Agenda completa de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2024-2025

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2/3/20

Breve historia de la Creación (Visión sistémica del mundo: 7)


¿Por qué te tomaste la molestia de existir?

Curiosa pregunta la que se hace Stephen Hawking en su libro “Historia del Tiempo”, recordando la que a su vez se hizo Leibniz “¿por qué hay algo cuando podría no haber nada?”. Esta es una inquietante pregunta que se ha hecho es ser humano desde siempre, ¿quién se hace responsable de “todo lo que existe”? Y si todo fuese bueno, pero ¿por qué Dios consiente el mal? Y cosas así. Hasta Ciro Espitama, sobrino de Zaratustra (Zoroastro) se cuestionó la Creación, lo que le llevó a realizar un increíble viaje por Asia, encontrándose nada menos que con Buda, Lao Tse, Confucio y Sócrates, al menos eso refleja Gore Vidal en su novela “Creación”.

Un ser racional, echando mano de las probabilidades, llegaría a la conclusión de que sólo en un tiempo casi infinito, se llegaría a hacer real que cien dados echados al azar cayeran todos con el seis de cara. Y Dios, justamente dispone de la eternidad para realizar sus obras.

Así que no pensemos en el porqué de la Creación, sino en el para qué. Y tampoco tenemos respuestas convincentes para esta pregunta. Así que, admitámoslo, la Creación es un hecho simplemente porque sí. Pero de cómo se ha producido, podemos deducir sólo un poquito del para qué y, siempre, admitiendo múltiples interpretaciones, según nuestro particular “modelo” del mundo, del Universo. Así que de entre todos, vayamos a intentar sacar una visión sistémica del Universo; tarea bastante puñetera, porque nuestro nivel de conocimiento no es que esté como para tirar cohetes y, porque acaso haga más falta tirar de la Sabiduría para alcanzar esa comprensión holística tan deseable. Algo así como formular una Teoría de la totalidad.

Y hagamos el esfuerzo de dejarnos atrapar por la Sabiduría que nos persigue, aunque nosotros, que somos más rápidos, tratamos de escabullirnos y refugiarnos en el conocimiento.

Para ello, no hemos dejarnos atrapar por los detalles de la Física, sino por la contemplación de lo que ella nos muestra.

Así que, previamente, dejémonos atrapar por los acordes “Do-Sol-Do” de impresionante poema sinfónico de Richard Strauss, “Así habló Zaratustra”, que os dejé en la anterior entrega para que lo escucharais.

Os propongo (te propongo) que te cierres los ojos y te sitúes en una noche oscura, quedando ya tu alma sosegada, sintiendo la hermosura, con la mente callada, de la infinita bóveda estrellada; bañándote en la luz de las estrellas, con todo tu ser abierto al infinito; si percibes un estremecimiento... ante la inmensidad total que te rodea, al tomar consciencia de lo poco que tu ser y tu esencia constituyen, ante el gran Universo que te cubre, y un escalofrío recorre tu piel, y las lágrimas brotan de tus ojos extasiados al contemplar tanta belleza, lo creas o no, estás sintiendo en ese momento, en ese instante eterno, el abrazo de Dios, de Aquella esencia origen de todo lo creado, origen de ti mismo y misma. Y con el vello erizado como escarpias, comienza a interiorizar lo que sigue…


El concepto “sistema” es una noción general que aporta una forma coherente de entender la realidad que acontece a nuestro alrededor. Bertalanffy concibió la Teoría de Sistemas como una teoría de la generalidad. Y nada mejor, para entender esta noción, que repasar brevemente nuestra propia historia como hijos de la Creación.

Sin entrar en demasiadas profundidades sobre la evolución del Universo, y al margen de teorías diversas sobre los orígenes y la evolución de la materia, parece claro que desde el Big Bang hasta la actualidad, transcurridos ya unos quince mil millones de años desde la gran explosión, la evolución del Universo es siempre hacia una progresiva organización de la materia; que de las partículas elementales surgidas en el la Gran Explosión, se ha producido siempre un proceso de combinación de lo simple para surgir elementos más complejos.

De los quarks, gluones y demás partículas elementales, pasamos a los núcleos de Hidrógeno y Helio; de estos, a los átomos tras la captura de los electrones libres; de estos átomos por mor de los procesos de fusión nuclear dentro de las estrellas a átomos cada vez más pesados, que a su vez se combinan en planetésimos para formar moléculas con base de silicio y engendrar planetas.  Y en determinados planetas, donde se dan condiciones adecuadas de temperatura y disponibilidad de agua líquida, surge la vida.

Según la clasificación multinivel que vimos en la entrega anterior, cada uno de los escalones mencionados, núcleos atómicos, átomos, moléculas y células, constituyen un escalón en la evolución de los sistemas. En la evolución de los sistemas físicos, siempre han intervenido dos factores que han impulsado el salto de un escalón al siguiente, la temperatura y las fuerzas físicas (nuclear fuerte, débil, electromagnética y la gravedad).

La temperatura actúa en el sentido de que cuanto más elevada es, mayor desorganización se produce, y al revés, un progresivo enfriamiento, favorece la creación y organización de estructuras. Así, en el Big Bang, con una temperatura cercana a los 100.000 millones de grados Kelvin, nada material podía estar organizado. El progresivo enfriamiento surgido en los tres primeros minutos del Universo, (interesantísimo y sorprendente libro del Nobel de Física Steven Weinberg), permitió que las fuerzas naturales pudieran actuar. Transcurrido un segundo, pudo comenzar a actuar la fuerza nuclear fuerte, a 7.000 millones de grados, que induce la fusión de los quarks para formar nucleones (protones y neutrinos). Catorce segundos más tarde, la temperatura desciende a 3.000 millones de grados, suficiente como para permitir que la fuerza nuclear fuerte termine su trabajo y logre formar conjuntos de dos protones y dos neutrones (núcleos de Helio). Y así tenemos un Universo constituido por un 75% de núcleos de Hidrógeno y un 25% de núcleos de  Helio, pero aún la temperatura es demasiado caliente para que estos núcleos sean estables. Pasados tres minutos la temperatura ha descendido a 1.000 millones de grados (sólo diez veces más que el núcleo del sol). El Universo es lo bastante frío como para que estos núcleos comiencen a estabilizarse. Media hora más tarde, la temperatura es ya de tan sólo 300 millones de grados y los procesos nucleares han cesado. Y nada más ocurrirá de interés hasta dentro de unos 700.000 años, momento en que la temperatura habrá caído por debajo de los 3000 ºK, situación en la que ya puede actuar la fuerza electromagnética, para combinar los núcleos de Hidrógeno y Helio con los electrones libres, y así generar los átomos. Al desaparecer los electrones libres, el Universo se volverá transparente.  Unos cuantos millones de años más, y la materia constituida en átomos distribuidos de forma “casi” homogénea, comienza a acentuar esa heterogeneidad por acción de la cuarta fuerza, la gravedad. Comienzan a formarse grumos, y de esos grupos surgirán las actuales galaxias. En el interior de esas galaxias, la gravedad seguirá ejerciendo su fuerza, acentuando cada vez más la formación de grumos, cada vez más compactos, y por consiguiente más calientes, hasta que en el interior de esos grumos se alcance la temperatura suficiente para que se produzca de nuevo las condiciones que remedan el Big Bang, permitiendo la fusión nuclear, a partir de unos 10 millones de grados. Y surgen las estrellas. Cien millones de años después del Big Bang, el Universo tiene ya un aspecto similar al actual.

Del horno nuclear surgen los primeros átomos complejos, el Carbono, esencial para la vida, el Oxígeno, y con las supernovas, en cuyas explosiones la temperatura puede elevarse hasta tres o cuatro mil millones de grados, surgen los elementos pesados, como el Hierro. De las cenizas de las supernovas el Universo se llena en determinadas regiones de gran cantidad de átomos pesados y ligeros. Una sopa de la que pasados unos cuantos millones de años surgirán por agregación los sistemas planetarios. Todo se produce mediante la agregación y combinación de tres átomos básicamente, el Silicio, el Oxígeno y el Hierro. Surgen así las moléculas formando granos minúsculos de dimensiones inferiores a una micra. De esta forma, entra en escena la Química, con la combinación de átomos y la formación de moléculas cada vez más complejas, que formarán los planetas y sobre estos, si las condiciones son propicias, como en la Tierra, puede surgir la vida.

Hasta aquí, hemos visto en este rapidísimo repaso a la evolución del Universo inerte (aún sin vida), cómo la materia siempre ha seguido un mismo camino, el de la complejidad; de elementos o componentes simples, con su combinación, con su inter-relación, han surgido “sistemas” con propiedades emergentes que han podido dar un paso más hacia delante en búsqueda de una mayor eficiencia, de nuevas posibilidades. Lo cierto es que, durante los quince mil millones de años de historia del Universo, la actuación de las fuerzas y la temperatura con la materia, han dado lugar a lo que vemos. ¿Ha habido intencionalidad? No, dejando al margen las creencias religiosas. Como diría Hubert Reeves, con sumo cuidado, “si la Naturaleza hubiese pretendido engendrar seres vivos, habría tenido que hacer exactamente lo que ha hecho”. A esta supuesta “intencionalidad”, algunos autores le han dado el nombre de “principio antrópico”. Pero esto entra más en el terreno de la especulación.

Lo cierto es que en la evolución de la materia, el concepto sistema como conjunto de elementos relacionados entre sí, subyace desde el primer milisegundo. Cada nueva asociación da lugar a elementos con nuevas posibilidades. Cada escalón superado abre un nuevo horizonte hasta llegar en un planeta pequeño, aún caliente, pero con unas condiciones de presión y temperatura necesarias y suficientes para que el agua permanezca líquida, a la aparición de la vida. Siguiente salto espectacular en la evolución de los sistemas, dando paso a los sistemas vivos.
Si alguno de vosotros habéis oído hablar de Fred Hoyle, sabrá que este genial y heterodoxo astrónomo era contrario a la teoría del Big Bang y el Universo en expansión, cosa que sí ha sido confirmada. Él sostenía la teoría del Universo estacionario, de la nucleosíntesis y de la panspermia u origen único y extraterrestre de la vida, como forma de generación de la materia y dispersión de la vida por el Universo. De hecho, fue él quien acuñó el término “Big Bang”, como término peyorativo, sin saber que, por justamente este término, se conocería mundialmente la teoría del Universo en expansión.

Pero curiosamente sí que puso sobre la mesa algo así como la existencia de una Inteligencia cósmica, responsable de cómo han sucedido los acontecimientos. Yo diría que el principio antrópico referido, permite intuir algo de esto. Pero esto se sitúa en el borde de lo trascendente, que abordaremos en la próxima entrega.

Lo que es importante aquí es que si algún vector direccional podemos observar en el Universo es hacia la creación de estructuras cada vez más complejas y, visto cómo es en la actualidad, si tomáramos los astros como las unidades elementales del Universos, estos están constituidos principalmente por estrellas. Muchas de ellas tienen a su alrededor un sistema de planetas que las orbitan. Estos sistemas, en cantidades de cientos de miles de millones conforman galaxias, de dimensiones próximas a los cien mil años luz de diámetro y, básicamente constituidas por brazos orbitando sobre sus núcleos, en principio un supermasivo agujero negro, Las galaxias suelen formar agrupaciones de varias decenas o centenas, denominadas grupos locales (la nuestra, la Vía Láctea, está integrada en un grupo local, al parecer centrado en Andrómeda, a dos millones de años luz). Para finalmente agregarse en grupos cada vez más descomunales y llegar al conjunto del Universo conocido, constituido por un número de galaxias, que podrían alcanzar cifras desorbitantes, 7000, 70.000 millones de galaxias. Pongan una cifra, la que quieran y probablemente, nos quedemos cortos.

Aprovecho aquí para aproximaros a los límites del infinito numérico, denominado como “gúgol”, es el nombre que le dio un niño de nueve años a su padre, matemático, a la pregunta de cuál sería el número más grande. Y le puso gúgol por nombre, incluso vio la posibilidad de que hubiera un número aún mayor, el gúgolplex.

Si se consulta Wikipedia, sorprende y refiere de cómo el nombre de la corporación “Google” proviene de gúgol, dado que la potencia de su buscador, es casi capaz de encontrar un gúgol de resultados, lo que no es nada descabellado.

Al reflexionar sobre el Universo, hemos de tener la mente (y el espíritu) abiertos a lo inimaginable y a lo descomunal. También a comprender que las leyes de la Física se desvanecen al aproximarnos al Horizonte de sucesos de los agujeros negros o, a simplemente intuir que exista materia oscura, de la que sólo sabemos que pudiera existir por sus efectos gravitatorios sobre la materia que captan los telescopios. O incluso la energía oscura.

Misterios que oculta el casi infinitamente basto oceánico Universo del que sólo estamos en una remota playa de conocimiento. Y algo de Sabiduría, si consentimos que nos inunde.

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Autor: José Alfonso Delgado (Doctor en Medicina especializado en Gestión Sanitaria y
en Teoría de Sistemas) (joseadelgado54@gmail.com)
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La publicación de las diferentes entregas de Visión sistémica del mundo se realiza en
este blog, en el contexto del Proyecto Consciencia y Sociedad Distópica, todos los lunes
desde el 20 de enero de 2020.
Se puede tener información detallada sobre los objetivos y contenidos de tal Proyecto
por medio de su web: http://sociedaddistopica.com/
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