14/2/16

Educa a tu hijo para que se descubra y reconozca tal como es y nunca se sienta culpable por serlo (Recordando lo que Es: 29)


Como padre o madre, entiende e interioriza que educar no consiste en lograr que tu hijo sea lo que tú quieres que sea, sino en facilitar que sea aquello que realmente es y para lo que ha encarnado en el plano humano. Por tanto, no intentes imponerle tu forma de ver las cosas y vivir la vida. Y mantente atento para colaborar con él tanto en el desarrollo de las experiencias que antes de encarnar decidió desplegar aquí como en el ejercicio de los dones y talentos innatos que, en consonancia con ello, eligió y trae consigo. Tienes ante ti la maravillosa oportunidad y el gran reto consciencial de cultivar la compresión, la capacidad de escucha y la empatía necesarias para que tu hijo se descubra y reconozca tal como es, nunca se sienta culpable por serlo y sepa y pueda plasmarlo efectivamente en su vida… Íntimamente unido a ello, recuerda que de poco valen los discursos y las peroratas que lances a tu hijo, que sólo conseguirán que desconecte de tus palabras y mensajes, y toma consciencia de que lo que verdaderamente cala en él es tu ejemplo vivo en el día a día con base en la coherencia, el respeto y el amor:
+Coherencia: Actúa como padre o madre conforme a lo que dicta no tu mente, ni los sistemas de creencias que la atiborran, sino tu Corazón. Y verás cómo tu ejemplo de vida, sin necesidad de que “rayes” a tu hijo ni le impongas nada, lo impregnan y orientan. Sin esa coherencia vital y práctica, la educación se convierte en un imposible.
+Respeto: Cada uno es cada uno y ha encarnado para vivir unas determinadas experiencias. También tu hijo. Respétalo profundamente y acepta que encaucen su vida por derroteros distintos a los tuyos y a tus deseos. Es más, apóyalo absoluta e ilimitadamente para que tengan el valor de hacer aquello que le indica su Corazón.
+Amor: ¡Ama a tu hijo exactamente como es! No lo ames porque sea o actúe como tú, tu ego, quiere: ámalo siempre y plenamente con independencia de cómo sea y de lo que haga o deje de hacer. Y exprésale con frecuencia ese amor incondicional, además de tu hondo agradecimiento por haberte elegido en el otro plano como padre o madre a la hora de encarnar y vivir en este.
Sobre estos tres pilares, por atención a los gustos y aficiones de tu hijo, busca intereses y espacios comunes, confía en él y colabora para que adquiera confianza en sí mismo, haz que se sienta valorado y reconocido y propicia su participación en la toma de las decisiones familiares.

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Una nueva entrega de Recordando lo que Es se publica en este blog cada domingo.
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