20/11/16

La división tradicional entre lo interno y lo externo no se corresponde con lo real (Recordando lo que Es: 69)


La división entre lo interior y lo exterior es una falacia. Existe una íntima y estrecha conexión entre el interior y el mundo exterior, es decir, entre tú mismo -lo que realmente eres y tu estado de consciencia- y lo que llamas realidad -en la que vives y te desenvuelves-. La teórica separación entre lo interior y lo exterior deriva del postulado racionalista clásico según el cual la Naturaleza, el Cosmos y la Creación, sus características y sucesos, pueden examinarse desde fuera. Pero esto no se corresponde con lo real. Hoy son numerosos los científicos que han llegado a esta conclusión. Uno de los pioneros fue Werner Heisenberg, Nobel de Física en 1932, cuyas investigaciones le condujeron a argumentar que “lo que observamos no es la naturaleza misma, sino la naturaleza expuesta a nuestro método inquisitorial”. Aplicado a cualquier ser humano, los sentidos corpóreo-mentales que usa para percibir la realidad no son objetivos, sino que formatean y moldean ese realidad subjetivamente en consonancia con la capacidad y la forma de percepción de esos sentidos: se ve sólo una determinada gama de colores, se oyen sólo los sonidos que se encuentran en una cierta banda de frecuencia, el tacto transmite sensación de solidez ante lo que en verdad carece de tal, etcétera. Consciente cada vez más de esto, la ciencia está planteando una visión de la realidad y todos y cada uno de sus componentes. Un escenario en el que, volviendo a utilizar palabra de Heisenberg, “la división común entre mundo interno y mundo externo ha dejado de ser adecuada”. De hecho, es la mente, al funcionar con base en los contrastes y al usarla para lo que no le corresponde ni está preparada, la que divide y distorsiona la realidad inventando un mundo ficticio lleno de opuestos, de extremos… La ciencia está saltando hoy por encima de ellos y mostrando que la vida es la totalidad, por lo que toda ella merece ser vivida sin rechazar nada porque la vida nada rechaza: ¿cómo iba a hacerlo si todo forma parte de ella misma y en ella existe y se integra? Por tanto, no te clasifiques, no te autolimites, no optes por lo exterior ni por lo interior. Esas divisiones pertenecen a la mente. El interior y el exterior son uno: el exterior es sólo la prolongación del interior; el interior, la penetración del exterior… Llevando esto a la práctica de tu vida cotidiana, date cuenta de que si optas por lo exterior, notarás que te falta algo, que tu vida no es completa porque te has volcado excesivamente en lo externo y no captas ni disfrutas experiencias interiores. Y si eliges lo interior, percibirás esa misma carencia de algo en tu vida porque le has prestado demasiada atención a lo interno y eso te ha lastrado y coartado para vivenciar el mundo exterior… Todo tiene su sitio exacto en la vida -lo interior y lo exterior, lo espiritual y lo mundano…-, pero no como vivencias separadas y confrontadas, sino conectadas e interrelacionadas, interactuando y retroalimentándose siempre entre sí… Esos hipotéticos opuestos son igual que los dos ojos: si elijes uno serás capaz de ver, pero tu visión perderá hondura. No dividas. La vida es una, tú eres uno. No te vayas a los extremos. Entonces los dos extremos se encontrarán, se equilibrarán. Y en ese equilibrio entre ambos, tú trascenderás los dos y ya no serás ni esto ni aquello: ni mundano, ni espiritual; ni exterior ni interior. Serás conscientemente el observador y estarás en condiciones de constatar como, desde el interior, actúas y modificas lo observado, el exterior, ambos planos en una dinámica de retroalimentación constante.

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Una nueva entrega de Recordando lo que Es se publica en este blog cada domingo.
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