Agenda completa de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2024-2025

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23/3/21

Memorias de un descarnado: 9 de 29. Por Deéelij

-      Todos llegamos aquí porque no aprendimos una de las reglas de vuelo. Pasamos una y otra vida dándonos de bruces con una o varias, hasta que al final no queda más remedio que volver, aquí, para tomar las clases de vuelo desde el principio. Para algunos es la única forma. Tú, ya lo descubrirás, te atascaste, y permaneces aún anclado en algo concreto; de lo contrario no habrías ido tan rápido con las tres primeras reglas. Yo, estaba relatando cuál fue mi verdadero problema: el merecimiento. Ésta fue la lección que no conseguí afrontar, hasta que aterricé como una suicida en el vertedero de basura.

     En ese momento, ella, estalló en risa rememorando los viejos tiempos, algo que provocó la misma reacción en el Cadete que aprovechaba la circunstancia para descargar el sentimiento contenido anteriormente. Recordó cómo aterrizó él: desde luego era lamentable; pero lo de Pal, no tenía desperdicio. ¡Era realmente cómico! De pronto, revivió el hecho de que ella podía leer la mente, y ante el miedo a ser descubierto el motivo de su sorna provocando un posible enfado, decidió reprimirse de nuevo.

     -        No tengas miedo Jano – acudió con voz dulce –, sólo puedo leer la mente cuando la otra persona me lo permite, o se dirige a mí con sus pensamientos; de todas formas, no me molesta que encuentres ese suceso como algo digno para destornillarte. Sé que no lo haces a mi costa.

     -    Lo siento Pal – replicó sorprendido de nuevo con las artes adivinatorias de su instructora –, yo sólo…

     -       No – cortó radical –, no te justifiques, es innecesario. Hagas lo que hagas, no estés justificándote; vas en contra de tu esencia. ¿Ves? Esa es una de las aberraciones que afectan al merecimiento: el estar justificando todo a todas horas. Quién lo hace suele tener ciertos problemas con la percepción de merecerse o no algo. 

     El VZ perdía altitud con lentitud. Se habían enfrascado con tanta pasión y concentración en el contenido de sus respectivos comentarios que olvidaron por un momento dónde estaban.

     -       ¡Jano, hemos perdido trescientos pies, corrige!

     -       ¿Qué quieres que haga? No he volado nunca en velero.

 Un golpe brusco sacudió por estribor desestabilizando varios grados el rumbo que procuraba proteger. 

     -      Aprovéchalo. Gira en ese sentido.

     -      ¿Qué?

     -   ¿No me digas que no sabes aprovechar una corriente de aire, una térmica?

     -     Ya te he mencionado que no he volado en veleros. Si se trata de subir y bajar de nuevo en busca de una pista cuenta conmigo. Del resto no tengo la más mínima idea.

     -     Menudo pilotillo estás hecho. Fíjate: el velero se ha tambaleado debido a que una corriente de aire caliente ascendente ha impactado en el ala de estribor. Has de girar hacia ese lado, de esa forma la agarras, o te dejas aspirar por la misma en su declinar. Es la manera que un velero posee para navegar en la distancia sin perder altura y/o ascendiendo. Hazlo, gira ya, estamos dentro de la misma; ¡no dejes que se escape!

     Jano reaccionó inmediatamente, sin dilación. Sintió de súbito dos efectos: por un lado, percibió que las alas del VZ se aferraban como garfios a una escala invisible que le imprimía un ascenso vertiginoso, subiendo con fuerza, con contundencia, pero al mismo tiempo con armonía y entusiasmo; en segundo término, adquirió la certeza de formar un sólido equipo con su acompañante y el VZ, como si los tres fuesen parte de un mismo Ser. De un Todo.

     Él, se dejaba llevar. Fluía. No intentaba gobernar a su aire. Apreció que los lazos de unión estaban estrechándose a la perfección, como la mantequilla y la mermelada lo hacen mezclándose sobre una tostada caliente y crujiente; y de pronto sintió la chispa de la comunión entre dos Seres. Desde aquéllas alturas, sentados en un motovelero, hablaban sobre la real introspección que mueve la existencia en todos sus confines. Estaban sumergiéndose en las alturas de los cielos, penetrando en sus secretos, ascendiendo hacia la autenticidad.

     -     ¡Perfecto, así se hace! Lo has enganchado a la primera. Continúa…

     -    Por cierto – intervino Jano mostrando intranquilidad, temiendo una reacción no deseada –. ¿Podrías retomar la conversación donde la dejaste? No es que sea curioso, sólo pretendo ver a dónde conducía tu relato con respecto a esta cuarta regla.

     -    De nuevo, excusándote – proclamó Pal con autoridad –.  Me da igual que seas o no curioso. Si no quiero contar algo, no lo hago. Pero te pido, por última vez, que dejes de excusarte ¿De acuerdo?

     -    Alto y claro. Pero, ¿podrías continuar por dónde lo dejaste? Yo me encargo de seguir con el ascenso.

     -     Como quieras, aunque no hay mucho que añadir. La cuestión es que mi principal obstáculo con las reglas de vuelo fue precisamente ésta en la que estamos inmersos, la del merecimiento. Tal cual mencioné, Pitt, en su abundante experiencia, había detectado el origen del problema, que siempre, valga la redundancia, se encuentra en el mismo sitio, en la misma causa. Cuando pude dejar de gimotear, tras esas jornadas, él pudo entablar un mínimo de acercamiento conmigo. Hasta entonces, me había estado negando a hablar con los que lo intentaban. No confiaba.

     -     Entonces ¿Por qué confiaste en Pitt?

     -     Fue la única persona que no pedía nada. El único que no vino abriendo sus brazos ofreciendo ayuda. Simplemente observaba, aunque a veces pensé que me ignoraba. No se dirigía a mí, aunque supe que preguntaba a los demás por mi estado. Nunca entabló conversación directa. 

     Ocurrió una noche que no podía dormir, cosa habitual por aquella época. Salí del dormitorio sin rumbo fijo. Pasé por la fila de hangares que a esa hora tenían sus puertas cerradas; pero encontré uno abierto. Al fondo, una luz encendida: Era el despacho de Pitt. Tú lo conoces, fuiste a visitarlo el primer día. Yo ni siquiera sabía dónde se encontraba cuando llegué. Me dirigí hacia allí con curiosidad, sin saber qué podría encontrar. Miré por la ventana. Con seguridad, yo debía parecer un alma en pena. Él, permanecía leyendo informes y hojas de servicios que recogía de un gran montón de su derecha. Apuntaba datos en diversos papeles que, luego supe, eran las órdenes que cada uno de los instructores deberían tener en consideración con sus alumnos en sus siguientes clases. Seguí observando, no sabría decir cuánto tiempo, pero debió ser mucho; tanto que prácticamente ya tenía apilados todos los documentos en el lateral izquierdo. Casi había concluido; sólo quedaba un legajo. Lo tomo y lo abrió con rapidez, con tal celeridad que una foto salió despedida retomándola al vuelo, pero puede comprobar que era la mía. Aquello era mi hoja de servicios. Volvió a meter la fotografía dentro de una forma que consideré entonces “despreciativa”, y arrojó a la papelera todo el legajo de papeles. Aquello me ofendió. No lo pensé dos veces. Sólo obedecí a un impulso ciego de venganza: Entré como un ciclón en su despacho dando un portazo y gritando. Le dije muchas cosas, ¡demasiadas! Pero Pitt no se inmutó ni un ápice. Permaneció impertérrito esperando que desahogara toda mi furia. Cuando ya no pude más, ni supe qué otra cosa decir, me desplomé en una de las sillas gimoteando por haber perdido el control; avergonzándome de mí misma… Ya no tenía ni fuerzas, ni esperanzas. Entonces, él se acercó, sentándose a mi lado, y esperó sin mediar palabra hasta que me calmé definitivamente.

    Recuerdo a la perfección mi postura: tenía los pies subidos en la silla sujetos por las manos cruzadas, y la cabeza hundida entre ellas. Entonces Pitt pronunció una sentencia, sólo una. ¡Sonó a gloria! – Jano seguía atento a la revelación como si de una novela rosa se tratase, pero con el resto de los sentidos puestos en el gobierno de la nave; no se podía permitir el lujo de perder altura. Eso sacaría a su compañera del relato interrumpiéndolo, y a esas alturas no quería equivocarse; sentía que iba a aprender algo fundamental –.  Puedo asegurarte que fue lo más hermoso que jamás había escuchado. Con una voz dulce, cálida y reconciliadora enunció algo que nunca olvidaré: Te mereces lo mejor, todo lo mejor que puedas imaginar. Sólo que aún no lo sabes. Y te lo mereces sólo por Ser Quién Eres. Por Ser única e irrepetible; por ser, por tanto, Perfecta. Por Ser la mejor –. Pal silenció su discurso un instante, retomó aire y siguió –: A partir de aquél momento mi alma y entendimiento se iluminaron. Mi grado de conciencia adquirió una nueva dimensión. Empecé a ser consciente. Le miré con ternura, esperando que sus brazos se abrieran para recogerme en consuelo. Y lo hizo, ¡vaya que si lo hizo! Lloré de nuevo y por un buen rato. Él no dijo nada; simplemente permitió expresar mis sentimientos. Quise contarle lo que me había pasado, pero no fue necesario. Lo sabía. Ya te mencioné que su experiencia le hace deducir cuál es el escollo de cada persona con bastante exactitud, aunque no siempre a la perfección; no obstante, la documentación de mi hoja de servicio confirmaba sus elucubraciones.

        Se produjo un nuevo mutismo. Jano no se atrevía a romperlo. Algo en su interior aconsejaba seguir con su pilotaje, a la expectativa de noticias.

        Por unos diez minutos el cielo era el único que hablaba, si es que se le podía escuchar. Apenas un susurro entrecortado se hacía audible al giro acusado del VZ aferrándose a una y otra corriente de aire.

        Pal había hecho aquél alto con total complicidad. Quería que aquélla frase quedase sellada en la mente de su alumno para siempre. Cuando consideró oportuno, continuó con su historia.

     -      Estás muy callado, novato, ¿va todo bien ahí delante?

     -    Sí perfectamente. Tan sólo reflexionaba sobre lo que me has contado. Aunque presumo que no todo acaba así – respondía esperando, con ello, la reanudación del folletín biográfico de su compañera de vuelo.

     -     En efecto. Pero no quiero aburrirte con mis sucesos, a…

     -   No. No. De ninguna manera, por favor, continua, creo que es muy interesante, y que de alguna manera está sirviendo para mi instrucción.

    -     De acuerdo. Pero si en algún momento te importuna la historia lo dices. ¿Entendido?

    -   Continua, por favor – procuró Jano con voz tenue –, creo que es muy difícil que puedas molestar a estas alturas, ya vamos conociéndonos mejor.

    -   Bien, tú lo has pedido. Pero hay poco más que añadir. Veamos… el hecho fundamental, consistía en haber tenido una serie de vivencias que confirmaban, una y otra vez, que yo no merecía nada en la vida. Desde que el recuerdo impreso en la mente alcanzaba, siempre fui ultrajada, menospreciada, ignorada e insultada. Me violentaron en numerosas ocasiones. Me hicieron sentir culpable de todo lo malo que a los demás le sucedía. Sentí que nada tenía sentido. Llegué, a ni tan siquiera sentir nada. Aquel, era el problema; y tenía el absoluto convencimiento de que no merecía nada. Por ello, las vivencias tropezaban contra sí, contra mí, una y otra vez, sin aparente remedio. Siempre concluía en el mismo punto: yo no merecía nada, ni respeto, ni consideración; ni siquiera merecía vivir o existir.

     Cuando puede articular palabras y encadenar frases, pude transmitir a Pitt las historias; mis historias. Él, pese a saberlo, escuchó hasta el más nimio y demencial detalle. A mi conclusión, pronunció otra sentencia. Si sus palabras anteriores consiguieron que empezase a despertar, éstas provocaron el entendimiento definitivo que necesitaba para comenzar, de una vez, a experimentar con dignidad la existencia de mi esencia, de mí Ser. Sus palabras, como todas, están medidas, pero esas, aún, lo estuvieron más. Esa vez… reposaba en sus brazos cuando las pronunció. Fueron sencillas, pero contundentes: Sólo por el hecho de existir, te mereces Ser feliz, nunca cuestiones esta verdad, ni la pongas en duda”.

     Tras aquélla noche, todo cambió. Empecé con las clases de vuelo, y en poco más de una semana había concluido mi reentrenamiento.

     Y colorín, colorado… el cuento se ha acabado.

     Jano estaba absorto en el deambular que le envolvía. Por un instante pudo tener la certeza de que su escollo, si existía, no debía ser tan grave como el de ella. No alcanzaba a extraer, de sus registros metales, ningún suceso que le hubiese hecho sentir tan denigrado o humillado. Si bien era cierto que él había pasado por circunstancias duras, según su personal criterio, su instructora le superaba con creces. No se atrevía a abrir la boca; prefería continuar con la navegación a la espera de instrucciones. Esta lección, si era la intención de ella, había quedado bien cimentada.

     -     Bien, mi estimado alumno, demos comienzo con la clase de hoy. ¿Preparado?

     -     ¿Preparado? ¿Acaso lo que hemos compartido no era la clase? ¿Qué más queda por aprender de ésta regla de vuelo?

     Por los auriculares le llegó una risita infantil producto de algo que no encajaba en sus esquemas.

     -     ¿Se puede saber dónde estriba el chiste? 

     -     Disculpa, es que ha tenido gracia que no aciertes a dilucidar entre clase y reglas de vuelo…

     -     ¿Serías tan amable de aclararlo? No hay cosa que más me moleste que quedar como un estúpido ignorante. Soy bastante inteligente como para entender la diferencia....

     -     Para, para. No me reía de ti. Disculpa si te he molestado. ¿De acuerdo?

     Momentáneamente no hubo dilucidación a su pregunta. Notó que él necesitaba algo de tiempo. Jano tendía a ser un poco susceptible, particularidad que acompaña a la impaciencia que, con notable frecuencia, todavía, manifestaba con creces.

     -   Continúa, por favor. Yo también lo lamento. Estoy preparado. Empecemos.

     -    Quiero que entiendas un hecho con concreción. Una cosa es contar cómo vencí mi particular escollo, y otra, distinta, es entender y asimilar que uno se merece lo que cree merecer. Tan sólo he puesto sobre el tapete un hecho para que te ayude a contactar con ésta regla de vuelo. Pero aún puedes profundizar más en ella. Es algo que terminarás de verificar junto a Pitt cuando lleguemos a tierra; ¿de acuerdo?

     -   Como tú mandes, eres la instructora. Adelante con lo que tengas preparado.

     -     Gracias. Veamos… ahora vas a proceder a realizar un ejercicio. Quiero que sigas cada una de mis palabras y te dejes llevar. Cerrarás los ojos a una indicación mía. A partir de ese instante soltarás los mandos del VZ. ¿Estás listo?

     -   Siempre lo estoy – manifestó con el orgullo propio, y el carácter singular, que el sello militar imprime.

     -   No hace falta que contestes a nada, simplemente ejecútalo. Vas a empezar un ejercicio de control mental que te ayudará, como no imaginas, en la aplicación de las normas de vuelo. Estate muy atento, céntrate en todo lo que vaya diciendo, olvida el mundo exterior y cuanto te rodea. Concéntrate en tu respiración, que debe ser profunda y regular. Fija la atención en la aspiración y expulsión del aire, y fíjate en el espacio que queda antes de volver a inhalar de nuevo – dijo Pal pronunciando y acaramelando cada una de las palabras. Despacio, con ritmo –. Aspira diez veces, profundamente, relajándote, inspirando por la nariz, y exhalando por la boca. Relajándote. ¿Entendido?

     Él había empezado con incertidumbre sus instrucciones, pese a no entender en qué ayudaría aquello a su formación. Se dejó guiar confiando en su experiencia, al fin y al cabo, ella era instructora y él, ya lo había asumido, un novato alumno. Un pilotillo.

     -       Más que entendido, ya comencé.

     -    ¡Impaciente como él sólo! – recriminó dulcemente –. Te dije que cuando yo lo indicara. Bien, empecemos con el ejercicio. Cierra suavemente los ojos – lo hizo soltando los mandos y retirando los pies de los pedales, dejando libre el planeador –. Ahora coloca tus manos sobre tus piernas en una posición que te resulte cómoda. Concéntrate en tu respiración, que debe ser profunda y regular, de abajo hacia arriba – dejó una pausa mientras oía, en sus auriculares, el sonido que provocaba el aire al entrar y salir de sus pulmones chocando con el auricular –. A continuación, con cada exhalación, expulsa el dolor y la tensión acumulados en el cuerpo – ordenaba con calma, midiendo la vocalización y la entonación –. Al inspirar, introduce calma… al expulsar, suelta tensión. Con cada inhalación, aspira la apacible energía que te envuelve. Relájate aún más – sus pausas eran suaves. Sus palabras, caricias como el viento exterior que les hacía mantenerse en vuelo –. Visualiza como todos tus músculos se relajan por completo. Empiezas por los músculos de la frente y los de la cara. Continúa por los de la mandíbula, que se irán soltando… Ahora relaja los músculos de tu lengua; notarás un gran placer en ello. Relaja los músculos del cuello y los de los hombros – mantuvo una ligera pausa dando tiempo a que culminase el acto. El VZ volaba recto y nivelado, manteniendo su altitud, sosegado, apacible al igual que lo hacía el alumno –. Deja que los músculos de tu vientre se relajen por completo, para que tu respiración siga siendo agradable, profunda, regular, íntima e interiorizadora. Con cada suave respiración, relájate más y más… Ahora – indujo tras una contenida pausa –, visualiza una luz intensa en lo alto de tu cabeza. Escoge el color que quieres tenga dicha luz. Esa luz puede ser de varios colores si es lo que quieres. Todo lo que esa maravillosa y espléndida luz toque, cuando comience a esparcirse por tu cuerpo, los tejidos, órganos, músculos… cada fibra y célula de tu cuerpo, se relajará completamente, liberándose de todos los posibles dolores y molestias. Cualquier dolencia desaparecerá. Esa luz marcará más y más tu relajación. Te sientes profundamente apacible, seguro y tranquilo. Te sientes completo; lleno. Estás consciente de todo lo que pasa, y podrás recordarlo todo, siempre. Tienes pleno control sobre tu Ser espiritual, físico, anímico y mental.

     Efectivamente, Jano notaba una inmensa placidez. Su cuerpo no le pesaba, se sentía ligero. Era como volar por sí mismo, sin ayuda de ningún avión. Estaba muy a gusto y confortable, deseoso de seguir en tal magnitud.

     -     Ahora – retomaba Pal con la misma calma en su voz –, siente cómo esa luz de color, o colores, se esparce desde lo alto de tu cabeza hacia abajo, por la frente… por los ojos acariciándolos... relajándote aún más – el placer que experimentaba era increíble, sensacional –. Percibes, o imaginas, que la luz se extiende por tu mandíbula y por el cuero cabelludo hacia abajo, incrementando la relajación.

     Ahora la luz se desliza por tu cuello, relajándolo completamente. Se propaga por la garganta provocando gran profundidad – dejó otra pausa corta notando sus percepciones –… siente la luz. Ella, relaja sanando los músculos, los nervios, las células de tu cuerpo, y tú posees y eres más y más calma, más claridad, más entendimiento. Ahora, la luz, se extiende por los hombros, por los brazos hacia abajo, hasta llegar a las manos y se esparce por los dedos. Siente como la luz fluye por la espalda, por el pecho, entrando en el corazón, que esparce bombeando con suavidad y armonía esa luz por todas las arterias y las venas del cuerpo, transmitiendo más relajación serenidad, paz y sosiego. Ahora, la luz, llega a los pulmones que oxigena, limpiando todas y cada una de las células que te componen… Se extiende por la columna vertebral, desde el cerebro hasta la punta de la columna… y fluye por todo el sistema nervioso hasta llegar a los músculos, y todos los resquicios del cuerpo, percibiendo el alma al mismo tiempo. Ya estás profundamente sereno y relajado. Sientes una profunda tranquilidad, una maravillosa sensación de bienestar.

     Pal, volvía a dejar una larga pausa. El VZ parecía reaccionar de igual modo. Volaba con absoluta paz. Él, Jano, solo, parecía dirigirse junto al aparato en unidad y comunión, con suavidad entre las corrientes manteniendo rumbo y altitud; de hecho, Pal no lo gobernaba. En ningún instante lo hizo. Piloto y nave se habían fundido en una sola y exclusiva esencia.

     -     Siente como la luz recorre el abdomen; la parte inferior de la espalda; las caderas; las piernas… hasta llegar a la punta de los pies inundándolos de suavidad… hasta que todo el cuerpo queda absolutamente cubierto y bañado por esa perfecta y maravillosa luz. Te sientes muy, muy sereno. Ahora percibe como la luz rodea completamente tu cuerpo, como si estuvieras en una esfera protectora donde nada puede penetrar para hacerte daño. Te sientes totalmente seguro: los miedos y temores que tengas, se han extinguido.

     Dentro de un momento voy a contar hacia atrás, de diez a uno. Tras cada número te sentirás más y más sereno y apacible; y tu relajación será más y más profunda, inmensamente profunda. Cuando llegue a uno, te encontrarás en un estado muy profundo, tu mente se habrá liberado de los límites normales del espacio y el tiempo, no habrá dimensiones que limiten. Diez, nueve... Estas muy relajado. Ocho, siete… Más relajado. Seis, cinco… Estás sereno, muy sereno. Cuatro, tres… Muy profundo. Dos… estás llegando. Uno… Estás profundamente relajado, tienes todo el control, estás envuelto en un círculo de luz protectora que evitará cualquier molestia o problema.

     Ahora imagina que bajas por una hermosa, amplia, reluciente y espléndida escalera. Vas bajando cada escalón con tranquilidad, pacientemente, percibiendo a cada paso cómo esa luz se extiende por todo el espacio infinito que te rodea. Al final de la misma, hay un inmenso cielo lleno de nubes blancas, limpias y algodonadas. Te encuentras completamente relajado, y pleno de paz y serenidad. Siente ahora como formas parte del avión donde estás. Siente que eres parte de él. Sientes que es la prolongación de tu cuerpo – Jano lo hacía, lo notaba, seguía sus indicaciones, al pie de la letra, totalmente consciente. Sentía como cualquiera de las partes que formaban el VZ eran partes de él mismo. Era una sensación maravillosa. Sentía como si estuviese tumbado boca abajo, siendo él todo el planeador, siendo sus brazos las alas y el reto del cuerpo la estructura principal –. Ahora siente como empiezas a descender con suavidad en giros de trescientos sesenta grados…mantente en eso…

 

Posdata:

En el artículo del día 01/12/2020 (“¿Rojo octubre, peligroso noviembre y brillante diciembre? III Parte”) comuniqué que personalmente había recibido por psicografía una serie de técnicas y procesos para aplicar en psicoterapia que solucionaba el 80% de los problemas psicológicos del ser humano. La explicación resumida de esta psicoterapia es que elimina el ego, te reconecta con tu alma (conecta la Particularidad con la Singularidad) y tienes control emocional siendo feliz en tu vida actual; al mismo tiempo dije que lo había transferido a dos Almitas maravillosas (psicólogas) que os los podía ofrecer mediante terapia, obvio que, con remuneración, pues es su trabajo, y que además ellas lo harán pues mis tiempos están contados para seguir en esa labor. No se trata de dar una formación, sino de recibir terapia para quien lo necesite. Durante un tiempo os habéis puesto en contacto conmigo para luego realizar el contacto con ellas (Rosario y Yesenia), pero ahora ya podéis hacerlo de forma directa mediante su correo profesional: terapia.psico2@gmail.com También podéis visitar su Web: http://www.psico2-internacional.es

Para las actualizaciones de “Todo Deéelij” y preguntas sencillas: deeelij@gmail.com

 

Nota a la posdata: si quieres recibir esta ayuda terapéutica más vale que te comprometas contigo mismo, pues es exigente. Sólo apto para valientes y no timoratos.

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