11/12/16

La vida es la totalidad, por lo que toda ella merece ser vivida sin rechazar nada porque la vida nada rechaza (Recordando lo que Es: 72)


La naturaleza, sus características y sucesos, no puede examinarse desde fuera, como enseñan los postulados racionalistas clásicos. Entre los científicos que han llegado a esta conclusión destaca el alemán Werner Heisenberg, Nobel de Física en 1932, cuyas investigaciones le llevaron a argumentar que “lo que observamos no es la naturaleza misma, sino la naturaleza expuesta a nuestro método inquisitorial (...); la división común del mundo interno y mundo externo ha dejado de ser adecuada”. De hecho, es la mente, al funcionar con base en los contrastes y al usarla para lo que no le corresponde ni está preparada, la que divide y distorsiona la realidad inventando un mundo ficticio lleno de opuestos, de extremos… La ciencia está saltando hoy por encima de ellos y mostrando que la vida es la totalidad, por lo que toda ella merece ser vivida sin rechazar nada porque la vida nada rechaza: ¿cómo iba a hacerlo si todo forma parte de ella misma y en ella existe y se integra?... No te clasifiques, no te autolimites, no optes por lo exterior ni por lo interior. Esas divisiones pertenecen a la mente. El interior y el exterior son uno: el exterior es sólo la prolongación del interior; el interior, la penetración del exterior. El interior, el observador, desde su consciencia, genera y articula lo exterior; y las experiencias que se viven en el exterior, en lo observado, inciden en el proceso consciencial y en la conformación del estado de consciencia del observador. Por tanto, llevando esto a la práctica de tu vida cotidiana, date cuenta de que si optas por lo exterior, notarás que te falta algo, que tu vida no es completa porque te has volcado excesivamente en lo externo y no captas ni disfrutas experiencias interiores. Y si eliges lo interior, percibirás esa misma carencia de algo en tu vida porque le has prestado demasiada atención a lo interno y eso te ha lastrado y coartado para vivenciar el mundo exterior… Todo tiene su sitio exacto en la vida -lo interior y lo exterior, lo espiritual y lo mundano…-, pero no como vivencias separadas y confrontadas, sino conectadas e interrelacionadas, interactuando y retroalimentándose siempre entre sí… Esos hipotéticos opuestos son igual que los dos ojos: si elijes uno serás capaz de ver, pero tu visión perderá hondura. No dividas. La vida es una, tú eres uno. No te vayas a los extremos. Entonces los dos extremos se encontrarán, se equilibrarán. Y en ese equilibrio entre ambos, tú trascenderás los dos y ya no serás ni esto ni aquello: ni mundano, ni espiritual; ni exterior ni interior. Serás conscientemente el observador y estarás en condiciones de constatar como, desde el interior, actúas y modificas lo observado, el exterior, ambos planos en una dinámica de retroalimentación constante… Esta consciencia aplicada a la ciencia afecta, desde luego, a la indagación científica y, lejos de cerrarle puertas, le ha abierto muchas, hasta el punto de que son numerosos los investigadores que piensan que los saberes científicos se hallan en la antesala de una nueva forma de concebir y entender el Universo entero -su esencia y sus estructuras- y la realidad cotidiana que nos envuelve y a la que pertenecemos. A este respecto, Illya Prigogine, nacido en Moscú en 1917 y premio Nobel de Química, escribió que “estamos lejos de la visión monolítica de la física clásica y ante nosotros se abre un Universo del que apenas comenzamos a entrever sus estructuras”.

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Una nueva entrega de Recordando lo que Es se publica en este blog cada domingo.
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