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23/11/09

La conjunción del ser humano con el “mundus unus”

Los amigos de Espiritualidad y Política (http://espiritualidadypolitica.blogspot.com) me remiten un artículo publicado por Leonardo Boff en Koinonía (ver entrada Libros digitales Koinonía, de 12 de septiembre) titulado “Jung y el mundo espiritual”.

Subrayo del artículo la siguiente reflexión de C. G. Jung: “Entre todos mis pacientes que se encontraban en la segunda mitad de la vida, es decir, con más de 35 años, no hubo ni uno cuyo problema más profundo no estuviese constituido por la cuestión de su actitud religiosa. Todos en última instancia estaban enfermos por haber perdido aquello que una religión viva siempre ha dado a sus seguidores. Y ninguno se curó realmente sin recobrar la actitud religiosa que le era propia. Esto es claro que no depende de una adhesión a un credo particular, ni de hacerse miembro de una Iglesia, sino de la necesidad de integrar la dimensión espiritual”.

Jung da con ello en la diana, pues pone en evidencia una de las funciones fundamentales de la espiritualidad (mucho más que de la religión): conectarnos –religar: volver a ligar- a todas las cosas, a la Fuente de donde proviene todo Ser, a la Unidad donde todo Es y Existe. De hecho, el libro Mysterium Coniunctionis (Misterio de la Conjunción), que Jung consideró su obra magna, se dirige precisamente a facilitar la “coniuntio”, o sea, la conjunción del ser humano integral con el “mundus unus”, el mundo unificado, donde todo es Uno y no hay ninguna división ni diferenciación.

Como resalta Boff, esta es la situación del ser que puede ser denominada “plenamente urobórica”: Uroboros es la serpiente primigenia, que enrollada sobre sí misma se muerde la cola, arquetipo que representa la unidad originaria antes de las diferenciaciones entre masculino y femenino, cuerpo y espíritu, Dios y mundo. Esta fusión es el anhelo más secreto y radical del ser humano. Y espiritualidad significa vivenciar esta situación en la medida en que es buscada permanentemente, aunque no se deje aprehender y vaya siempre un paso por delante.

El drama de numerosos seres humanos radica en haber perdido la espiritualidad y su capacidad de vivir un sentimiento de conexión. Lo que se opone a la espiritualidad no es el ateismo, sino la incapacidad de ligarse y religarse a todas las cosas. Hoy muchas personas están desconectadas de la Tierra, del ánima (de la dimensión del sentimiento profundo) y, por eso, sin espiritualidad.

Para Jung, el gran problema actual es de naturaleza psicológica. No de la psicología entendida como disciplina o apenas como una dimensión de la psiqué, sino de la psicología en el sentido incluyente que él le da: la totalidad de la Vida y del Universo cuando son percibidos y referidos al ser humano, ya sea por el consciente o por el inconsciente personal y colectivo. Es por esto que escribió: “Es mi convicción más profunda que, a partir de ahora hasta un futuro indeterminado, el verdadero problema es de orden psicológico. El alma es el padre y la madre de todas las dificultades no resueltas que lanzamos al Cielo”.

Lo que le sirve a Boff para señalar que la Tierra está enferma porque nosotros estamos enfermos. En la medida en que nos transformamos, transformaremos también la Tierra. Jung buscó esta transformación hasta su muerte. Ella es uno de los pocos caminos que puede sacarnos de la crisis actual y que inaugura un nuevo ensayo civilizatorio, así como lo imaginaba Jung, más integrado con el Todo y más espiritual.

Será la dimensión trascendente y espiritual la que, colocada ahora en el centro de nuestras búsquedas, nos permita vivir con sentido la fase nueva de la Tierra: la nueva fase planetaria y espiritual.

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