Agenda de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2026-2027

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22/11/10

Nuevas y viejas dimensiones de la desigualdad

A pocas semanas de la concesión del premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades a Zygmunt Bauman -junto con Alain Touraine- merece la pena revisar sus últimas reflexiones sobre la deriva de este mundo dominado por los grandes poderes económicos y su estrategia universal de lucha por el poder que, según Bauman, ha llevado a cabo un proceso de transversalización de la economía mundial a través de la globalización, poniendo en peligro el futuro de las democracias.

Bauman alerta sobre cómo los estados han permitido que el poder económico rompiera el contrato social entre empresa y trabajadores, en el que ambas partes estaban confinadas a un espacio geográfico que no podían romper so pena de incrementar los costes finales de los productos al consumidor por la vía de las barreras arancelarias. Capital y trabajo estaban obligados a entenderse. Fue deseo del capital poner coto a esa dependencia mutua abriendo las barreras arancelarias que permitirían deslocalizar la producción, rescindiendo unilateralmente aquel contrato mutuo que tanto permitió a las sociedades industriales alcanzar los niveles de bienestar que las caracterizó. Esta rescisión fue unilateral porque mientras el capital pasó a moverse a escala planetaria con total libertad, la fuerza de trabajo ha continuado confinada a unas fronteras políticas. La imagen que propone Bauman a este fenómeno es la de una fuerza de trabajo enraizada al territorio mientras que el capital sólo está anclado, cual barco en un puerto, pudiendo zarpar en cualquier momento.

Una consecuencia directa de estos hechos ha sido la rotura de una constante que se inició con la revolución industrial y permaneció intacta hasta finales del siglo XX: el crecimiento económico de las naciones ricas era variable explicativa directa del crecimiento de sus clases medias y del empobrecimiento de las naciones pobres. Esta tendencia ha cambiado con la consolidación de la globalización económica: mientras disminuyen las distancias entre naciones ricas y pobres, están aumentando las diferencias sociales internas de las economías ricas alcanzando niveles de concentración de la riqueza análogos a los del siglo XIX. Otra de las consecuencias de esta dinámica ha sido la pérdida de poder de la política local frente a las fuerzas económicas mundiales. Bauman lanza el siguiente aviso para navegantes: nos encontramos en un campo minado y sin instrumentos de intervención a escala planetaria.

En referencia al peligro que corren nuestras democracias, la deriva del Tribunal Supremo estadounidense, culminada por Bush, ha puesto fin a los esfuerzos por controlar la financiación de las campañas electorales permitiendo la creación de unas sociedades opacas que vehicularán el dinero de forma secreta hacia los partidos. La nueva mayoría republicana en el Congreso facilitará la aprobación de este instrumento, que pondrá a la política americana, todavía más si cabe, al servicio de los intereses empresariales.

Pero aquí no acaba todo, la derecha neocon de todo el mundo se está planteando si la democracia continúa siendo un instrumento válido para el crecimiento económico o, por el contrario, está suponiendo un exceso de trabas a sus aspiraciones económicas, tomando como referencia la pujante economía China y su ausente sistema de libertades. No es casual que Bernie Ecclestone, propietario de la Fórmula 1, haya declarando su ausencia de fe en la democracia, poniendo como ejemplo cómo la democracia ha traído el desastre a Irak. Bien podría el Sr. Ecclestone haber cuestionado la guerra inventada con documentos falsos de la CIA o denunciado las atrocidades cometidas por ejército estadounidense sobre la población local que han sido reveladas por Wikileaks. Mientras tanto, los “Asustados Unidos de América”, como apodan con sorna los hispanos que allí viven, continúan llevando a cabo una estrategia mediática para demostrar la ineficacia de una socialdemocracia como la española, desacreditando su sistema público de salud a favor del sistema sanitario privado americano y señalando el fracaso de aquel “milagro español”. Como pueden ver, aquella estrategia universal de la lucha por el poder a la que alude Bauman, camina con paso firme en su intención de convertir al mundo en una corporación mercantil.

No hace falta acudir al Oráculo de Delfos para adivinar que una economía planetaria sin instrumentos de control y de gestión planetarios, es más que probable que someta a los costes-país al principio de los vasos comunicantes. Puede que Bauman tuviera en cuenta este principio cuando trazó su teoría de la modernidad líquida. Según el Principio de Pascal, la presión que se ejerce sobre la molécula de un líquido se transmite íntegramente y con la misma intensidad en todas direcciones. Saquen sus propias conclusiones.

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Autor: Carles Sánchez

Fuente: crisiseconomica2010.com

Crisis versus Mutación: reseña de la conferencia en Córdoba

Nota informativa de la Asociación Aletheia

El pasado día 17 de noviembre tuvimos la ocasión de tener entre nosotros a Emilio Carrillo, que nos ofreció una bella y magnífica conferencia titulada Crisis versus mutación: Expansión consciencial y economía del corazón, que nos llegó, efectivamente, al corazón. Reproducimos aquí un breve fragmento del texto que le sirvió de base.

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¿QUÉ HACER?

Cuestión de consciencia

Antes de plantearse esta cuestión –y sus posibles respuestas- hay que asumir e interiorizar que no estamos ante una crisis, sino en una mutación del sistema dominante que lo ha transformado en absolutamente depredador en torno al eje globalización-especulación. Hasta que individual y socialmente no haya consciencia de esta realidad y de sus impactos directos, sopesar el qué hacer será un ejercicio inútil.

Y, por supuesto, no caer en la trampa de pensar de manera voluntarista que pasado un tiempo, uno o más años, las aguas volverán a su antiguo cauce. Una crisis es reversible; una mutación, no.

En cualquier caso, lo que se haga deberá orientarse a una Economía desde el Corazón (título de un hermoso libro de Paul Samuelson, editado en España por Orbis en 1984) que plasme una nueva Consciencia de Unidad (cimentada en el hecho de que todos somos Humanidad, así como en la plena integración y coherencia armónica de ésta en la Madre Tierra) y ponga la Revolución Tecnológica y la ciencia al servicio de una economía de la abundancia (energías libres…) centrada en compartir, en lugar de un productivismo tan ingente como insensato, y materialice un nuevo estilo de vida basado en el sentido común en la delimitación y satisfacción de nuestras necesidades, la armonía ecológica, la justicia y la equidad social y la solidaridad y la paz internacional.

Y junto a las propuestas de medidas que se deben que tomar, hay que articular las vías para llegar a tomar esas medidas, lo que debe pasar tanto por acciones personales, familiares y comunitarias a escala local de cambio de vida y transformación interior, pues se precisan ojos nuevos para un mundo nuevo, como por actuaciones sociales y globales dirigidas a forjar una nueva realidad que la Humanidad, en su conjunto y sin excepciones, pueda abrazar. Y la salida tiene que ser juntos, sin divisiones ni dicotomías tan falaces como estériles.

Compartir y consciencia de unidad

Compartir implica acometer transformaciones macroeconómicas y estructurales que, desde una perspectiva de equidad social y global, fomenten la eficiencia del sistema productivo, el ahorro, la inversión y la innovación, así como el comercio justo, la cooperación y la redistribución de la riqueza a escala local y global.

Compartir supone también trabajar con prioridad en educación y en valores.

Compartir representa abordar lo microeconómico desde un nuevo prisma: por ejemplo, lo que a usted y a mí nos corresponde poniendo sensatez ante el consumismo rampante y evaluando cuáles son nuestras autenticas necesidades sin caer en la hoguera de las vanidades.

Y compartir conlleva poner a la persona, al individuo en sociedad, en el centro del sistema, desde una consciencia de unidad, pues todo lo anterior será una quimera si cada uno, cada persona, no realiza un trabajo interior dirigido a adquirir un nuevo nivel de consciencia en el espacio transpersonal.

Se trata de ser más plenamente humano en el convencimiento que nuestra personalidad individual es un logro de la evolución, pero también una limitación. Hay que comprender la realidad más allá del "yo", de un egocentrismo que nos está arrastrando al precipicio. Para salir de esa limitación tenemos que ampliar nuestra consciencia y entrar en el nivel de unidad: constatar que somos uno con todo, que cada uno tiene sentido en la totalidad; e impulsar una visión holística de uno mismo y de la realidad.

Sin este cambio de consciencia será muy difícil, por no decir simplemente imposible, dar respuesta a los problemas sociales, económicos y ecológicos de la sociedad global. Y ello conduce a la conclusión de que en el momento presente es hora de evolucionar."

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Fuente: Asociación Aletheia (http://aletheia-informa.blogspot.com/)

8/11/10

La propiedad creadora y la empresa “antroponómica”

Parece actualmente necesario más que nunca plantear que un auténtico orden social no consiste en otra cosa que en la relación solidaria entre sus partes,a diferencia de lo que sucede hoy con el mercado, que pretende, de hecho, convertirse en un regulador absoluto de la totalidad del sistema social. En este contexto, parece crucial la definición y creación de un nuevo tipo de empresa que actúe como una célula a partir de la cual pueda conformarse un nuevo tejido social.

El objetivo de la nueva empresa debería realizarse, con la urgencia que los tiempos reclaman, sobre la base de lo que es una economía libre, que a nuestra manera de ver no puede entenderse de otra manera que tomando como el referente esencial de la misma el trabajo libre y, por tanto, vocacional. Una economía de trabajo libre es, pues, la única que en realidad puede llamarse transparente, por cuanto es la meta más legítima, ya que siempre tendremos que trabajar.

Pero, además, para que la transparencia sea más real, es necesario tener un grado de experiencia de cómo vive el otro, lo cual es imposible si las diferencias sociales son tales como las que rigen hoy en y entre nuestras sociedades. Por ello, la creación de una economía de trabajo libre no parece posible sin la definición, a su vez, de un nuevo tipo de propiedad. La que damos en llamar propiedad creadora posee como objetivo primordial el de eliminar las barreras entre los seres humanos desterrando el lucro a través de la asunción voluntaria de un tope a los ingresos privados.

Queremos llamar a este tipo de empresa “antroponómica”, esto es, aquella que tiene por ley (nomos) al ser humano (anthropos) y no al beneficio, y que es el nombre que nos parece mejor responde a los fines en relación a los cuales esta empresa ha nacido. En ella, el objetivo básico de los ingresos que se reciben a través del trabajo sería el vivir en la dignidad de poder dar. El objetivo de la verdadera vida, pensamos, es recibir para dar; no dar para recibir, que es la lógica de la empresa capitalista. Y tal objetivo sólo puede cubrirse con el desarrollo de la creatividad humana, imposible en un mundo guiado por la lógica de la acumulación privada.

Por ello, en la nueva empresa el beneficio debe ser el subproducto, mientras que el objetivo fundamental debe ser el ser humano, y no al contrario. No queremos que el servicio público se convierta en un subproducto del beneficio, y menos aún del lucro, sino a la inversa, que el beneficio no sea sino el subproducto de un buen servicio público. Y parece evidente que sólo puede conseguirse transparencia en el mercado bajo esta condición. No creemos, en una palabra, que la mano invisible del mercado arregle nada, como se demuestra fehacientemente ahora, que esa mano invisible se lleva los ahorros de los menos pudientes; y tampoco creemos en el egoísmo como una fuerza productiva.

En el modelo de empresa que proponemos, ni el empresario ni el trabajador son unos medios de la empresa, sino unos fines. Y el beneficio no puede ser indiferente al producto; es decir, no se puede ofrecer cualquier cosa, especialmente cuando existen necesidades más perentorias que cubrir. La nueva empresa, pues, debe estar vinculada a un producto ligado a su vez a unos valores determinados. En este sentido, uno de los aspectos más importantes a asumir esla transparencia, entendida también, precisamente, como mejora de la oferta. Todo lo anterior tiene mucho que ver con lo que hemos llamado ecología de la cultura. La cultura no resiste –no puede resistir- la presión del mercado, y la buena cultura no sirve para evadir; la buena cultura absorbe e integra, no evade.

Por último, y por lo que se refiere a la competencia, ésta se ha considerado tradicionalmente un estímulo necesario. No obstante, parece actualmente más visible que nunca que, sin el objetivo del todo, las partes fracasan. Es por ello quelas partes deben colaborar entre sí para beneficio del todo, demostrando así que la solidaridad produce más riqueza que la competencia. Cuando lo que se busca es un servicio público de calidad destinado a la realización humana, no deja de ser una contradicción entrar en esa vorágine destructora de esa competencia donde se busca rebajar costes a costa de la servidumbre del trabajo, puesto que, precisamente, una de las metas de la realización humana debe ser –repetimos- el trabajo liberador, creativo.

Es también por lo anterior que aspiramos a convertir al empresario en una figura comprometida socialmente. Es más, consideramos que es un deber de la izquierda política el de volcarse comprometidamente en la empresa, potenciando una nueva empresa solidaria como columna vertebral económica de un nuevo mundo, que para unos es sólo posible, pero que para otros nos es necesario, y con urgencia.

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Fuente: La Compañía del Libro Aletheia

22/10/10

¿Crisis? ¿Qué crisis? ¡Los beneficios crecen como la espuma!

Se reproduce a continuación un artículo de James Petras a propósito de la manida crisis económica, que viene como anillo al dedo para enmarcar alguna de las cosas que compartiremos en la charla Crisis versus Mutación: Expansión Consciencial y Economía desde el Corazón que impartiré hoy viernes, a las 19:00 horas, en el salón de actos del Círculo Mercantil e Industrial de Sevilla (C/ Sierpes, 65). James Petras es profesor emérito de sociología en la universidad de Binghamton (New York) e intelectual emblemático de la izquierda estadounidense.

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Desde el primer trimestre de este año 2010 los beneficios empresariales se han disparado más de un 100 por cien (The Financial Times, 10 de agosto de 2010, p. 7). En realidad, los beneficios empresariales han aumentado más que antes del inicio de la recesión en 2008 (Money Morning, 31 de marzo de 2010).

Contrariamente a lo que dicen los blogueros progresistas, las tasas de beneficio aumentan, no disminuyen, sobre todo entre las empresas más grandes (Consensus Economics, 12 de agosto de 2010). La solidez de los beneficios empresariales es una consecuencia directa de las crisis agudas de la clase trabajadora, los empleados públicos y privados y las pequeñas y medianas empresas.

Con el estallido de la recesión, los grandes capitales destruyeron millones de puestos de trabajo (uno de cada cuatro estadounidenses ha estado sin empleo en 2010), obtuvieron contrapartidas de los líderes sindicales, gozaron de exenciones fiscales y recibieron subsidios y préstamos casi sin interés de los gobiernos locales, estatales y federales.

Cuando la recesión tocó fondo provisionalmente, las grandes empresas duplicaron la producción con la mano de obra existente, lo que supuso intensificar la explotación (más producción por trabajador), y redujeron costes trasladando a la clase trabajadora una cuota muy superior de los gastos de seguros sociales y pensiones con la conformidad de las autoridades sindicales multimillonarias. El resultado es que, aunque los ingresos descendieron, los beneficios aumentaron y las cuentas de resultados mejoraron (The Financial Times, 10 de agosto de 2010).

Por paradójico que resulte, los consejeros delegados de las empresas han utilizado el pretexto y la retórica de las «crisis» extrayéndolos de los periodistas progresistas para impedir que los trabajadores exigieran una cuota mayor de unos beneficios rampantes, ayudados por la siempre creciente batería de trabajadores sin empleo o subempleados susceptibles de ejercer de «sustitutos» (esquiroles) en caso de huelga.

La actual expansión de los beneficios no ha repercutido en todos los sectores del capitalismo: las ganancias imprevistas se han acumulado de forma abrumadora en las empresas más grandes. En cambio, entre las pequeñas y medianas empresas se ha disparado la tasa de quiebras y de pérdidas, lo que las ha convertido en presas baratas y fáciles de adquirir para las «hermanas mayores» (The Financial Times, 1 de agosto de 2020). Las crisis del capital intermedio han desembocado en la concentración y centralización de capital y han contribuido a elevar la tasa de beneficios de las empresas más grandes.

Los errores de diagnóstico de las crisis capitalistas en que han incurrido la izquierda y los progresistas ha sido un problema permanente desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, cuando nos dijeron que el capitalismo se había «estancado» y se precipitaba hacia el derrumbamiento final. Los últimos profetas del apocalipsis vieron en la recesión de 2008-2009 la quiebra absoluta y definitiva del sistema capitalista mundial.

Cegados por el etnocentrismo euroamericano, no lograron apreciar que el capital asiático no ha entrado nunca en la «crisis final» y América Latina padecía una versión tibia y pasajera (The Financial Times, 9 de junio de 2010, p. 9). Los falsos profetas no acertaron a reconocer que los diferentes tipos de capitalismo son más o menos susceptibles a las crisis... y que algunas variantes suelen experimentar recuperaciones rápidas (Asia, América Latina, Alemania), mientras que otras (Estados Unidos, Gran Bretaña, Europa oriental y meridional) son más propensas a experimentar recuperaciones endebles y precarias.

Mientras Exxon-Mobile registraba un aumento de los beneficios superior al 100 por cien en el año 2010 y los fabricantes de automóviles obtenían sus mayores beneficios en los últimos años, los salarios y el nivel de vida de los trabajadores descendía y los empleados del sector público padecían recortes salariales y de plantilla masivos. Está claro que la recuperación del beneficio empresarial se basa en el recrudecimiento de la explotación de la mano de obra y en el incremento de transferencias de recursos públicos a las grandes empresas privadas.

El Estado capitalista, con el Presidente demócrata Obama a la cabeza, ha transferido miles de millones de dólares al gran capital a través de operaciones de rescate directas, préstamos casi sin intereses, reducciones de impuestos y presiones a la mano de obra para que acepte salarios más bajos y retrocesos en el ámbito de la salud y las pensiones. El plan de la Casa Blanca para la «recuperación» ha superado con creces las expectativas: los beneficios empresariales se han recuperado; «sólo» la inmensa mayoría de los trabajadores se ha hundido más en las crisis.

Las predicciones fallidas de los progresistas al respecto del ocaso del capitalismo son consecuencia de haber subestimado el extremo hasta el cual la Casa Blanca y el Congreso serían capaces de saquear las arcas públicas para resucitar al capital. Subestimaron el extremo hasta el cual se había ayudado al capital para desplazar la totalidad de la carga de la recuperación de beneficios sobre las espaldas de la mano de obra. En ese aspecto, la retórica progresista sobre la «resistencia de la mano de obra» y el «movimiento sindical» reflejaban no entender que prácticamente no ha habido resistencia al retroceso de los salarios sociales y monetarios porque no existe mano de obra organizada. Lo que pasa por serlo está absolutamente anquilosado y actúa al servicio de los defensores de Wall Street del Partido Demócrata en la Casa Blanca.

Lo que revela el actual impacto desigual y no equitativo del sistema capitalista es que los capitalistas sólo pueden superar las crisis acentuando la explotación y haciendo retroceder décadas de «conquistas sociales». No obstante, el proceso en curso de recuperación del beneficio es enormemente precario porque se basa en la explotación de existencias previas, en tasas de interés muy bajas y en la reducción de los costes laborales (The Financial Times, 10 de agosto de 2010, p. 7). No se basa en inversiones privadas nuevas y dinámicas, ni en el incremento de la capacidad productiva. En otras palabras, son «conquistas caídas del cielo»; no beneficios derivados de los ingresos por un aumento de las ventas, ni por la expansión de los mercados de consumidores.

¿Cómo podría ser de otra manera, si los salarios descienden y la mano de obra desempleada, subempleada o desaparecida es superior al 22 por ciento? Sin duda, esta expansión de los beneficios a corto plazo, basada en ventajas políticas y sociales y en privilegios de poder, no es sostenible.

El despido masivo de empleados públicos y la obtención de beneficios de la producción a base de intensificar la explotación de la mano de obra tienen límites... habrá que sacrificar algo. Una cosa está clara: el sistema capitalista no desaparecerá ni será sustituido a causa de su podredumbre o sus «contradicciones» internas.

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Fuente: Red Voltaire (http://www.voltairenet.org)

8/10/10

¿Y si aliamos agua y energía?

Aunque los desvelos por la crisis económica reducen la atención prestada a otros problemas, y a pesar del efecto balsámico de las abundantes lluvias del invierno y primavera pasados, la escasez de agua es motivo de inquietud para los españoles desde hace muchos años, especialmente en verano, y más aún, en épocas de sequía. Esa preocupación está más que justificada, ya que soportamos el mayor déficit hídrico de los países europeos continentales. Por otra parte, la generación de energía y sus efectos sobre el cambio climático son también motivo de inquietud social creciente.

Y el caso es que existe un estrecho vínculo entre estos dos recursos fundamentales: se precisan grandes cantidades de agua para producir energía, y se consume mucha energía para aprovechar el agua. Pero en muy pocas ocasiones se lleva a cabo una planificación conjunta de ambos. Evitar planteamientos y decisiones irracionales sobre el vínculo agua-energía podría suponer un alivio económico para nuestro país. Algunos ejemplos de errores de difícil solución y otros proyectos en los que aún estamos a tiempo de transitar por la ruta correcta, sirven para ilustrarlo.

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), un 22% del total de agua captada en nuestro país (unos 6.800 hectómetros cúbicos anuales, 11 veces la cantidad de agua consumida en la Comunidad de Madrid) se utiliza para refrigerar las instalaciones generadoras de energía eléctrica (los equipos necesitan ser "refrescados" para no deteriorarse). Tras ser utilizada, esa agua o bien se evapora (en un porcentaje aproximado del 5%), o bien regresa a la naturaleza con alguna "ligera" modificación: una temperatura sensiblemente superior a la de captación, esto es, con una significativa contaminación térmica. Pues bien, el INE no incluye esos 6.800 hectómetros cúbicos en las estadísticas que contabilizan la cantidad total de agua usada en nuestro país, pues únicamente contabiliza los usos urbano, industrial y agrícola.

Por otra parte, algunos estudios, pocos y siempre conservadores, calculan que un 10% del consumo de electricidad en España está vinculado a la gestión del agua (se necesita energía para su captación, distribución, tratamiento, riego, etcétera). Si a ello le añadimos el consumo energético para calentar el agua en nuestros hogares y centros de trabajo, las cantidades de energía eléctrica consumida en relación con el agua aumentan notablemente (en California, investigaciones muy minuciosas han estimado esa cantidad en un 19% del total).

A pesar de la estrecha relación entre estos dos recursos tan estratégicos y escasos, en nuestro país la responsabilidad sobre ambos ha estado y está repartida en diferentes ministerios (la gestión del agua depende del de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, y la de la energía, del de Industria, Turismo y Comercio), lo cual dificulta una planificación conjunta. Como consecuencia de esta desconexión surgen una serie de contradicciones, algunas de ellas con repercusiones que nunca se han explicado bien. Por ejemplo, España tiene una larga tradición en generar energía hidroeléctrica; desde los años 50 a la década de los 90 del siglo pasado, la potencia hidroeléctrica instalada se multiplicó por tres, de 5.000 a 16.000 megavatios, pero la "energía producible", no solo no se ha mantenido, sino que ha disminuido, oscilando a lo largo de esos años entre los 30.000 y 20.000 megavatios, pero tendiendo cada vez más a los 20.000. Grandes inversiones en infraestructuras no parecen haber dado lugar a beneficios razonables: tenemos mucha capacidad aparente para producir, pero la falta de estudios científico-técnicos previos y una escasa coordinación en la gestión hacen que no se den las condiciones hidrológicas para aprovecharla.

Actualmente encontramos vínculos agua-energía que, sin ponderar cabalmente las diferentes posibilidades, pueden dar lugar a resultados similares a los comentados para la producción hidroeléctrica. Nos centraremos en vehículos eléctricos, en la producción de hidrógeno y algún ejemplo de energías renovables.

+Nadie cuestiona el coche eléctrico: evita humos y ruido en las ciudades, su uso disminuye la liberación de gases con efecto invernadero y, al precio actual de la electricidad, repostar resulta bastante más económico que con un vehículo convencional. Se pueden tener reservas sobre su coste, la autonomía y las dificultades para encontrar infraestructuras que permitan la recarga, pero a casi nadie parece preocupar su relación con el agua. Y sin embargo, son necesarios estudios que anticipen cualquier tipo de limitación en ese campo. Prácticamente la única información oficial disponible corresponde al proyecto Movele del Ministerio de Industria, que tiene como objetivo introducir el vehículo eléctrico, y prevé que para el año 2014 circulen ya unos 250.000 (por cierto, el estudio asociado al proyecto quizás sea en exceso optimista, pues compara consumos y emisiones de automóviles tradicionales, de diversas potencias, con uno eléctrico que tuviera solo unos 25 caballos). En todo caso, el incremento en el consumo eléctrico supondrá una mayor necesidad de agua de refrigeración, dado que se precisará un aporte extra de electricidad al sistema, y por tanto, las centrales que la producen necesitarán más agua para "refrescarse". Algunas estimaciones para EE UU cifran que para 2050, el 50% del total de coches circulando serán eléctricos, y otros estudios determinan que con el mix energético actual, esto es, si se tiene que usar agua para refrigeración de centrales termoeléctricas y nucleares en la misma proporción que se hace actualmente en aquel país, no se dispondría de suficiente cantidad de agua. Parece obvia la necesidad de contemplar estas variables en los estudios de prospectiva en España.

+Sigamos con los vehículos verdes. Asumimos como un gran avance energético el uso de hidrógeno como combustible. Lamentablemente, no hay hidrógeno libre en la naturaleza, pero sabemos producirlo usando el agua como materia prima (en lugar de petróleo o gas natural), una práctica medioambientalmente correcta para manejar energía. Además de como materia prima, los sistemas de producción de hidrógeno, denominados electrolizadores, necesitan mucha agua para refrigerarse. En la hipótesis de que todo nuestro parque automovilístico se transformara en vehículos a hidrógeno, el uso de agua se duplicaría. O sea, no dispondríamos de agua suficiente.

+Tampoco las energías alternativas se deberían librar de este tipo de análisis. Un ejemplo paradigmático sobre la obligación de calcular las necesidades de agua y cómo satisfacerlas, son los sistemas de generación solar termoeléctrica. Esta fuente de energía eléctrica tiene un prometedor futuro en España, con previsiones de alcanzar los 2.500 megavatios de potencia para 2013 (alrededor de un 2,5% de la potencia total instalada). La única tecnología totalmente desarrollada para producirla es la de "concentradores cilíndricos". Estos necesitan vapor de agua para mover las turbinas que generan la electricidad y agua para refrigerar todo el sistema. Pues bien, se necesitarían anualmente unos 29 hectómetros cúbicos de agua, equivalente al agua consumida por una ciudad de cerca de 300.000 habitantes, para hacer funcionar las instalaciones necesarias. Además, las plantas generadoras deben estar en lugares muy soleados y, por ello, casi siempre, en lugares con escasez de agua.

En resumen, la planificación energética no puede ir separada de la del agua: se debe optimizar el uso de agua para producir energía y viceversa. Si se dispusiera de una fuente ilimitada de energía, también el agua dejaría de ser un recurso escaso y al revés. A veces, la implicación del agua en la generación de energía se lleva al extremo de desviar la producción agraria a la obtención de biocombustibles. Estas prácticas pueden ser puntualmente útiles, pero nunca resolverán problemas a escala global. Algunos datos pueden ser ilustrativos, así, la energía ingerida por un ser humano como alimento supone de media alrededor del 7% del total de energía consumida por esa persona. Si no somos capaces de evitar las hambrunas, si no somos capaces de conseguir que la tierra y el agua aseguren ese 7% de la energía imprescindible para la vida, mucho menos podremos pensar que puedan contribuir de manera apreciable a evitar problemas de escasez energética.

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Autor: Eloy García Calvo

Fuente: El País (http://www.elpais.com)

Enviado por José Carlos Cuerda

6/10/10

Principios Económicos

El desarrollo de unos nuevos principios y formas de actuación y organización políticos deben encontrarse basados, inevitablemente -si aspiramos seriamente a su efectiva realización- en una nueva definición de las relaciones humanas e, incluso, de la concepción misma del ser humano tal y como se encuentra hoy entendida de forma prácticamente generalizada. En este sentido, hoy poseemos un nuevo reto: la creación de un nuevo Nosotros más universal que aquél basado no sólo en la solidaridad a través del trabajo manual, sino en el principio de que la afirmación de cada uno de nosotros en su singularidad implica, necesariamente, la de los otros, y no es, al contrario, un límite. Es decir, que frente a la libertad confinada burguesa, según la cual mi libertad acaba donde empieza la de los otros -y que implica inevitablemente la falta de entendimiento- resulta necesario plantear que la libertad, o es solidaria -en el sentido de que depende de la libertad de los otros, y viceversa-, o no lo es.

En definitiva, no estamos sino planteando una revisión de categorías que dominan nuestro pensamiento -y por tanto nuestra forma de concebirnos y, a su vez, consecuentemente, de relacionarnos y actuar- y que pertenecen a la ideología dominante (que, recuérdese, es la de la clase dominante), como esta concepción individualista de la libertad. Una idea de la libertad, además, que no sólo nos convierte en individuos aislados empeñados en la realización de proyectos particulares -y que da lugar al “hombre entrópico” (o dominado por la entropía), como lo denominamos-, sino que se ha convertido en uno de los instrumentos más poderosos de culpabilización humana. Es decir, en lugar de contemplarnos como seres en proceso de conquista de su libertad -y una comprensión de nuestro carácter intrínsecamente solidario puede contribuir a su ampliación-, nos concebimos como seres -especialmente a los “otros”- que eligen de forma abstracta entre el “bien” y el “mal”. Esto nos da un falso poder para juzgar y condenar permanentemente, en lugar de poner nuestro énfasis en comprender todo lo que nos falta para lograr ser verdaderamente nosotros mismos. Y sólo una concepción de la libertad basada no en la elección puntual, sino en el pleno desarrollo de todas nuestras potencialidades humanas -o ser verdaderamente lo que somos, lo cual nos hace ya singulares- (y sin lo cual no somos libres), puede hacernos avanzar, precisamente, hacia su consecución.

Es por todo lo anterior que nos hemos atrevido a plantear, en función de esta nueva concepción de la libertad -entendida como la plena y justa realización de lo que se es-, unos nuevos principios de relación humana, que puedan guiar de alguna manera nuestra actuación. Para ello nos hemos basado en el concepto de singularidad, entendiendo que el desarrollo de nuestros más elevados potenciales -especialmente nuestra capacidad creadora a todos los niveles- nos hace singulares, y por tanto libres, siempre que ese desarrollo, como hemos dicho, se base asimismo en el desarrollo de la singularidad de los otros, imprescindible para el nuestro propio. Así, pues, hemos considerado también que una sociedad sólo puede entenderse como libre si se vuelca en potenciar la singularidad de sus miembros -empezando por el desarrollo de la vocación-, muy al contrario de lo que sucede en nuestras sociedades, donde los fenómenos de “masas” -o de vulgarización a gran escala- están tan extendidos y potenciados, al tiempo que se fomenta el protagonismo excesivo de personajes en buena medida artificiales.

Estos principios de los que hablábamos (que consideramos imperativos categóricos universales) son los siguientes:

1. Ser uno mismo en relación a un Nosotros en el que la afirmación de cada singularidad implique la afirmación de todas las demás.

2. Lo anterior implica que cada uno de nosotros se definiría, al mismo tiempo, como «único» y como «otro más». Es decir, nuestra singularidad nos convierte en un referente o ley para los otros (únicos), al tiempo que obedecemos a la singularidad de los otros (y en ello nos convertimos en “otros más”). Pero en las singularidades, desde el momento en que significan plenitud personal, no se compite, sino que se comparte.

3. Ser uno para ser diferentes. Las diferencias separadas no llegan a la unidad de lo Uno; es lo Uno lo que se hace diferencia. En la unidad, lo singular no es algo separado del resto, sino afirmativo del otro (amor) y de uno mismo (dignidad, autoestima, transparencia).

Uno de los medios y, a su vez, expresiones esenciales del proceso de singularización humana, es el trabajo libre, vocacional o creativo. También lo llamamos trabajo esencial o auto-referenciado, porque en él se toma como componente esencial del trabajo al trabajador mismo, y no sólo el producto o el medio de su trabajo. El trabajo auto-referencial se dirige tanto hacia el sujeto como al objeto, aunque teniendo en cuenta que el sujeto es lo esencial y siendo su labor perfeccionar tanto uno como otro. Por el contrario, el trabajo que no potencia la singularidad del que lo ejerce es el denominado “hetero-referencial”, en el sentido de que la referencia de ese trabajo es externa a lo esencial del propio sujeto. Es el trabajo dirigido fundamentalmente a satisfacer las necesidades del cuerpo, así como otras referencias externas a lo esencial de la propia conciencia humana (dinero, prestigio, etc.), tendiendo, por ello, a vampirizarlo o agostarlo, en lugar de potenciarlo. Se trata del trabajo que la terminología marxista daba en llamar trabajo alienado, que no es otro, en definitiva, que el que limita al ser humano porque no pone en juego la propia singularidad. Y en cuanto esto ocurre no se trata, en consecuencia, de un trabajo libre.

Es por ello un hecho muy triste que se hable de “economía libre de mercado”, una economía donde las cosas se diferencian precisamente por lo más indiferenciado, que es el dinero, y no por la singularidad humana, que es lo que auténticamente se diferencia. La libertad, pues, debe situarse en su justo lugar: no allí donde se realiza el intercambio, sino donde se produce el trabajo, sabiendo muy bien porqué se trabaja y para qué. Y todo esto fuerza a reivindicar una SOCIEDAD DE TRABAJO LIBRE, que es la que responde a la singularidad humana y protege y afianza todas las formas y grados de la vida.

Se hace, por tanto, urgente, definir un nuevo patrón de medida del trabajo humano que mida su verdadero desgaste y necesidades de restitución, pues a partir de él se podrán medir las retribuciones directas e indirectas que deberán aportarse por la sociedad a sus miembros. En otras palabras: la medida del valor ya no puede estar basada en la mera reproducción de la fuerza física de trabajo, y tampoco puede seguir siendo variable, dependiendo del mercado o de la clase social. Debe ser universal -esto es, ser igual para todos- y, además, procurar que la fuerza de trabajo se restituya a todos los niveles (físico o biológico, psicológico, cultural y -para los creyentes-, también espiritual). De esta forma, sería necesario crear una línea de investigación acerca de las necesidades surgidas de las diferentes actividades humanas, de forma que se vayan creando criterios generales, pero que puedan ir variando con el tiempo, en función de la propia evolución humana y de los medios de trabajo.

En función de un nuevo patrón de restitución del desgaste del trabajo -basado, pues, en lo que venga a considerarse una vida digna a todos los niveles, desde los más básicos a los más elevados-, éste, proponemos, puede venir a restituirse de dos maneras:

+Unos ingresos salariales -o sus equivalentes- directos, que abarquen un abanico de diferencias lo mínimas posibles.

+Unos recursos sociales que deberán volcarse especialmente hacia aquellos que sufren -por las razones que sean- más desgaste.

De esta forma, a diferencia del elemental comunismo primitivo y del que llamamos comunismo de clase (o aquel que se establece en función de una clase particular que se toma como universal y que aspira al máximo desarrollo de las fuerzas productivas de ese momento), aspiramos a un nuevo comunismo: el comunismo de los seres humanos libres, que establezca un tope al patrimonio privado, un abanico salarial o de ingresos mínimo, y recursos sociales indirectos para el desarrollo del ser humano en cualquier plano.

En función de todo lo anterior, deben redefinirse también los conceptos mismos de Estado y democracia. Entendemos la sociedad de clase -y, consiguientemente, sus Estados- como el sistema dirigido a defender los intereses fundamentales de un grupo humano -el grupo dominante-, incluidas sus necesidades de identificación y distinción, y, sólo subsidiariamente, los de otras clases o grupos sociales. En el capitalismo, es precisamente ese principio básico el que viene regulado por el mercado. Sin embargo, sin principios ni fines comunes aparece inevitablemente la entropía entre los seres humanos. Es, por ello, tan importante que conozcamos qué es lo que, socialmente, se tiene derecho a tomar -en nuestro criterio, sólo aquello que se desgasta-, para conocer también lo que se ha de dar. Es en esto en lo que ya entra precisamente la función del Estado. Así, creemos que se debe entender el Estado como la forma de organización de poder de todos para afirmar y garantizar el poder de cada uno. Algo que, desde luego, no ocurre con el Estado capitalista, en el que el poder se concentra para garantizar el del grupo dominante, y en el que tampoco se garantiza el auténtico poder de cada uno -entendido éste como el máximo desarrollo de sus posibilidades humanas, con todo lo que ello conlleva. Y, en ese mismo sentido, la democracia debe entenderse como el poder de “nosotros mismos”, es decir, como afirmación de la singularidad solidaria: como grupo colectivo en ese Estado y como singularidad individual, pero siempre en ambos sentidos y nunca en detrimento de cualquiera de ellos.

Algunas ideas sobre economía

1. Toda producción de bienes materiales, así como las formas de distribución y cambio inherentes a la misma, sólo son relativas a la afirmación de la singularidad humana, considerada tanto al nivel del individuo como al nivel del Nosotros (imperativo categórico 1).

2. Para que una ciencia sea ciencia ha de poseer un patrón de medida que tenga un valor universal y cuya alteración sea controlable.

3. El patrón de todo valor de uso es el cuerpo humano.

4. El único patrón de medida que reúne tales exigencias es el valor de la fuerza de trabajo en su estado óptimo, conforme a las posibilidades de un determinado tiempo, y medida en tiempo necesario de trabajo social.

Corolario: Como el patrón de medida no puede ser comparado, no puede tampoco ser intercambiado. Luego no debe haber mercado de trabajo.

El valor del patrón de medida en las teorías económicas relativas al sistema económico capitalista lo fija el mercado. Al estar sujeto a su movimiento cíclico, dicha ciencia se encuentra al nivel del modelo geocéntrico de Tolomeo. Es la fuerza de trabajo la que gira en torno a los precios, y no los precios en torno a la fuerza de trabajo, cuyo valor ha de ser universal y cuyos cambios han de ser controlados y estar en función del grado de desarrollo del trabajo libre.

5. Se considera constitutivo de la fuerza de trabajo todo lo relativo al cuerpo que puede experimentar desgaste en el proceso de trabajo.

6. Todo lo que se desgasta ha de ser restituido conforme a sus condiciones óptimas iniciales.

7. Las ideas no se desgastan; pueden ser válidas y, en determinadas condiciones, dejan de serlo. Son patrones cualitativos, en relación a los cuales se realizan procesos económicos.

Corolario: Como las ideas no se desgastan, es imposible “restituirlas”. Luego las ideas tienen un valor incalculable. Ni se compran ni se venden.

8. La afirmación de lo singular ha de permitir la restitución de lo que se gasta, como asimismo la restitución de lo que se gasta no puede limitar la afirmación de lo singular.

9. Trabajo libre es aquél que no puede ser realizado por una máquina, puesto que es inherente a la singularidad del que lo realiza, y, por lo tanto, el producto resultante lleva impreso el sello de la originalidad.

10. Toda realización auténticamente singular es un patrón de medida en relación a otras producciones, y, en tanto que tal, no puede compararse; luego no tiene precio. Es propiedad universal.

11. Un ser vivo no es una máquina, y el ser humano menos que ningún otro.

12. La repetición en serie de un trabajo originalmente libre lo ha de hacer una máquina.

13. El dinero es el reconocimiento social de los límites del poder de realización sin las realizaciones de los otros.

Corolario 1: El dinero es la expresión de la necesaria solidaridad allí donde todo poder de realización es limitado, como sucede en las sociedades altamente complejas y basadas, por lo tanto, en una elevada división social del trabajo.

Corolario 2:

+La administración de la disponibilidad del dinero equivale a la administración de la solidaridad social.

+Las entidades financieras privadas propias del capitalismo administran la solidaridad social en beneficio propio.

14. Quien más dinero necesita para la restitución y mantenimiento de la fuerza de trabajo -trabaje o no- es quien menos poder verdadero tiene (poder corporal, psicológico o espiritual).

15. Hay dos tipos de elección económica: la elección libre y la elección relativa o dependiente. La primera es inherente a la singularidad de quien elige, y, por lo tanto, mantiene o potencia su poder de realización, mientras que la segunda sólo es relativa a las realizaciones de los otros.

16. Toda elección (económica) relativa o dependiente que se subordine en primer lugar a una elección libre es una elección racional. En caso de no ser así, la denominamos elección edípica.

17. El capitalismo es un sistema económico-social que potencia la elección edípica sobre la racional.

Corolario: El capitalismo es un sistema económico irracional porque subordina la libre elección a la elección edípica, sustituyendo la justa solidaridad por una dependencia servil, y la justa afirmación de la singularidad por un individualismo egoísta y gregario.

18. Llamamos Orden de justa solidaridad aquél en el que la afirmación del poder de los que pueden (mayor inteligencia, energía espiritual, amor, etc.) implica el desarrollo o potenciación del poder de los que no pueden.

19. El orden de la justa solidaridad es el necesario para el establecimiento del Orden de la libertad, que es el inherente a la afirmación de la singularidad de sus partes, por cuanto la afirmación de la singularidad de cada una implica la afirmación de la singularidad de las demás.

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Autor: Francisco Almansa

Fuente: Grupo de Estudios Alétheia (Córdoba, España)

5/10/10

Información para otro mundo mejor posible

A reflexionar sobre la actual crisis socioeconómica y las alternativas ante la misma se dedicaron la semana pasada tres entrada de este Blog: Otra visión de la crisis, Minimalismo anticrisis y Proyecto Venus, de fecha 29 y 30 de septiembre y 1 de octubre, respectivamente. En la misma línea, se trae ahora un artículo de Guillermo Naya Plasencia centrado en el papel de los medios de comunicación.

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A pesar de la instrumentalización política y empresarial de los medios de comunicación, el periodismo no deja de tener enormes posibilidades para transformar el mundo. Internet ayudará a la ciudadanía en ese cambio.

Durante los dos minutos que dura el resumen de un partido de fútbol en una televisión cualquiera, veinte niños pierden la vida a causa del hambre. Para los medios de comunicación el tiempo es oro, pero su capacidad de influencia sobre la vida resulta todavía más valiosa. Como formadores de opinión, y en consecuencia motor de cambio en la sociedad, los medios tienen un alto grado de responsabilidad ante la permanencia de las tremendas desigualdades del sistema.

Somalia sólo aparece en las portadas de prensa, en las cabeceras de los telediarios y en los boletines radiofónicos cada vez que pescadores extranjeros, esos que llevan décadas esquilmando sus mares y aprovechándose de la debilidad del país, son secuestrados por un grupo de “piratas”. Los atentados suicidas en Afganistán sólo generan debate cuando se llevan por delante alguna víctima occidental. No es noticia la opinión del pueblo afgano, ni tampoco el hecho de que antes de ser invadidos por Estados Unidos en 2001 no se hubiera registrado acto suicida alguno en la región.

La crisis económica, la corrupción política y el desempleo centran nuestras preocupaciones. Tal y como afirmaba Ryszard Kapuscinski, “la tremenda centralización de la noticia redujo mucho nuestro conocimiento de este complicado mundo en el que vivimos. A pesar de su enorme diversidad, de la enorme cantidad de problemas y dramas que contiene, nuestro espectro se reduce. Tanto se empobreció nuestra manera de entender el mundo, que no sólo sabemos apenas una o dos cosas, sino que las sabemos mal”.

Con la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, hace ya más de seis décadas, quedaba establecido que “cada persona tiene el deber de alzar su voz, no sólo para reclamar sus propios derechos, sino también los de sus semejantes”. La radio, la prensa, la televisión y los medios de Internet deben tomar conciencia de la responsabilidad que conlleva su capacidad de llegar a tantos millones de personas en todo el mundo.

La defensa de los Derechos Humanos es una de las tareas primordiales del periodismo y los profesionales del sector no podrán ejercer su labor si sus propios derechos humanos son vulnerados. Es por esto que la independencia de los periodistas es vital para la sociedad. El periodismo es un servicio público a los ciudadanos que no puede permitirse someterse a intereses políticos o económicos particulares. La información no es una simple mercancía o un negocio, es un bien público y un derecho.

Sin embargo, por medio de la criba de contenidos, los medios focalizan la mirada de la opinión pública de forma que el proceso se convierte en un mecanismo de simplificación, una reducción de la atención social a unos cuantos temas comunes. Además, la presentación de la información ha sido pensada y tratada minuciosamente para complacer a un target –público- concreto. De este modo, se definen los marcos en los que se disputan los debates y se construye una realidad común percibida por cada grupo de individuos. Una realidad deformada y muy incompleta.

No debemos conformarnos con estos “paquetes de información” que nos ofrecen en bandeja. Internet se alza como una inmensa base de datos donde la otra realidad, así como nuestra opinión e iniciativas, sí tienen cabida. Algunos medios especializados como periodismohumano.com o librered.net apuestan por la calidad humana en el tratamiento de sus contenidos. Muchas ONG’s cuentan equipo de comunicación y se han convertido en fuente de importancia para los medios. A su vez, algunos servicios periodísticos se han propuesto el objetivo de informar y sensibilizar, sin ánimo de lucro, acerca de temas relacionados con solidaridad, justicia social, infancia o derechos humanos.

Las redes sociales multiplican cada vez más las posibilidades de las autopistas de la información que Internet supone. Convertirnos en “vagabundos celestes de Internet” nos permite compartir información y participar a partir de una priorización y jerarquización de la información que absorbemos. El receptor autómata debe dar paso a un agente social con capacidad de movilización y de gestión de la información.

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Fuente: Revista Fusión

(http://www.revistafusion.com)


1/10/10

Proyecto Venus

Jaque Fresco y Roxanne Meadows son los impulsores del Proyecto Venus. Abogan desde él por una sociedad tecnológica basada en los abundancia y libertad de los recursos y en la que no tendría cabida el dinero. En un mundo en el que se hiciese un buen uso de la tecnología estarían cubiertas las necesidades de toda la gente y nadie estaría obligado a realizar un trabajo repetitivo y poco satisfactorio sólo por la necesidad de conseguir un sueldo.

Al no ser necesario el dinero, ya que no hace falta en la sociedad que el Proyecto Venus propone, en la que lo prioritario es el bienestar de las personas y no la rentabilidad económica, las personas trabajarían en aquello que les apasiona, desarrollando todo su potencial, recordando que Gandhi no necesitó dinero para transformar la India.

Esta nueva sociedad sería posible para todos los países, ya que sería global y al estar cubiertas las necesidades no existirían inseguridad, policía, ejército, drogas o prostitución. Proponen crear ciudades marinas como forma de restaurar el equilibrio de los mares, que ahora resultan ser el vertedero del planeta.

¿Cómo podemos apoyar El Proyecto Venus?. Conociéndolo y difundiéndolo.

http://www.thevenusproject.com/introduction-es?Itemid=211

En su página web hay abundante información en diferentes idiomas: textos, vídeos, pdf descargables, banners… Cada uno de nosotros podemos difundir el proyecto desde nuestro ámbito de actuación: el escritor puede escribir sobre él, el músico componer canciones, hablar de ello a amigos y familiares,…

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