Agenda completa de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2024-2025

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6/10/09

La rosa negra

Tal como se anunció en este Blog (entrada Octubre 2009: Conferencias, intervenciones y actividades públicas, del 1 de octubre), a las 20:00 horas de hoy presento La rosa negra (Guadalturia Ediciones; 2009), novela de mi buena amiga Aurora Velasco.
Le agradezco que haya pensado en mí para la presentación pública de su “opera prima”. Aunque auguro que pronto le seguirán otras, pues Aurora cuenta con un talento innato para idear argumentos, hilar tramas y novelar, haciendo parecer sencillo un arte que tiene enorme enjundia. Como pequeña broma y gran verdad, me atrevería a resaltar que entre “Aurora” y “autora” hay tal sintonía que sólo existe la mínima diferencia que los dos vocablos caligráficamente denotan: la “r” por la “t”; sólo eso.
El libro gira en torno a una joven, Diana, que es capaz de hacer suya la famosa tesis de Pascal -el genial físico y filósofo francés del siglo XVII- acerca de que “el corazón tiene razones que la razón no entiende”. Esto es, tiene la valentía precisa como para asumir la veracidad y vigencia de una sabiduría ancestral que sostiene que la inteligencia humana camina sobre dos piernas, la racional y la irracional, ambas de idéntica utilidad y significación. De ahí que la vigente preponderancia de lo racional constituya un grave error, pues cierra las puertas a otras formas -intuición, inspiración, sensibilidad- de adquirir conocimientos y forjar experiencias. La hegemonía de la racionalidad ha llevado a pensar que las decisiones correctas han de tomarse sin que intervenga la irracionalidad. Pero ésta es una herramienta que nos ayuda a elegir entre opciones y que se complementa con el conocimiento racional. No tenerlo en cuenta, lejos de evitar la irracionalidad, la coloca fuera de control y nos convierte en esclavos de las emociones y el entorno.
En este convencimiento, Diana, opta por hacer caso a sus sueños. Y ello le abre la puerta a un colosal descubrimiento: la existencia de cada uno de nosotros en el plano humano -la encarnación, en el argot de diversas tradiciones espirituales- no está constituida por una sola vida física, sino por una “cadena de vidas” -podemos llamarla “ cadena de reencarnaciones”- en la que cada vida física es un eslabón, tal como cada día es el eslabón de una semana, las semanas de los meses y estos de los años. Y, espoleada por sus sueños, Diana atraviesa esta puerta para indagar sobre anteriores eslabones de su existencia, despertando su memoria trascendente -la que archiva datos e información no de la vida física actual, sino de las otras que también vivimos- e introduciéndose en peripecias acontecidas hace siglos y que, no obstante, se interrelacionan con sucesos y hechos del presente.
Como se señala en la entrada Creer es crear (II): Todo es perfecto, asume la responsabilidad de tu vida, del 25 de septiembre, un tema clave para cambiar el actual sistema de creencias, la visión dominante, es percatarse de la realidad de la reencarnación. Nos han hecho creer que que la vida se acaba, que la muerte es el fin; por ello, vivimos con miedo a la vida por el temor a la muerte. Pero en verdad somos seres eternos. La muerte es un imposible, un fantasma, sólo eso, de la imaginación humana. Morimos para transitar y para renacer.
Sobre el momento preciso en el que se produce el encuentro entre la dimensión espiritual y el nuevo cuerpo físico, me remito a lo ya reseñado en la entrada El significado profundo 8 en la Geometría Sagrada, del 16 de septiembre. Pero es antes de tal encuentro cuando se elige la siguiente vida o reencarnación. Los que serán sus rasgos esenciales y los valores a desarrollar quedan configurados en el estado de la existencia previo a la maternidad. Nos encarnamos en cada vida física con una especie de “plan de vida”, aunque después las experiencias puedan llevarnos por otros derroteros. Y también habiendo elegido las almas que serán nuestras acompañantes y colaboradoras en la vida material que se va a iniciar. Tal confluencia entre almas es mucho más que una experiencia gozosa. Es la aceptación mutua de las respectivas funciones y relaciones en el nuevo eslabón de la cadena de vidas para que cada cual cumpla con lo que constituye el propósito de su reencarnación. De hecho, es común que a lo largo de distintas vidas físicas las almas se reencarnen en grupos, es decir, manteniendo y extendiendo sus relaciones e interacciones de apoyo consciencial, aunque asumiendo papeles y roles distintos (tu madre en una vida puede ser, por ejemplo, tu hijo en otra; tu actual pareja, tu futuro hermano; o tu amigo de hoy, tu abuela en el mañana).
Diana, volviendo de lleno a la novela, asume todo lo que se acaba de exponer. Y lo aplica a su vida física actual, adentrándose por unos vericuetos argumentales que ni quiero ni debo descubrir aquí, pero que atrapan al lector en un contexto intenso, ameno e intrigante. Lo que aprovecha, además, la autora para poner de manifiesto su espiritualidad y sus conocimientos parasicológicos y simbólicos. Y, ojo, también para incluir algunas bromas, como la vara mágica que solo funciona bajo el santo y seña de “redop ut aicini” (¿qué significa?: léelo al revés y verás).
Dentro de la esfera del simbolismo, como indica el título de la obra, la rosa -la rosa cual hermoso fruto de la Naturaleza, pero también como rosa de los vientos, rosa de la clave de bóveda y rosa que protagoniza parte de la geometría sagrada- ocupa un lugar muy particular. Y junto a ella, la flor de lis y otros muchos guiños entre los que me ha gustado que Aurora introduzca algo que le comenté hace tiempo: la relación que existe entre el 6 de enero -Día de los Tres Reyes Magos- con Hermes Trismegisto -el Tres veces Maestro, padre de El Kibalión y patriarca de la antigua sabiduría egipcia-. Lo que hace que el Día de Reyes sea realmente el Día de Hermes, configurándolo como una fecha singular. Tanto como para que sea el día, ya en el tramo final de la novela, en el que Diana conoce el amor y queda embaraza para dar a luz al nuevo sinarca de la tradición templaria.
Conociendo a Aurora, no puede extrañar que la criatura no sea varón, como equivocadamente algunos creen que marcan los cánones del Temple, sino una hembra. Como mujeres son sobre todo las que protagonizan la novela (con abundancia de nombres llenos de energía: Luz. Sol,...) -una de la excepciones es Javier, en clara muestra de la devoción de la autora por San Francisco Javier-. No en balde, Aurora entiende, y yo comparto, que es el lado femenino del ser humano -sea varón o hembra- el que sustenta la irracionalidad -inspiración, intuición, sensibilidad- de la que se habló anteriormente.
Y para concluir, una aclaración: esta sinarquía nada tiene que ver con el Nuevo Orden Mundial perseguido hoy por la élite del planeta (ver entrada Preguntas sobre la élite mundial secretamente organizada, del pasado 16 de agosto), sino que la conforman una red de espíritus libres que han aumentado su grado de consciencia y espiritual y se organizan y actúan para que lo mismo le ocurra a toda la humanidad y al conjunto del planeta.

1 comentario:

  1. Aurora Velasco Muñoz7 de octubre de 2009, 10:22

    Querido Emilio:

    Gracias por ser como eres, por haberme hecho una presentación tan magnífica y por ese amor universal que no sólo predicas sino que ejerces.

    Mi agradecimiento y cariño por siempre. Un beso.

    Aurora

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