25/5/16

No repetir más

       
Una amiga me comunicó que había vislumbrado que tenía que darle un giro a lo que hasta ahora era su matrimonio.  Dicho de otra manera, no pretendía romper la unidad familiar que tenía y mantiene, sino darle un nuevo rumbo. Su ser interno le abocaba a un cambio, una transformación o un nuevo paradigma. Y no era que le fueran las cosas de una forma negativa, en modo alguno, pero tenía (y/o quería) que dar un giro a la relación familiar.

        Así que acordaron, entre todos lo integrantes, plantear su relación con base en un planteamiento que ella proponía. Al inicio hubo acuerdo. Debo de suponer que porque ella lo solicitó, pero no porque los demás lo necesitaran o lo cuadraran en su vidas como ella sí sentía.

         Pasó más de un mes y medio y la cosa no había cuajado. Parece que incluso se había enturbiado algo. Así que replanteó de nuevo la cuestión, pero esta vez no hubo asentimiento, sino, más bien, un cierre a lo que fuera que planteara. Esto no le gustó, pues pretendía poder llegar con los demás a un estilo de convivencia más saludable, desde su punto de vista, claro. Punto de vista que ella percibía que los demás no entendían o no les apetecía. Por tanto, el núcleo familiar sí que se había visto enturbiado.

        En un buen café con varias personas planteó lo que le había pasado. Hubo opiniones y se aportaron soluciones. Hasta que el final entendió que si ella quería cambiar algo en la relación familiar, en primer lugar era ella la que tenía que cambiar. Creo que la frase que le soltó una de las amigas participantes le impactó:

         -Has de morir a aquella relación, a aquella vida, para nacer a la nueva que quieres vivir y experimentar.

También consiguió cuadrar que su evolución no es en el mismo sentido que el resto de su grupo familiar y que cada cual tendría que ir amoldándose conforme lo vaya experimentando y sintiendo en sí, como a ella le pasó.

Ahora, la cosa pinta distinta y parece que puede conseguirse lo que ella quiso iniciar, pero primero lo puso en práctica consigo y luego se verán los resultados en los demás.

        Visto lo visto, os digo: si bien con la llegada de la nueva consciencia dimensional el formato de relaciones humanas es distinto, se trata de que, una vez que tú cambies, no pretendas cambiar a nadie, ni que nadie se acompase a tu paso. Lo que quieras que sea, sélo tú en primera instancia. Luego, a esperar sin expectativas los demás resultados, que serán diferentes a los que se conseguían con la mentalidad antigua de matrimonio o pareja, o como se le quiera denominar.
 
        Y todo esto lleva en sí encerrada una nueva enseñanza, que al mismo tiempo es una advertencia:

         Repetir el uso del concepto de pareja o matrimonio vivido desde hace siglos sólo otorgará los mismo resultados, más que comprobados, de ofuscación y encorsetamiento que se sabe ofrece eso. Así que quien se empecine en tener lo mismo, lo mismo obtendrá. Por tanto, se trata de cambiar el concepto de pareja y matrimonio, que antaño sólo limitaba a los contrayentes, mientras que con el nuevo se trata de otorgarse el uno al otro la total libertad sin limitaciones ni ataduras desde el Amor en Sí.

     Si se quiere tener una relación de pareja diferente, el concepto de relación de pareja ha de cambiar. De lo contrario, se estará en la misma repetición de lo anterior, es decir, frustración. Si en cambio se alcanza a comprender y a plasmar que el nuevo modo de vivir en pareja es con absoluta entrega de la libertad y en total Amor incondicional, la cuestión es bien distinta y tremendamente colmada toda de paz y felicidad.

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Autor: Deéelij
Fuente: De su libro Alas sin plumas (Ediciones Ende, 2016):
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