10/11/16

Te marchaste de repente


Te marchaste de repente
y un grito ahogó mi alma.
No podía entender el fin tan duro e injusto
de una vida tan infeliz y desgraciada.

Me faltó tiempo para ayudarte.
¿Infeliz?, ¿desgraciada?
Qué equivocada estaba.
Era mi ego el que se abría paso.

¿Qué sabía yo?
¿Ayudarte?, ¿a qué?
Si eres tú el gran maestro para todos y para todo.
Gran alma valiente.

Con ese gran pacto de amor realizado,
bello campeón,
joven maestro,
niño asomando sus años a la adolescencia.

En la sonrisa de tus ojos pude ver la belleza de tu alma,
que amorosamente reflejaba la mia
siendo Uno contigo.
En su profundidad reflejaba la inmensidad del Amor.

Uno con todos y con todo,
en la inmensidad del Amor que Es, que Eres,
dejaste las estelas encendidas
de muchos corazones.

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Autora: Isabel Bermudo Castro (isabelbermudoc@gmail.com)
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