Agenda completa de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2024-2025

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11/3/21

Reescribir una etiqueta

Es necesario poder poner nombre a lo que necesitamos concretar.

No obstante, esta necesidad se convierte en muchas ocasiones en conceptos cerrados que, una vez adquiridos e integrados, cuesta mucho cuestionar o replantear.

Este es el caso de cómo, un niño al que se había etiquetado y definido como hiperactivo y con déficit de atención, pudo derivar su exceso de energía a una acción más acorde a su vitalidad y redujo su tensión interna.

“Cuando recibo la solicitud de atender una necesidad relacionada con la salud o con algún trastorno, siempre soy más prudente de lo habitual. Nunca cuestiono un diagnóstico médico ni mucho menos desaconsejo su seguimiento. La función en estos casos a nivel vital es tratar de identificar las posibles debilidades del espacio donde se habita por si están generando o reflejando alguna debilidad en la persona afectada para tratar. En el caso de que la hubiese, el trabajo consiste en reforzar la zona y ayudar con ello a que la persona vulnerable tenga más vitalidad, asimile mejor el tratamiento y su salud fluya con naturalidad.

También me encuentro en muchas ocasiones con personas que llevan mucho tiempo buscando la solución a una dolencia o incomodidad y no logran dar con la solución. En estos casos, el trabajo consiste en localizar y desbloquear el motivo.

En este caso, la solicitud fue la solicitud de pautas creativas para la decoración de una habitación infantil.

Tras la solicitud, pedí la información habitual:

• Plano de la vivienda y de la habitación para localizar, identificar y estudiar las zonas vitales.

• Fecha de nacimiento del niño para saber su personalidad vital y averiguar sus mejores orientaciones para dormir y estudiar.

• Una sencilla descripción, por parte de los padres, del día a día del niño y sus hábitos más comunes, para facilitar su expresión natural.

Tras recibir toda la información, me llamó la atención la normalidad con la que se exponía la hiperactividad del niño. Sentí un especial interés por ello y propuse hacer una videollamada con los padres a la que accedieron encantados.

En la videollamada, tras conocernos mutuamente y hablar de la intención general del trabajo que, por parte de ellos era decorar la habitación del chico ante la proximidad de su Comunión, les pregunté con mucha suavidad sobre lo que definían como hiperactividad.

Me sorprendió la naturalidad y firmeza con la que ambos padres corroboraron el diagnóstico. Yo seguía sintiendo necesidad de saber más y les acabé exponiendo mi inquietud e interés. Ante mi interés sano, la confianza y la discreción que les transmití, ambos se abrieron un poco más.

El niño llevaba una temporada larga sin poder llevar a cabo una tarea continua por mucho tiempo, además, le costaba mucho centrarse en los deberes y habían recibido varios avisos de la tutora del colegio sobre la falta de interés escolar y la continua distracción.

Ante esto, y buscando referencias en internet, concluyeron que su hijo era hiperactivo y con déficit de atención. Estaban a la espera de ser atendidos por un terapeuta para que les guiase en el proceso y se sentían tranquilos y confiados.

Entre los hábitos destacables del niño, estaba la tendencia a ponerse a realizar tareas creativas y manualidades en un lugar concreto de la mesa de la cocina.

Les agradecí la confianza por compartirlo y me dispuse a estudiar el caso.

Tras localizar las zonas vitales y calcular la personalidad vital del chico, pude comprobar que su vitalidad vibra como en sintonía con el elemento Tierra, que su habitación se encontraba en una zona que vibra en sintonía con el elemento Fuego y que la orientación hacia la que estudia no llega a ser la más adecuada. Además, observé que su escritorio estaba frente a la pared y la profundidad del mismo era escasa.

Puse el foco entonces en ver la posición natural que ocupaba el niño cuando iba a la cocina y me encontré con que elegía de forma innata una buena orientación, y se posicionaba en una zona que vibraba en sintonía con el metal y además elegía la parte con más profundidad de la mesa.

Explicado así comprendo que no aporta mucha información, pero desde la mirada vital pude observar con nitidez el posible factor que desencadenaba la excesiva inquietud el chico.

Su vitalidad de Tierra se veía muy nutrida por la zona Fuego donde se localizaba su habitación. La zona, a su vez, estaba muy fortalecida por la madera del suelo. Esta simple combinación podría estar generando un exceso de vitalidad en él.

Al ver cómo se posicionaba en la cocina, pude ver que el chico buscaba drenar ese exceso al elegir la zona de Metal y necesitaba, además, espacio para expresarse.

Ante este diagnóstico, solicité una nueva videollamada con los padres para tratar de darles unas sencillas pautas y observar si funcionaban para, posteriormente, determinar la decoración de la habitación.

Les transmití el diagnóstico vital y les recomendé que observaran unos días si, cuando el chico estaba en la cocina, se concentraba en lo que hacía. Que probasen a facilitarle espacio en la mesa para que hiciese allí los deberes. Les pedí que pusieran un objeto metálico en su mesita de noche y les recomendé que probasen, unos minutos al día, a preguntar al niño, con interés real, qué había aprendido ese día.

Se tomaron con interés las indicaciones y la sorpresa llegó al cabo de una semana.

El padre me llamó ilusionado. El chico se despertaba menos por la noche, observaban que en la cocina su inquietud era menor, acababa los deberes y le encantaba explicarles lo que aprendía cada día.

El hombre estaba feliz y yo, pese a que llevo muchos años de experiencia y casos vividos, siempre sigo sorprendiéndome con la magia con que la energía busca aportar valor.

Me dispuse a preparar las pautas definitivas para la habitación. El diagnóstico estaba claro. La vibración Tierra del chico estaba hiperactivada por la vibración Fuego intensa de la zona de la casa y había el niño necesitaba canalizar toda aquella vitalidad.

Para ello, la vibración del color blanco y sencillos objetos metálicos le ayudarían. Propuse también un escritorio de mayor profundidad con la facilidad de que fuese extraíble y orientable a su dirección elegida.

A la vez, les recomendé que expusieran a su tutora la posibilidad de ponerle de compañero de mesa en el colegio a algún niño o niña que precisase de apoyo para que el chico sintiera que aporta valor.

Tres semanas después, todo había cambiado.

El descanso y concentración del niño eran óptimos, y su energía interior, gracias a haber logrado encontrar formas de canalizarla, había comenzado a serenarse y a no acumularse tanto dentro de él buscando salidas”.

La naturaleza de la energía es aportar luz; retenerla siempre genera inquietud.

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Autor: Andrés Tarazona (andres@andrestarazona.com)

https://andrestarazona.com/

Todos los jueves, desde el 7 de noviembre de 2019, Andrés comparte en este blog una serie de publicaciones centradas en

el Diseño Sentidointeriorismo y diseño consciente de viviendas, comercios y empresas que mejoran la calidad de vida.

Todas están a tu disposición de manera gratuita a traves del e-book Habitar, al que puedes acceder a través de este enlace:

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