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2/8/09

Niños Índigos: reflexiones para padres, abuelos y educadores (y II)

Cerrábamos la última entrada de este blog, dedicada a los niños Índigos, con la pregunta relativa a cómo actuar con ellos, pensando especialmente en padres, abuelos y educadores.
La respuesta a la misma puede ser muy extensa y argumentada. Dado que en este formato “blogero” la concisión es una obligación, me centraré en los dos aspectos fundamentales:
+es crucial que el trato con los Índigos se base en el Amor Incondicional; y
+tener cerca a un niño Índigo no ha de ser entendido como amenaza, sino oportunidad y exigencia para cambiar uno mismo.
En lo referente a lo primero, se puede aducir con razón que el Amor Incondicional es imprescindible en la relación con cualquier niño, Índigo o no. De hecho, la psicología nos enseña que muchas ansiedades, depresiones y frustraciones de adulto se deben a la falta de ese Amor Incondicional en la infancia (de ahí, por ejemplo, el daño que se produce al niño cuando se le espetan frases como “si no haces esto, no te quiero”). Ahora bien, siendo esto así, en el caso de los Índigos adquiere aún mayor trascendencia. ¿Por qué?. Pues porque son hipersensibles a todo lo conectado con el Amor. Y esto no es una declaración retórica o vacía, es una enorme realidad. Los Índigos están interiormente predispuestos y volcados al Amor Incondicional; y, por lo mismo, son muy sensibles ante comportamientos carentes de él. Y si esta carencia la encuentran en sus allegados más cercanos, el rechazo y el conflicto en el hogar y en la escuela están servidos; y hasta unos extremos de hostilidad o frialdad, según los casos, que sólo la confianza y seguridad en sí mismos que los Índigos poseen pueden explicar.
En cuanto a lo segundo, hay que empezar recordando que en la encarnación son los hijos los que eligen a quienes serán sus padres, no al revés. Es decir, si eres padre o madre de un Índigo, éste te ha elegido a ti. Y si los Índigos han tomado la decisión de estar en este planeta para impulsar un nuevo mundo, del mismo modo te han elegido a ti para promover tu cambio y crecimiento personal. ¿De qué forma?. Pues, principalmente, forzándote a la coherencia: un Índigo te sacará permanentemente de tus casillas si no eres coherente entre lo que dices y lo que haces –esto, por supuesto, también es absolutamente aplicable a los educadores-. Es más, o encarrilas tus afectos, sentimientos y emociones hacia él por la vía del ejemplo y la coherencia personal, o no tendrás posibilidad alguna de lograr la complicidad, la interacción y la conexión de amor que como padre o madre deseas mantener con tu hijo. Y la búsqueda de tal coherencia será, mira por dónde, la llave de tú cambio interior.
Por tanto, la primera regla de actuación con un niño Índigo que debes tener presente radica en el Amor Incondicional manifestado y expresado de manera clara, patente, rotunda y constante. Y la segunda, tu propio cambio interior a través de la coherencia en tus actos, en tus comportamientos, en tu vida.
En definitiva, padres, abuelos y educadores: ¡Amor Incondicional y coherencia personal!. Con ambos ingredientes nos transformaremos en verdaderos guías de estos pequeños y podremos verlos más adelante aplicar en la vida cotidiana toda la capacidad que llevan dentro. Si, por el contrario, no encuentran adecuada guía, tamaño potencial quedará dormido; y se convertirán en personas tan condicionadas y limitadas como la mayoría de nosotros.

Niños Índigos: reflexiones para padres, abuelos y educadores (I)

En los años 80, Nancy Ann Tappe aplicaba terapias con el color. En sus trabajos, comenzó a notar que muchos niños mostraban una coloración azul violeta en las capas más exteriores de sus auras (campo energético alrededor del cuerpo humano), cosa que nunca había visto antes. Intrigada, decidió investigar más profundamente y comenzó a reconocer características comunes en todos estos pequeños: mayor inteligencia, mayor energía, mayor espiritualidad; todo parecía ser mayor en ellos. Los bautizó como “niños Índigo” -se denomina índigo al color añil o azul oscuro-. Y publicó el libro Understanding your Life Through Color (Comprendiendo su vida a través del color), primero en abordar seriamente el tema de los Índigo, popularizando este término.
Aunque no todos los niños Índigos son iguales (se les llama así como manera de reconocerlos por sus cualidades y potencialidades psicológicas, mentales y espirituales más desarrolladas, pero no son clónicos, ni están hechos con un mismo molde), sí ostentan una serie de características comunes:
+mayor energía física y mental;
+acentuado afán por liderar y tomar la iniciativa;
+gran sentido de realeza: sentimiento espontáneo de tener derecho a estar aquí, en esta vida y en este planeta;
+especial necesidad de relacionarse con otros seres, sean niños, peces, pájaros, plantas,…;
+natural sentido de la justicia;
+marcada exigencia, a sí mismos y a los demás, de coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.
+inclinación innata a cuestionar patrones preestablecidos: les es difícil aceptar el concepto de autoridad propiamente dicho, sobre todo cuando no está apoyado en la coherencia de quien ostenta o reclama dicho estatus;
+percepción particular del contenido de la felicidad: rechazan espontáneamente los patrones cuantitativistas y materiales (regalos, bienes, dinero, estatus,…) como modo de alcanzar la misma y optan intuitivamente por vías cualititativas (crecimiento interior, contacto con la naturaleza, altruismo,…);
+sus dos hemisferios cerebrales (el hemisferio izquierdo es el mental, lógico, racional, científico; mientras que el derecho es el intuitivo, artístico, espacial, trascendente) están sustancialmente más dotados e interconectados que en las demás personas; y
+no sólo tienen una gran inteligencia, sino que su carga espiritual es mayor: están más predispuestos a las cuestiones del espíritu y no es difícil encontrar pequeños que oran, repiten mantras o participan encantados en ceremonias religiosas de todo tipo. Esta no es una característica casual o circunstancial, pues los Índigos hacen las cosas porque les nace de lo más profundo del corazón, porque su nivel de consciencia está en continua sintonía con las manifestaciones de la espiritualidad más elevada (hablamos de espiritualidad no de religiosidad: estos niños no encuentran diferencia entre una religión u otra, todas están bien mientras su discurso y actuación esté basado en valores coherentes y realmente espirituales).
Por tanto, el perfil de los niños Índigos es maravilloso, casi un milagro evolutivo al servicio de un nuevo mundo. Sin embargo, para padres y abuelos, el cómo tratarlos, educarlos y guiarlos puede convertirse en un auténtico problema. Y en el colegio, los educadores tampoco lo tienen fácil. No en balde, las estructuras educativas tradicionales se basan en el trabajo exclusivo del hemisferio izquierdo, cuando ellos, como antes se señaló, tiene el izquierdo y el derecho más dotados e interconectados. La conclusión suele ser que los Índigos se aburren terriblemente en la escuela, no quieren ir al colegio porque no lo encuentran atractivo ni enriquecedor y se niegan a efectuar “deberes” y tareas mecanicistas.
¿Cómo actuar entonces con ellos?. A contestar este interrogante dedicaremos otra entrada del blog.