Agenda de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2026-2027

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4/9/09

¿Qué hacer? (I) : Recapitulación


Durante la primera parte de agosto inserté en el Blog una serie de entradas dedicadas a la posible organización de la élite económica mundial en sociedades secretas –“Chuleta” para ver el telediario (día 14), Preguntas sobre la élite mundial secretamente organizada (16), ¿Quiénes son los Illuminati? (16), ¿Qué diferencia una sociedad secreta de las logias masónicas? (16)-, su papel en la generación artificial de conflictos bélicos y teóricas pandemias –Conflictos locales y enfermedades globales (15), Enfermedades globales: manual de uso (15), Apostillas a la entrada anterior (15)-, la verdadera entidad y causas de la crisis económica -¿Dónde está el dinero perdido por los bancos? (04), Es largo, pero aconsejo que lo leáis para entender muchas de las cosas que están pasando (07), ¿Ha provocado voluntariamente la élite mundial la actual crisis económica? (16)- y sus impactos directos en las personas –De subastas, ejecuciones de hipotecas y liquidaciones de empresas (04), “Al filo de lo imposible” (05), Ejecuciones de hipotecas: datos concretos sobre la magnitud del asunto (10), Soluciones ante la subasta de hogares familiares (10), Ciudadanos de categoría inferior (12)-.
Tras ellas, el último día antes de las vacaciones, deje abierta la pregunta sobre qué hacer -¿Qué hacemos con los Illuminati? (17)-. Y planteé, para abrir boca y colaborar con vuestra propia reflexión, unas breves aportaciones de Meli Iglesias, Jan Van Helsing y Gilliam Macbeth-Louthan.
Pues bien, concluido el paréntesis vacacional, es momento de volver al asunto. Lo voy a hacer con una aportación algo extensa que, por ello y para su mejor incardinación en el Blog, dividiré en seis partes, además de esta primera, en forma de entradas independientes, aunque totalmente interrelacionadas:
+¿Qué hacer? (II): Del “qué tenemos que hacer” al “qué hago yo ahora”.
+¿Qué hacer? (III): ¿Qué me lleva a plantearme hacer algo ante los “males” del mundo?
+¿Qué hacer? (IV): Sensibilidad ante el dolor ajeno.
+¿Qué hacer? (V): Ojos nuevos para un mundo nuevo.
+¿Qué hacer? (VI): Yo elijo.
+¿Qué hacer? (y VII): Vivir... ¡para vivir!.
Vamos a ello. Y ten en cuenta que las casualidades no existen. Si lees lo que continúa es porque llegó la hora de que lo hagas. Saborea tus propias intuiciones e inspiraciones a la luz de lo que leas. Hazlo despacio, que vienen curvas. Te conducirán, te lo aseguro, a un lugar donde nunca nadie pudo llegar usando la razón.

¿Qué hacer? (II): Del “qué tenemos que hacer” al “qué hago yo ahora”


Injusticias, abusos, pobreza, marginación, manipulación, miedo, sociedades secretas, Illuminati, ansia de poder omnímodo, crisis ficticias, enfermedades inventadas, destrucción del medio ambiente,… ¿Qué hacer?.
Es un interrogante de enorme calado. Especialmente, porque el modo de enfocarlo y contestarlo indica el grado de consciencia de cada persona; el mayor o menor protagonismo que en la vida de cada cual ostenta la dimensión profunda y espiritual de la que todo ser humano goza.
Seamos claros. Si la respuesta queda al arbitrio del ego, de nuestro pequeño e impulsivo yo, sucederá una de estas dos cosas: que se planteen actuaciones que intrínsecamente conllevan desatinos no muy distintos de los que se desean impedir, prevenir o eludir; o, lo más probable, que se caiga en la inacción, revestida, eso sí, de autojustificación a través del manido “tenemos que hacer” en lugar de “yo hago y lo hago ahora”.
De ahí que resulte imprescindible que, conscientes de nuestra dignidad divina, activemos nuestro Yo Verdadero para que intervenga como Guía interior -el Daímon de los antiguos filósofos- con todo el esplendor de su divinal linaje. No en balde, es de su mano como podemos recordar y asentar en nuestra cotidianeidad dos premisas siempre cruciales y que son claves para abordar el referido interrogante:
+La vida es el momento presente; el ahora es el único sitio donde la vida realmente existe.
+Y el momento presente ha de vivirse ocupados exclusivamente en realizarnos interiormente, en Ser lo que esencialmente Somos: Uno y, por ende, Amor.
Sobre ambos pilares, evitaremos los bailes y las florituras mentales con relación al qué hacer. Porque no se trata de elaborar teorías más o menos perspicaces o sugerentes; ni programas a corto, medio o largo plazo; ni propuestas o contrapropuestas, ni a favor ni “anti” algo. Nada de eso; no podemos perder el tiempo -el ahora- en requiebros intelectuales, declaraciones de intenciones, iniciativas programáticas, cronogramas de actuación y demás milongas. En coherencia con nuestro auténtico Ser, sólo una acción debe ocupar el momento presente: Amar Incondicionalmente. Lo restante, sea lo que sea, supone distraer la atención, evadirse de lo fundamental o dar rienda suelta a la vanidad del ego.
Olvídate, pues, del “qué tenemos que hacer”. Conjuga el “qué hacer” como “qué hago yo ahora” y respóndete: ¡Ser lo que Soy; Amar Incondicionalmente!. Examinemos a continuación sus implicaciones prácticas.

¿Qué hacer? (III): ¿Qué me lleva a plantearte hacer algo ante los “males” del mundo?


Con base en los contenidos de la entrada anterior, estamos en condiciones de retomar el interrogante del qué hacer ligándolo a otra pregunta: ¿qué es lo que verdaderamente me importa de las injusticias, desigualdades y opresiones que identifican en parte a la sociedad actual?. Sí, has leído bien y ahora te formulo a ti la cuestión: ¿qué te lleva a plantearte hacer algo ante los “males” del mundo?.
Reflexiona al respecto, pues las alternativas son numerosas: ¿tales “males” rechinan frente a tu escala de valores?; ¿se oponen a tus conceptos o criterios de libertad, justicia, igualdad o solidaridad?; ¿representan un insulto a tu inteligencia?; ¿te repatea que haya unos cuantos que dirigen el cotarro y se aprovechan de los demás?, ¿deseas en lo más hondo de tu corazón una sociedad distinta, más equitativa y pacífica?; y, así, un largo etcétera con multitud de variantes.
Me repito a mí mismo el interrogante: ¿qué me lleva a hacer algo ante los “males” del mundo?. Pues cuando vivo el momento presente ocupado en Ser lo que Soy, cuando amo incondicionalmente y afronto cada instante con voluntad continua de dar y en disposición permanente a recibir, la respuesta es muy sencilla: el dolor ajeno.
Efectivamente, quiero hacer algo –yo y ahora- porque esos “males” causan un dolor específico y directo a otros seres humanos, a otras formas de vida o al planeta en su conjunto. Lo restante, lo que no sea ese dolor, me da exactamente igual. Me niego a entrar en el laberinto sin salida de los debates teóricos, las diatribas políticas, las pugnas ideológicas y la confrontación de valores, opiniones, criterios y pareceres. Sólo me importa, ni más ni menos, el dolor ajeno; un daño real, cierto, tangible; más cercano o lejano, pero siempre rotundo, contundente, fuera de discusiones.
El Amor, que ha de ser nuestra única ocupación, es Compasión. La Compasión se moviliza ante el dolor ajeno, que no es abstracto, genérico o retórico, sino un dolor –físico o psíquico- que aflige a seres concretos de manera íntima y radical; no un dolor impersonal, generalista, sino el que se produce persona a persona, ser vivo a ser vivo. Y las iniquidades, desafueros y arbitrariedades que nos rodean causan este dolor que tiene cara, nombre y apellidos.
He aquí, pues, lo que reclama nuestro Yo Verdadero, pleno de Amor y Compasión: que seamos sensibles ante el dolor de los otros; que tengamos sensibilidad ante el dolor de los demás. Y que, desde luego, sea una sensibilidad pura.

¿Qué hacer? (IV): Sensibilidad ante el dolor ajeno


La sensibilidad no es pura cuando surge, valga el juego de palabras, del sentimiento de superioridad del que la siente. Cuando esto sucede –y ocurre frecuentemente-, la sensibilidad ante el dolor ajeno se llena de orgullo propio y subjetividad; y, casi sin darnos cuenta, comenzamos a dar lecciones a la gente. Entonces, la Compasión se difumina y aparece el ego, sea cual sea su disfraz, aunque sea el de misionero (se explica magistralmente en la Entrevista a Lluis Marlat, ex-misionero y antropólogo publicada en este Blog el pasado 28 de julio).
Y tampoco es pura cuando la mueven el resentimiento, los dualismos -blanco o negro, bueno o malo, con o sin, de aquí o de allí,...- o cualquier tipo de “anti”, por legítimo que parezca. Semejantes actitudes y posicionamientos son hijos de la ira, el odio, la inseguridad, la prevalencia del pequeño yo, el dolor sublimado como sufrimiento (volveremos después a él), la vanidad y el olvido de nuestra esencia y dignidad divinales. Si entiendes que tantas injusticias y oprobios son achacables al “sistema” imperante, conviene que recuerdes que esta especie de Leviatán feroz, ciego y desalmado ha demostrado hasta la saciedad que se las basta para ir contra sí mismo y sobrevive, paradójicamente, gracias a ello; y que el resentimiento, los dualismos y los “anti” constituyen su alimento preferido.
La sensibilidad pura ante el dolor de los otros, que emana del Amor Incondicional y la Compasión, está libre de estas pesadas cargas; carece de apegos, identificaciones y deseos personales; es objetiva; y genuinamente desinteresada.
Desde ella y sólo desde ella, abordaremos el dolor ajeno con una visión limpia, certera y comprometida. Visión que, siendo, sin duda, unitaria, presenta una triple perspectiva analítica: ante quien padece el dolor, ante quien lo causa y ante la situación o el hecho mismo que lo ocasiona.
+Ante quien padece el dolor, movilizaremos la Compasión en forma de amor al prójimo, de ayuda y apoyo inmediato y solidario. Lo daremos, por supuesto, de modo desinteresado, pero con disposición a recibir, pues nadie es mejor o superior que nadie y el que menos tiene o más precisa es, a veces, el que más nos puede dar. Y procurando que el que soporta el dolor no lo sublime como sufrimiento, ya que una cosa es el daño o padecimiento físico, psíquico o material –su naturaleza es nítidamente objetiva- y otra la interiorización del mismo –su naturaleza es subjetiva y estrechamente ligada al ego-. El pequeño yo es ignorancia y sufrimiento; el Yo Verdadero, Sabiduría y Compasión.
+Ante quien causa el dolor, movilizaremos la Compasión en forma de perdón. No caben excepciones de ningún tipo. El Amor Incondicional, nuestro Ser Profundo, es ineludiblemente Amor contra Resistencia; Amor al que origina dolor o daño a otros o a nosotros mismos (ver la entrada Sobre el Amor, con Amor, del 25 de julio). Este es, quizá, nuestro gran aprendizaje espiritual en la encarnación como seres humanos; nuestra más acabada y primorosa aportación a la expansión de la Consciencia de la Unidad a la que pertenecemos. Y requiere un perdón sin contrapartida alguna; un perdón completo y sincero, sin medias tintas ni ambages.
+Ante la situación o el hecho mismo que ocasiona el dolor, movilizaremos la Compasión poniendo el dedo en la llaga de lo que lo motiva, de la sinrazón que lo provoca. Porque el perdón no es complicidad, ni connivencia; perdonar franca y honradamente al que ha causado el daño no significa consentir el daño, ni tolerarlo, ni mirar hacia otro lado en cuanto a su origen y gestación. Nuestro Yo Verdadero exige amor al prójimo y perdón. Pero también que expresemos y evidenciemos abiertamente la injusticia, el abuso, el atropello, la mentira o la manipulación que causan el agravio, la pobreza, la marginación, la exclusión,… el dolor. Y que lo hagamos sin tapujos; sin permitir que nos mediaticen las posibles reacciones, sus secuelas para nosotros mismos, de los que detentan el poder en la escala y esfera que sea. Es a lo que me referí en el Blog el pasado 9 de agosto al escribir sobre Ser rebeldes para llamar al pan, pan, y al vino, vino. Sin violencia ni exasperación alguna, sin amarguras ni insultos, libres y alegres, con el amor al prójimo y el perdón como únicas banderas, decir a la cara de tantos hipócritas y fariseos que nos sabemos de memoria su película, que los tenemos calados, que su pretendida cordura es una colosal locura, que ya somos mayores para tanto cuento, que sus miedos y anhelos no van con nosotros: que su mundo no es el nuestro.

¿Qué hacer? (V): Ojos nuevos para un mundo nuevo


Por tanto, ¿qué hago yo ahora?: Amar incondicionalmente y movilizar la Compasión ante el dolor ajeno. Ante quien lo padece, amor al prójimo; ante quien lo causa, perdón; ante la situación o hecho que lo provoca, poniendo el dedo en la llaga de su sinrazón.
Y aquí podría dar por finiquitadas estas reflexiones acerca del qué hacer. Pero por honestidad con vostr@s y conmigo mismo, debo extenderlas a unas últimas consideraciones que estimo no menos significativas. Porque todo lo hasta ahora expuesto ha de desembocar, forzosamente, en una manera concreta de vivir y de mirar al mundo. Y esto nos sitúa ante la tesitura de cuestionarnos con sinceridad y honradez interior si tu manera y la mía de vivir y mirar el mundo es realmente distinta de la de esos que tanto dolor ocasionan a los demás por codicia, avaricia, ambición, egoísmo, egolatría, orgullo, frivolidad, miedo, recelos, ignorancia, complejos o necesidad de reconocimiento.
Sí, ya sé que tú y yo nos indignamos frente a ese dolor; y que nos sale de dentro el cambiar las cosas. Vale. Pero, ¿hasta que punto tu modo y mi modo de vivir y mirar al mundo es realmente diferente al de ellos?; ¿estamos de verdad seguros de que los ojos con los que tú y yo miramos al mundo no son semejantes a los de ellos?, ¿y si las diferencias entre ellos, tú y yo fueran sólo de escala, de circunstancias, pero, cada uno a su nivel y situación, reprodujéramos un modelo idéntico de vida y una forma similar de ver el mundo?.
Vaya por delante, que estaríamos en nuestro derecho. El libre albedrío es una ley cosmogónica. Cada cual es libre de elegir como vivir y como mirar al mundo. Nada de dar lecciones. Pero tampoco vale engañarse a uno mismo. Hay que optar con libertad, pero también con consciencia: los ojos para mirar el mundo los elegimos nosotros, cada uno; y el mundo es distinto según los ojos con los que lo miramos. ¿Te sorprende?. No deberías. A estas alturas no tendrías que albergar dudas: creer es crear. Es tu elección; es mi elección.
Fíjate: el perdón, o el no perdón; no enjuiciar, o criticar, etiquetar y clasificar; Amor Incondicional y contra Resistencia, o amor por predilección (al ser amado, al familiar, al amigo, al que se comporta bien conmigo,…); hablar claro para poner en evidencia lo que origina dolor, o callar, disimular o refugiarme en discursos huecos y planes, muchos planes para el futuro.
¿Más ejemplos de elección?. Veamos: servicio a los otros, o el poder sobre los otros (ojo: repito, cada cual en su escala); compartir con los demás, o acumular para mí; practicar el sentido común en la cobertura de mis necesidades, o aplicar las reglas del consumismo; vivir el presente y ocuparme de Ser, o preocuparme de lo que no Es y dar bandazos entre el pasado (que sólo existió cuando fue presente) y el futuro (que sólo existirá cuando sea presente).
¿Suficiente?. Permíteme que continúe un poco más: disfrutar la felicidad en la austeridad, el equilibrio, la armonía y la honestidad interior, o perseguirla a través de las ficciones mentales, los objetos materiales, la obsesión por el cuerpo y la estética, el qué dirán y el éxito social; parar de vez en cuando y buscar el silencio íntimo, o pasar los días en el ajetreo incesante de lo que me rodea; sentirme parte integrante y responsable de la naturaleza y el planeta, o contemplarlos como meros instrumentos para mi propia satisfacción.
Conoces la totalidad de estas alternativas y otras muchas tan bien o mejor que yo. Sabes que elegimos entre ellas cotidianamente. Sabes que no son palabras, sino hechos. Pues bien, con ellos forjamos nuestro mundo, la Realidad.

¿Qué hacer? (VI): Yo elijo


¡Hay tantas cosas que están dentro del ser humano, pero que no pertenecen a su Yo Verdadero!. Son las baratijas con las que se entretiene y justifica el ego, el pequeño yo. Hasta la idea de poner orden en lo que no comprendo o no comparto es una de esas baratijas. Pero rige el libre albedrío. Estás en tu derecho de optar por las baratijas del ego. Pero sé coherente: vivirás en el mundo que has elegido. No te quejes. Es tu elección. Dios (Ser Uno, Alá, Todo,… ¡qué no nos separen las palabras!), tu Yo Verdadero, es la Fuente de la Paz; el ego es la fuente del conflicto. Si no comprendes esto, no comprenderás nada.
Yo elijo y lo hago conscientemente. Llevo luz a la oscuridad que impera en el inconsciente de la persona; me acerco a mi Origen; experimento el Amor Incondicional; he despertado y Soy a imagen y semejanza de la Fuente; actúo en Dios; amo como Dios ama; en mi encarnación humana, vivo como Dios vive; no grito, no discuto, no me preocupo, no sufro,… sólo Soy y me ocupo de Ser lo que Soy: Unidad, Consciencia, Amor. Yo elijo y lo hago conscientemente. Elijo a Dios, Soy Él. Elijo Ser: Ser la Paz; Ser el Perdón; Ser el Amor de Dios; Ser Él; Ser mi Yo Verdadero.
Con estos ojos miro al mundo. Un mundo nuevo que no hay que inventar porque ya está aquí, en el presente. ¿Quieres verlo?. Basta con que desees traerlo a tu vida; basta con que te responsabilices de ella al 100 por 100 (deja ya, por favor, de responsabilizar a los demás de tu vida, que sólo es tuya y absolutamente tuya); basta con que abras los ojos con una mirada nueva y que lo hagas ahora. No mañana, ni pasado: ¡ahora!. Ábrelos y no se lo digas a nadie. Ábrelos y observarás el Milagro. Ábrelos y vivirás en un lugar a donde nunca nadie pudo llegar usando la razón.
¿No es posible?. No lo es si tú no quieres. Recuerda a Albert Einstein: “Dios nos hizo perfectos. Hacer o no algo depende tan sólo de nuestra voluntad y perseverancia” (Creer es crear, según Einstein, entrada inserta el 13 de agosto). O si lo prefieres, escucha a Alberto Cortez y sus Castillos en el aire (para volver al blog tras escuchar la canción, pulsa el botón de retroceso en la parte superior izquierda de tu pantalla):

¿Qué hacer? (y VII): Vivir... ¡para vivir!


Nada nos es imposible se titula una entrada del Blog del pasado 8 de agosto. No lo afirmo yo, sino el Maestro Jesús: “Os aseguro que si vuestra fe fuera como un grano de mostaza, le diríais a aquella montaña que viniera aquí, y vendría. Nada os sería imposible” (Mateos, 17, 20).
Atrévete a intentarlo. Extiende tus alas hacia el Cielo que hay en Ti y gana altura. Vivirás en un mundo nuevo. Y comprarás personalmente algo que antes ni se te habría pasado por la cabeza: el mundo viejo realmente ya ha muerto; es un mundo de muertos. Los que por él pululan -gente, instituciones públicas, entidades privadas-, con sus deseos, objetivos y avatares, están completamente muertos. Como en El sexto sentido (película de 1999 escrita y dirigida por M. Night Shyamalan), no se percatan de ello. Pero tú sí. Y constatarás que nada pueden hacerte, ni ofrecerte, ni quitarte; que sus miedos y amenazas no tienen para ti, Ser divino y eterno, la menor incidencia, la más mínima trascendencia.
Ellos viven para morir; es su elección. Respétalos –como señalo Jesús, “deja que los muertos entierren a sus muertos” (Lucas, 9, 60)- con Amor Incondicional y con Compasión por sus sufrimientos.
Tú vives para vivir, es tu elección. Disfrútala conscientemente con paz, alegría y una vida llena y plena que dar a los demás (también a los muertos, para ayudarlos a la Resurrección en Vida). ¿Te apetece cantarlo con Joan Manuel Serrat?:
http://www.youtube.com/watch?v=isEROyFUGkU
Aunque yo prefiero la versión previa (la canción Para vivir fue grabada en disco por primera vez en 1974) utilizada como fondo musical en la película Mi profesora particular (dirigida por Jaime Camino en 1972), protagonizada por el propio Serrat y Analía Gadé:
http://www.youtube.com/watch?v=RUyMWed8C6k
¡Buen fin de semana!
(Dedicado a Pili&Fernando y Pura&Juan Antonio, que acaban de celebrar sus aniversarios de boda y que, compartiendo el amor de pareja, lo han sabido proyectar para extender sus alas y ganar juntos altura)