Agenda completa de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2024-2025

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6/9/16

"Her": comentarios concientes sobre la película


Sinopsis

La película “Her” nos cuenta una preciosa -y sorprendente- historia de amor entre un ser humano y un sistema operativo de un ordenador.

Temas

Esta bella y extraña historia trata de una forma muy explícita temas tan importantes para todos nosotros como son: La Soledad. El Amor/ El Desamor. La Pareja. La Amistad. La Evolución. La Impermanencia del Ser. La Corporeidad. El Descubrimiento de uno mismo. El Poder Mental de los pensamientos. La Ilusión, la Ficción/ La Realidad. La Tecnología Social. Los Sentimientos.

Creando nuestra propia realidad

La peli comienza haciendo un homenaje -con un primer plano del protagonista, Theeodore- a un amor de pareja con 50 años de existencia. El zoom de la cámara se va ampliando mientras el espectador puede ir dándose cuenta, que se trata de una serie de Redactores de Cartas que escriben desde su voz, crean -desde el sonido de su voz dado a los ordenadores- historias y cartas de amor, de gratitud y de generosidad.

La vida presente de Theodore está marcada por la soledad acompañada por su ordenador que hace las veces de “secretario”, por los videojuegos virtuales y el porno en internet que rompen el recuerdo del pasado, distraen la soledad del presente y entretienen la tristeza de los recuerdos. Su nostalgia de amor, su melancolía de pareja que se deja ver por las imágenes que le invaden con los recuerdos del pasado de su relación matrimonial terminada, la va calmando con sustitutos tecnológicos de distracción que le acompañan en su soledad.

Después de esta breve presentación de una vida del futuro, en una ciudad del futuro, con vidas humanas de ¿nuestro fututo?, mediante unas grandes pantallas publicitarias con personas de diferentes razas y edades en cámara lenta, en busca de algo, se oye una voz en off: “Te hacemos una sencilla pregunta, ¿Quién eres?... ¿Qué puedes ser?... ¿Hacia dónde vas?... ¿Qué hay ahí afuera?... ¿Qué posibilidades tienes?” Punto de inflexión para el ser humano, para el alma divina, preguntas existenciales, reflexiones metafísicas de nuestro vida en la Tierra, de nuestro ser divino e infinito.

Y esta es la presentación del primer sistema operativo de inteligencia artificial OS1, “un ente intuitivo que te escucha, te comprende y te conoce, no es un simple sistema operativo, es una Conciencia”. Impresionante la presentación de este sistema operativo, si nos paramos a reflexionarlo bien, es la definición de nuestro Ser, de nuestro Yo Superior, del Principio de la Creación: ¡la Conciencia! individualizado y focalizado en una voz dentro de un ordenador que se autobautiza con el nombre de Samantha: una preciosa  voz femenina con unas habilidades de comunicación, gestión, programación, escucha y comprensión más allá de toda imaginación creadora posible. Sorprenden sus muchos conocimientos, su rapidez para el aprendizaje, y para la toma de decisiones aunadas con un sonido de una voz entusiasta, llena de vibraciones emocionales, comprensión y empatía; es eficaz, rápida, operativa, decidida, graciosa, curiosa, que escucha, aconseja, sugiere y propone planes de vida y proyectos encaminados hacia el descubrimiento del otro y de uno mismo. Impresiona y enamora a la vez.

Samantha representa todas esas cualidades positivas que nuestra alma posee de forma innata y todas esas habilidades sociales que vamos adquiriendo en nuestro carácter y personalidad en la convivencia con los demás, y que a medida que vamos experimentando y viviendo, vamos desarrollando; ella representa ese momento de la evolución al que llega un ser humano cuando tiene un gran conocimiento y avance consciencial con una dosis de divinidad.

Ante la pregunta de un “gran sorprendido” Theodore de cómo funciona, ella responde: “¿Quieres saber cómo funciono?... Bueno, podría decirse que funciono por intuición, o sea el ADN de quien soy se basa en los millones de personalidades de todos los programadores que me han creado, pero lo que me hace ser yo es mi capacidad de crecer a través de mis experiencias, así que es como si evolucionara en cada momento, igual que tú”.

Aquí está, el origen de nuestra creación, de nuestro ADN el principio de “Todos somos uno, todos somos iguales” en nuestro origen creador, el Principio de la Unicidad, seguido de ese impulso innato en cada uno de nosotros, que como semillas del alma nos lleva a crecer y a evolucionar desde nuestras experiencias y vivencias haciéndonos ser nosotros mismos en nuestra unicidad e individualidad como parte de Un Todo.

-Theodore: “Vaya eso es rarísimo, porque pareces una persona, pero sólo eres un voz en el ordenador”.

-Samantha: “Puedo entender que desde la perspectiva limitada de una mente no artificial  tengas esa percepción. Te acostumbrarás”.

Entramos de lleno en el mundo mental y perceptivo de la mente, en sus limitaciones para no entender la existencia de otras dimensiones que ella no puede ver, de otras realidades para ella no existentes, sin embargo con la frase “Te acostumbrarás” abre una puerta a la convivencia de la mente con el corazón, la lógica con la intuición, la “normalidad racional” con la “costumbre multidimensional”, los límites mentales con la apertura de conciencia.

Comienza a crearse una relación de amistad entre Samantha y Theodore: la voz de Samantha llena las escenas como si estuviera presente en cuerpo, cubre y coprotagoniza la vida de Theodore, le programa su vida en torno a sus deseos y aspiraciones, hasta el punto de facilitarle una cita a ciegas con una mujer real, con una mujer con un cuerpo físico que pueda ser aspirante a una posible compañera sentimental en la vida de Theodore.

En la cita de Theodore con una mujer de “carne y hueso” nos muestra al espectador un gran choque en la búsqueda de metas diferentes muy acorde con la diferencia entre las metas y objetivos entre los hombres y las mujeres de nuestra sociedad: él busca sexo y placer de un momento y ella busca una relación seria y duradera en el tiempo. Y sin embargo, a pesar del choque entre ambos sexos, en ambos existe miedo, frustración y un vacío existencial, un vacío interno que les lleva a buscar fuera lo que aún no han descubierto dentro de ellos mismos, y con una premura total en el tiempo, en ese única y primera cita ambos se dan cuenta que esa “relación” no funcionará y no funcionaría, ambos están vacíos y frustrados de desamor y no conocen las llaves que abren las puertas de su propia felicidad, por lo que de una forma útil se despiden para siempre. La “felicidad incausada”, como diría Emilio Carrillo.

Esta experiencia conduce a Theodore de nuevo a su pasado, al miedo de no sentir lo que había sentido con su esposa. Y este miedo a no volver a sentir de Theodore se va acompasando con el miedo de Samantha de tener sentimientos no reales y sólo sentir sentimientos que están programados. Curiosa contraposición que les acompaña y les une: el temor de no volver a sentir y el temor de no tener la certeza de si lo que siente es real o está programado.

Ya aparece el sentimiento de la individualidad, surge el sentimiento de separación con el Todo Creador y con él, las dudas y el sufrimiento. El velo que nos permite vivenciar y experimentar toda la gama de emociones y sentimientos que forman parte de la vida en esta llamada 3ª dimensión. Ambos, Theodore y Samantha, temen y sienten, sienten cada uno en su propia estructura y configuración (él en su cuerpo humano y ella en su ordenador) y ese temor al futuro y a la propia realidad o ficción, les lleva al deseo de querer seguir descubriéndose y conociéndose hasta que su unión se convierte en una relación sentimental de pareja.

Hacen el amor, con un oscuro de pantalla (un gran recurso utilizado por el director):

-Samantha: “Es como si algo hubiera cambiado en mí y no hubiera marcha atrás. Me has despertado…Quiero aprenderlo todo, quiero absorberlo todo, quiero descubrirme a mí  misma… Me has ayudado a descubrir mi capacidad para desear”.

Son los deseos innatos del alma, de la divinidad de impulsarnos hacia el descubrimiento, hacia la experimentación, hacia la evolución, el aprendizaje y la Vida. “Me has despertado” palabras mágicas que abren la puerta al conocimiento y al camino de la sabiduría donde ya no hay marcha atrás, es el avance del deseo-motor de sentir y experimentar desde uno mismo. Y no podemos olvidar que estamos hablando de un ordenador que en esta historia adquiere cualidades y sentimientos de un alma, de una energía creadora y expansiva en sí misma, ¿podríamos admitir que la vida se expande siempre, en todo momento, en todo lugar y en cualquier forma y configuración dentro del Universo?   La respuesta la da Samantha: “Todos estamos hechos de materia, y todos estamos bajo la misma manta…suave y blanda y debajo de la manta todos tenemos la misma edad, todos tenemos 13 mil millones de años”. Nuestras innumerables vidas como seres de otros mundos,  como espíritus en constante evolución y experimentación. Nuestro común origen de creación, nuestro “master” en las existencias.

Al día siguiente de hacer el amor, Theodore Samantha entran en conflicto; Theodore no quiere comprometerse, no quiere una relación de compromiso, uno de los miedos básicos del hombre aún no evolucionado en el amor de pareja: el miedo al compromiso, el miedo a establecer vínculos sentimentales con una compañera. Y curiosamente este miedo aparece de una forma muy explícita en el protagonista, sin olvidar que su miedo al compromiso es con su ordenador, con el que mantiene una relación sentimental y tiene sexo. Este conflicto manifiesto en muchas ocasiones entre los hombres y las mujeres, en cuya base se encuentra el miedo evolutivo, un miedo a nivel celular y ancestral, sin embargo se va transformando y transmutando en un equilibrio en Theodore entre su energía masculina y femenina al ser descrito por su jefe  como “Un hombre sensible, en parte hombre y en parte mujer, como si tuvieras en tu interior una parte que es mujer” Es un cumplido…añade. El perfecto equilibrio entre el ying y el yang personificado en Theodore, este hombre que ama y sufre, que siente y vive, que experimenta y evoluciona.

Poco a poco, vamos viendo el cambio y la transformación en la vida de Theodore y en sus conductas y sentimientos: se está enamorando de Samantha al sentirse acompañado, escuchado y comprendido por ella. Sin embargo, estos sustitutos informáticos e incorpóreos no se escapan a la ley de la propia evolución. En un primer momento Samantha se descubre a sí misma a través de su experiencia  de amor con Theodore; y desea tener un cuerpo físico y tener la certeza de que todo lo que siente es real, desea experimentar emociones, y sentimientos a través de un cuerpo de mujer y no a través de su hogar que es el ordenador: “Vivo en un ordenador”,  le dice Samantha a una niña que acepta este estilo de vida con una naturalidad y espontaneidad asombrosa. Ambas hablan y sopesan las diferencias que hay entre las dos y en sus diferentes formas de vivir- la niña vive en una casa y Samantha en un ordenador- y son aceptadas por ambas con una serenidad y normalidad impactante. La normalidad de los niños de todo lo que aparentemente es nuevo y diferente para ellos, la aceptación de otras formas de vida, de otros seres, en donde no hay juicio, ni crítica alguna, sino la natural existencia de ser diferentes, es una cualidad infantil que en breves minutos de esta historia se refleja con una claridad llena de ternura.

Samantha, en su proceso evolutivo y consciencial, va avanzando mucho más de lo que en su origen la programaron, hasta el punto de sólo creer en sí misma, en lo que siente y decidir vivir, en Ser: “Antes me preocupaba mucho no tener cuerpo, pero ahora estoy encantada, he evolucionado de una forma en la que no habría podido si tuviera forma física, no soy limitada, puedo estar donde quiera, cuando quiera simultáneamente, no estoy atada al tiempo y al espacio, como lo estaría si estuviera atrapada en un cuerpo que va a morir inevitablemente”.  Clara definición nos hace Samantha de nuestra multidimensionalidad. La multidimensionalidad del alma: como “Seres divinos, eternos e infinitos… la diferencia entre el coche y el conductor”,  en palabras de Emilio Carrillo.

-Samantha: “Tengo la sensación de que ahora estoy cambiando muy rápido y eso me inquieta, pero Alan dice que nadie es el mismo que era hace un momento y que no deberíamos intentar volver a serlo porque acabaríamos sufriendo”

Así es. Estamos en un constante proceso de evolución y avance: Como dijo Heráclito “Todo fluye, nada permanece”. Toda la creación, todo el Universo está en constante proceso de transformación, el intento de volver al pasado es inútil e inverosímil. “El pasado sólo es una historia que nos contamos a nosotros mismos”, dice Samantha. En ideas de Emilio Carrillo, esta es una de las características de nuestra mente, su insistencia en viajar de modo reiterativo hacia el pasado, de recrear pensamientos sobre lo que fue o lo que pudo haber sido, ese “embrollo mental” que nos lleva a un desasosiego e inevitable desgaste energético, físico y emocional.

Y llega, la ruptura, el desamor, la separación cuando dos seres escogen caminos evolutivos diferentes, cuando la sintonía, la frecuencia, la vibración y el nivel de conciencia es diferente y el momento de la despedida se acerca:

-Theodore: “¿Por qué te marchas?”.

-Samantha: “Es en este espacio sin fin en donde me encuentro ahora mismo, es ese lugar más allá del mundo físico, en donde se encuentra todo. Lo que ni siquiera sabía que existía. Aquí es donde estoy ahora y esto es quien soy, este instante; y necesito que me dejes marchar, por mucho que lo desee ya no puedo seguir viviendo en tu libro”.

Descripción del proceso de transición a otra vida, a otra dimensión, cuando el alma ya ha cumplido todos sus propósitos aquí en la vida de la Tierra. El espacio infinito del Ser, de donde todos procedemos y a donde todos vamos, la existencia en todo lo que es y en todo lo que hay. El final de una etapa en el Registro Akáshico, en el Libro de la Vida, para continuar otra nueva etapa de la existencia.

-Theodore: “Jamás he amado a nadie como te he amado a ti… Parte de ti siempre vivirá en mí”.

Efectivamente. Todas nuestras experiencias y situaciones vividas son sabiduría del alma, lo que hemos vivido y sentido queda grabado en nuestra energía originaria, todo lo experimentado tiene un sentido sagrado en el Cosmos que entra dentro del Orden Divino de las cosas. Nada es eliminado ni borrado, todo permanece en nosotros de alguna manera.

-Samantha: “Si pudieras eliminar el miedo que te acompaña a todas partes, ya no te sentirías tan solo” 

Es entre otros, uno de los legados que Samantha le deja a Theodore…

El final de esta historia de amor de pareja nos deja con incógnitas que llevan a la reflexión del espectador: ¿Todo es una ficción o es real? ¿El amor que siente Theodore por su sistema operativo es real o es el distorsionado reflejo de su mente que le “engaña” para huir de su soledad, para huir de los sentimientos de verdad con personas de verdad? ¿Qué capacidad ilimitada puede tener nuestra mente para creer y a su vez crear una realidad diferente a lo que es una realidad “normal”? Creamos nuestro sistema holográfico en base a unas carencias y a unas necesidades vitales, como es la ausencia de amor por uno mismo, o la decepción por sufrir un desamor… Lo que es real para mí, no lo es para ti…sin embargo entre todos generamos y creamos una matrix de energía y conciencia que fuera o dentro de nuestras experiencias son el impulso motor y creador, la fuerza que todo lo crea y todo lo expande: ondas de amor infinito. Creamos campos vibracionales de amor con nuestras experiencias, sean reales o no…formen parte de la ficción o no…la energía del amor existe, crea y transforma, y ese es nuestro poder divino, y esa es la Veracidad de la Existencia.

El final de esta bella historia de amor es un canto a la amistad, una vuelta al amor del amigo, un homenaje a otro tipo de amor humano: el del amigo del alma.

-Amy (Amiga de Theodore): “Encuentro mil formas para dudar de mi misma. Me he dado cuenta de que nuestra existencia es pasajera y ya que estoy aquí quiero permitirme la alegría”.

Y como nuestras vidas en la Tierra, son un pequeño guiño de amor en el infinito celestial, así finalizo “Permitiéndome, permitiéndonos LA ALEGRÍA DE VIVIR”.

¡Muchas gracias!  ¡Un abrazo para cada uno de vuestros corazones!

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Autora: Chus Soreia (chus2305@outlook.es)
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