28/7/16

La tortuga, el olmo y los cinco elementos (Cuento breve consciencial)


La tortuga Rita buscaba una casita y no se daba cuenta de que la llevaba puesta sobre su cabecita. Siempre andaba quejándose. Todo le molestaba y nunca, nunca, su carita afuera  asomaba:

-¡Qué frío hace hoy con esta lluvia helada!- replicaba en invierno.

-¡Cuántas flores juntas! ¡Así no se puede ni caminar!- decía en primavera.

-¡Qué calor hace hoy con este Sol! ¡Me voy a asfixiar!- se quejaba en verano.

-¡Qué viento tan horroroso!- rechistaba en otoño.

Un día, mientras caminaba metida en su caparazón, un fuerte golpe la tiró hacia atrás y se quedó mirando al cielo.

-¡Ay, ay! ¡Socorro, auxilio! ¿Qué ha pasado?- preguntó la tortuga.

Rita asomó un poquito la cabeza para ver lo que ocurría y vio a un viejo árbol que la miraba fijamente. Era un enorme olmo con un tronco muy robusto derramando su sabia.

-Buenos días, es la primera vez que veo a una tortuga paseando escondida y sin mirar- le dijo el árbol.

-Hola, me llamo Rita. Por favor, ¿Puedes ayudarme? Me he quedado boca arriba y necesito un empujoncito para volver a mi posición natural. Es que tengo prisa. Estoy buscando una casita donde habitar.

-Lo siento, Rita. Soy un árbol y no puedo moverme solo. A mí me mueven los cinco elementos –dijo el árbol con voz tranquila.

-¿Y quiénes son esos? ¿Están por aquí cerca? ¿Podría usted llamarlos?- preguntó intrigada.

-Ja, ja, ja ¿Quiere conocerlos? Entonces, tendrá que permanecer acostada mirando al cielo durante, al menos, cuatro días. Así, me observarás y los conocerás- dijo el olmo risueño.

-Bueno, si esa es la única manera de volver a mi postura natural para seguir andando, así me quedaré– dijo Rita resignada. Y La tortuga, cansada, se sumió en un profundo sueño…

Al siguiente día, un rico calorcito acarició su rostro y  la despertó: -¡oh! ¡Qué maravilla!- El olmo, majestuoso, desplegando sus ramas al cielo, parecía un brillante ángel tocando el Sol.

-¡Oh! ¡Es el amanecer más hermoso que he visto en la vida! Pareces un ángel ¡Y qué agradable calor!– dijo la tortuga.

-Ja, ja, ja… Me temo que es el primer amanecer que usted contempla, señora tortuga, y creo que no va a ser el último. Le presento al elemento FUEGO. Gracias al Sol, me caliento y me nutro de energía cada día. Por eso me brillan tanto las hojas- le explicó el sabio árbol.

El segundo día, una brisa fresca despertó a doña Rita. Con sus ojos entreabiertos, vio al olmo sonreír mientras sus ramas bailaban al son del viento y sus hojas caían formando una multicolor alfombra alrededor de su cuerpo. Cayeron tantas hojas, que Rita pudo, al fin, descansar su cabecita sobre un montículo que formaba una almohada. Ahora, podía contemplarlo todo cómodamente.

-Le presento al elemento AIRE. Es muy importante para que todo fluya y se mueva. Gracias al viento, renuevo mis hojas y hago un poco de ejercicio de vez en cuando ja, ja, ja- rio el árbol.

El tercer día, al despertar, Rita percibió que estaba casi sentada. Sentía su caparazón apoyado sobre algo muy duro que alzaba su cabecita al cielo.

-¡Uff… qué bien lo veo todo hoy, señor olmo!- dijo aliviada

-Eso es porque algunas raíces de mi tronco, que se agarran a la tierra, han salido a la superficie y le están sosteniendo la espalda. La TIERRA es el elemento que me enraíza y que me alza erguido hacia el cielo- le dijo orgulloso el árbol.

El cuarto día, una fría gota de agua cayó sobre la naricilla de la tortuga que exclamó -¡Qué cosquillas! ¡Qué fresquita!

-Sí, señora, ideal para despertarse. Gracias al elemento AGUA, mis raíces se nutren de vida formando la sabia que recorre mi cuerpo-.  

         Entonces, cayó una gota de agua, cayeron dos, tres, cuatro, cinco… ¡Y un chaparrón! Llovió tanto que se inundó todo de agua. Doña Rita comenzó a flotar y a tambalearse hasta que… ¡Plop!, ¡Por fin! El agua la hizo girar.

-¡Qué bien, señor olmo! ¡Me he dado la vuelta! ¡Qué alegría!- gritó la tortuga agradecida.

-Ahora sí que ha vuelto usted a su postura natural. Le dije que mis amigos los elementos la iban a ayudar.

La lluvia era tan intensa que formó un arroyo. Doña Rita se alejaba cada vez más empujada por la fuerza del agua.

-Señor árbol, ¡Me voyyyyy! ¡Dígame! ¿Cuál es el quinto elemento? ¡Usted me dijo que había cinco!- exclamó curiosa.

-El quinto elemento es la CORRIENTE. Dejarse llevar  y confiar. ¡Ya verá cómo encuentra su hogar señora tortuga! ¡Nos veremos otro día! ¡Buen viaje! ja, ja, ja –rió el viejo olmo.

La tortuga bajaba emocionada a través de los rápidos que formaba el arroyo hasta que cayó por una cascada hasta un gran lago.

Cuando asomó su cabeza del agua, percibió que allí todo estaba en calma. ¡Qué preciosidad! Rita contempló maravillada la magia de aquel lugar: el agua azul turquesa rodeada por verdes y frondosos árboles; la bruma de las rocas mojadas iluminando un arco iris; una rana cazando una mosca; un pájaro emprendiendo el vuelo; unas hadas revoloteando y riendo…

-¡Es aquí! ¡Aquí es donde me voy a quedar! Al fin, se dio cuenta, de que estaba en el lugar ideal, con su casita encima y en su posición natural. Ahora, le toca disfrutar, con sus amigos, los ELEMENTOS, que a su lado siempre estarán.

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Autora: Raquel García Rodríguez (raquelin101@gmail.com)
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