1/3/17

La tristeza se contagia, el aburrimiento se hereda, la perseverancia conquista y la felicidad se alcanza


Si feliz eres, nadie puede perderte; nada puede deteriorarte. Una vez que en la cima estás, todo es visto al ser alcanzado. Para llegar a la cumbre, perseverante se ha de ser, dejando la herencia del aburrimiento, dejando de lado la enfermedad contagiosa de la tristeza continuada.

La tristeza, que abunda, puede apelmazarte, aplastarte, incapacitarte. Al parecer es lo habitual. Y de eso no se puede salir, dado que esto es una “valle de lágrimas” que se ha de padecer sin más. Pues menuda mentira os cuentan; y en menuda mentira crees, dado que la padeces.

Te recomiendo que lo dejes atrás, que salgas de lo cotidiano, de lo que siempre es igual y, por tanto, de lo que el aburrimiento ofrece. Parte desde otros puertos, hazlo desde la paciencia, con perseverancia, hacia el propósito bien alto de llegar a la cumbre de la felicidad sin tener en cuenta el opinar de los demás. Marca tu ruta, un sendero nuevo para escalar el pico más alto.

Cualquier brecha es acertada si dejas atrás el lastre de la tristeza, si lo cambias por el cordaje del esfuerzo, si sueltas la mochila del aburrimiento y tomas el piolet de la constancia. Te aseguro que en poco la cumbre de la felicidad se alcanza. Y de ahí nunca querrás bajar.

Mientras, observarás cómo la mayoría siguen en esos valles de lágrimas, experimentando la tristeza y el aburrimiento, pues nunca estuvieron dispuestos para subir a la verdad, prefiriendo respirar en la oscuridad de un lagrimal.

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Autor: Deéelij
Ver su libro Alas sin plumas (Ediciones Ende, 2016):
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