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19/10/09

Las profecías sobre el 2012

El pasado sábado 17 de octubre publiqué una entrada, 2012: avance de conclusiones, en las que resumía de manera muy sintética conclusiones de la Asamblea Temática organizada por el Círculo Sierpes con el título El 2012: lo que hay de verdad. En su parte final, señalé que para profundizar en las mismas, iría colgando a lo largo de los siguientes días una serie de entradas, comenzando con un acercamiento al contenido de las profecías sobre el 2012. Pues bien, a ello se dirigen estas líneas.

Del I Ching al Web-Bot Project

Los estudios efectuados por numerosos investigadores que han examinado con profundidad y rigurosidad las antiguas profecías mayas, incas y hopis revelan predicciones muy similares relativas a un gran cambio de consciencia alrededor del año 2012.

Estas profecías casan con otras elaboradas en muy diversos tiempos y latitudes, desde las escondidas en el “I Ching” chino a las atribuidas a Merlín, pasando por una variada gama de autores y tradiciones espirituales y terminando con los resultados ofrecidos por el sistema conocido como Web-Bot Project, que, rastreando exhaustivamente Internet en busca de información para, fundamentalmente, predecir la evolución de los mercados bursátiles y materias primas, se han encontrado con la sorpresa de que en el inconsciente colectivo de la humanidad, usando la expresión de Jung, hay un conocimiento cierto acerca de un cambio significativo en torno al solsticio de invierno de 2012.

Para acercarnos a lo que estas profecías indican, podemos centrarnos en las realizadas por los mayas. Sus contenidos y conclusiones son similares a las de otras culturas, pero presentan la ventaja de que la ciencia maya, ampliamente reconocida hoy en campos como las matemáticas o la astrofísica, ahondó como pocas en el estudio del tiempo. No en balde, los mayas crearon códices y calendarios cósmicos para rastrear el cronometraje de la Tierra y la humanidad a lo largo de millones de años y medir cuentas temporales (ciclos) prolongadas.

Las cuentas mayas

Hay que empezar constatando que existe escasa información histórica sobre lo que realmente predijeron los mayas acerca del solsticio de invierno de 2012. Además, como muy bien relata Robert K. Sitler en 2012 y el mundo maya (en El Misterio de 2012. Autores Varios. Arkano Books; Madrid, 2008), la poca que hay en absoluto plantea realmente nada de lo mucho que se escribe y dice. Y, para colmo, los mayas actuales –unos diez millones- prácticamente desconocen el asunto porque sus saberes y tradiciones han sido amputados y sojuzgados bajo el peso de la cultura occidental. De ahí que numerosos autores de la Nueva Era (“New Age”) hayan podido aprovechar la situación para lanzar elucubraciones y suposiciones cargadas de milenarismos y falaces conjeturas, tanto apocalípticas como de saltos evolutivos de perfil paradisiaco.

Sí sabemos con certeza que la maya fue una sociedad basada en la familia y una vida cotidiana marcada por el sentido de lo transcendente. Y que su cultura se caracterizó por atesorar saberes matemáticos y astronómicos de enorme altura y por un estudio del tiempo de colosal enjundia, por lo que puede y debe hablarse de una auténtica filosofía maya del tiempo, tal como sostiene Miguel León-Portilla en Tiempo y realidad en el pensamiento maya (Universidad Nacional Autónoma de México; México, 1986).

Los mayas utilizaron el cero antes que nadie en la historia y un sistema de numeración en el que las unidades adquieren un valor en función de su posición; diseñaron tablas para computar fechas de hasta 400 millones de años atrás; midieron el año trópico (lo fijaron en 365,2420 días) con precisión semejante a la de la astronomía contemparánea (365,2422) y de manera más ajustada que el calendario vigente (365,2425); calcularon los periodos de lunación, prediciendo con exactitud los eclipses; midieron la revolución sinódica de Venus -584 días (583,92 para la ciencia moderna)-; y determinaron cuentas de tiempo para fijar ciclos de carácter cosmogónico.

En lo relativo a esto último, topamos con el problema antes enunciado de la carencia de información. Eso sí, no hay dudas de que el solsticio de invierno de 2012 representa el último día del actual ciclo “pik” –arcaico nombre de lo que es conocido hoy como “b`ak`tun”-, un periodo de 144.000 días del antiguo calendario maya, equivalente a 394,5 años del nuestro. Y, aún más, marca el final del “13º pik”, un ciclo mayor que comenzó el 11 de agosto de 3.114 a.c. y, con una duración de 1.872.000 días (5.125 años; 7.200 Tzolkin -se aclarará después que es esto-), terminará el 21 de diciembre de 2012.

No obstante, contrastando la abundante bibliografía que existe al respecto e intentando no caer en fantasías, las cuentas mayas oscilaban desde la de mayor duración, el Año Galáctico, a la de menor, Año Sagrado o Tzolkin:

+Año Galáctico: Es el tiempo, 225 millones años terrestres, que tarda la Vía Láctea en hacer una rotación completa en el firmamento. Con una masa equivalente a 1012 masas solares y un diámetro medio de 100.000 años luz, la Vía Láctea es la galaxia en la que se halla nuestro sistema solar, Ors, y, por ende, la Tierra. Tiene forma de espiral barrada y Ors queda casi afuera, en el borde del brazo espiral de Orión. Nuestro Sol se encuentra a unos 27.700 años luz del Centro Galáctico, que es un agujero negro que tarda 11 minutos en efectuar una revolución completa y tiene una masa de casi 46 masas solares -cerca de 4 millones de veces la masa de nuestro sol-, aunque está compactado en un espacio diez veces más pequeño que la órbita de la Tierra alrededor de él.

+Calendario o Año Sagrado o Tzolkin: Es la medida base o punto de partida de la medición maya del tiempo, una especie de clave para el conjunto del reloj galáctico. Lo calificaron por ello de Calendario Sagrado y dura 260 días, basándose en el tiempo que toma el proceso de la gestación humana.

Junto al Año Galáctico y el Año Sagrado, los mayas utilizaban otras cuentas, destacando estas tres:

+Calendario o Año Vago: Es el año trópico, 365 días, que, como ya se reseñó, los mayas supieron calcular con mayor precisión que el calendario que hoy seguimos.

+Momento de la sincronía entre el Calendario Sagrado y el Vago: Los mayas interrelacionaban los dos calendarios que se han citado, el de 260 y el de 365 días, y daban gran significación a la fecha en el que ambos calendarios coinciden, lo que sucede cada 52 años. Es decir, consideraban que estos dos ciclos temporales progresan como los dientes de dos ruedas, girando hasta ese momento singular en que un día del Calendario Sagrado coincide con el mismo día del Calendario Vago. Por ello, daban, por ejemplo, mucha importancia al día en el que el ser humano cumple 52 años, pues es la única vez en nuestra vida (salvo que se lleguen a vivir 104 años) en la que se repite la sincronía entre el Calendario Sagrado y el Calendario Vago que hubo en el momento de nuestro nacimiento. Y también por lo mismo, otorgaron notabilidad a los periodos con esa base de 52 años, muy especialmente a los dos que se expondrán ahora: el Ciclo del Alineamiento (52 x 500 = 26.000 años) y el Ciclo Galáctico (52 x 500 x 1.000 = 26 millones de años).

+Gran Ciclo o Cuenta Larga: Se trata del ciclo ya mencionado de 1.872.000 días (5.125 años; 7.200 Tzolkin). Contiene 98,5 periodos de 52 años y es, a su vez, casi una quinta parte del Ciclo del Alineamiento.

+Ciclo del Alineamiento: Tiene su base en la referida cuenta de 52 años. Con el se referían los mayas a los 26.000 años (52 x 500) –llamado hoy Año Solar o Pleyadiano- que tarda en repetirse un raro acontecimiento cosmogónico: el alineamiento de nuestro Sol y la Tierra con el Centro Galáctico. Según los mayas, esta alineación provoca un intercambio cósmico entre el Centro Galáctico (la Gran Madre), el Sol (Padre) y la Tierra que impulsa a ésta hacia una nueva realidad energética (vibratoria y electromagnética) y dimensional (otras tribus nativas de México y América del Sur creían que el Centro Galáctico o Tula emite una frecuencia o tono, conocido como “Ge”, que no sólo sana el cuerpo y la mente, sino que trae la inmortalidad). Lo enorme significación que dieron a este alineamiento, hizo que utilizaran el ciclo de 26.000 años para rastrear tanto la evolución (reencarnaciones) de un ser humano individual como de toda la especie humana.

+Ciclo Galáctico: La Vía Láctea rota a través de zonas uniformemente espaciadas de energía que existen en el Universo y que no son visibles al ojo humano. En cruzar cada una de ellas se toma aproximadamente 26 millones de años (52 x 500 x 1000). Y el conjunto de la galaxia, Ors y, por supuesto, la Tierra reciben la influencia de la mayor o menor carga energética, vibratoria y electromagnética que la zona en cuestión posea.

El solsticio de invierno de 2012

¿Qué tiene que ver todo esto con el solsticio de invierno de 2012?. Muy sencillo: posiblemente, que no seguro, para los mayas, se cumplen (fin y nuevo inicio) en esa fecha varias de las cuentas de tiempo enunciadas, lo que tiene impactos directos de diferente calado, pero que, en todo caso, afectan a la humanidad y a cada ser humano:

+Del Gran Ciclo o Cuenta Larga (5.125 años): Como ya se ha reseñado, el último Gran Ciclo o Cuenta Larga –el “13º pik”- calculado por los mayas arrancó el 11 de agosto de 3.114 a.c. y concluye el 21 de diciembre de 2012. El fin y reinicio de esta cuenta afecta al conjunto del planeta Tierra, provocando lo que, trayendo el mensaje maya a nuestros días, denominaríamos cambio climático.

+Del Ciclo del Alineamiento (52 x 500 = 26.000 años): En el solsticio de invierno de 2012 se producirá nuevamente el alineamiento entre la Tierra, el Sol y el Centro Galáctico. Este hecho impacta en la globalidad del sistema solar de Ors y produce grandes alteraciones electromagnéticas y vibratorias que inciden en las polaridades de los planetas y alteran las cargas energéticas de todos los seres vivos.

+Del Ciclo Galáctico (52 x 500 x 1.000 = 26 millones de años): Coincidiendo con el solsticio del invierno de 2012, la Vía Láctea termina su periplo por una de las zonas uniformemente espaciadas que hay en el Universo y se adentra en otra caracterizada por una carga energética muy elevada. Sobre sus efectos, nuestra entrada en esta zona de alta energía acelerada incrementará la Consciencia planetaria, la de la humanidad y la de cada persona y la frecuencia vibratoria en la que nos desenvolvemos. Y, plasmando las previsiones mayas en terminología moderna, alterará nuestro ADN, activando parte de sus componentes dormidos y transformando otros: un proceso comparable con la mutación que experimenta una oruga para convertirse en mariposa.

Dejando ya a un lado la propia credibilidad que estas previsiones tengan desde la realidad de la propia cultura maya, hay que preguntarse cuál es su fiabilidad para la ciencia contemporánea. A intentar responder esto dedicaré una próxima entrada.

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