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21/1/10

Los ciudadanos rechazan el envío de más tropas a Afganistán


Desde julio de 2004, España ha venido compensando a Estados Unidos por la salida de sus tropas de Irak mediante el envío a Afganistán de continuos refuerzos (ver entrada Movilización ciudadana por la salida de las tropas españolas de Afganistán, publicada el pasado 2 de diciembre). Y, a finales de 2009, se anunció la decisión del Gobierno de colaborar con la petición de Obama en orden incrementar, a lo largo de 2010, con 500 soldados el número de efectivos desplazados a territorio afgano.

¿Qué opinamos los ciudadanos acerca de esta decisión?. Según un estudio demoscópico realizado por el diario El Mundo, sólo la apoya uno de cada cinco españoles (22%), que la estiman buena o muy buena, mientras que uno de cada dos (47,7%) la rechazan al considerarla mala o muy mala. Y este rechazo es generalizado en todas las edades y, curiosamente, tendencias políticas.

Según los datos aportados por la ministra Carmen Chacón en la Comisión de Defensa del Congreso al hacer balance en diciembre pasado, el coste de las tropas en Afganistán se elevó en 2009 a 365 millones de euros, con lo que el gasto total generado en los ocho años de presencia militar española en aquel país asciende ya a 1.550 millones de euros.

Con el aumento de efectivos que se llevará a cabo durante 2010, el coste anual se disparará por encima de los 500 millones de euros, por lo que, a finales de este año, el gasto militar por la colaboración hispana en la ocupación de Afganistán rondará los 2.100 millones de euros. Y a esta cifra hay que sumar 210 millones de euros que fueron aportados para la Conferencia de Donantes, como aportación civil para el sostenimiento y estabilización del Gobierno afgano, que recientemente se vio implicado en un descarado fraude electoral, denunciado unánimemente por todos los observadores internacionales. En total, por tanto, más de 2.300 millones de euros (equivalente, por ejemplo, al ingreso anual medio de 640.000 haitian@s).

Con todo, lo más importante a contabilizar es el dolor y la muerte a los que España está contribuyendo que con el envío, mantenimiento y, ahora, ampliación de los destacamentos militares. Las armas no son la solución para nada. Y sólo un cinismo “a prueba de bombas” –el que tanto a gustó a Bush y el que en la actualidad luce Obama- puede denominar misión humanitaria a lo que es una ocupación militar en toda regla.

El “¡No a la guerra!” que inundó masivamente las calles españolas ante la colaboración del Gobierno de Aznar en la invasión de Irak fue para la inmensa mayoría de los ciudadanos la expresión de un sentimiento hondo y sincero, nunca una consigna con la que zaherir, en el contexto de la confrontación partidaria, al adversario político. Y ese “¡No a la guerra!” sigue presente y activo en muchos corazones, que rechazamos ahora la intervención armada en Afganistán.

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