19/1/17

Reconocerse


Una experiencia que parece algo banal, absurda o surrealista puede traer mucho.

Eso pasó hace unos días. Después de hablar con una amiga sobre un tema, me recordó que "lo malo" es como un regalo.

Cuando se entra a jugar con los sentimientos y emociones, eso conlleva sentirnos víctimas, rechazados, dolidos o sentirnos superiores, con falso poder, con necesidades de los demás, con luchas, etc. y de haber caído en ese batiburrillo del ego, "ese lo malo es como un regalo", me recordó que saliera de ahí y mirara hacia adentro para finalmente, poder ver con perspectiva y sin identificación con ello.

La situación era sentirse decepcionada por ver que algunas personas no son como aparentan ser, porque se te cae un velo (que yo misma creé), por ver cómo se valora más lo que es útil, con fines secundarios, aquello con lo que se puede sacar partido. Por ver que la igualdad que se manifiesta, en la práctica es otra cosa, que las cosas son más condicionales de lo que se venden. Que tras la aparente humildad, existe el interés por uno y el reconocimiento de uno. Y eso no es algo que vea negativo, el mirar por uno es amor propio, pero no cuando viene con careta de "lo hago por los demás, qué buena persona soy...". Eso es un engaño. (De hecho cuando hay suficiente amor en uno, lo que sale es compartirlo, pero de forma desinteresada, el amor no es guardar).

¿Y qué puedo hacer con esto? ¿Quejarme, luchar contra la realidad para que sea como mi ego quiere que sea? ¿Imponer lo que yo quiero que otros vean? ¿Continuar luchando contra algo que no depende de mí cambiarlo?

No más luchas. Soltar, liberar eso. Aceptar que es así. Eso es así, a quien le molesta es a mi ego. Y mi ego me ha de dar igual. Sólo busca reconocimiento y tener la razón. Querer que las cosas sean como cree mi ego que tienen que ser... ¡qué poca libertad y qué opresión hacia mí misma y hacia esa situación!

Como por costumbre las cosas se buscan afuera, esa falta de reconocimiento se proyecta en otros. Y genera frustración. Al enfocarse en lo que no es ego, en la conciencia o como cada uno lo llame, lo que está más allá de las emociones, ese ego propio, lo que busca es reconocimiento, ser aceptado.  Al llevarlo hacia adentro, y tener un diálogo interno, ese ego dolido, se apacigua. Porque está encontrando dentro, un reconocimiento, como un niño con una rabieta que al ser escuchado se calma... un espacio donde ser aceptado. Y esto se transforma. Porque en el momento en que dentro hay aceptación, ya no se busca afuera ni se lucha con lo externo.

Y ahí se percibe que ese reconocimiento interior ya no depende de nada externo. Y se percibe que cada uno tiene su ego, sus luchas y es su historia lo que haga o no haga con ello. Y se deja de querer interferir en los otros y en lo externo.

Y quién quiera que siga buscando el reconocimiento y la utilidad mutua, y las mil caretas que usa el ego para vender lo que sea que quiere vender. Y quien se necesite y utilice y se deje utilizar allá cada uno... y si encima viene con engaño hacia uno mismo, allá cada uno... En el fondo aquello que se ve como "lo malo es un regalo".

Es el regalo de ver y percibir que se puede encontrar ese reconocimiento que busca el ego, dentro de uno. Esa aceptación. Y si no es el momento de otros, y siguen en juegos externos de búsqueda y en ese batiburrillo, no es mejor ni peor, es el momento de aprendizaje de cada uno, por lo que sea se mantienen ahí... y cada uno está donde ha de estar, dependiendo de las capas que se ha ido quitando.

Y esa igualdad que va de la mano del respeto. Y de la mano viene también el ser educado, algo que se percibe y se entiende a través de la empatía. Y se percibe dentro que ninguno es mejor o peor, eso es cosa del ego. En el que a veces se cae, se juzga, se lucha contra algo por querer cambiarlo y otras se sabe ver en perspectiva, sin identificación con todo eso.

Y tal y como he empezado, acabo. Las cosas más absurdas que nos rodean, vienen con regalos. (Y digo absurdas porque en este caso, la situación podría considerarse absurda).

Así que, al final, todo esto se agradece.

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Autor: Ana Charles Abadía
Fuente: https://detrakamanoli.wordpress.com/2016/12/11/reconocerse/
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