Agenda completa de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2024-2025

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6/7/21

Memorias de un descarnado (20-29) Por Deéelij

 

-     Ese no es el sentido. Has tomado literalmente mis palabras sin extrapolarlas a las circunstancias. En el caso concreto que expones, por supuesto que has de interferir, ya que has de procurar que tu hijo, tu supuesto, sea feliz, y desde luego ese no sería el camino. Pero, la plasmación del Amor en esta condición se fundamenta en el hecho de no enjuiciar o criticar los actos o el pensamiento de cada Ser. Has de aceptar, sin interposición, esa condición inherente e individual. Sólo tienes que considerar que las críticas y juicios, las valoraciones y las comparaciones, no ayudan a la evolución hacia el Amor, pues establecen límites. Si recibes una crítica gratuita, tendrás que evaluar si en realidad ello es coherente, o el fruto de un puro chisme o cotilleo, o la deriva de la envidia. Fíjate en esta frase lapidaria: No juzgues y no serás juzgado, no critiques y no serás criticado. Insisto: deja Ser, deja hacer, deja tener. Acepta que lo que es, es, sin más; contémplalo así, sin añadidos o componendas. No establezcas limitaciones en la libertad individual. Distinto es trabajar por el bien común para producir felicidad. La crítica es una manera de negar el Amor, no la contraposición. ¿Captado ahora?

     -     Bueno– decía Jano meditando –, entiendo entonces, que el uso del Amor implica aceptar las decisiones del otro, dejando ser su libertad y pensamiento, independientemente de que me guste o deje de parecer correcto. En resumen: Amor es sinónimo de libertad y viceversa. ¿No?

     -     Perfecto – concluyó aplaudiendo –. Perfectamente definido. Ha sido una conclusión brillante a las cinco y veintidós minutos. A este ritmo obtendrás matrícula de honor. Sí señor, me ha gustado. ¿Vamos a por otra?

     -     Dejemos que el Amor se describa con detalle –manifestaba alegremente él, dispuesto a todo –. Conozcámosle, en toda su plenitud.

     -   Lo siguiente, es una circunstancia que habrás podido contrastar en tu propia experiencia: algo que hemos observado en tu proceder y que alguna vez te he mencionado, si no recuerdo mal, pero que no fue en tono de crítica, sino de advertencia, para que pudieras captar la realidad de algún evento en el que estabas envuelto – disertaba Pal con precaución no queriendo hacerle sentir molesto, aunque ya dudaba de eso habiendo superado todas las clases y aprendido las normas de vuelo –. Mira hacia atrás en tu recuerdo e indaga lo siguiente: ¿Puedes recordar aquellas cotas de impaciencia que mostrabas?

     Se produjo una breve pausa en la conversación. Jano buscaba en su memoria respuestas a la solicitud. Los hechos se extrajeron con facilidad ya que estaban muy presentes: Algunos eran ciertamente agobiantes, otros más bien pasajeros, mientras un grupo concreto de ellos encajaban en el formato dedicado a la búsqueda de respuestas y lógicas que ahora iba componiendo el desconcertante puzle que recibió a su llegada, aquel día, ya casi lejano, en que aterrizó ensangrentado y dolorido en medio del trigal de Nairda.

     -   Las recuerdo. No ha sido algo digno de tener en cuenta, pero he de reconocer que sí, que he sentido la impaciencia; y puedo concluir con la perspectiva actual, que cada paso mereció la pena. Ha servido para pulir y encajar. Quizá no sea el mejor camino, pero han sido experiencias todas útiles. ¿Te sirve esta respuesta?

    -   Tan sólo necesitaba un simple sí. No obstante, la conclusión que extraes es de lo más positivo. El percibir que el uso de la impaciencia no es la herramienta más fructífera constata un paso firme en tu personal evolución. En definitiva: la impaciencia no posee una utilidad, ya que es la manifestación práctica de la pre-ocupación, no de la ocupación del instante. De nada sirve y nada aporta el impacientarse o pre-ocuparse por algo que no sabes si ocurrirá o no, si conseguirás o no, pues el hecho fundamental del Amor es la confianza en el mismo sabiendo que todo en Él es posible; todo llega en su momento y todo es perfecto en tu existencia. La impaciencia, querido Jano – decía con delicadeza –, es, como ninguna otra, la característica más evidente de no vivir en el Amor, dado que el Amor es paciente, benigno, dulce y acogedor, entre otras muchas aseveraciones precisas que sólo aportan felicidad. Por tanto, todo aquello que no ofrezca tal resultado simplemente corresponde al uso incorrecto del Amor y estarás viviendo en el pasado con pre-ocupaciones, o en el futuro con im-paciencia. Pero si vives en el Amor, lo haces en paz y siempre en el presente, cuestión muy importante, pues para el Amor, al que todo es posible, Es en tiempo real lo que será en el futuro tal como lo has pensado en presente: en Amor, en tu Ser, en libertad, sin la coacción de las pre-ocupaciones o la im-paciencia. ¿Captado?

     -        Tanto, como oscura es la noche.

     -      Por cierto, ya que lo mencionas ¿Sabes cuál es la hora más oscura de la noche?

     Ciertamente desconocía la respuesta. Imaginó que la pregunta tendría alguna derivada de la cual extirpar alguna enseñanza. Indagó en cada una de las horas nocturnas, lo que tendría que depender de alguna especial condición que se le escapaba. ¿Podría ser que unas noches fuesen más ocurras que otras? ¿Dependería de los solsticios? Como si escanease un disco duro y ocupada activamente en el control del vuelo al mismo tiempo, su mente escarbaba en busca del dato solicitado. Al pronto, su mirada quedó fijada en el radar meteorológico que, hasta entonces, permanecía marcando un haz verde de ciento cuarenta grados donde se comenzaba a trazar bancos de intensos rojos naranjas y azules: la señal de tormentas que encontrarían de continuar con el rumbo actual. Recordó que empezó a prestar atención al radar cuando las dos lunas en su rotación desaparecieron. Entonces extrajo la conclusión.

     -     Lo tengo Pal. Son aquellas que transcurren con la desaparición de las lunas. ¿No?

     -    No y sí. Sí, porque vas encaminado. No, porque en realidad la más oscura siempre es la anterior al amanecer independientemente de que esa noche las lunas estén o no visibles. Es la influencia de la irradiación solar sobre la superficie terrestre durante el día, que va disminuyendo conforme aumenta la noche, independientemente del efecto lunar, de tal manera que la hora más oscura es justo la anterior al amanecer. ¿Lo entiendes?

     -    Sí y no. Sí a la explicación científica. No porque no sé a cuento de qué viene esa pregunta dentro del contexto. ¿Qué tiene que ver esto con la impaciencia?

     -     ¿No lo captas?

     -    En realidad no – asintió él sin meditar, de forma autómata –, y por si no lo has percibido la tormenta ocupa una gran parte de la pantalla.

     -     Estoy atenta a la evolución del vuelo y a la clase práctica. ¿Dónde estás tú?

     -     Más bien estoy pensando cómo evitar ese estratocumulonimbus.

     -     ¿Estás pre-ocupado o im-paciente?

     -   No sabría decir – contestó sinceramente –. Estamos a noventa mil pies y perdemos altura rápidamente. Esa tormenta se extiende desde los setenta mil hasta los treinta mil pies cubriendo un área de cincuenta millas aproximadamente. Dentro de poco, veinte minutos a lo sumo, tropezaremos con ella si no cambiamos el curso. Otra cuestión, por cierto: Ís, según longitud y latitud marcada por el GPS, está justo debajo de esa gran tormenta. Hagamos lo que hagamos, presumo que nos mojaremos a menos que aterricemos en alguna pista alternativa. ¿Pre-ocupado o im-paciente? No. Quizá algo inquieto – pronunció desafiantemente chistoso –. ¿Cómo quieres que esté ante el monstruo atmosférico que se nos avecina, Pal?

     -      Recibido. ¿Hay opciones? – recabó con presteza.

     -    Dos. Una: recuperamos el descenso. Eso nos da un margen de veinte mil pies, suficiente para sobrevolarla manteniendo una velocidad de no más de cien nudos y un régimen de descenso que no exceda los trescientos cincuenta pies en ningún instante. En una hora estaríamos al otro lado, quizá en menos, pues la tormenta avanza en sentido contrario al nuestro a buen ritmo. Es la mejor alternativa. La otra es provocar un picado con todos los flaps fuera que provoque los dos mil pies por minuto esperando que la velocidad se controle sin sobrepasar los márgenes de seguridad, la evitaríamos pasando por debajo de la misma.

     -     Hay otra solución. ¿La adivinas?

     -    Sí, la más cómoda: mantenernos lo suficientemente lejos en altitud y esperar a que pase. Pueden ser dos o tres horas.

     -    Eso sería actuar ajeno a las circunstancias, sin confrontarlas, dejando que pasen. Seríamos el efecto, no la causa. Y tú, no eres precisamente cobarde…

     -    No entiendo adónde quieres ir a parar, Pal. ¿Qué insinúas? – concluyó alerta. El agotamiento de hace unos momentos había desaparecido.

     -   Recapitulemos. ¿Cuál es el tema central de la noche? – preguntó en el curso de tiempo en el que perdían noventa pies.

     -   Hasta que apareció éste monstruo de la naturaleza, descendíamos plácida y armoniosamente hablando del significado concreto del Amor, aunque nos quedamos pendiente de aclarar qué tiene que ver la impaciencia con la hora más oscura de la noche. ¿Satisfecha Pal? Tenemos que tomar una decisión, es importante, o al menos me lo parece.

     -  Ahí quería llegar, a la decisión del cambio: la tercera circunstancia pendiente de abordar. Resulta que te encuentras navegando dentro del Amor, usándolo correctamente de acuerdo a cada una de sus características, disfrutando, siendo feliz, pero de pronto aparecen irremediablemente las consecuencias producidas por el mal uso del mismo: esta particular tormenta, un estratocumulonimbus que es la peor de todas. ¿Qué hacer, desviarse? Entonces descaradamente nos convertimos en el efecto de lo exterior, no en la causa de aquello que queremos Ser, hacer y tener. ¿Te gusta lo que refleja la pantalla del radar?

     -  No es muy agradable – respondió Jano desconcertado –. La verdad sea dicha, Pal, pero seguimos acercándonos peligrosamente. Estoy en tus manos, la decisión es tuya, Tú mandas.

     -    ¿Confías en mí?

     -     Plenamente Pal, plenamente – indicó sin retardo.

     -     ¿Confías en ti?

     Esta vez la respuesta no sería inmediata. Algo le hizo dudar.

     -     No sé a qué te refieres exactamente, Pal. Cada vez estoy más perdido.

     -     ¿Confías en ti? Es una respuesta simple. Responde por favor.

     -     Si, aunque temo tu decisión.

     -    ¿Temes dices? entonces tampoco confías en mí. ¿Qué es lo que temes exactamente?

     -  De acuerdo – afirmó apremiado. El encuentro con la tormenta estaba cercano  –. Conociéndote, temo que quieras enfrentarnos a la tormenta.

     -  Bien, por fin lo has dicho. En efecto, eso haremos, pero no la enfrentaremos, la afrontaremos resolviéndola.

     -    Es una locura total, Pal. Sabes que este aparato no soportará los vientos de más de trescientos nudos que hay dentro del monstruo. Nos partirían el avión de un tajo. Lo sabes…

     -   Tranquilo, Jano, tranquilo – dijo suavemente ante la precipitación abrupta de sus palabras –.  Escúchame atentamente. Lo que detectas, lo que dibuja el radar frente a ti es un efecto. Lo digo una vez más: es un efecto del uso inapropiado de las normas del vuelo. Ello se registra en tu área de navegación, en tu mini mundo, en tu universo particular. Puede ser perfectamente el reflejo de algo que existe en ti que no te gusta. Puede ser las circunstancias producidas y provocadas por los que te rodean. Sea lo que sea, no es un obstáculo que el Amor rehúse. Si vives y usas correctamente el Amor, no has de temer a nada ni a nadie. El Amor todo lo puede. Sólo el no confrontar aceptando las circunstancias, que no enfrentar reaccionando, produciría en ti el efecto exacto del mismo. Imagina por un momento que es un espejo reflejando alguna de tus esencias de las que no estás orgulloso, algo que has de cambiar porque no te guste, no te de felicidad, o no te permita realizar correctamente el plan de vuelo. Entonces, mientras no cambies en tu interior, mientras no cambies tú, el exterior no cambiará. Has de confrontarlo, no enfrontarlo, no rechazarlo. El Amor no es cobarde. Es valiente. Por tanto, si en éste caso, fuese algo que no te gusta, para poder cambiarlo, has de cambiar tú en primer lugar. Si por el contrario es el efecto producido por los demás, ello no ha de provocar en ti problema alguno, pues si actúas de acuerdo a las normas de vuelo, a las del Amor, nada has de temer, pues nada podrá producir en ti los efectos extraños si tú eres la causa de los tuyos. Si rodeas, bordeas o sorteas las tormentas, estarás huyendo, bien de ti mismo, o bien del efecto no propio. En cualquier caso, estarías siendo im-paciente y vivenciando en pre-ocupación, estarías actuando sin Amor. Lánzate a las garras del monstruo sin temor. Sólo hay dos caminos. Si es un efecto propio, evalúa qué has producido ¿Queda aún algo de resentimiento en tu interior? ¿Qué has pensado, dicho o hecho que no se rija por las normas ya aprendidas? Hazlo rápido, tienes cuatro mil quinientos pies, o cuatro minutos y medio para ser exactos. En el caso contrario, si es el efecto de los demás, no hay que padecer ninguna intranquilidad, ningún miedo, pues al saberte causa, no permitirás que te afecte el efecto contrario. Resumiendo: si quieres cambiar algo, has de cambiar tú primero, y la solución sólo está en hacerlo con Amor, Amor a ti y a los demás, usándolo tal cual Es, con aceptación, con comprensión, con tolerancia. Si lo haces así, nada te afectará. Nada. ¿Lo entiendes?

      -     ¡Entiendo…! –  exclamó rendido al choque – Entiendo que ese monstruo tormentoso puede ser algo propio que no me gusta y que puedo cambiar al cambiar mi interior con el uso del Amor – hizo una pausa tomando una buena bocanada de aire oxigenando todas sus células –; y que de igual modo puedo actuar si es el efecto de los demás, pues al estar en causa de mi proceder, es decir, al obrar con Amor, en mí Ser, nada ha de pre-ocuparme ni ponerme im-paciente, pues en Él todo es posible. – concluyó, decidido al abordaje que inminentemente se produciría.

     -     Entonces, ¿Qué harás? La decisión está en tus manos.

     -     ¿Puedo hacer lo que quiera?  – contestó sorprendido.

     -   Siempre, Jano. Siempre. Eres un ser Libre, y como tal te tratamos. Recuerda que tú mismo concluiste hace unas horas que el Amor es sinónimo de Libertad. ¿O no?

     -      Exacto, Pal – afirmó pausadamente, relajado y firme –. Vamos a por el monstruo.

     -      ¿Estás seguro de que no es el reflejo de algo tuyo que has de cambiar antes?

     -     Absolutamente Pal. Sé que es así, tengo certeza absoluta. No dejaré que el efecto del mal uso del Amor, del no Amor, de otros pueda afectarme. Pase lo que pase voy a confrontarlo con tu ayuda.

     -     Cuenta con ello, Jano, estaré a tu lado – remató apoyando la voluntad enérgica de su estimado pupilo.

     La cuenta atrás continuaba. El silencio interior y exterior acunaba el conjunto formado por tripulantes y planeador. Mil quinientos metros al encuentro. El destello de rayos furiosos, iluminaban como bengalas incendiarias la pertrechada oscuridad sin alumbrar puntos posibles de referencia o vestigios que permitieran visualizar su posición con respecto al terreno, salvo las indicaciones ofrecidas por los aparatos del panel del control. Escrutar el exterior queriendo localizar algo asumible resultaba una pérdida de tiempo y energías. Por mucho que la tormenta se empeñara en encender la noche, la misma se resistía a ser desnudada de su color negro mate.

     El radar había perdido su color verde escrutador. El rojo intenso llenaba la extensión de sus cien centímetros cuadrados. Ya no había vuelta atrás. Las dos manos de Jano agarraban con fuerza la palanca de mandos esperando cualquier indeseado e inesperado vaticinio. Tenso, aunque asombradamente tranquilo, mantenía fijos sus ojos en cada uno de los instrumentos, repasándolos. El VZ, como una flecha, dirigía su estampa contra el árbol meteorológico, que sin raíces, se desplazaba en dirección sur bañando, con un torrencial diluvio, todo el terreno sobrevolado.

     El momento llegaba. Quedaban escasos sesenta segundos, mil pies a lo sumo, para abrir una brecha en el casco del temible buque insignia del no Amor.

     -     ¿Quieres saber qué tiene que ver la impaciencia con que la hora más oscura es la anterior al alba? – disparó Pal inquisidoramente, a sabiendas de producir algo de descontrol en su interlocutor.

     -      Supongo que ha llegado el momento de saberlo ya que lo mencionas. Adelante, Pal, estoy listo – respondió mansamente, respirando paz.

     -     Marca el aviso de retornar al Amor, con su persistencia sólo podemos conseguir concluir los propósitos. Sólo es necesario confiar con paciencia en el Amor. La im-paciencia o la pre-ocupación marcan la oscuridad en el entendimiento; cuando lo percibas, recuerda el símil de que tras ello sale el sol, así que en esos instantes sólo queda retornar al Amor que es donde no habrá im-paciencia ni pre-ocupación.

     Jano asumió la explicación sin cortejo añadido. Estaban dentro de la vorágine. Acababan de introducirse en las convulsiones producto de presiones descompuestas. En la inmensa perturbación, el vuelo se manifestaba con ligeros vaivenes, cuestión que aprovechó Pal para mostrar el exiguo efecto que podían producir las actitudes contrarias a quien obrara de acuerdo a las normas de vuelo. La confianza en uno mismo era fundamental para atravesar acciones tan hostiles como las actuales y salir incólume del descabellado e inigualable tronar de un vituperio ensordecedor, llameante.

     Las nubes eran rasgadas a capricho por los relámpagos fustigadores que partían desde vericuetos inescrutables; mientras Pal continuaba, entre tanto repiqueteo desbastador, alumbrando con sus descripciones las esencias emanadas de los efectos perturbadores del incumplimiento de las reglas del vuelo. 

   Jano aferrado a la palanca de mando atendía presto a cuanto sus percepciones captaban; asombrado, al mismo tiempo, de la capacidad de raciocinio y discernimiento que alcanzaba en circunstancias tan excepcionales. El VZ se deslizaba sin quebranto, con aplomo y seguridad a través del infierno que ceñía el descenso. Treinta mil pies más y, aquella vertiente de desatinos descabellados que, reluciente y abrumadora se exhibida sin paliativos ni recatos, increpando irracionalidades desaforadas, concluiría. Trazos aulladores de brillantes grumos petrificados en forma de granizo desfilaban en un cortejo zigzagueante dejando incólume el espacio ocupado por el aparato. Ni una sola bola tuvo la ocurrencia de ocasionar daño alguno en la estructura azulada que los contenía conduciéndolos en un vuelo excitante, desafiante y seguro, hasta la firme y segura capa de aire que los separaba de Ís.

    El formidable exabrupto del estratocumulonimbus, festín de despropósitos, se destruía conforme crecía su furia y rigor. Era un formidable gigante destrozándose a medida que explotaba con mayor impetuosidad y vehemencia; una verbena de juicios pretenciosos, de quejas sin sentido, de odios pestilentes y descréditos fervientes, que se resolvía en su circunscripción en un absurdo torneo a muerte.

   En algún que otro instante, un seductor y aparente imparcial bamboleo opinaba sugiriendo el cambio de rumbo. Jano no dudó: Mantuvo, registró y aquietó, absteniéndose de aceptar alguna de las inclinaciones perversas ofrecidas por el devorador agente atmosférico, aquel espantoso conglomerado de ultrajes y vilipendios que parecía ofrecer hipócritamente una salida rápida. Un manojo de rayos imperiosos decretaron un abismo solvente por la amura de estribor, como si fuera una gigante manguera enseñando el final donde se percibía tierra firme. Jano consultó. Podría ser una alternativa rápida, una salida inmediata, aunque vertiginosa, por el picado que supondría realizar. Pal denegó con rotundidad advirtiendo que, el túnel mostrado, constituía la cloaca de las falsedades y las mentiras, el peor de los senderos a recorrer dentro de un tormento como el que experimentaban sin sufrimiento ni padecimiento. Aquello era un espectáculo monstruoso, aterrador y asfixiante. Manchas de sombras multicolores fingían en un artificio continuo, la veracidad del continente por el que deambulaba perdiendo su fuerza, su dominio, su extensión y su poder. La tormenta se diluía conforme creía expandirse. Aquello era un complejo conjunto de extravagancias y caprichos que no se mantenía ni gobernaba con acierto. Las horas estaban contadas para su extinción, para su total disolución como si nunca hubiese existido.

 

    -    ¿Entiendes ahora por qué el Amor todo lo puede, y Todo es Amor? –  inquirió cuando el anemómetro indicaba la cota de los treinta y tres mil pies.

    -    A la perfección, Pal, a la perfección – contestó repetidamente, relajado y eufórico ante su recobrado coraje y valor. Se sentía dueño absoluto de Sí. Nada podía maniatarle en lo sucesivo. Nada podría con él. Tenía las lecciones aprendidas, grabadas a fuego tras pasar por el voraz demonio endiablado al que le quedaba menos de tres minutos de sin sentido. La madeja de entuertos incesantes, creyéndose autorizada, se rompía como la cáscara de un cacahuete entre los dedos apremiantes de alguien hambriento.

     Las seis y dieciocho minutos anunciaron la salida de los primeros rayos de sol que apostaban por un nuevo día tras la fatigosa marcha, en proclamada agonía, de un gigante que se consumía en su deshonra, batiéndose contra su poder obsoleto. El estratocumulonimbus era enterrado sin que tuviera la oportunidad de succionar algo distinto al germen de su destino.

      Ís aparecía difuso entre una tenue y tímida niebla que se difuminaba como el humo de un cigarrillo. La uno cuatro, reluciente y limpia por el agua que corrió por su asfalto, esperaba en un abrazo fraterno a quienes despidió hacía toda una noche. Fiel a la promesa de los conmutadores, las luces azules franquearon el aterrizaje del VZ y sus tripulantes.

           Posdata:

En el artículo del día 1 de diciembre (Rojo octubre, peligroso noviembre y brillante diciembre. III Parte) comuniqué que personalmente había recibido por psicografía una serie de técnicas y procesos para aplicar en psicoterapia, que solucionaba el 80% de los problemas psicológicos del ser humano. La explicación resumida de esta psicoterapia es que elimina el ego, te reconecta con tu alma (conecta la Particularidad con la Singularidad) y tienes control emocional, siendo feliz en tu vida actual; al mismo tiempo dije que lo había transferido a dos Almitas maravillosas (psicólogas) que os los podía ofrecer mediante terapia, obvio que, con remuneración, pues es su trabajo, y que además ellas lo harán, pues mis tiempos están contados, para seguir en esa labor. No se trata de dar una formación, sino de recibir terapia para quien lo necesite. Durante un tiempo os habéis puesto en contacto conmigo para luego realizar el contacto con ellas (Rosario y Yesenia), pero ahora ya podéis hacerlo de forma directa mediante su correo profesional:  terapia.psico2@gmail.com También podéis visitar su Web: http://www.psico2-internacional.es

 

Para las actualizaciones de Todo Deéelij y preguntas sencillas: deeelij@gmail.com

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