somos Hijos del mismo Padre.

Vive amando cada instante.

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