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16/11/10

La comprensión amorosa

Roberto Assagioli (1888-1974) fue médico psiquiatra pionero del psicoanálisis y de la psicología humanista en Italia. A lo anterior agregó un profundo conocimiento de la filosofía hindú y del budismo, que estudió con el Maestro Djwhal Khul, lo que derivó en la psicosíntesis.

Bajos estas líneas, se recoge el extractado de apuntes del curso por correspondencia que impartió para la Escuela Arcana de Buenos Aires publicado por la Revista Mundo Nuevo:

http://www.mundonuevo.cl

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Si tratamos de descubrir la causa de la rivalidad y del antagonismo que originan tantas dificultades a los individuos y a los grupos, hallamos que una de las principales es la falta de comprensión. La mayoría de las palabras y acciones que hieren comúnmente, atribuidas a la maldad y al deseo de dañar, se debe en especial a la incomprensión. Lo que no comprendemos lo menospreciamos y condenamos. De esta actitud negativa de censura surge fácilmente el prejuicio, el antagonismo y el odio. Esto ocurre entre individuos, naciones, razas, y en quienes, pretendiendo ser religiosos y espirituales por ser sacerdotes o instructores, tendrían que dar ejemplo de amor y fraternidad.

Un ejemplo típico de esta actitud está representado en la palabra rusa “neimetz” empleada para designar a los alemanes. El significado real de esta palabra es “estúpido”, demostrando que los rusos consideraban estúpido al extranjero que no hablaba su idioma. Esto resulta muy primitivo, pero ¿no somos realmente primitivos al considerar absurdo todo aquello que no está de acuerdo con nuestros propios puntos de vista, dejando de reconocer la Verdad Una cuando está expresada en una terminología o lenguaje mental diferente al nuestro?

La falta de comprensión no sólo perjudica sino que despierta un antagonismo muy amargo y un violento resentimiento en el incomprendido. Como dice Keyserling: “Nada hiere más que la incomprensión, porque significa negar nuestra identidad”. Así se crea una larga cadena de incomprensiones, resentimientos y luchas. Pero la incomprensión no está siempre asociada con el antagonismo y la antipatía. En forma curiosa puede coexistir con un gran amor, o lo que se considera generalmente como tal. Un ejemplo común es la relación que existe entre padres e hijos. Hay padres que quieren entrañablemente a sus hijos, trabajan afanosamente para ellos, realizan los más grandes y nobles sacrificios, y con todo eso no llegan a comprender lo que piensan esos seres amados, ni cuáles son sus necesidades vitales y verdaderas.

Este amor ciego tiene a veces tan malas y terribles consecuencias que quienes las originaron inconscientemente se aterrarían si se dieran cuenta de ello. Me refiero a las vidas truncas y a los caracteres reprimidos y consentidos. Sin embargo, la realidad hay que enfrentarla y cuanto antes mejor. Debemos tener el valor de abandonar la noción sentimental de que sólo el amor es suficiente, y reconocer que el amor ciego, por sacrificado y bien intencionado que sea, no evita errores ni daño. Debemos saber, si queremos que el amor ayude y satisfaga al amado, que ha de estar unido a la visión interna, compenetrado y aunado con la sabiduría. Sin comprensión no puede haber inofensividad.

Comprender Cabalmente al Ser Humano

Con todo, no debemos ser demasiado severos con los que no comprenden: debemos aprender a comprenderlos. Comprender cabalmente a un ser humano está muy lejos de ser fácil, realmente es muy difícil. Cada individuo es una combinación complicada de elementos diversos e innumerables, que emanan de muy distintas fuentes. Existen en diferentes niveles, actúan y reaccionan mutuamente, hasta constituir una nueva y excepcional combinación. Todos los elementos que constituyen el individuo que tratamos de comprender, no son visibles en la superficie; la mayoría está oculta en los profundos niveles del subconsciente y sólo podemos deducir su existencia por las manifestaciones ocasionales o indirectas. Esto no es todo; la combinación no es estática, pues continuamente entran nuevos elementos a medida que los otros desaparecen, y aún otros cambian por medio de su propio proceso orgánico de desarrollo y transmutación, de modo que el ser que tratamos de comprender cambia como Proteo ante nuestra atónita mirada.

Así como el problema que presenta cada individuo es único, también cada solución es única. Podemos decir que para cada individuo debe buscarse un nuevo método, un nuevo camino. La fórmula psico-algebraica individual requiere en cada caso una nueva integración. Evidentemente la rutina y los consejos al por mayor que la gente siempre está dispuesta a dar, aunque no se les solicite, a menudo son inapropiados y, a pesar de la buena intención, sólo sirven para confundir y desviar.

Esta dificultad para comprender y ayudar a los demás, se acrecienta en los casos en que el individuo en observación está a “prueba” y se sumerge en un estado de ofuscación. En esta situación surgen del subconsciente elementos inferiores e indeseables. En muchos casos pueden haber sido acumulados en esta vida, en otros es la revivificación de viejas tendencias e impresiones que surgen de vidas anteriores como fantasmas de un oscuro y misterioso pasado, y son evocadas para disolverlas y aniquilarlas. Este es un hecho necesario y benéfico, pero muy penoso y molesto mientras persiste, produciendo manifestaciones inesperadas e interesantes. Por lo tanto, tenemos que capacitarnos para reconocer tales hechos absteniéndonos más que nunca de juzgar y condenar.

Debemos comprender que además de estas condiciones especiales, cada persona generalmente presenta en las circunstancias comunes de la vida su peor aspecto. La personalidad se evidencia y destaca, y no el hombre interno que lucha por controlarla y hasta puede permitirle hacer su voluntad en las pequeñas cuestiones de la vida diaria.

En la mayoría, sólo en raros y excepcionales momentos de tensión, de necesidades o peligro, de aspiración y servicio, el ser interno sale a la superficie y se manifiesta temporariamente.

Autocomprensión

Lo dicho respecto a los demás, es aplicable en gran medida a uno mismo, pues existe gran necesidad de verdadera autocomprensión, lo cual es también muy difícil de alcanzar. En nuestro propio caso tenemos más elementos y factores a disposición, pero estaremos más propensos a juzgarnos en forma favorable o parcial. Juzgamos demasiado desfavorable o duramente a nuestros semejantes, y tendemos a ser excesivamente indulgentes con nosotros mismos y a justificar ingeniosamente nuestros propios defectos y debilidades.

Existe una minoría que yerra en dirección opuesta, estando atormentada por un sentido excesivo de inferioridad y autodesprecio, que se juzga severamente y se condena a sí misma. Aún otros oscilan esporádicamente entre ambos extremos.

La ciencia de la psicología atraviesa una crisis, pero es una crisis constructiva que indica crecimiento y vencimiento de limitaciones. La existencia de cualidades psíquicas superiores, de poderes espirituales, de un Yo superior, empieza a ser reconocida por los científicos de mente amplia y sin prejuicios y por los pensadores y estudiantes de todo el mundo.

La intuición es reconocida como una realidad genuina y un medio para adquirir conocimiento. Se está reconociendo la iluminación no como algo anormal, sino supernormal, no como exaltación emocional, sino como verdadera revelación de realidades ocultas.

Cuando insistentemente consideremos que nosotros y los demás somos realmente almas, que procuran manifestarse a través de las personalidades más o menos imperfectas, ciegas y rebeldes y que constituye el propósito inmediato más importante para el que estamos aquí, y si percibimos que las almas no son entidades separadas y aisladas, y tratamos de comprender esta unidad a través de la consciencia y actividad grupales, entonces nuestra actitud y conducta hacia nuestros semejantes cambiará radicalmente.

Así presentiremos detrás de cada individuo el alma aprisionada, afluyendo hacia él nuestro reconocimiento y amor; comprenderemos cuán inútiles y fundamentalmente erróneos son la crítica, el menosprecio, la envidia y el antagonismo, y que lo único acertado y racional es colaborar amorosamente con esa alma, derramando nuestro amor y comprendiendo sus problemas y luchas.

Pero la unidad esencial de todas las almas no excluye las diferencias de cualidad entre ellas, además de las obvias diferencias que existen en la apariencia personal. Por eso debe hacerse un serio estudio de las distintas cualidades, estudio que debe formar parte de la nueva psicología. Debemos esforzarnos por comprender la verdadera naturaleza, propósito y función subyacente, problemas específicos, virtudes y vicios, tal como se manifiestan en el ser humano y a través de él.

Comprensión y Propósito

Aquí podemos señalar la íntima relación que existe entre comprensión y propósito. No puede haber propósito espiritual, inteligente y consciente, sin comprensión profunda y perfecta sabiduría. Por otra parte, el propósito produce natural e inevitablemente un plan, por el cual puede ser llevado a cabo gradual e inteligentemente.

Las facultades humanas que debemos utilizar y desarrollar para alcanzar la comprensión son, ante todo, la mente en su aspecto superior dirigida hacia el Ser. Ella puede percibir su luz y ver a cada uno y a todas las cosas en esa luz. El empleo adecuado de la imaginación puede ayudar en esto. Entonces podemos poner en juego las facultades superiores de la intuición y de la identificación espiritual consciente. Esta última es muy diferente a la identificación pasiva, emocional y ciega, que a menudo se verifica entre las personalidades. La diferencia consiste principalmente en el hecho de que la identificación espiritual está libre de absorción y apego, afluye, pero no es restrictiva ni limitadora.

Los efectos de la comprensión amorosa son inmensamente benéficos, pues es directamente creadora. Como rayo de sol vital y cálido, fomenta el crecimiento y la expansión de esas vidas humanas hacia las cuales se dirige y las compenetra con su sutil y poderosa influencia, evocando directamente al ser interno, el alma.

El individuo que se siente comprendido en tal forma, se abre y florece y hasta se transforma casi mágicamente. Desaparecen las actitudes restringidas, tensas y defensivas. Lo mejor que hay en él aflora natural y fácilmente a la superficie, y al mismo tiempo se da cuenta de sus posibilidades insospechadas y de la pequeñez y falsedad de sus pretensiones comunes.

Muchas veces sucede que ante una comprensión amorosa un hombre confiesa libremente sus errores y pecados y se juzga a sí mismo drásticamente, cosa que hubiera negado y resentido si otra persona lo expresara como crítica o acusación. Esto no es sorprendente, pues la comprensión amorosa penetra profundamente hasta el núcleo y evoca al ser interno, el alma, el cual surge e inunda de luz al individuo.

Este inmenso poder de la buena, innata y amorosa comprensión, debería despertar en nosotros la fuerte determinación de lograrlo. Para alcanzar esta realización, tenemos, ante todo, que cultivar directamente esa cualidad y, luego, eliminar los obstáculos que impiden o dificultan su desarrollo.

Por lo tanto, debemos esforzarnos en desarrollar, por un lado, amor y visión interna y, por otro, desinterés, olvido de nosotros mismos y desapego emocional. En esta forma quizás logremos realizar el propósito principal de nuestra evolución, un inteligente amor sin apegos que nos proporciona liberación.

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Somos Amor

Al hilo de la entrada anterior, también en el grupo abierto ConScientes de Facebook, Karina LaLope ha publicado este precioso texto:


El apego es la raíz de la decepción

y el deseo la causa de la confusión.

El enojo aflora por el deseo frustrado

y el miedo no es más ni menos que una imaginación descontrolada.


No tienes más que redimensionar tu mente,

frena tus pensamientos, que no se desboquen,

convirtiéndose en algún futuro incierto o algún pasado incambiable.

Frena el deseo.


Vive cada momento.

Sé aquí mismo, ahora mismo.

Sé conciencia.

Conócete a ti mismo más allá del cuerpo, la mente y los sentidos.


Sé amor.

Somos amor...

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5/11/10

Contra soledad, Amor

En nuestro hablar cotidiano, muchas veces, simplificamos en exceso. Así, resulta habitual hablar de soledad y referirnos con ello a cualquiera de las tres acepciones del diccionario de la RAE: “Carencia voluntaria o involuntaria de compañía” o “lugar desierto o tierra no habitada” o “pesar o melancolía que se sienten por la ausencia, muerte o pérdida de alguien o de algo”.

Sin embargo, deberíamos matizar muchísimo más. Deberíamos hablar de tres tipos distintos de soledad: la soledad deseada, la soledad devenida y la soledad inmanente.

SOLEDAD DESEADA

El hesicasta, con su antecedente en los primeros eremitas de los desiertos del Medio Oriente, busca, desea, la soledad física como medio propiciatorio del silencio, de la tranquilidad, de la hesiquia. Pero dicha soledad no es estrictamente necesaria. El silencio que busca el hesicasta es el de su mente, no el de su entorno. Los antiguos eremitas de los desiertos o de los montes han dado paso a los eremitas urbanos. Caminar por las concurridas calles de cualquiera de nuestras ciudades se puede hacer tan en silencio de mente como si permaneciéramos en la cumbre nevada de cualquier montaña o en la más profunda de las cavernas. El silencio de mente no depende de la vaciedad del entorno, aunque, en ciertos niveles de meditación sea conveniente y hasta necesario.

En última instancia, la soledad es un recurso sencillo y natural del hombre para encontrarse consigo mismo, paso fundamental en la toma de consciencia y, en definitiva, en la evolución personal y espiritual.

Esta soledad deseada siempre es posible: permanecer encerrado en casa, deambular por la selva virgen, hundirse en las arenas de un desierto, perderse en el horizonte infinito del océano o pasear por las estrellas, aislarnos de nuestros semejantes siempre es posible.

SOLEDAD DEVENIDA

Pero el hombre ordinario, el actual hombre separado de la Naturaleza y de sus orígenes divinos, no busca la soledad, sino que huye de ella. La teme. Miles, tal vez millones, de personas se sienten solas, incluso en las grandes ciudades y, si me apuráis un poco, en ellas con mayor motivo, se sienten solas. ¿Os habéis preguntado por qué?

Esta soledad, tan temida y, sin embargo, tan frecuente es un engaño del mundo en que vivimos. Este mundo nuestro está sometido a las leyes del ego. Bajo ellas el hombre aspira a perdurar, tanto él como su entorno, ese entorno que ha creado con su esfuerzo, ese entorno que es objeto de sus desvelos y que, equivocadamente, considera la razón de su existencia. Asentado en ese su pequeño mundo, levanta un muro para “defenderse” de posibles atacantes. Ha sido así desde tiempos inmemoriales. El hombre más primitivo no tenía más que su instinto y su cohesión de grupo para evitar los ataques de otras especies animales que no hicieron sino activar el mecanismo de egocentrismo en que ahora nos encontramos e intentamos deshacer. Posteriormente fue construyendo empalizadas, luego muros de piedra, luego les adosó fosos llenos de agua y ahora pone sistemas electrónicos de vigilancia y alarma. Todo para sentirse seguro. Pero estos dispositivos físicos tan aparentes tienen un paralelismo tremendo en el ámbito individual. Las bestias salvajes de antaño han dado paso a situaciones, hechos, más sutiles y eficaces para generar el deseo inconsciente de aislamiento y de defensa. Las crisis económicas, las guerras, el acoso fiscal, el fraude, el robo o el simple hurto, la traición interesada incluso en ámbitos muy próximos, hasta familiares, y un largo etcétera son presiones que agobian al ser humano y lo empujan al aislamiento, a la soledad devenida.

Podría argumentar, y no queda más remedio que hacerlo, que LA SOLEDAD ES IMPOSIBLE. En efecto, sentirse solo es negar la existencia de Dios, olvidar la Causa de los efectos, olvidar que la Causa es inmanente a los efectos en tanto es en ellos, olvidar que detrás de las nubes está el sol, olvidar que el Amor todo lo inunda, hasta el odio más intenso que no sería sin Aquél, y olvidar que la Verdad todo lo alumbra, hasta la más negra oscuridad. Sí, en efecto: sentirse solo es olvidar. No podemos olvidar que Dios es ubicuo, todo lo inunda con su Presencia, es el alma de toda existencia ¿cómo podríamos ocultarnos, aislarnos, de Él? Y, en consecuencia, ¿cómo vamos a estar solos si tenemos a Dios y en Él a todos nuestros hermanos?

Bien, lo hemos dicho más o menos bonito, pero y ¿qué hace aquél que se sienta solo? ¿Cómo lucha contra esa soledad que muerde el corazón y aviva el rencor contra lo que nos rodea? ¿Cómo?

Repasemos: la soledad es una trampa más de tantas que nos tiende el ego. El ego quiere prevalecer, sobrevivir, y para ello se presenta a sí mismo el entorno como algo enemigo, de lo cual ha de preservarse. Todo aquello que propicie esa supuesta enemistad favorece la sensación de soledad. La vida del hombre no es precisamente una balsa de aceite. Hay sobrados motivos para pensar que lo que nos rodea no es amistoso. Además la sociedad, o mejor la conciencia egocéntrica de la sociedad, también propicia la enemistad y con ella la soledad: esas noticias negativas a las que antes aludíamos sobre crímenes, guerras, conflictos laborales y sociales, conflictos de género y demás lindezas, siembran la desconfianza y nos hunden en el fango del miedo y con ello en la soledad. Es la misma mecánica que la de cualquier fobia. En este caso llegamos a tener fobia hacia nuestros semejantes.

Sin embargo, nada hay en esta vida que sea malo.

SOLEDAD INMANENTE

Pues sí, esa misma soledad devenida nos puede ayudar. Es nuestra última prueba. Luchar contra esa soledad devenida, hacerle frente con la convicción de que es un engaño, es superar la última prueba. Debemos aprovecharla para conocer nuestra esencia; para conocernos a nosotros mismos y, con ello, a los demás; para conocer nuestras debilidades y miserias, pero también nuestra grandeza; para descubrir que detrás de una fachada más o menos desagradable, detrás de un muro más o menos impenetrable hay una imagen de Dios, está la mano de Dios y, en definitiva, otro ser tan similar a nosotros mismos que es nosotros mismos. Soy consciente de que la frase anterior es difícil de entender; solo podemos intuirla y sentirla. Y, cuando la percibimos como una realidad, será muy difícil asumirla como algo natural y vivirla cotidianamente. Pero tenemos que agarrarnos a ella como a una tabla de salvación. Porque, cuando hayamos superado esta prueba final, descubriremos la última de las soledades, la SOLEDAD INMANENTE, LA SOLEDAD DE DIOS. Descubriremos entonces que Dios, nosotros mismos con Él en la Unidad, está solo. Habremos descubierto la soledad de la Unidad y, sentados en la poltrona de este mundo, tendremos aún más miedo que antes ante lo que nos parecerá la soledad irremediable.

EL AMOR, ANTIDOTO DE LA SOLEDAD

Pero ¿acaso alguna de las definiciones de soledad puede afectar a Dios? ¿Puede tener Dios carencia de algo? ¿Puede permitir Dios que haya soledad, o sea algún sitio donde no esté Él? ¿Cómo luchar entonces contra la soledad que parece asociada indisolublemente al Ser Uno, que Le afecta y nos afecta? Empleando el Amor. Y no podía ser de otra forma ya que la soledad es egoísta y contra el egoísmo solo cabe el Amor. El Amor es la herramienta, el salto en el vacío, que permite a Dios Ser Uno y no consumirse en el amor a sí mismo. Por ello nos creo como destinatarios de su Amor. Por ello somos eternos, porque somos con Él desde el principio. Y por ello nos veremos consustanciales con el Amor, nos disolveremos en Él y nos derramaremos sobre el Mundo.
¡Recordad: contra soledad, AMOR!

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Autor: Fr+ Fernando

25/6/10

Vivir en el Amor

Al hilo de las Meditaciones (XCIV) publicadas ayer en el Blog, Fernando Vázquez Brea nos envía estas reflexiones:

¡Es tan fácil creer que la Verdad está en lo que vemos, palpamos y olemos! Y sin embargo, lo necesitamos para nuestra experiencia. Es fácil pensar que hacer camino depende del camino, del polvo o del barro que hay en él, de los animales salvajes o de los bandoleros que pueden asaltarnos, de la belleza del paisaje, de lo abrupto de sus montañas o de las mejores o peores posadas que nos podamos encontrar o de .... Excusas para no ponernos en camino, pretextos para salvaguardar nuestro orgullo cuando en realidad tenemos miedo, argumentos para convencernos de que nuestra seguridad, nuestra comodidad, nuestra calidad de vida y, en el colmo del disparate, la de nuestros "seres queridos" está precisamente en aterrizar en este mundo, en ser conscientes solo de este mundo, en atarnos a este mundo como si solo este mundo fuera real. Eso es caer en las redes del egoísmo. Eso es traicionar el Amor.

Decimos hasta la saciedad que el principio básico del universo es el Amor ¿y? Ese principio básico necesita darse, si no sería amor. Ese principio básico necesita de la experiencia en la primera, en la segunda, en la tercera y en la enésima dimensión. Esa expansión de dimensión en dimensión es la coherente consecuencia de lo que es ese principio universal que es el Amor. Este es el pan nuestro de cada día, el que nos dará fuerza para seguir, el que nos ayudará a levantarnos después de tropezar, porque también el tropezar es necesario y por ello bueno.

Por utilizar un símil, diría que la experiencia es como el exprime-limones que saca el jugo de la naranja, el jugo de la Vida, el goce del Amor. En efecto, es necesario que la semilla caiga en tierra y muera para que de fruto, ese es el fruto de la Vida, estrujar el Amor para que de más Amor.

Sólo quien viva en el Amor entenderá mis palabras, por eso os las dirijo. Solo quien muera en el Amor aprovechará mis palabras, por eso os las entrego.

Un abrazo.

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27/5/10

La importancia de un desmayo

Regla Contreras nos remite un relato de una reciente experiencia personal en torno a un desmayo, al que acompaña con la letra de unas “sevillanas” compuestas al efecto. Simplemente genial.

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Vivimos actualmente en un mundo demasiado informatizado y muy poco humano. Y cuando no nos atiende en una ventanilla o por el teléfono un funcionario/a bastante amargad@ hablando muy rápido y apenas pronunciando bien el español, nos ponen por teléfono con un robot. El resultado de ello es que estamos perdiendo cada vez más, las conexiones entre los seres humanos y nos volvemos tan agresivos y salvajes como si estuviéramos en la propia selva.

¡Pero ayer por la mañana fue todo tan diferente...! Acudí por enésima vez a una oficina de Endesa en la calle Virgen del Valle para arreglar un asunto administrativo de mucha historia y papeleo que ya duraba 15 años y se había convertido en eso que le llamamos "la pescadilla que se muerde la cola" , ya que el causante del problema se hallaba muerto y no estaba en condiciones de volver del más allá para declarar ni entregar ningún papel. Como siempre, y provista cada vez con más papeles menos con el del muerto, cogí mi número de turno y como sólo había asiento para tres y yo iba con la tensión bajísima y no vi por parte de nadie intención de levantarse, me salí a la calle y allí esperé a que me tocara la vez, apoyada contra un coche.

Como soy práctica, tengo un traje para cada ocasión, y me puse el traje especial de las colas, así que sobra decir que iba salvajemente desarreglada. Allí entablé conversación con dos conocidas Señoras de los Remedios, muy educadas, que no comparten mi opinión, e iban exquisitamente arregladas y acababan de salir de la peluquería, situaciones éstas, que me hacían sentir un tanto incómoda cuando miraban muy curiosas, mi cabello despeinado y mi vestimenta como de andar por casa. Aunque "en desventaja a causa de que yo iba de tal guisa", me atreví a entablar conversación con ellas. Otras personas a mi alrededor, que también esperaban en la calle, no dejaban de murmurar contra los funcionarios, los impuestos y el gobierno. Y lo mismo que en el Bolero de Ravel, la cola iba increscendo y en la misma medida se iban incorporando nuevos elementos de críticas y quejas, y ahora entraba El Sevilla, El Atlético de Madrid y las carretas del Rocío, hasta derivar en el Nou Camp, con motivo de que unos coches partían de allí mismo con gente muy nerviosa que se iban en ese momento a Barcelona. Los béticos de la cola se metían con los sevillistas, y éstos les repondían en plan poco amistoso. El ambiente se caldeaba, y en la misma medida, el calor, las indirectas, las quejas y las protestas, porque en la cola no sólo estaba representada la dualidad Sevilla/Betis, sino esa Izquierda y esa Derecha que han mantenido y siguen manteniendo dividida a las dos Españas; y el encuentro de etas dos polaridades, allí, bajo un sol de 41º en una acera estrecha, daba como resultado una energía muy mala que a mí me estaba pillando en todo el medio, y había olvidado en mi casa la coraza propia para este tipo de encuentros.

Yo me encontraba, como dije, con la tensión por los suelos; la alergia en garganta y ojos no me dejaba un momento tranquila sin toser ni llorar por nada, que es lo más inútil que hay: lágrimas que se derraman sin ninguna causa. Me hallaba cansada, asqueada de escuchar estupideces, y muerta de aburrimiento, añorando una experiencia diferente que viniera en mi ayuda antes de que yo misma sucumbiera también en aquel ambiente.

Bien: pues de las secuencias de ese plano hostil, mis últimos recuerdos fueron: mi corazón latiéndome muy acelerado, avisándome, como siempre hace, de lo que estaba a punto de suceder, y mis palabras a una de aquellas señoras mientras yo inclinaba mi cuerpo hacia adelante al par que agachaba la cabeza: "Creo que de un momento a otro me va a dar una lipo..."

Tal vez fuera la palabra "ambulancia" lo primero que escuché cuando al cabo de ignoro qué tiempo, volví a tener consciencia. También recuerdo muchos gritos de gente muy alarmada y realmente preocupada. Eran las mismas personas que instantes antes estaban indignadas entre sí y largando fiesta por sus bocas. Todo a mi alrededor era un ir y venir de gente queriendo ayudar y colaborar. Lo que más me conmovió fue ver a las dos señoras tan bien peinadas y arregladas, echadas allí junto a mí en la acera de una calle cualquiera donde me hallaba tirada, sin preocuparse para nada de sus pelos o si se arrugaban o ensuciaban sus vestimentas: sólo les preocupaba aquel inesperado percance y de reunir aquellos papeles míos que se hallaban esparcidos por el suelo.

En un segundo, todo el ambiente hostil se había transformado. Yo me negué en redondo a la ambulancia o que llamaran a mi casa, y cuando les expliqué de qué se trataba, los hombres echaron mano a su bolsillo: las mujeres a sus bolsos, y los jóvenes a sus mochilas, y entre todos "en un instante me cubrieron y me llenaron de dulces, azúcar y caramelos". Se armó tal revuelo, que hasta la única empleada de la oficina abandonó al cliente que estaba atendiendo y me ofreció su botellita de agua. Luego entra varias personas me recogieron del suelo y con mucho cuidado me metieron dentro, y aquellos asientos en principio tan ocupados por unos perezosos traseros, se volvieron ágiles de repente. Algunos cuerpos artrósicos se volvieron misteriosamente gráciles y ninguno quería volver a su asiento para que yo me tendiera y lo ocupara entero.

Ahora mi corazón volvía a latir con demasiada prisa de nuevo, pero yo sabía que era por otra causa, y es que estaba sintiendo toda la energía positiva, todo el Amor que aquella gente estaba dándome, y el corazón era como si se hubiera expandido y quisiera salirse del pecho. Ya nadie hablaba del Betis ni del Sevilla, ni del Atlético, ni del Rocío, ni de funcionarios, ni de sueldos ni de impuestos. Tampoco a mí me preocupaba mucho que unas dos horas más tardes yo debiera estar sobre un escenario en un ensayo general de baile flamenco y mi cuerpo se encontrara completamente desmadejado en la acera de una calle cualquiera. Allí lo único que importaba y se respiraba era tanto Amor, que yo me preguntaba por qué no me desmayaré más veces en la calle, en vez de en casa. Por qué no nos desmayaremos todos más a menudo.

Rehusé ser atendida antes, y cuando me llegó el turno de exponer por enésima vez el problema que allí me llevaba, esta vez hasta el ordenador de la Compañía parecía que había sentido los efluvios de Amor, y se disolvieron todos los "atascos informáticos y administrativos", y fluyó todo de tal manera, que hasta la empleada -la que había salido a la calle a llevarme su agua- me dijo que iba a hacer algo que no era frecuente hacer: darme las fotocopias de unas facturas atrasadas e impagadas de un señor que se hallaba en ultratumba y que La Sevillana me había estado negando reiteradamente. Y todo esto, dicho con una sonrisa en los labios.

Moraleja de esta experiencia:

Nadie, en esencia, es mala gente: lo que ocurre es que la prisa, el estrés, la caló, el fútbol, los ordenadores, los dineros y la política, forman un gazpacho tan malo, que nos tienen envenenaos, pero basta con que ponga uno un desmayo en su vida, para que todo esto se olvide y salga lo mejor de lo mejor de lo que llevamos dentro. Y eso se llama "Solidaridad". Y eso se llama "Cohesión". Y eso se llama "AMOR".

(Si el desmayo no sobreviniera de forma fortuita y natural -yo diría sobrenatural- yo propondría que hasta se provocara o fingiera, si eso lleva a abrir esas espitas cerradas del Amor.)

Pero aparte de esta anécdota maravillosa de sentir de repente tanto Amor y saber que todo comienza a fluir sólo por algo tan simple como que a una le ha tocado de nuevo caerse al suelo por una bajada de tensión, tengo que añadir la experiencia del tiempo cuántico, que ésta sí que he experimentado por primera vez, y para mí ha sido más que interesante:

Y es que mientras mi cuerpo se desplomaba en un instante en un "aparente movimiento continuo" y mi consciencia estaba ausente, paralelamente -en "otro tiempo diferente", otra consciencia que estaba como alerta y que no tenía nada que ver con mi cuerpo, estaba registrando esa caída "a cámara lenta", y no como algo continuo, sino paso a paso muy diferenciados uno del otro, como las secuencias de una película que después, al proyectarse, dará la impresión óptica de que todo es movimiento sin interrupción.

Esta Consciencia o "testigo" registraba todo como tomando nota fríamente, sin preocuparse ni juzgar, ni siquiera lo registraba como un desmayo ni tenía referencias del ambiente. Con lo cual, he tenido la inmensa suerte de corroborar por mí misma y con mi propio cuerpo, lo que algunos físicos cuánticos aseguran y mi propia hermana Ángela dejó reflejado en un libro que trataba sobre estos temas, y es un fenómeno que se le conoce como "Movimiento discreto" y está compuesto de micromovimientos o pequeñas unidades de movimiento, o sea: de pequeñas secuencias (" Historia comicocósmica", pág. 176).

SEVILLANAS DEL DESMAYO


La Primera


Si quiere que todo fluya

Ponga un desmayo en su vida.

Desmáyese con urgencia

Si el ambiente se encabrita

Ponga un desmayo en su vida

Y verá al AMOR bajando

Desde el Cielo hasta Sevilla.


Cuando se halla en una cola

Con la tensión por los suelos

Y el sol calentando el cuerpo

Le entra una leche muy mala

Porque lleva mucho tiempo.


Es una cola en Sevilla:

No es una cola cualquiera,

Que es una cola de ENDESA,

Pero no olvide llevarse

De papeles, una remesa.


La Segunda


Esa cola va aumentando

Y con ella la caló.

En una ciudad de fuego

Que es muy dada al griterío

No puede andarse con juegos:

Y a Zapatero y Rajoy

Ya lo han metío en el lío.


Ya está empezando el insulto,

Ya está llegando el oprobio,

Ya ha comenzado la guerra,

Que a la izquierda y la derecha

Les sigue molando el odio.


Que si tus muertos o los míos;

Que si tu abuela o mi abuela;

Que si el Betis o el Sevilla:

Quién es el más hideputa

O el más cabrón de la Villa.


La Tercera


Por Dios que me va a dar algo;

Por Dios que ya me va a dar;

No soporto esta tortura;

Quiero escapar del Planeta

Antes que el cerebro explote,

Que mi corazón estalle

Y el Espíritu me abandone.


Corazón ven en mi ayuda,

No quiero tanto dolor;

Ni quiero tanta amargura,

Que esta energía es tan mala

Que lleva a la misma locura.


Ya está en el suelo mi cuerpo

Y cesaron toas las guerrillas

Cesaron los enfrentamientos;

El Universo se abre

Y derrama un AMOR INTERNO.


La Cuarta


Por favor desmayesé

O tírese al suelo: es lo mismo;

Desmáyese con frecuencia

Cuando la gente se crispa;

Desmáyese con urgencia

Que una Energía Misteriosa

Envuelve lanzando chispas.


Se pelean por recogerte,

Te ofrecen agua y bombones

Te dejan ahora su asiento,

Entre todos te arropan

Y te dan un AMOR INMENSO.


Se desbordan las palabras,

Se desboca el corazón,

Se te anula el pensamiento,

Que la emoción es tan fuerte

Que quiere escapar del pecho.

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6/5/10

Amarse a uno mismo, Amor Incondicional y amor al prójimo

Son iterativas y muy diversas las referencias en este Blog al Amor. Quisá precisamente por esto, son numeros@s l@s lector@s que envían emails planteando sus reflexiones y dudas acerca del Amor Incondicional, su relación con uno mismo y su conexión con el amor al prójimo. Para atender en bloque sus requerimientos, se efectúan seguidamente una serie de consideraciones, que retoman otras ya publicadas en entradas pasadas.

Amarse a uno mismo

Todos los grandes maestros se han referido al Amor, pero ninguno con la intensidad y claridad de Jesús. Su mensaje al respecto fue nítido y contundente: “ama a tu prójimo como a ti mismo”. ¿Cuántas veces lo habremos leído u oído?. Y cuántas veces lo hemos olvidado, o aparcado, o dejado como una tarea pendiente para mañana. ¿Tan difícil es ponerlo en práctica?. No lo es tanto cuando el mensaje se interioriza en su radicalidad y se asumen en su verdad: primero, ámate a ti mismo; y tras ello, inmediatamente, ama al prójimo. Desgraciadamente, solemos poner mucho énfasis en lo segundo -la necesidad (obligación, sacrificio) de amar a los demás- e ignoramos lo primero –amarse a uno mismo-, que es la premisa de partida y fundamental.

Pero lo cierto es que el Amor nace de dentro, o no existe. Y para que la semilla del Amor fructifique en nuestro interior, debemos amarnos a nosotros mismos, concientes de nuestro linaje divino, de nuestra condición de Hijos de Dios no sólo porque nos haya creado ?l, sino porque somos ?l. Como dice Willigis Jäger: “Creemos ser la playa que anhela el mar. Somos el mar que juega con la playa”. Es decir, como explica muy bien Pedro Miguel Lamet, “pensamos desde la finitud que vamos hacia Dios, y ya somos parte de Dios, pues si yo le falto a Dios, Dios no es Dios. Despertar es darse cuenta de esto. Que lo tenemos todo, que somos mar aunque creemos ser playa”.

Cuando percibimos íntimamente lo anterior y explota en nosotros la divinidad que atesoramos y somos, el Amor nace de manera natural y se desborda, se expande, se derrama hacia quienes nos rodean, de forma irrefrenable e incondicional; y no como sacrificio u obligación, sino como gozo y realización plena de nuestro Ser íntimo.

El Amor a uno mismo emana del Amor a Dios y se desparrama en el Amor hacia todo. El Amor a uno mismo es la conexión, el puente necesario, para canalizar el Amor de Dios hacia los demás. Amar a Dios conlleva necesariamente el Amor a uno mismo. Y este se desborda siempre en el Amor al prójimo. Quien no se Ame a sí mismo, ni Ama a Dios, ni podrá Amar de verdad a los demás.

Amor Incondicional

Referirse al Amor Incondicional es hacerlo al Amor infinito, trascendente, eterno, estremecedor, definitivo; incomparablemente mucho más que un sentimiento. Un Amor que no admite predilecciones de ningún tipo, escala o especie. Y que pertenece al ámbito del Yo Verdadero, nuestro Ser Interior de linaje divinal; nada tiene que ver con ese amor con el que al ego -nuestro pequeño yo- le gusta llenarse la boca.

¿Por qué ostenta el Amor Incondicional estas cualidades?. Muy sencillo: porque se fundamenta en la Unidad de cuanto Es y Existe:

1. Todo es suma de partes y forma parte de una suma superior, aunque cada parte es, a su vez, el Todo.

2. El Todo, la Unidad, es vivificado por la Consciencia de modo similar a como la sangre, en su circulación, anima y tonifica nuestro cuerpo físico.

3. Y de la Unidad y la Consciencia surge el Amor, que en términos científicos puede ser definido como energía pura de carácter vibratorio que se despliega en ondas de torsión.

Pero esto no son palabras para que las digiera el intelecto. Estamos hablando de tu Esencia, que está más allá de cualquier concepto o conocimiento.

¡Sí, de tu Esencia (y de la mía, y de la del otro,...)!. Porque siendo la razón de ser del Amor la Unidad y la Consciencia, el Amor constituye inexorable y radicalmente la base energética de tu Ser profundo (y del mío, y del otro,...).

La consecuencia directa y colosal de ello se resume en el célebre soliloquio hamletiano: ser, o no ser. Es decir, tu Ser se realiza en el Amor o no es nada. Así de simple: Soy y, por tanto, Amo; o no Amo y, por tanto, no Soy.

Esto es, vive el ahora -el único sitio donde la vida existe- con voluntad constante de dar y en disposición permanente de recibir; y en plena consciencia de que no Somos lo que tengamos, ?Somos lo que damos!. Y lo que damos, es lo que recogemos; y lo que recogemos, afianza lo que Somos.

Amor al prójimo

No podemos desplazar el Amor Incondicional al terreno del amor al prójimo, en un acto de sublimación. Es un bello enfoque, pero una pena, cuando menos. No cabe compartir una relación egóica (por no llamarla amor egoísta, términos contradictorios) con los “nuestros” y pretender ejercer un amor incondicional con los “otros”.

El Amor Incondicional sale de dentro, o no sale. O se practica con los nuestros o no existirá para nadie, por mucho que lo escribamos con mayúscula y lo pretendamos diferenciar. O aprendemos a amar aquí, ahora, y a tí, o no existirá jamás el amor en nuestro corazón, para nadie.

Si el amor incondicional es algo que está llamado a ser practicado con un prójimo, poco próximo, y cuando Dios nos lo inspire, o nos lo mande, estamos hablando de una entelequia preciosa, ideal, a la que aspirar, eternamente, como una meta tan bella como irreal. No se puede amar por obligación moral, religiosa, ni de ningún tipo.

El amor nace de dentro, o no existe. Y cuando el amor nace, se desborda, se expande, se derrama hacia quienes te rodean, de forma infrenable. Y sólo de este amor se beneficiará nuestro prójimo, no a la inversa.

El Amor es Incondicional, o no es. Amar con condiciones dicta mucho de ser amor: llamémosle otra cosa. Este es un Amor que se ha de sentir, se ha vivir, se ha de aprender. Y a amar sólo se aprende amando. O ejercemos el Amor, en su modalidad de Incondicional, entre nosotros, con mi pareja, con mis amigos, con mis hijos, con mis padres, con mis hermanos, con mi perro, con mis plantas, con mis árboles del parque, o podemos despedirnos de ejercerlo, más allá.

Pienso, y siento, que el amor incondicional es el que proyectamos hacia alguien, con independencia de cómo sea, de lo que haga o de lo que diga, más: aún sin ser correspondido.

Si nuestra relación de pareja es pasional o egoísta, es decir, sin llegar al amor, se convertirá en una relación infernal, con la separación matrimonial al fondo.

Si nuestra relación amistosa carece de amor, por estar condicionada a recibir algo, será de corto alcance.

Si nuestra relación paternal no está basada en el amor, sino que esta condicionada a la recepción de cualquier tipo de recompensa, social, moral o afectiva, caeremos, con la distancia y el tiempo, en el lamentable olvido de nuestros hijos.

Si nuestras relaciones con otros familiares sólo se basan en la costumbre, en la inercia, en la rutina, seremos buenos hermanos, tíos, primos o sobrinos, mientras estemos lejos y vayamos de visita, y hasta que llegue el reparto de una herencia.

El amor de pareja tiene que ser incondicional, por difícil que parezca, o no será. Hay que aspirar a amar sin poner condiciones, sin pretender cambiar al otro, sabiendo cómo es y aceptándolo. La pasión no ha de enturbiar el amor incondicional, sino al contrario: se ha de integrar en el, potenciándolo.

¿No es el Amor Incondicional el que debe presidir la amistad?. ¡Practiquemos la amistad sin condiciones!.

¿No ha de aspirar un padre y un hijo amarse sin condiciones, sin esperar nada a cambio, y, más aún, recibiendo, posiblemente, ingratitudes y despechos, como contrapartida ?.

Nuestra lucha, nuestro quehacer de cada día, será poner los medios para erradicar de nosotros las memorias o experiencia negativas que, agazapadas en nuestro subconsciente, impregnan de egoísmo nuestro comportamiento. Habrá que hacer el cambio y encauzar nuestros sentimientos. Tendremos que tomar consciencia de nuestro ser de luz y de amor, y facilitarle los medios para que tome las riendas de nuestra vida, haciendo que nuestro comportamiento esté, cada día, más cerca del Amor (Incondicional, por supuesto) y más lejos del egoísmo. Quienes puedan y quieran ayudarnos a crecer en el Amor, lo habrán de hacer desde dentro de nosotros mismos: elevando nuestra frecuencia vibracional, posiblemente, con música, con cantos, con poesía, con colores, con magnetismo, tal vez, y, sobre todo, con mucho Amor.

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