8/2/17

Mahatmas versus Maestros Ascendidos


H. P. Blavatsky fue la primera en introducir en occidente el concepto de Mahatmas (también llamados adeptos o Maestros). Al principio, hablaba de ellos en privado, pero después de unos años, dos de dichos adeptos, conocidos por los pseudónimos de Kut-Humi (K.H.) y Morya (M.), accedieron a mantener correspondencia con un par de teósofos británicos, A.P. Sinnet y A.O. Hume. La correspondencia tuvo lugar entre 1880 y 1885 y durante esos años, los Mahatmas fueron cada vez más conocidos. Las cartas originales están guardadas como valiosos documentos históricos en la Biblioteca Británica en Londres. Se han publicado con el título de Las Cartas de los Mahatmas. Este libro es una fuente de información directa sobre los Mahatmas y sus enseñanzas.

En 1930, cincuenta años después de que empezara la correspondencia, un misterioso personaje sin cuerpo físico contactó con Guy Ballard, antiguo estudiante de Teosofía, durante una excursión que hizo por el monte Shasta en California. Dicho personaje se identificó como uno de los Mahatmas teosóficos, el ocultista del siglo XVIII conocido como el Conde de Saint Germain. Encargó a Ballard que transmitiera las lecciones de “La Gran Ley de la Vida” y así comenzó lo que fue el “movimiento YO SOY” (1)

Ballard y su mujer tuvieron pronto multitud de seguidores gracias a su versión de las enseñanzas de Saint Germain y crearon la Fundación Saint Germain en 1932. El movimiento YO SOY alcanzó su mayor actividad a finales de los años 30. Pero ésta disminuyó debido a la muerte de Guy Ballard en 1939, junto con otras complicaciones legales posteriores, que incluían una denuncia por parte del gobierno federal por fraude postal. Actualmente, la organización sigue existiendo, aunque discretamente.

El movimiento de Maestros Ascendidos empezó otra etapa en 1958, cuando Mark Prophet, antiguo estudiante de la Fundación Saint Germain, manifestó que el “Maestro Ascendido El Morya” le había elegido para transmitir las enseñanzas de la Gran Fraternidad Blanca mediante una organización llamada the Summit Lighthouse. Después de su muerte en 1973, su esposa Elizabeth Clare Prophet asumió el liderazgo de la organización y cambió el nombre de ésta por el de Iglesia Universal y Triunfante. En 1999, Prophet se retiró de sus actividades de la iglesia y murió en 2009.

En la actualidad, en gran parte como consecuencia del movimiento YO SOY y de las actividades de los Prophet, la de los Maestros Ascendidos es una idea común en el movimiento New Age. Dado que los Ballard y los Prophet utilizaron los nombres y los retratos de los Mahatmas Teosóficos para sus Maestros Ascendidos, muchos asumen que son los mismos. Sin embargo, tal como vamos a ver en este artículo, difieren en algunos aspectos muy importantes.

¿Ascendidos o Vivientes?

Los Maestros Ascendidos, tal como su nombre sugiere, son supuestamente Maestros que han experimentado el milagro de la ascensión, igual que, según parece, hizo Jesús. La enseñanza original, canalizada por Guy Ballard, era que un nuevo Maestro Ascendido no moriría, sino que se llevaría con él su cuerpo. Esta enseñanza de la ascensión es directamente contraria a las enseñanzas teosóficas. En una de sus cartas a Sinnet, el Mahatma K.H. habla de esa idea de manera desdeñosa: “Sólo había una mujer histérica que presuntamente habría presenciado la pretendida ascensión, y... ese fenómeno nunca ha sido confirmado con otra repetición” (Barker and Chin, 5). También H.P. Blavatsky rechaza el hecho de la ascensión, y lo califica de “alegoría tan vieja como el mundo” (Collected Writings 8:389; ver también 4:359-60).

Se suponía que Ballard había alcanzado el nivel de la ascensión y, después de que falleciera de una esclerosis arterial cardíaca sin llevarse su cuerpo, su esposa Edna afirmó que de hecho se podía ascender después que el cuerpo muriera. De esta manera, la idea de la ascensión cambió con el tiempo, y hoy en día se considera que los Maestros Ascendidos son espíritus desencarnados que han trascendido sus cuerpos físicos. Este concepto es también contrario a las enseñanzas teosóficas sobre los Mahatmas. En los comienzos de la Sociedad Teosófica, antes de que nadie en occidente conociera nada acerca de los Maestros, Henry Steel Olcott empezó a recibir cartas de algunos de ellos. En una primera carta, el Maestro Serapis escribió: “Ha llegado la hora de que usted sepa quién soy. No soy un espíritu desencarnado, hermano. Soy un hombre vivo” (Jinarajadasa [2002], 2:23). Blavatsky verificó que eran personas vivas porque vivió con algunos de ellos cerca del Tibet durante varios años, mientras se sometía a entrenamiento oculto. Más tarde, Olcott y otros teósofos también conocieron a algunos Mahatmas en su cuerpo físico, en diferentes momentos y en distintas partes del mundo.

El hecho de que los Mahatmas permanecen en sus cuerpos es de gran importancia. Son yogis iluminados, parecidos en ciertos aspectos a los que tradicionalmente se conocen en oriente. Pero hay una diferencia. Un iluminado, después de haber realizado la Verdad, ha adquirido el poder de fundirse con el Todo en un estado de absoluto éxtasis (llamado moksha o nirvana). Ello le impide estar en contacto con la humanidad, puesto que debe abandonar los vehículos inferiores de consciencia. Por el contrario, los Maestros Teosóficos, por compasión, deciden renunciar al nirvana para poder seguir ayudándonos en nuestra lucha por realizar la Verdad: El Maestro debe estar en un cuerpo humano, debe estar encarnado. Muchos de los que alcanzan este nivel dejan de soportar el peso de la carne, usan solamente el “cuerpo espiritual” dejando así de estar en contacto con este mundo y habitan solamente los reinos más elevados de existencia (Besant, 49).

En este aspecto, los Mahatmas son lo que los budistas Mahayana llaman bodhisattvas. Eligen mantener el cuerpo, no debido a ningún fallo en su crecimiento, sino como acto de sacrificio. El poseer un cuerpo físico ata a los adeptos a determinadas limitaciones nevitables. Como dijo Blavatsky, “son hombres vivos, nacidos de la misma manera que nosotros, y condenados a morir como cualquier mortal” (Blavatsky [1987], 288). Al ser yogis perfectos, han aprendido a cuidar de su cuerpo para poder vivir mucho más que los seres humanos normales. Aunque, con el tiempo, los cuerpos deben morir.

En las cartas de los Maestros hay varios comentarios sobre las limitaciones intrínsecas que tiene el llevar una existencia física. Por ejemplo, el Mahatma K.H. escribió: “estaba físicamente extenuado por un viaje de 48 horas seguidas” (Barker and Chin, 398). También dijo que se veía limitado a sus sentidos físicos y a las funciones de su cerebro “cuando estoy sentado a la mesa, o cuando me estoy vistiendo, leyendo o bien ocupado con otras cosas” (Barker and Chin, 257).

Sin embargo, es en el cuerpo físico de los Maestros donde su desarrollo evolutivo es menos aparente. Se dice que si viéramos a un adepto en el plano físico, puede ser que percibiéramos simplemente a un buen hombre sabio y que no le reconociéramos. No obstante, en los planos internos su naturaleza está mucho más allá de aquellos que todavía están atrapados en la ilusión. En sus cartas, los Mahatmas distinguen entre el “hombre interno” (el Yo espiritual del adepto que es relativamente omnisciente y que está más allá de cualquier limitación) y el “hombre externo”, expresión muy limitada del Yo espiritual que está funcionando a través de una personalidad psicológica. Por esta razón K.H. escribió: “No somos Mahatmas infalibles ni predecimos a cada momento del día” (Barker and Chin, 450). Tal como dijo, “Un adepto, del más elevado al menos elevado, lo es únicamente mientras ejercita sus poderes ocultos” (Barker and Chin, 257).

Así pues, esos adeptos no son como los Maestros Ascendidos del New Age, de los que se dice que se han convertido a imagen de Dios, en seres todopoderosos más allá de la naturaleza. En sus enseñanzas, los Mahatmas incluso negaron que existieran seres así. K.H. escribió: “Si tuviéramos los poderes del Dios Personal imaginario, y las leyes universales e inmutables sólo fueran meros juguetes, por supuesto que habríamos creado las condiciones para que este mundo se convirtiera en la Arcadia de las almas nobles” (Barker and Chin, 474). En sus cartas, los Mahatmas hablan constantemente de las “leyes inmutables” del universo, y de que pueden ayudar a la humanidad sólo dentro de los límites de dichas leyes. No pueden producir por arte de magia una Nueva Era; eso, nos guste o no, nos corresponde a nosotros.

Los partidarios de los Maestros Ascendidos intentan justificar esas discrepancias alegando que cuando se fundó la Sociedad Teosófica la mayoría de los Mahatmas Teosóficos aún eran “Maestros no ascendidos”. De esta manera se pueden separar los Maestros Ascendidos de las limitaciones que se dice tienen todos los Mahatmas, “los más elevados y los menos elevados”. Pero según las enseñanzas teosóficas, cuanto más elevado es el adepto menos posibilidades hay de oír hablar de él: Cuanto más espiritual es el Adepto, menos interfiere en las cuestiones mundanas y burdas y más se recluye para su trabajo espiritual... Por lo tanto, los Adeptos más elevados sí ayudan a la humanidad, pero sólo espiritualmente: por constitución, no pueden interferir en los asuntos mundanos (Blavatsky, Collected Writings, 6:247).

Otra característica de las enseñanzas de los Maestros Ascendidos es que principalmente se ocupan de la “forma y aspecto” de los Maestros (su apariencia, sus nombres, su carácter, etc.). Cuando se entiende bien el punto de vista teosófico, se ve que es muy diferente. Blavatsky escribió: “Por lo tanto, el verdadero mahatma no es su cuerpo físico, sino su Manas superior [la Mente espiritual] que está conectado inseparablemente al Atma [el Yo verdadero] y a su vehículo [el Alma espiritual]”. Y añade que quienquiera que desee “ver” a un Mahatma debe elevar su percepción hasta los planos espirituales, porque “lo superior sólo puede percibirse con un sentido perteneciente a lo superior.” Los planos espirituales, donde se desvanece la separación y prevalece la unidad están muy por encima del plano psíquico, que es el que contactan los videntes naturales. Aquellos que pueden alcanzar el elevado estado de consciencia que trasciende todo sentido de separatividad “verán al mahatma donde quiera que esté, pues al estar fundidos con el sexto (Buddhi, el Alma espiritual) y el séptimo principios (Atma, el Yo verdadero), que son ubícuos y omnipresentes, se puede afirmar que los mahatmas están en todas partes” (Blavatsky, Collected Writings, 6:239).

Por consiguiente, el verdadero Mahatma se ve principalmente como un estado espiritual de consciencia, y las formas que asume su aspecto personal son simplemente sombras. Para estar seguros, se pueden encontrar descripciones de la forma y aspecto de los Mahatmas en la literatura teosófica, no porque este aspecto sea en sí importante, sino porque proporciona algo para la comprensión de nuestras mentes limitadas. Este aspecto personal debe trascenderse, y quien quiera que se conforme con ello está anclado en el mundo de la ilusión.

El Trabajo de los Maestros por la humanidad

Hoy en día hay miles de personas que aseguran estar canalizando a los Maestros Ascendidos. Está claro que esos Maestros Ascendidos tienen enfocada su atención en el plano físico, sin hacer mucho más que comunicar con nosotros por medio de canales. Otra vez vemos que hay una diferencia básica con las enseñanzas teosóficas. En Teosofía, al igual que en la mayoría de tradiciones espirituales serias, este plano físico se considera una ilusión. El Maha Chohan, uno de los adeptos más elevados, dijo: “enseñad a la gente que la vida en la tierra, incluso la más dichosa, no es más que una carga y una ilusión” (Jinaradasa [1988], 1:6-7). Este concepto está relacionado con la enseñanza de Platón, cuando dijo que este mundo no es sino una sombra de la Realidad. También se relaciona con la primera Noble Verdad que Buddha enseñó después de su iluminación: “Todo es dukkha (sufrimiento) en este mundo.”

Por consiguiente, tal como Annie Besant dijo acerca de los Maestros, “una ínfima parte de su trabajo se hace aquí”, refiriéndose al plano físico (citado en Codd [1988], 45). Esta es una de las razones por las que viven aislados, pues la mayor parte de su actividad tiene lugar en los planos superiores. De hecho, se basa en un profundo conocimiento de la estructura del cosmos: Cualquiera que observe la naturaleza de la dinámica oculta verá fácilmente que toda energía empleada en el plano espiritual o en el astral produce mayores resultados que la misma energía empleada en el plano físico objetivo de existencia (Blavatsky, Collected Writings, 5:338-39).

Y ¿cuál es el trabajo de los Maestros en esos planos superiores? Este es un tema muy complejo que sobrepasa los límites de este artículo. Cuando le preguntaban a Blavatsky sobre el tema, ella respondía: “No podría entenderlo, a menos que usted mismo fuera un Adepto. Pero Ellos mantienen viva la vida espiritual de la humanidad” (Blavatsky, Collected Writings, 8:401).

Por el contrario, las comunicaciones de los Maestros Ascendidos se ocupan profusamente de las vidas físicas y de los deseos de sus seguidores. La literatura de los Maestros Ascendidos está llena de promesas de milagros mágicos sobre salud, riqueza infinita y felicidad perfecta y se dictan “decretos” para que la gente pueda “manifestar” dichas cosas en sus vidas. Esta actitud es totalmente opuesta a la teosófica.

La Teosofía afirma que el ego psicológico es falso, que la idea de que somos el cuerpo, las emociones y la mente es un error de percepción y una fuente de dolor. Afirma que la verdadera felicidad sólo aparece como efecto secundario no buscado al reducir, en lugar de acrecentar, nuestro apego y nuestra identificación con lo personal. Por esta razón Blavatsky dijo que “el Ocultismo no es la búsqueda de la felicidad tal como el hombre la entiende; pues el primer paso es el sacrificio y el segundo la renuncia” (Blavatsky, Collected Writings, 8:14). K.H. estaba de acuerdo con eso cuando escribió: “Nosotros, los Hermanos criticados y malinterpretados, intentamos que el hombre sacrifique su personalidad, que es un destello transitorio, por el bien de la humanidad entera” (Barker and Chin, 222). Los Mahatmas Teosóficos nunca harían caso a los deseos personales. Durante los primeros tiempos de la Sociedad Teosófica, algunos miembros que malinterpretaron completamente la naturaleza de los Mahatmas hacían peticiones personales a Blavatsky para que se las transmitiera. Ella explicó en una carta: Ni por un momento los Maestros se a prestar atención a cuestiones individuales o privadas que tuvieran que ver con una ni con diez personas, con su bienestar, sus congojas o sus dichas en este mundo de Maya [ilusión]; no la prestarían a nada que no fueran cuestiones de importancia verdaderamente universal. Son ustedes los teósofos los que han arrastrado hasta sus mentes los ideales de nuestros Maestros; son ustedes los que inconscientemente y con la mejor de las intenciones y total sinceridad en su buen propósito Les han profanado al pensar por un sólo instante que Ellos iban a preocuparse por los negocios que ustedes tienen, los hijos que van a tener, las hijas que van a casar, las casas que ustedes van a construir, etc. etc. (Jinarajadasa [1923], iv).

Y, sin embargo, ésta es la clase de cosas de las que se ocupan los Maestros Ascendidos. Incluso enseñan supuestas maneras de disolver karma desagradable, cosa a la que los Mahatmas teosóficos se oponían rotundamente. K.H. escribió: “Tengan en cuenta que la mínima causa producida, por inconsciente que sea, y por el motivo que sea, no puede deshacerse, ni sus efectos pueden desaparecer de su trayectoria, aunque se juntaran millones de dioses, demonios y hombres para ello” (Barker and Chin, 77-78).

Los Maestros Ascendidos se presentan como padres cósmicos que cuidarán de los problemas de sus seguidores. Por el contrario, el Mahatma M. Dijo: “Somos líderes, y no niñeros” (Eek, 605). Los adeptos son fuerzas impersonales y universales y responden sólo a aquellos que se desarrollan en dicha dirección: Aunque toda la humanidad está presente en la visión mental de los mahatmas, no se puede esperar que se fijen en cada uno de los seres humanos, a menos que alguno de ellos, por sus actos especiales, atraiga su atención particular sobre sí. Su ocupación especial es el interés de la humanidad como un todo, pues están identifi cados con el Alma Universal que está presente en la Humanidad y aquél que llame su atención lo debe hacer a través de esa Alma que todo lo impregna (Blavatsky, Collected Writings, 6:240).

Los Mahatmas no comunican indistintamente con la gente que no es capaz de darse cuenta de la ilusión del yo personal, o con los que se dejan dominar por deseos, miedos y ambiciones: Trabajan en este plano a través de dos clases de agentes: los directos y los indirectos. Cualquier persona sincera y altruista que trabaje en la línea del trabajo del Maestro puede recibir su inspiración aún sin saberlo. Sus agentes directos son sus discípulos aceptados, que trabajan de manera consciente con los Maestros (Codd, [2000], 9).

Su influencia siempre está a la disposición de aquellos que actúan con altruismo y compasión, incluso sin ser conscientes de ello. Tal como K.H. le escribió a Annie Besant: “en ocasiones favorables, lanzamos influencias elevadas que alcanzan a varias personas de distintas maneras” (Jinarajadasa [1988], 1…123-24). Por lo tanto, cualquier acto filantrópico que realicemos puede que forme parte del trabajo del Maestro. Sin embargo, sólo los discípulos aceptados tienen una relación consciente y personal con ellos. Las cualidades morales y espirituales necesarias para ser un discípulo aceptado son muy profundas y muy exigentes, y muy pocos humanos tienen el nivel de madurez espiritual para conseguirlo. (Para una descripción de dichas cualidades, ver A los pies del Maestro y Luz en el Sendero).

¿Quiénes son los Maestros Ascendidos?

Entonces, ¿quienes son esos Maestros Ascendidos que comunican con miles de canales en el mundo? No podemos estar seguros. Pero para entenderlo es necesario darse cuenta de que los planos internos están habitados por toda clase de entidades (elementales, formas de pensamiento, personas fallecidas, personas vivas cuyos cuerpos están dormidos, etc.). Muchas de esas entidades se divierten haciéndose pasar por Maestros, santos u otras figuras históricas importantes. (Para leer más sobre este tema, consultar El Plano Astral y el panfleto titulado Dificultades de la clarividencia, ambos escritos por Charles W. Leadbeater).

Incluso a comienzos de la Sociedad Teosófica, médiums y gente receptiva empezaron a canalizar mensajes de falsos Mahatmas. Por ejemplo, después que una persona receptiva llamada Oxley declarara que K.H. le había “visitado dos veces ‘en forma astral’ y... que había tenido una conversación con el Sr. Oxley”, el Mahatma tuvo que pedirle a su discípulo Djual Kool que escribiera al Sr. Sinnett diciéndole lo siguiente: “A quien vio el Sr. Oxley, y con quien conversó en el momento mencionado no era Koot Hoomi” (Barker and Chin, 253).

En otra ocasión, había un medium que afirmaba estar en contacto con personajes como Jesús, Juan Bautista, Hermes y Elías. En una carta que escribió al Sr. Sinnett hablando de esta clase de comunicación psíquica, K.H. escribió: “Misterio, dirá usted, misterio. Ignorancia es la respuesta; la creación de aquello en lo que creemos y queremos ver” (Barker and Chin, 109).

Debemos tener en cuenta que ese “Mundo Psíquico de percepciones suprasensoriales y de visiones engañosas, el mundo de Mediums... es el mundo de la Gran Ilusión” (Blavatsky, [1992], 75-76). En ese reino, diferentes entidades pueden asumir cualquier forma según lo que hallan en la mente del vidente. Se necesitan profundos poderes de clarividencia, un entreno largo y una madurez espiritual fuerte para que dichas entidades no nos engañen, porque:

El más leve cumplimiento de un deseo ahí [en el plano psíquico] toma cuerpo y forma. Esa forma de pensamiento puede ser animada por un espíritu de la Naturaleza... y entonces aparecer como un ángel de luz que nos cuenta exactamente lo que queremos oír. CWL [i.e., Leadbeater] siempre nos avisó para que estuviéramos alerta de cualquier visión o de cualquier voz que pudieran halagarnos. (Codd, [1988], 66). Para corroborarlo, Blavatsky cuenta un sugerente hecho histórico. En 1889, escribe: Hace catorce años, antes de que se fundara la Sociedad Teosófica , todas las charlas [de mediums] trataban de “Espíritus”... y a nadie se le ocurrió ni por casualidad hablar de “Adeptos”, “Mahatmas” o “Maestros” vivientes... actualmente, todo esto ha cambiado. Desafortunadamente, los teósofos fuimos los primeros en hablar sobre estos temas... y ahora el nombre es de uso común... No hay casi ningún medium que no haya afirmado haberlos visto. Cualquier Sociedad embaucadora y falaz hoy en día asegura, con fines comerciales, que está guiada y dirigida por “Maestros” que a menudo parecen estar mucho más elevados que los nuestros! (Blavatsky [1987], 301-302).


(1) Nota del editor del blog: 
Hay mucha información en la red acerca de las locuras, pretensiones políticas, excesos de todo tipo y ridiculeces megalómanas de Guy Ballard y su esposa y la secta por ellos montada. Como botón de muestra, puede consultarse este enlace:
Es muy aconsejable investigar el contexto histórico y la biografía de las personas que están detrás de las fuentes que usamos como referentes en el camino espiritual. Tal indagación constituye, de hecho,  una de las bases para el desarrollo del discernimiento. Este y el sentido común son dos de las grandes cualidades de las que hablan con profusión numerosos textos sagrados.
La errónea y equívoca expresión "Maestros Ascendidos" se ha generalizado de la mano de la New Age, que, apartándose precisamente del discernimiento y el sentido común, ha tergiversado y falseado la auténtica entidad y el verdadero papel de los Mahatmas.

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Autor: Pablo D. Sender
Fuente: Revista Sophia, nº 268
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