Agenda de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2026-2027

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9/3/10

La enfermedad como oportunidad y otra visión de la salud

Jorge Carvajal es médico cirujano y uno de los pioneros de la llamada medicina bioenergética. Su visión de la salud, la enfermedad, los sentimientos y emociones, la felicidad o el amor rompe bastante de los moldes asumidos por la medicina tradicional. Se ofrece seguidamente una entrevista en la que divulga los principales fundamentos de tal visión, que incluye la percepción de la enfermedad como oportunidad para organizar una armonía superior a nivel físico, emocional, mental y espiritual.

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¿Qué es la enfermedad?

Es un maestro, una oportunidad para organizar una armonía superior en nuestra propia vida, a nivel físico, emocional, mental y espiritual.

¿Qué enferma primero, el cuerpo o el alma?

El alma no puede enfermar, porque es lo que hay perfecto en ti, el alma evoluciona, aprende. En realidad, buena parte de las enfermedades son todo lo contrario: son la resistencia del cuerpo emocional y mental al alma. Cuando nuestra personalidad se resiste al designio del alma es cuando enfermamos.

¿Hay emociones perjudiciales para la salud? ¿Cuáles son las que más nos perjudican?

Un 70 por ciento de las enfermedades del ser humano vienen del campo de conciencia emocional. Las enfermedades muchas veces proceden de emociones no procesadas, no expresadas, reprimidas. El temor, que es la ausencia de amor, es la gran enfermedad, el común denominador de buena parte de las enfermedades que hoy tenemos. Cuando el temor se queda congelado afecta al riñón, a las glándulas suprarrenales, a los huesos, a la energía vital, y puede convertirse en pánico.

¿Nos hacemos los fuertes y descuidamos nuestra salud?

De héroes están llenos los cementerios. Te tienes que cuidar.
Tienes tus límites, no vayas más allá. Tienes que reconocer cuáles son tus límites y no superarlos porque si no los reconoces, vas a destruir tu cuerpo.

¿Cómo nos afecta la ira?

La ira es santa, es sagrada, es una emoción positiva porque te lleva a la autoafirmación, a la búsqueda de tu territorio, a defender lo que es tuyo, lo que es justo... Pero cuando la ira se vuelve irritabilidad, agresividad, resentimiento, odio, se vuelve contra ti, y afecta al hígado, la digestión, el sistema inmunológico.

¿La alegría por el contrario nos ayuda a estar sanos?

La alegría es la más bella de las emociones porque es la emoción de la inocencia, del corazón, y es la más sanadora de todas, porque no es contraria a ninguna otra. Un poquito de tristeza con alegría escribe poemas. La alegría con miedo nos lleva a contextualizar el miedo y a no darle tanta importancia.

¿La alegría suaviza el ánimo?

Sí, la alegría suaviza todas las otras emociones porque nos permite procesarlas desde la inocencia. La alegría pone al resto de las emociones en contacto con el corazón y les da un sentido ascendente. Las canaliza para que lleguen al mundo de la mente.

¿Y la tristeza?

La tristeza es un sentimiento que puede llevarte a la depresión cuando te envuelves en ella y no la expresas, pero también puede ayudarte. La tristeza te lleva a contactar contigo mismo y a restaurar el control interno. Todas las emociones negativas tienen su propio aspecto positivo, las hacemos negativas cuando las reprimimos.

¿Es mejor aceptar esas emociones que consideramos negativas como parte de uno mismo?

Como parte para transformarlas, es decir, cuando se aceptan fluyen, y ya no se estancan, y se pueden transmutar. Tenemos que canalizarlas para que lleguen desde el corazón hasta la cabeza. Qué difícil! Sí, es muy difícil.. Realmente las emociones básicas son el amor y el temor (que es ausencia de amor), así que todo lo que existe es amor, por exceso o defecto.. Constructivo o destructivo. Porque también existe el amor que se aferra, el amor que sobreprotege, el amor tóxico, destructivo.

¿Cómo prevenir la enfermedad?

Somos creadores, así que yo creo que la mejor forma es creando salud. Y si creamos salud no tendremos ni que prevenir la enfermedad ni que atacarla, porque seremos salud.

¿Y si aparece la enfermedad?

Pues tendremos que aceptarla porque somos humanos. También enfermó Krishnamurti de un cáncer de páncreas y no era nadie que llevara una vida desordenada. Mucha gente muy valiosa espiritualmente ha enfermado. Debemos explicarlo para aquellos que creen que enfermar es fracasar. El fracaso y el éxito son dos maestros, pero nada más. Y cuando tú eres el aprendiz, tienes que aceptar e incorporar la lección de la enfermedad en tu vida. Cada vez más personas sufren ansiedad. La ansiedad es un sentimiento de vacío, que a veces se vuelve un hueco en el estómago, una sensación de falta de aire. Es un vacío existencial que surge cuando buscamos fuera en lugar de buscar dentro. Surge cuando buscamos en los acontecimientos externos, cuando buscamos muletas, apoyos externos, cuando no tenemos la solidez de la búsqueda interior. Si no aceptamos la soledad y no nos convertimos en nuestra propia compañía, vamos a experimentar ese vacío y vamos a intentar llenarlo con cosas y posesiones. Pero como no se puede llenar con cosas, cada vez el vacío aumenta.

¿Y qué podemos hacer para liberarnos de esa angustia?

La angustia no se puede pasar comiendo chocolate, o con más calorías, o buscando un príncipe azul afuera. La angustia se pasa cuando entras en tu interior, te aceptas como eres y te reconcilias contigo mismo. La angustia viene de que no somos lo que queremos ser, pero tampoco lo que somos, entonces estamos en el "debería ser", y no somos ni lo uno ni lo otro. El estrés es otro de los males de nuestra época. El estrés viene de la competitividad, de que quiero ser perfecto, quiero ser mejor, de que quiero dar una nota que no es la mía, de que quiero imitar. Y realmente sólo se puede competir cuando decides ser tu propia competencia, es decir, cuando quieres ser único, original, auténtico, no una fotocopia de nadie. El estrés destructivo perjudica el sistema inmunológico. Pero un buen estrés es una maravilla, porque te permite estar alerta y despierto en las crisis, y poder aprovecharlas como una oportunidad para emerger a un nuevo nivel de consciencia....

¿Qué nos recomendaría para sentirnos mejor con nosotros mismos?

La soledad. Estar con uno mismo cada día es maravilloso. Estar 20 minutos con uno mismo es el comienzo de la meditación; es tender un puente hacia la verdadera salud; es acceder al altar interior, al ser interior.
Mi recomendación es que la gente ponga su despertador 20 minutos antes para no robarle tiempo a sus ocupaciones. Si dedicas, no el tiempo que te sobra, sino esos primeros minutos de la mañana, cuando estás fresco y descansado, a meditar, esa pausa te va a recargar, porque en la pausa habita el potencial del alma.

¿Qué es para usted la felicidad?

Es la esencia de la vida. Es el sentido mismo de la vida, encarnamos para ser felices, no para otra cosa. Pero la felicidad no es placer, es integridad. Cuando todos los sentidos se consagran al ser, podemos ser felices. Somos felices cuando creemos en nosotros, cuando confiamos en nosotros, cuando nos encomendamos transpersonalmente a un nivel que trasciende el pequeño yo o el pequeño ego. Somos felices cuando tenemos un sentido que va más allá de la vida cotidiana, cuando no aplazamos la vida, cuando no nos desplazamos a nosotros mismos, cuando estamos en paz y a salvo con la vida y con nuestra conciencia.

¿Es importante vivir en el presente? ¿Cómo lograrlo?

Dejamos ir el pasado y no hipotecamos la vida a las expectativas de futuro cuando nos volcamos en el ser y no en el tener. Yo me digo que la felicidad tiene que ver con la realización, y ésta con la capacidad de habitar la realidad. Y vivir en realidad es salir del mundo de la confusión.

¿Tan confundidos estamos, en su opinión?

Tenemos tres ilusiones enormes que nos confunden. Primero creemos que somos un cuerpo y no un alma, cuando el cuerpo es el instrumento de la vida y se acaba con la muerte. Segundo, creemos que el sentido de la vida es el placer; pero a más placer no hay más felicidad, sino más dependencia. Placer y felicidad no es lo mismo. Hay que consagrar el placer a la vida y no la vida al placer. La tercera ilusión es el poder; creemos tener el poder infinito de vivir.

¿Y qué necesitamos realmente para vivir?, ¿acaso el amor?

El amor, tan traído y tan llevado, y tan calumniado, es una fuerza renovadora.
El amor es magnífico porque crea cohesión. En el amor todo está vivo, como un río que se renueva a sí mismo. En el amor siempre uno puede renovarse, porque todo lo ordena. En el amor no hay usurpación, no hay desplazamiento, no hay miedo, no hay resentimiento, porque cuando tú te ordenas porque vives el amor, cada cosa ocupa su lugar, y entonces se restaura la armonía. Ahora, desde la perspectiva humana, lo asimilamos con la debilidad, pero el amor no es débil. Nos debilita cuando entendemos que alguien a quien amamos no nos ama. Hay una gran confusión en nuestra cultura. Creemos que sufrimos por amor, que nuestras catástrofes son por amor. pero no es por amor, es por enamoramiento, que es una variedad del apego. Eso que llamamos habitualmente amor es una droga. Igual que se depende de la cocaína, la marihuana o la morfina, también se depende del enamoramiento. Es una muleta para apoyarse, en vez de llevar a alguien en mi corazón para liberarlo y liberarme. El verdadero amor tiene una esencia fundamental que es la libertad, y siempre conduce a la libertad. Pero a veces nos sentimos atados a un amor. Si el amor conduce a la dependencia es eros. Eros es un fósforo, y cuando lo enciendes se te consume rápidamente, en dos minutos ya te quemas el dedo. Hay muchos amores que son así, pura chispa. Aunque esa chispa puede servir para encender el leño del verdadero amor. Cuando el leño está encendido produce el fuego, Ese es el amor impersonal, que produce luz y calor.

¿Puede darnos algún consejo para alcanzar el amor verdadero?

Solamente la verdad. Confía en la verdad; no tienes que ser como la princesa de los sueños del otro, no tienes que ser ni más ni menos de lo que eres. Tienes un derecho sagrado, que es el derecho a equivocarte; tienes otro, que es el derecho a perdonar, porque el error es tu maestro. Ámate, sincérate y considérate.. Si tú no te quieres, no vas a encontrar a nadie que te pueda querer. El amor produce amor. Si te amas, vas a encontrar el amor. Si no, vacío. Pero nunca busques una migaja; eso es indigno de ti. La clave entonces es amarse a sí mismo.Y al prójimo como a ti mismo.. Si no te amas a ti, no amas a Dios, ni a tu hijo, porque te estás apegando, estás condicionando al otro. Acéptate como eres; lo que no aceptamos no lo podemos transformar, y la vida es una corriente de transformación permanente.

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4/9/09

¿Qué hacer? (I) : Recapitulación


Durante la primera parte de agosto inserté en el Blog una serie de entradas dedicadas a la posible organización de la élite económica mundial en sociedades secretas –“Chuleta” para ver el telediario (día 14), Preguntas sobre la élite mundial secretamente organizada (16), ¿Quiénes son los Illuminati? (16), ¿Qué diferencia una sociedad secreta de las logias masónicas? (16)-, su papel en la generación artificial de conflictos bélicos y teóricas pandemias –Conflictos locales y enfermedades globales (15), Enfermedades globales: manual de uso (15), Apostillas a la entrada anterior (15)-, la verdadera entidad y causas de la crisis económica -¿Dónde está el dinero perdido por los bancos? (04), Es largo, pero aconsejo que lo leáis para entender muchas de las cosas que están pasando (07), ¿Ha provocado voluntariamente la élite mundial la actual crisis económica? (16)- y sus impactos directos en las personas –De subastas, ejecuciones de hipotecas y liquidaciones de empresas (04), “Al filo de lo imposible” (05), Ejecuciones de hipotecas: datos concretos sobre la magnitud del asunto (10), Soluciones ante la subasta de hogares familiares (10), Ciudadanos de categoría inferior (12)-.
Tras ellas, el último día antes de las vacaciones, deje abierta la pregunta sobre qué hacer -¿Qué hacemos con los Illuminati? (17)-. Y planteé, para abrir boca y colaborar con vuestra propia reflexión, unas breves aportaciones de Meli Iglesias, Jan Van Helsing y Gilliam Macbeth-Louthan.
Pues bien, concluido el paréntesis vacacional, es momento de volver al asunto. Lo voy a hacer con una aportación algo extensa que, por ello y para su mejor incardinación en el Blog, dividiré en seis partes, además de esta primera, en forma de entradas independientes, aunque totalmente interrelacionadas:
+¿Qué hacer? (II): Del “qué tenemos que hacer” al “qué hago yo ahora”.
+¿Qué hacer? (III): ¿Qué me lleva a plantearme hacer algo ante los “males” del mundo?
+¿Qué hacer? (IV): Sensibilidad ante el dolor ajeno.
+¿Qué hacer? (V): Ojos nuevos para un mundo nuevo.
+¿Qué hacer? (VI): Yo elijo.
+¿Qué hacer? (y VII): Vivir... ¡para vivir!.
Vamos a ello. Y ten en cuenta que las casualidades no existen. Si lees lo que continúa es porque llegó la hora de que lo hagas. Saborea tus propias intuiciones e inspiraciones a la luz de lo que leas. Hazlo despacio, que vienen curvas. Te conducirán, te lo aseguro, a un lugar donde nunca nadie pudo llegar usando la razón.

¿Qué hacer? (II): Del “qué tenemos que hacer” al “qué hago yo ahora”


Injusticias, abusos, pobreza, marginación, manipulación, miedo, sociedades secretas, Illuminati, ansia de poder omnímodo, crisis ficticias, enfermedades inventadas, destrucción del medio ambiente,… ¿Qué hacer?.
Es un interrogante de enorme calado. Especialmente, porque el modo de enfocarlo y contestarlo indica el grado de consciencia de cada persona; el mayor o menor protagonismo que en la vida de cada cual ostenta la dimensión profunda y espiritual de la que todo ser humano goza.
Seamos claros. Si la respuesta queda al arbitrio del ego, de nuestro pequeño e impulsivo yo, sucederá una de estas dos cosas: que se planteen actuaciones que intrínsecamente conllevan desatinos no muy distintos de los que se desean impedir, prevenir o eludir; o, lo más probable, que se caiga en la inacción, revestida, eso sí, de autojustificación a través del manido “tenemos que hacer” en lugar de “yo hago y lo hago ahora”.
De ahí que resulte imprescindible que, conscientes de nuestra dignidad divina, activemos nuestro Yo Verdadero para que intervenga como Guía interior -el Daímon de los antiguos filósofos- con todo el esplendor de su divinal linaje. No en balde, es de su mano como podemos recordar y asentar en nuestra cotidianeidad dos premisas siempre cruciales y que son claves para abordar el referido interrogante:
+La vida es el momento presente; el ahora es el único sitio donde la vida realmente existe.
+Y el momento presente ha de vivirse ocupados exclusivamente en realizarnos interiormente, en Ser lo que esencialmente Somos: Uno y, por ende, Amor.
Sobre ambos pilares, evitaremos los bailes y las florituras mentales con relación al qué hacer. Porque no se trata de elaborar teorías más o menos perspicaces o sugerentes; ni programas a corto, medio o largo plazo; ni propuestas o contrapropuestas, ni a favor ni “anti” algo. Nada de eso; no podemos perder el tiempo -el ahora- en requiebros intelectuales, declaraciones de intenciones, iniciativas programáticas, cronogramas de actuación y demás milongas. En coherencia con nuestro auténtico Ser, sólo una acción debe ocupar el momento presente: Amar Incondicionalmente. Lo restante, sea lo que sea, supone distraer la atención, evadirse de lo fundamental o dar rienda suelta a la vanidad del ego.
Olvídate, pues, del “qué tenemos que hacer”. Conjuga el “qué hacer” como “qué hago yo ahora” y respóndete: ¡Ser lo que Soy; Amar Incondicionalmente!. Examinemos a continuación sus implicaciones prácticas.

¿Qué hacer? (III): ¿Qué me lleva a plantearte hacer algo ante los “males” del mundo?


Con base en los contenidos de la entrada anterior, estamos en condiciones de retomar el interrogante del qué hacer ligándolo a otra pregunta: ¿qué es lo que verdaderamente me importa de las injusticias, desigualdades y opresiones que identifican en parte a la sociedad actual?. Sí, has leído bien y ahora te formulo a ti la cuestión: ¿qué te lleva a plantearte hacer algo ante los “males” del mundo?.
Reflexiona al respecto, pues las alternativas son numerosas: ¿tales “males” rechinan frente a tu escala de valores?; ¿se oponen a tus conceptos o criterios de libertad, justicia, igualdad o solidaridad?; ¿representan un insulto a tu inteligencia?; ¿te repatea que haya unos cuantos que dirigen el cotarro y se aprovechan de los demás?, ¿deseas en lo más hondo de tu corazón una sociedad distinta, más equitativa y pacífica?; y, así, un largo etcétera con multitud de variantes.
Me repito a mí mismo el interrogante: ¿qué me lleva a hacer algo ante los “males” del mundo?. Pues cuando vivo el momento presente ocupado en Ser lo que Soy, cuando amo incondicionalmente y afronto cada instante con voluntad continua de dar y en disposición permanente a recibir, la respuesta es muy sencilla: el dolor ajeno.
Efectivamente, quiero hacer algo –yo y ahora- porque esos “males” causan un dolor específico y directo a otros seres humanos, a otras formas de vida o al planeta en su conjunto. Lo restante, lo que no sea ese dolor, me da exactamente igual. Me niego a entrar en el laberinto sin salida de los debates teóricos, las diatribas políticas, las pugnas ideológicas y la confrontación de valores, opiniones, criterios y pareceres. Sólo me importa, ni más ni menos, el dolor ajeno; un daño real, cierto, tangible; más cercano o lejano, pero siempre rotundo, contundente, fuera de discusiones.
El Amor, que ha de ser nuestra única ocupación, es Compasión. La Compasión se moviliza ante el dolor ajeno, que no es abstracto, genérico o retórico, sino un dolor –físico o psíquico- que aflige a seres concretos de manera íntima y radical; no un dolor impersonal, generalista, sino el que se produce persona a persona, ser vivo a ser vivo. Y las iniquidades, desafueros y arbitrariedades que nos rodean causan este dolor que tiene cara, nombre y apellidos.
He aquí, pues, lo que reclama nuestro Yo Verdadero, pleno de Amor y Compasión: que seamos sensibles ante el dolor de los otros; que tengamos sensibilidad ante el dolor de los demás. Y que, desde luego, sea una sensibilidad pura.

¿Qué hacer? (IV): Sensibilidad ante el dolor ajeno


La sensibilidad no es pura cuando surge, valga el juego de palabras, del sentimiento de superioridad del que la siente. Cuando esto sucede –y ocurre frecuentemente-, la sensibilidad ante el dolor ajeno se llena de orgullo propio y subjetividad; y, casi sin darnos cuenta, comenzamos a dar lecciones a la gente. Entonces, la Compasión se difumina y aparece el ego, sea cual sea su disfraz, aunque sea el de misionero (se explica magistralmente en la Entrevista a Lluis Marlat, ex-misionero y antropólogo publicada en este Blog el pasado 28 de julio).
Y tampoco es pura cuando la mueven el resentimiento, los dualismos -blanco o negro, bueno o malo, con o sin, de aquí o de allí,...- o cualquier tipo de “anti”, por legítimo que parezca. Semejantes actitudes y posicionamientos son hijos de la ira, el odio, la inseguridad, la prevalencia del pequeño yo, el dolor sublimado como sufrimiento (volveremos después a él), la vanidad y el olvido de nuestra esencia y dignidad divinales. Si entiendes que tantas injusticias y oprobios son achacables al “sistema” imperante, conviene que recuerdes que esta especie de Leviatán feroz, ciego y desalmado ha demostrado hasta la saciedad que se las basta para ir contra sí mismo y sobrevive, paradójicamente, gracias a ello; y que el resentimiento, los dualismos y los “anti” constituyen su alimento preferido.
La sensibilidad pura ante el dolor de los otros, que emana del Amor Incondicional y la Compasión, está libre de estas pesadas cargas; carece de apegos, identificaciones y deseos personales; es objetiva; y genuinamente desinteresada.
Desde ella y sólo desde ella, abordaremos el dolor ajeno con una visión limpia, certera y comprometida. Visión que, siendo, sin duda, unitaria, presenta una triple perspectiva analítica: ante quien padece el dolor, ante quien lo causa y ante la situación o el hecho mismo que lo ocasiona.
+Ante quien padece el dolor, movilizaremos la Compasión en forma de amor al prójimo, de ayuda y apoyo inmediato y solidario. Lo daremos, por supuesto, de modo desinteresado, pero con disposición a recibir, pues nadie es mejor o superior que nadie y el que menos tiene o más precisa es, a veces, el que más nos puede dar. Y procurando que el que soporta el dolor no lo sublime como sufrimiento, ya que una cosa es el daño o padecimiento físico, psíquico o material –su naturaleza es nítidamente objetiva- y otra la interiorización del mismo –su naturaleza es subjetiva y estrechamente ligada al ego-. El pequeño yo es ignorancia y sufrimiento; el Yo Verdadero, Sabiduría y Compasión.
+Ante quien causa el dolor, movilizaremos la Compasión en forma de perdón. No caben excepciones de ningún tipo. El Amor Incondicional, nuestro Ser Profundo, es ineludiblemente Amor contra Resistencia; Amor al que origina dolor o daño a otros o a nosotros mismos (ver la entrada Sobre el Amor, con Amor, del 25 de julio). Este es, quizá, nuestro gran aprendizaje espiritual en la encarnación como seres humanos; nuestra más acabada y primorosa aportación a la expansión de la Consciencia de la Unidad a la que pertenecemos. Y requiere un perdón sin contrapartida alguna; un perdón completo y sincero, sin medias tintas ni ambages.
+Ante la situación o el hecho mismo que ocasiona el dolor, movilizaremos la Compasión poniendo el dedo en la llaga de lo que lo motiva, de la sinrazón que lo provoca. Porque el perdón no es complicidad, ni connivencia; perdonar franca y honradamente al que ha causado el daño no significa consentir el daño, ni tolerarlo, ni mirar hacia otro lado en cuanto a su origen y gestación. Nuestro Yo Verdadero exige amor al prójimo y perdón. Pero también que expresemos y evidenciemos abiertamente la injusticia, el abuso, el atropello, la mentira o la manipulación que causan el agravio, la pobreza, la marginación, la exclusión,… el dolor. Y que lo hagamos sin tapujos; sin permitir que nos mediaticen las posibles reacciones, sus secuelas para nosotros mismos, de los que detentan el poder en la escala y esfera que sea. Es a lo que me referí en el Blog el pasado 9 de agosto al escribir sobre Ser rebeldes para llamar al pan, pan, y al vino, vino. Sin violencia ni exasperación alguna, sin amarguras ni insultos, libres y alegres, con el amor al prójimo y el perdón como únicas banderas, decir a la cara de tantos hipócritas y fariseos que nos sabemos de memoria su película, que los tenemos calados, que su pretendida cordura es una colosal locura, que ya somos mayores para tanto cuento, que sus miedos y anhelos no van con nosotros: que su mundo no es el nuestro.

¿Qué hacer? (V): Ojos nuevos para un mundo nuevo


Por tanto, ¿qué hago yo ahora?: Amar incondicionalmente y movilizar la Compasión ante el dolor ajeno. Ante quien lo padece, amor al prójimo; ante quien lo causa, perdón; ante la situación o hecho que lo provoca, poniendo el dedo en la llaga de su sinrazón.
Y aquí podría dar por finiquitadas estas reflexiones acerca del qué hacer. Pero por honestidad con vostr@s y conmigo mismo, debo extenderlas a unas últimas consideraciones que estimo no menos significativas. Porque todo lo hasta ahora expuesto ha de desembocar, forzosamente, en una manera concreta de vivir y de mirar al mundo. Y esto nos sitúa ante la tesitura de cuestionarnos con sinceridad y honradez interior si tu manera y la mía de vivir y mirar el mundo es realmente distinta de la de esos que tanto dolor ocasionan a los demás por codicia, avaricia, ambición, egoísmo, egolatría, orgullo, frivolidad, miedo, recelos, ignorancia, complejos o necesidad de reconocimiento.
Sí, ya sé que tú y yo nos indignamos frente a ese dolor; y que nos sale de dentro el cambiar las cosas. Vale. Pero, ¿hasta que punto tu modo y mi modo de vivir y mirar al mundo es realmente diferente al de ellos?; ¿estamos de verdad seguros de que los ojos con los que tú y yo miramos al mundo no son semejantes a los de ellos?, ¿y si las diferencias entre ellos, tú y yo fueran sólo de escala, de circunstancias, pero, cada uno a su nivel y situación, reprodujéramos un modelo idéntico de vida y una forma similar de ver el mundo?.
Vaya por delante, que estaríamos en nuestro derecho. El libre albedrío es una ley cosmogónica. Cada cual es libre de elegir como vivir y como mirar al mundo. Nada de dar lecciones. Pero tampoco vale engañarse a uno mismo. Hay que optar con libertad, pero también con consciencia: los ojos para mirar el mundo los elegimos nosotros, cada uno; y el mundo es distinto según los ojos con los que lo miramos. ¿Te sorprende?. No deberías. A estas alturas no tendrías que albergar dudas: creer es crear. Es tu elección; es mi elección.
Fíjate: el perdón, o el no perdón; no enjuiciar, o criticar, etiquetar y clasificar; Amor Incondicional y contra Resistencia, o amor por predilección (al ser amado, al familiar, al amigo, al que se comporta bien conmigo,…); hablar claro para poner en evidencia lo que origina dolor, o callar, disimular o refugiarme en discursos huecos y planes, muchos planes para el futuro.
¿Más ejemplos de elección?. Veamos: servicio a los otros, o el poder sobre los otros (ojo: repito, cada cual en su escala); compartir con los demás, o acumular para mí; practicar el sentido común en la cobertura de mis necesidades, o aplicar las reglas del consumismo; vivir el presente y ocuparme de Ser, o preocuparme de lo que no Es y dar bandazos entre el pasado (que sólo existió cuando fue presente) y el futuro (que sólo existirá cuando sea presente).
¿Suficiente?. Permíteme que continúe un poco más: disfrutar la felicidad en la austeridad, el equilibrio, la armonía y la honestidad interior, o perseguirla a través de las ficciones mentales, los objetos materiales, la obsesión por el cuerpo y la estética, el qué dirán y el éxito social; parar de vez en cuando y buscar el silencio íntimo, o pasar los días en el ajetreo incesante de lo que me rodea; sentirme parte integrante y responsable de la naturaleza y el planeta, o contemplarlos como meros instrumentos para mi propia satisfacción.
Conoces la totalidad de estas alternativas y otras muchas tan bien o mejor que yo. Sabes que elegimos entre ellas cotidianamente. Sabes que no son palabras, sino hechos. Pues bien, con ellos forjamos nuestro mundo, la Realidad.

¿Qué hacer? (VI): Yo elijo


¡Hay tantas cosas que están dentro del ser humano, pero que no pertenecen a su Yo Verdadero!. Son las baratijas con las que se entretiene y justifica el ego, el pequeño yo. Hasta la idea de poner orden en lo que no comprendo o no comparto es una de esas baratijas. Pero rige el libre albedrío. Estás en tu derecho de optar por las baratijas del ego. Pero sé coherente: vivirás en el mundo que has elegido. No te quejes. Es tu elección. Dios (Ser Uno, Alá, Todo,… ¡qué no nos separen las palabras!), tu Yo Verdadero, es la Fuente de la Paz; el ego es la fuente del conflicto. Si no comprendes esto, no comprenderás nada.
Yo elijo y lo hago conscientemente. Llevo luz a la oscuridad que impera en el inconsciente de la persona; me acerco a mi Origen; experimento el Amor Incondicional; he despertado y Soy a imagen y semejanza de la Fuente; actúo en Dios; amo como Dios ama; en mi encarnación humana, vivo como Dios vive; no grito, no discuto, no me preocupo, no sufro,… sólo Soy y me ocupo de Ser lo que Soy: Unidad, Consciencia, Amor. Yo elijo y lo hago conscientemente. Elijo a Dios, Soy Él. Elijo Ser: Ser la Paz; Ser el Perdón; Ser el Amor de Dios; Ser Él; Ser mi Yo Verdadero.
Con estos ojos miro al mundo. Un mundo nuevo que no hay que inventar porque ya está aquí, en el presente. ¿Quieres verlo?. Basta con que desees traerlo a tu vida; basta con que te responsabilices de ella al 100 por 100 (deja ya, por favor, de responsabilizar a los demás de tu vida, que sólo es tuya y absolutamente tuya); basta con que abras los ojos con una mirada nueva y que lo hagas ahora. No mañana, ni pasado: ¡ahora!. Ábrelos y no se lo digas a nadie. Ábrelos y observarás el Milagro. Ábrelos y vivirás en un lugar a donde nunca nadie pudo llegar usando la razón.
¿No es posible?. No lo es si tú no quieres. Recuerda a Albert Einstein: “Dios nos hizo perfectos. Hacer o no algo depende tan sólo de nuestra voluntad y perseverancia” (Creer es crear, según Einstein, entrada inserta el 13 de agosto). O si lo prefieres, escucha a Alberto Cortez y sus Castillos en el aire (para volver al blog tras escuchar la canción, pulsa el botón de retroceso en la parte superior izquierda de tu pantalla):

¿Qué hacer? (y VII): Vivir... ¡para vivir!


Nada nos es imposible se titula una entrada del Blog del pasado 8 de agosto. No lo afirmo yo, sino el Maestro Jesús: “Os aseguro que si vuestra fe fuera como un grano de mostaza, le diríais a aquella montaña que viniera aquí, y vendría. Nada os sería imposible” (Mateos, 17, 20).
Atrévete a intentarlo. Extiende tus alas hacia el Cielo que hay en Ti y gana altura. Vivirás en un mundo nuevo. Y comprarás personalmente algo que antes ni se te habría pasado por la cabeza: el mundo viejo realmente ya ha muerto; es un mundo de muertos. Los que por él pululan -gente, instituciones públicas, entidades privadas-, con sus deseos, objetivos y avatares, están completamente muertos. Como en El sexto sentido (película de 1999 escrita y dirigida por M. Night Shyamalan), no se percatan de ello. Pero tú sí. Y constatarás que nada pueden hacerte, ni ofrecerte, ni quitarte; que sus miedos y amenazas no tienen para ti, Ser divino y eterno, la menor incidencia, la más mínima trascendencia.
Ellos viven para morir; es su elección. Respétalos –como señalo Jesús, “deja que los muertos entierren a sus muertos” (Lucas, 9, 60)- con Amor Incondicional y con Compasión por sus sufrimientos.
Tú vives para vivir, es tu elección. Disfrútala conscientemente con paz, alegría y una vida llena y plena que dar a los demás (también a los muertos, para ayudarlos a la Resurrección en Vida). ¿Te apetece cantarlo con Joan Manuel Serrat?:
http://www.youtube.com/watch?v=isEROyFUGkU
Aunque yo prefiero la versión previa (la canción Para vivir fue grabada en disco por primera vez en 1974) utilizada como fondo musical en la película Mi profesora particular (dirigida por Jaime Camino en 1972), protagonizada por el propio Serrat y Analía Gadé:
http://www.youtube.com/watch?v=RUyMWed8C6k
¡Buen fin de semana!
(Dedicado a Pili&Fernando y Pura&Juan Antonio, que acaban de celebrar sus aniversarios de boda y que, compartiendo el amor de pareja, lo han sabido proyectar para extender sus alas y ganar juntos altura)