Agenda completa de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2024-2025

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15/1/17

Sobre el origen de cuanto es: “nada” y “algo” (Recordando lo que Es: 77)


         Cuando se trata de indagar acerca del origen de cuanto es –la Creación, el Cosmos, la vida…-, ha sido frecuente en la historia de la Humanidad -particularmente en la filosofía occidental de los últimos siglos- que aparezca inmediatamente el interrogante que estremeció a Leibniz, Unamuno o Heidegger: ¿existe realmente “algo” de lo que todo procede?, ¿y si no hubiera “nada”? Se abre así una disyuntiva que, como el sistema que se utiliza en las computadoras, es de base binaria (0/1):
+hubo un estadio o periodo previo en el que “nada” había ni existía (opción 0), deviniendo el Universo de algún tipo de "singularidad" ligada a su muy alta densidad inicial; o
+desde siempre y por siempre ha existido “algo” (opción 1), con el nombre que se le quiera dar (Dios o lo que sea), a partir de lo cual todo se crea, plasma y manifiesta.
Lo que desemboca en una pregunta crucial: ¿cuál de ambas opciones (0/1) es la cierta, ya que una, forzosamente, tiene que serlo y las dos a la vez no lo pueden ser?... Y en torno a esta cuestión y sus posibles respuestas andan los creyentes y los no creyentes a la greña… Sin embargo, tal pregunta, así planteada, es falsa a la luz de las aportaciones de la ciencia contemporánea, que ofrece una visión de la realidad en la que las dos opciones (0/1) son ciertas y no hay que elegir u optar entre ellas, pues forman parte de una misma realidad. Expresado de otro modo: “nada” (0) y “algo” (1) no son distintos, sino que forman parte de una idéntica realidad que se sostiene en el “vacío”. Sí, ¡en el vacío!... El Diccionario de la Academia Española de la Lengua define el “vacío” como “falto de contenido físico o mental”. Y, en términos científicos, es la nada o la ausencia de todo: de elementos materiales, líquidos, gaseosos o de cualquier otra especie y en cualquiera de sus modalidades, incluso las más infinitesimales. Pero lo más trascendente del vacío no es su conceptualización teórica, sino que la ciencia actual ha comprobado empíricamente su existencia:
+El vacío existe y, por tanto, siendo “nada” (0), pues es vacío, también es “algo” (1), porque existe.
+Y la existencia del vacío va ligada a un hecho crucial: ¡el vacío vibra! O -si se permite la licencia- ¡el vacío vive!: el vacío, siendo “nada”, es “algo”; y, además, “vibra” (vive)…
Para entenderlo mejor se puede acudir a un breve, intenso y ameno artículo, El Vacío y la Nada, escrito por Álvaro de Rújula –uno de los físicos teóricos más importantes a escala mundial y miembro del equipo del Centro Europeo de Investigaciones Nucleares (CERN)- y cuyo contenido está disponible en Internet. El texto arranca de forma tan sugerente como desconcertante: “Saquemos los muebles de la habitación, apaguemos las luces y vayámonos. Sellemos el recinto, enfriemos las paredes al cero absoluto y extraigamos hasta la última molécula de aire, de modo que dentro no quede nada. ¿Nada? No: estrictamente hablando, lo que hemos preparado es un volumen lleno de vacío. Y digo “lleno” con propiedad. Quizás el segundo más sorprendente descubrimiento de la física es que el vacío no es la nada, sino una sustancia. Aunque no como las otras”... Albert Einstein fue el primer científico en acercarse a esta percepción del vacío, al añadir a sus ecuaciones la llamada Constante Cosmológica. La interpretación moderna de la misma es que se trata de la “densidad de energía del vacío”. Y más recientemente, observaciones astrofísicas han mostrado que el Universo se halla en expansión acelerada; y que las galaxias, lejos de acercarse entre si atraídas por la fuerza de gravedad de cada una, se comportan como cohetes a los que algo empujara. Ciertamente, las galaxias están estabilizadas por su propia gravedad y tienen un tamaño fijo, pero el espacio (o el vacío) entre ellas se estira. ¿Quién o qué provoca tal estiramiento, impulsa a las galaxias e infla el Cosmos?: el vacío, la densidad de energía del vacío. Por lo mismo, el vacío no es “nada”, sino “algo”: una excepcional y sorprendente “sustancia activa” (en el lenguaje de los físicos se la ha calificado un “campo que permea el vacío”), capaz de ejercer una repulsión gravitacional, incluso sobre sí misma.

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Una nueva entrega de Recordando lo que Es se publica en este blog cada domingo.
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