Agenda de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2026-2027

Agenda completa de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2026-2027

4/10/10

Si me defiendo, he sido atacado

1. ¿Quién se defendería a sí mismo a menos que creyese que ha sido atacado, que el ataque es real y que defendiéndose es como puede salvarse?. En esto radica la insensatez de las defensas, las cuales otorgan absoluta realidad a las ilusiones y luego intentan lidiar con ellas como si fuesen reales. Ello no hace sino añadir más ilusiones a las ilusiones y luego intentan lidiar con ellas como si fuesen reales. Ello no hace sino añadir más ilusiones, haciendo así que la corrección sea doblemente difícil. Y esto es lo que haces cuando tratas de planear el futuro, reactivar el pasado u organizar el presente de acuerdo con tus deseos.

2. Actúas basándote en la creencia de que tienes que protegerte de lo que está ocurriendo porque ello encierra una amenaza para ti. Sentirte amenazado es el reconocimiento de una debilidad inherente; es asimismo la creencia de que hay un peligro que tiene el poder de incitarte a que busques una defensa apropiada. El mundo está basado en esta creencia demente. Y todas sus estructuras, pensamientos y dudas, sus castigos y su pesado armamento, sus definiciones legales y sus códigos, su ética, sus líderes y sus dioses, no hacen sino perpetuar esta sensación de amenaza. Pues nadie andaría por el mundo cargando con una pesada armadura si no fuese porque el terror le encoge el corazón.

3. Las defensas son atemorizantes. Surgen del miedo, el cual se intensifica con cada defensa adicional. Crees que te ofrecen seguridad. Sin embargo, lo que hacen es proclamar que el miedo es real y que el terror está justificado. ¿No te parece extraño que al elaborar planes para reforzar tu armadura y afianzar tus cerrojos todavía más, jamás te detienes a pensar qué es lo que estás defendiendo, cómo lo estás defendiendo y contra qué?

4. Examinemos en primer lugar qué es lo que defiendes. Debe ser algo muy débil y vulnerable. Algo que es presa fácil, incapaz de protegerse a sí mismo y que, por lo tanto, necesita que tú lo defiendas. ¿Qué otra cosa sino el cuerpo adolece de tal fragilidad que para proteger su insignificante vida es necesario prestarle un constante cuidado y preocuparse en gran manera por su bienestar? ¿Qué otra cosa sino el cuerpo flaquea y es incapaz de ser el digno anfitrión del Hijo de Dios?

5. Sin embargo, no es el cuerpo el que puede temer o ser algo temible. Las únicas necesidades que tiene son las que tú mismo le impones. No necesita complicadas estructuras que lo defiendan, ni medicamentos para conservar la salud, ni cuidados, ni que te preocupes por él en absoluto. Si defiendes su vida, le haces regalos para embellecerlo o construyes murallas para su protección, estarás declarando que tu hogar está a merced del ladrón del tiempo, que es corruptible, que se está deteriorando y que es tan vulnerable que tienes que protegerlo con tu propia vida.

6. ¿No es este cuadro aterrador? ¿Cómo puedes estar en paz con semejante concepto de tu hogar?. Sin embargo, ¿quién fue lo que dotó al cuerpo con el derecho de servirte de esta manera sino tus propias creencias? Fue tu mente la que le asignó al cuerpo todas las funciones que percibes en él, y la que fijó su valor muy por encima del pequeño montón de polvo y agua que realmente es. ¿Quién defendería semejante cosa si reconociese que eso es lo que es?

7. El cuerpo no necesita ninguna defensa. No podemos hacer suficiente hincapié en esto. El cuerpo se mantendrá fuerte y saludable si la mente no abusa de él asignándole funciones que no puede cumplir, propósitos que están fuera de su alcance y elevadas metas que no puede alcanzar. Tales intentos ridículos, aunque celosamente atesorados, son la fuente de los múltiples y dementes ataques a que lo sometes. Pues el cuerpo parece frustrar tus esperanzas, tus valores y tus sueños, así como no satisfacer tus necesidades.

8. El "ser" que necesita protección no es real. El cuerpo, que de por sí no tiene valor ni es merecedor de la más mínima defensa, sólo requiere que se le perciba como algo completamente ajeno a ti, para convertirse en un instrumento saludable y útil a través del cual la mente puede operar hasta que deje de tener utilidad. Pues ¿quién querría conservarlo una vez que deja de ser útil?

9. Defiende el cuerpo y habrás atacado a tu mente. Pues habrás visto en ella las debilidades, las limitaciones, las faltas y los defectos de los cuales crees que el cuerpo debe ser liberado. De este modo, no podrás ver a la mente como algo separado de las condiciones corporales. Y descargarás sobre el cuerpo todo el dolor que procede de concebir a la mente como frágil, limitada y separada de las demás mentes y de su Fuente.

10. Éstos son los pensamientos que necesitan curación, y una vez que hayan sido corregidos y reemplazados por la verdad, el cuerpo gozará de perfecta salud. La verdad es la única defensa real del cuerpo. Sin embargo, ¿recurre a ella para defenderlo? El tipo de protección que le ofreces no le beneficia en absoluto, sino que le añade más angustia a tu mente. Y no sólo no te curas, sino que eliminas toda esperanza de curación, pues no puedes ver dónde se deben depositar las esperanzas si es que éstas han de ser esperanzas fundadas.

11. La mente que ha sanado no planifica. Simplemente lleva a cabo los planes que recibe al escuchar a una Sabiduría que no es la suya. Espera hasta que se le indica lo que tiene que hacer, y luego procede a hacerlo. No depende de sí misma para nada, aunque confía en su capacidad para llevar a cabo los planes que se le asignan. Descansa serena en la certeza de que ningún obstáculo puede impedir su avance hacia el logro de cualquier objetivo que sirva al gran plan que se diseñó para el bien de todos.

12. La mente que ha sanado se ha liberado de la creencia de que tiene que planear, si bien no puede saber cuál sería el mejor desenlace, los medios por los que éste se puede alcanzar, ni cómo reconocer el problema que el plan tiene como propósito solucionar. La mente no podrá sino hacer un mal uso del cuerpo al hacer sus planes mientras no reconozca que esto es así. Mas cuando acepte que esto es verdad, sanará y dejará a un lado al cuerpo.

13. Forzar al cuerpo a que se amolde a los planes que una mente no curada traza para salvarse a sí misma es lo que hace que el cuerpo enferme. En tal caso el cuerpo no es libre para ser un instrumento de ayuda en un plan que le ofrece mucha más protección de la que él podría prestarse a sí mismo, y que por un tiempo requiere de sus servicios. Cuando se utiliza con este propósito, la salud está asegurada. Pues todo aquello de lo que la mente se valga para tal fin funcionará perfectamente y con la fortaleza que se le ha otorgado, la cual no puede fallar.

14. Tal vez no sea fácil darse cuenta de que los planes que uno mismo inicia son tan sólo defensas, al ser su propósito el mismo para el que se concibieron todas las defensas. Estos planes constituyen los medios a través de los cuales una mente atemorizada intenta hacerse cargo de su propia protección a costa de la verdad. Esto se puede reconocer fácilmente en algunas de las formas que adopta este auto-engaño, en las que la negación de la realidad es muy evidente. No obstante, rara vez se reconoce que hacer planes es en sí una defensa.

15. La mente que se dedica a hacer planes para sí misma está tratando de controlar acontecimientos futuros. No cree que se le vaya a proveer de todo cuanto pueda necesitar, a menos que ella misma lo haga. El tiempo se convierte en algo en lo que lo que se enfatiza es el futuro, el cual se debe controlar mediante el aprendizaje y la experiencia derivada de sucesos pasados y de las creencias que se abrigan. Dicha mente pasa por alto el presente, basándose en la idea de que el pasado le ha enseñado lo suficiente como para permitirle dirigir su futura trayectoria.

16. La mente que hace planes, por lo tanto, no permite ningún cambio. Lo que aprendió en el pasado se convierte en la base de sus futuros objetivos. Sus experiencias pasadas determinan su elección de lo que ha de suceder. Y no se da cuenta de que aquí y ahora se encuentra todo cuanto necesita para garantizar un futuro muy diferente del pasado, libre de la continuidad de las viejas ideas y de las creencias enfermizas. No hay ansiedad con respecto al porvenir, pues la confianza presente está a cargo de éste.

17. Las defensas son los planes que emprendes para atacar la verdad. Su objetivo es seleccionar aquello a lo que le das tu conformidad, y descartar lo que consideras que es incompatible con tus creencias acerca de lo que es tu realidad. No obstante, lo que queda ciertamente no tiene significado. Pues tu realidad es "la amenaza" que tus defensas intentan atacar, ocultar, despedazar y crucificar.

18. ¿Qué no ibas a poder aceptar si supieses que todo cuanto sucede, todo acontecimiento, pasado, presente y por venir, es amorosamente planeado por Aquel cuyo único propósito es tu bien?. Tal vez no hayas entendido bien Su plan, pues Él nunca podría ofrecerte dolor. Mas tus defensas no te dejaron ver Su amorosa bendición iluminando cada paso que jamás diste. Mientras hacías planes para la muerte, Él te conducía dulcemente hacia la vida eterna.

19. Tu presente confianza en Él es la defensa que te promete un futuro tranquilo, sin ningún vestigio de sufrimiento y lleno de un júbilo que es cada vez mayor, a medida que esta vida se vuelve un instante santo, ubicado en el tiempo, pero reconociendo únicamente la inmortalidad. No permitas que ninguna defensa, excepto tu presente confianza, dirija el futuro, y esta vida se convertirá en un encuentro significativo con la verdad, la cual sólo tus defensas podrían ocultar.

20. Sin defensas, te conviertes en una luz que el Cielo mismo, lleno de gratitud, reconoce como propia. Y te conducirá por los caminos que se diseñaron para tu felicidad, de acuerdo con el plan ancestral que comenzó al nacer el tiempo. Tus seguidores unirán su luz a la tuya, y ésta aumentará hasta que el júbilo ilumine al mundo. Y nuestros hermanos gustosamente dejarán a un lado sus engorrosas defensas, que de nada les sirvieron y sólo les causaban terror.

21. Esperaremos hoy con gran expectación ese momento lleno de absoluta confianza en el presente, pues esto es parte de lo que se planeó para nosotros. Descansaremos en la certeza de que se nos proveerá de todo cuanto podamos necesitar para lograr esto hoy. No haremos planes acerca de cómo se va a lograr, sino que nos daremos cuenta de que nuestra indefensión es lo único que se requiere para que la verdad alboree en nuestras mentes con absoluta certeza.

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Un Curso de Milagros (Lección 135)


3/10/10

Resumen semanal: 27 de septiembre a 3 de octubre de 2010

Lunes 27:

+La Huelga Tranquila.

+Regresiones a vidas pasadas.

+Lo viejo agoniza y a lo nuevo le cuesta nacer.

+Más conectados y más solos.

+Comparte con nosotros: “Somos”, de Beatriz Soler.

Martes 28:

+La Resonancia Schumann.

+La ciencia asegura poder probar la Teoría del Todo.

+Estar al servicio en estos tiempos.

+Hay que escoger bien donde vives.

Miércoles 29:

+Comparte con nosotr@s: “Última reflexión en el convento”, de José Manuel Piñero.

+Conectar con nosotros Mismos.

+Pueblos de la noche.

+Otra visión de la crisis.

Jueves 30:

+Las profecías mayas.

+Circulo Sierpes: Agenda de Actividades Octubre – Diciembre.

+Comparte con nosotr@s: “Simplemente”, de Concha Redondo.

+Minimalismo anticrisis.

+Toque de Humor.

Viernes 01:

+Conferencias, intervenciones y actividades públicas: Octubre 2010.

+La vida no acaba con la muerte: Un “sueño persistente” que encuentra interpretación.

+Proyecto Venus.

+Flores que curan el alma.

+En un charquito de lluvia.

Sábado 02:

+Taller de Espiritualidad para Buscadores: Módulo 4.

Domingo 03:

+Taller de Espiritualidad para Buscadores: Módulo 4.

+Resumen semanal: del 27 de septiembre al 3 de octubre.

(Total entradas: 26)

Taller de Espiritualidad para Buscadores: Módulo 4

PARA TODOS LOS QUE DESEEN SEGUIR POR ESTE BLOG EL

TALLER DE ESPIRITUALIDAD PARA BUSCADORES

(Se publican en el Blog las entradas correspondientes a los distintos Módulos que configuran el Taller conforme éste se va desarrollando para l@s que lo siguen de manera presencial, comenzando el sábado 11 de septiembre y concluyendo el domingo 19 de diciembre de 2010)

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Taller de Espiritualidad para Buscadores:

+ Módulo 1: Ver entradas del sábado 11 y domingo 12 de septiembre.

+ Módulo 2: Ver entradas del sábado 18 y domingo 19 de septiembre.

+ Módulo 3: Ver entradas del sábado 25 y domingo 26 de septiembre.

+Módulo 4: Consciencia y conciencia

Sábado 02 de octubre:

24. Consciencia

25. Estado de consciencia

26. Elevación del grado de consciencia

27. Conciencia

28. Estadios de conciencia

Domingo 03 de octubre:

29. Grado de consciencia, estadios de consciencia y experiencias

30. Integración y aceptación

31. Quietud

32. Movimiento

33. Unidad

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29. Grado de consciencia, estadios de conciencia y experiencias

Hay que reiterar que en cada nivel expuesto -egocéntrico, triunfador, dador, buscador, vidente y espíritu-, existen en realidad numerosos grados de consciencia. Cada uno se plasma, a su vez, en variados estadios de conciencia. Y éstos, a lo largo de nuestra existencia como seres humanos, nos llevan a vivir muy diferentes experiencias que nos permiten ir elevando el grado de consciencia. Como se ha subrayado ya, la toma de consciencia plena está siempre a nuestro alcance. Pero solemos transitar por los distintos grados de consciencia durante nuestra encarnación -cadena de vidas- en el plano humano.

Antes de nacer en cada vida física, tenemos un grado de consciencia resultado de las existencias y experiencias de vidas anteriores. El cuerpo y el entorno (el “yo y mis circunstancias” de Ortega) en el que volvemos a nacer contará con el perfil energético y vibratorio pertinente para, a partir de ese grado de consciencia, desarrollar un estadio de conciencia específico en el que viviremos experiencias que nos posibilitarán el aumento en el grado de consciencia. Tras ello, desplegaremos un nuevo estadio de conciencia con sus respectivas experiencias, que nos permitirán incrementar otra vez el grado de consciencia. Durante una misma vida física, este proceso se puede repetir “n” veces, sin que exista una regla fija, pues depende de cada uno y su respectiva toma de consciencia. Y el proceso no tiene que ser siempre evolutivo (ascensos sucesivos en el grado de consciencia), sino que las experiencias vividas en un estadio de conciencia pueden llevarnos a una involución o descenso en el grado consciencial.

Como consecuencia de todo ello, en el momento concreto de la transición que erróneamente llamamos “muerte” disfrutaremos de un determinado grado de consciencia. Éste será el punto de partida en nuestra siguiente vida física y definirá el perfil del cuerpo y el entorno en el que nos volvemos a encarnar.

Por tanto, denominado A al grado de consciencia, B a cada estadio de conciencia y C a las experiencias que vivimos en cada estadio, la secuencia puede formularse así: --- A --- B --- C --- A --- B --- C --- A --- B --- C ---

La base está, por tanto, en el grado de consciencia, que es puramente interior. Sin embargo, solemos creer que la clave del cambio se encuentra en modificar el estadio de conciencia, que tiene un marcado sesgo exterior. Retomando consideraciones ya expuestas, los cambios en los estadios de conciencia son programas. Y hace falta mucho más para avanzar en la búsqueda: se necesita una nueva visión. Ésta sólo la ofrece la elevación en el grado de consciencia. En cada vida y sus múltiples experiencias hay que trabajar en el interior de cada uno para aumentar lo más posible el grado de consciencia, sabiendo, además, que la toma de consciencia plena siempre está a nuestra disposición.

Contemplando, como antes se hizo, la consciencia como una línea vertical, con distintos grados, y los estadios de conciencia como una horizontal en la que se puede avanzar, estamos ante una especie de eje de coordenadas en el que, en cada vida física, se parte de un punto concreto dentro del espacio por él delimitado y se puede progresar, o retroceder, a otros puntos del mismo espacio.

Como el tiempo no existe, sino una eternidad que se desenvuelve en un presente continuo, la totalidad de grados de consciencia, la globalidad de estadios de conciencia a ellos asociados y el conjunto de experiencias a cada estadio ligadas acontecen y se desarrollan al unísono y multidimensionalmente. Por esto, la franja ascendente en el eje de coordenadas es, en verdad, una Matriz Cósmica Holográfica de complejidad infinita (véase el Capítulo 9). Tal Matriz es, de hecho, la mente del Ser Uno. Recuérdese El Kybalión: “la mente del Todo es la matriz del Universo”.

Como se ha indicado, al nacer en cada vida física nos encarnamos en un cuerpo y un entorno (yo y mis circunstancias) cuyo perfil vibracional y energético se corresponde exactamente con un determinado grado de consciencia (lo que hará que partamos de un estadio de conciencia específico con sus consiguientes experiencias, gracias a las cuales podemos alcanzar un aumento del grado consciencial). En términos de eje de coordenadas o de matriz holográfica, nos encarnamos en un “punto” concreto de ese eje o matriz que cuenta con las características energéticas y vibracionales precisas (se profundizará en esto en capítulos posteriores) ajustadas al grado de consciencia que disfrutamos y su potencial de crecimiento a través de estadios de conciencia y experiencias en la nueva vida.

En este convencimiento, remotas tradiciones espirituales consideraban crucial saber cuál es el “punto” que a cada recién nacido corresponde, para, a partir de ahí, ayudarlo en su evolución durante su nueva vida física. Y en el entendimiento de que el “punto” es de perfil energético y vibratorio, buscaron la información al respecto en los movimientos y posicionamientos cosmogónicos, también de carácter vibratorio y energético, de planetas y estrellas en el instante del nacimiento. Ésta es una de las razones, por ejemplo, de la auténtica obsesión de la cultura maya por el estudio del tiempo y del Cosmos. Y el célebre horóscopo zodiacal o las llamadas cartas astrales de la actualidad, aunque usados normalmente de manera harto frívola, hallan también en ello su explicación. En esas antiguas tradiciones, muy anteriores a la época en la que los matemáticos diseñaron los ejes de coordenadas, la interrelación entre la consciencia y la conciencia se dibujaba cual cruce (cruz) de las dos líneas.

30. Integración y aceptación

Con la elevación del grado de consciencia y el avance en los estadios de conciencia se produce, finalmente, la integración en la Unidad. Desde luego, siempre permanecimos en ella. La diferencia es que ahora tomamos consciencia de ello. Hay que insistir en que esta consciencia plena siempre está a nuestro alcance. Pero solemos recorrer múltiples grados de consciencia, en un contexto de individualidad y libre albedrío, hasta adquirir consciencia de Unidad.

Imaginemos por un momento que somos una hoja en un gran árbol: vivimos junto a otras hojas en una ramita que pende, junto a otras ramitas, de una rama mayor que está sujeta a su vez, junto con otras ramas, de uno de los troncos en los que se ha abierto el tronco común del árbol. De manera figurada e inevitablemente insuficiente, podemos representar así sucesivos aumentos del grado de consciencia, cada uno de los cuales se plasmará en estadios de conciencia con sus correspondientes experiencias:

a) Soy una hoja y cuanto me rodea existe para hacerme feliz (grado consciencial muy bajo o egóico).

b) Soy una hoja en una ramita con otras hojas: aspiro a mi felicidad y a la de las demás hojas de la ramita (grado consciencial bajo o de sistema “ramita” -familia-).

c) Soy una hoja en una ramita con otras hojas que pende, junto con otras ramitas que tienen otras hojas, de una rama mayor: deseo mi felicidad y la de todas las hojas que están en la rama (grado consciencial medio/bajo o de sistema “rama” -comunidad próxima-).

d) Soy una hoja en una ramita con otras hojas que pende, junto con otras ramitas que tienen otras hojas, de una rama mayor que, junto con otras ramas con sus respectivas ramitas y hojas, surge de un tronco: quiero ser feliz y que conmigo lo sean todas las hojas, ramitas y ramas que salen del tronco (grado consciencial medio o de sistema “tronco” –sociedad-).

e) Soy una hoja en una ramita con otras hojas que pende, junto con otras ramitas que tienen otras hojas, de una rama mayor que, junto con otras ramas con sus respectivas ramitas y hojas, surge de un tronco que, junto a otros troncos con sus ramas, ramitas y hojas, sale del tronco común: ligo mi felicidad a la de todas las hojas, ramitas, ramas y troncos que tienen una base compartida (grado consciencial medio/alto o de sistema “global” -planeta-).

f) Soy una hoja en una ramita con otras hojas que pende, junto con otras ramitas que tienen otras hojas, de una rama mayor que, junto con otras ramas con sus respectivas ramitas y hojas, surge de un tronco que, junto a otros troncos con sus ramas, ramitas y hojas, sale del tronco común de un árbol en el que como hoja me integro: mi existencia trasciende de mi como hoja y uno mi felicidad al árbol en su conjunto, con todos sus componentes (grado consciencial alto o de consciencia buscador).

g) No soy una hoja, sino el árbol que se manifiesta y experimenta a sí mismo como hoja (grado consciencial muy alto o de consciencia vidente).

h) Soy el árbol y la vida que le da vida y lo unifica: cualquier suceso que en el árbol acontezca, por ejemplo, un pájaro que se posa en cualquier rama u hoja, me ocurre a mí y lo siento en mí porque soy el árbol y la energía que lo vivifica (grado consciencial pleno o de consciencia de espíritu).

En este último escenario, por fin “soy el que soy”. Sin ruptura o separación alguna. Ello, lejos de desmerecer mi esencia y existencia, las engrandece: no soy una hoja del árbol, sino el árbol mismo, de cuya vida y esencia participo y en la que me integro. No soy un trazo suelto en un cuadro, sino todo el cuadro en sí; no soy una ola en el mar, sino el mar como tal; no soy una ínfima porción de la Creación, sino la Creación misma.

Es más, cada incremento de mi grado de consciencia contribuye al aumento de la consciencia de la suma de la que formo parte (la ramita, la rama o el tronco) y, a través de ello, de la Unidad (el árbol). Y cuando elevo la consciencia a su grado más alto o de espíritu, mi toma de consciencia explosiona la consciencia de la Unidad, por lo que, siendo Creación, también soy Creador.

Se acabó la visión fragmentada que tanto gusta al ego y es propia de la tridimensionalidad. Tú, yo, el de allí y el de acá somos Uno y somos Dios. Este estado de consciencia genera en nuestro interior un agudo sentimiento de integración y enamoramiento: nos sentimos completamente enamorados de la Unidad Divina, del Ser Uno. Los primeros Padres de la Iglesia llamaron a esto “endiosamiento”, señalado por San Basilio como meta máxima que “conlleva el don de la gracia, alegría interminable, permanencia en Dios”. En este grado de consciencia la persona siente su ser repleto de quietud y movimiento, que no son antagónicos, sino complementarios. Y si seguimos encarnados en el plano humano será para apoyar a los buscadores, poniendo a su servicio lo único que en verdad somos: Amor.

31. Quietud

Desarrollo una vida impersonal -sin ego, en la Unidad-. Vivo el presente y me ocupo de ser, sin apegos, ni preocupaciones, ni deseos, pues nada puedo anhelar cuando soy el que soy. Constato que el conocimiento y las creencias tienen al deseo como base común, por lo que me libero del querer saber y, simplemente, siento, soy. La lucha de la mente cesa para siempre. Compruebo que todo está a mi entera disposición y que mi interior construye y reconstruye constantemente el exterior. Nada rechazo y todo lo acepto (incluido mi cuerpo) tal cual es: Divinidad y Unidad. Me llena la paz, nada la altera, nada es capaz de quitármela. Sé que cuanto me reprima o inquiete es falso y reboso de felicidad y quietud.

Esta quietud, como manifestación de la consciencia pura y completa, ha estado muy presente en el misticismo cristiano, en general, y en el español, en particular, con Miguel de Molinos (1628-1696) a la cabeza, encarcelado por la Inquisición acusado de practicar el “quietismo” y ensalzarlo en su obra Guía Espiritual (Barral Editores; Barcelona, 1974). Su Defensa de la contemplación (en la misma edición de Barral) muestra cómo la consciencia plena del ser engarza con la práctica de la contemplación: un estado más perfecto que la meditación, siendo ésta principio y medio para alcanzar aquélla.

32. Movimiento

Y como Dios que soy, Amor soy. Un Amor colosal e integral que me inunda, me envuelve y me convierte en energía pura y dinámica. Amar se transforma en mi ocupación, la única, pues soy el que soy y Amor soy. Se plasma en mi entorno en amor al prójimo: ilimitado, incondicional, abnegado, sin predilección. Rompe cualquier estatismo o resignación y me transforma en movimiento ilimitado que se expande a mi alrededor.

Me con-muevo y siento com-pasión con el dolor y mi esencia se moviliza con el que lo tiene y se da por entero a él, aunque aprendo a diferenciar el dolor -un hecho objetivo- del sufrimiento -subjetivo, un apego más del ser humano- y el victimismo. Y me con-muevo y siento com-pasión con el entusiasmo, en cualquiera de sus manifestaciones, egóicas o altruistas; y veo a Dios en la fuerza que tantos despliegan buscando fuera de sí lo que poseen en su interior.

33. Unidad

La consciencia plena nos identifica radicalmente con la Unidad. Comprendemos, interiorizamos y vivimos que todo es suma de partes y forma parte de una suma superior, aunque cada parte es, a su vez, el Todo. Así de grandiosa es la Unidad divina.

Cada componente del organismo humano es un Universo dentro de un cuerpo, que es otro Universo dentro de un planeta (Tierra), que es otro Universo dentro de un sistema solar (Ors), que es otro Universo dentro de una galaxia (Vía Láctea), que es otro Universo dentro de un Universo, el conocido por la ciencia y por nuestros sentidos físicos, que es una de las muchas dimensiones del polifacético y multidimensional Omniverso. Y todo es Uno, siendo el Amor Incondicional, como constataremos en otros Módulos, la fuerza infinita que vivifica, unifica y hace posible este colosal milagro cosmogónico. El Amor es la energía, vibración pura, que fluye por doquier y de la que surgen todas las demás modalidades energéticas. El Amor ensambla, aglutina y permite el desarrollo de la Creación a través de la expansión de la consciencia, de modo que el aumento del grado de consciencia de cualquiera de las partes conlleva la expansión de la consciencia de la Unidad.

En este prodigioso marco, cada ser humano es un Universo dentro de otros muchos Universos. Cada hombre y mujer es uno de los infinitos vórtices (núcleos, células, centros) de energía sostenidos en la Creación. Un vórtice de energía de Amor y vibratoria en el que se cumple la regla sagrada: es suma de partes y forma parte, a su vez, de una suma superior, aunque cada parte es, a su vez, el Todo. Por tanto, cada ser humano es una plasmación de la Unidad o una manifestación de Dios. Nada nos separa de la Divina Unidad. Como hoja, somos el propio Árbol de la Vida. Somos mucho más que la Creación de Dios: somos Dios mismo; somos Creación&Creador.

Somos Creación: Cada ser humano es parte (hoja) de la Creación (Árbol), pero como ésta es Una, somos la Creación misma (no somos una hoja, sino el Árbol). El Amor es la savia, la vida del Árbol, la energía y elemento vivificador que plasma y en la que se manifiesta esta Unidad.

Y Somos Creador: Creamos exactamente lo que creemos. Cuando adquirimos consciencia de nuestro verdadero Ser –cuando podemos afirmar soy el que soy (no hoja, sino Árbol, Dios)-, creamos Amor puro e incondicional, la energía que todo impulsa. La consciencia de nuestro verdadero Ser (Árbol, Dios) contribuye a la expansión de la Consciencia de la Unidad y de la Creación.

Al madurar la noción de Unidad, nos familiarizaremos más y más con lo divino. Y, finalmente, experimentaremos a Dios, a nosotros mismos, como Ser infinito en movimiento a velocidad infinita por dimensiones infinitas con Consciencia Perfecta, Unidad Absoluta y Amor Incondicional. Nos habremos convertido en el Milagro; y esta experiencia pasmosa nos parecerá tan natural y sencilla como estar sentados bajo las estrellas, pero cada una de ellas será nosotros mismos. Este es nuestro estado natural: estar unificado con el Cosmos, en íntima relación con la vida en todas sus formas; alcanzar finalmente la Unidad con nuestro propio Ser. Este es nuestro destino y el final de nuestra búsqueda. Cada uno de nosotros es Amor y pasa por la lucha, el dolor, el entusiasmo y la pasión para terminar reconociéndose como lo que es: Amor.

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FIN MÓDULO 4 (Próximo Módulo: Módulo 5. Sábado16 y domingo 17 de octubre de 2010)

2/10/10

Taller de Espiritualidad para Buscadores: Módulo 4

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(Se publican en el Blog las entradas correspondientes a los distintos Módulos que configuran el Taller conforme éste se va desarrollando para l@s que lo siguen de manera presencial, comenzando el sábado 11 de septiembre y concluyendo el domingo 19 de diciembre de 2010)

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Taller de Espiritualidad para Buscadores:

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+Módulo 4: Consciencia y conciencia

Sábado 02 de octubre:

24. Consciencia

25. Estado de consciencia

26. Elevación del grado de consciencia

27. Conciencia

28. Estadios de conciencia

Domingo 03 de octubre:

29. Grado de consciencia, estadios de consciencia y experiencias

30. Integración y aceptación

31. Quietud

32. Movimiento

33. Unidad

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24. Consciencia

En las páginas anteriores han aparecido con reiteración las palabras “consciencia” y “conciencia”. En el lenguaje corriente no suele distinguirse entre ambas. El propio Diccionario de la Lengua de la Academia Española remite a la segunda en el primer significado que otorga a la primera. Sin embargo, conocer lo que los dos términos significan y diferenciar entre ambos es de enorme importancia y ayuda para el ser humano, en general, y los buscadores, en particular. Y ofrece una perspectiva llena de luz para comprender e interiorizar mejor la experiencia de individualidad que ocupó el Módulo previo y el recorrido que el ser humano efectúa por las etapas examinadas -ego, triunfador, dador, buscador, vidente y espíritu-.

Empezando por el primero de los vocablos citados, la consciencia se relaciona con “ser”. Cuenta con dos dimensiones inseparablemente unidas: “consciencia de lo que se es” y “consciencia de lo que es”.

Para entenderlo conviene recordar la contestación que Dios ofrece a Moisés (Éxodo, 3,14) cuando éste le pregunta cuál es su nombre: “yo soy el que soy”, traducido del latín (“ego sum qui sum”); o “yo soy el Ser”, si se acude al griego (“e.gó ei.mi ho on”). Con una contundencia radical, se refleja en esta afirmación la consciencia de ser en su doble dimensión: la consciencia de lo que se es -consciencia de Ser, de ser quien soy-; y la consciencia de lo que es -consciencia de lo Real, de lo que es la realidad-. También Jesucristo hizo suya esta expresión y en el Evangelio de San Juan utiliza el “yo soy” en siete ocasiones (4,26; 6,20; 8,24,28,58; 13,19; 18,5). Y en la tradición oriental, Buda es descrito como un ser plenamente consciente de ser.

En esta consciencia de ser -de lo que soy y de lo que realmente es- se fundamenta el “conócete a ti mismo” comentado en apartados precedentes como clave y llave para abrir la nueva visión que la búsqueda necesita. Conocerme a mí mismo implica ser consciente de lo que soy. Y supone sentir y vivir lo “Real”, sin fantasías, prejuicios, interpretaciones o ilusas pretensiones sobre mí y lo que me rodea.

Recuérdese la película The Matrix. Lo que Neo, el protagonista, logra durante el argumento es adquirir consciencia de ser. Experimenta un proceso de despertar que enlaza con la distinción ya enunciada, formulada entre otros por Heráclito de Éfeso, entre aquellos que estando dormidos parecen estar despiertos (los humanos que las máquinas mantienen inconscientes en nichos y enchufados a una realidad virtual que consideran su verdadera vida) y los que realmente están despiertos y pueden comprender (los humanos encabezados por Morfeo que han escapado del dominio de las máquinas). Y Neo adquiere consciencia de ser en su doble dimensión: de lo que él es; y de lo que es real, una realidad tan distinta del iluso mundo virtual diseñado por las máquinas. Lo primero es resumido por Morfeo de manera admirable cuando le dice “no pienses que lo eres, sabes que lo eres”. Y lo segundo, se recoge en la frase “bienvenido al desierto de lo real”, pues para el ser consciente el mundo exterior se desvanece como mera ficción y dejan de tener significado los apegos y anhelos materiales en los que buscaba la realización.

¿Quién goza de una Consciencia Perfecta?. Una Consciencia así, con mayúscula, es atribuible a la divinidad. El Ser Uno, Todo o Dios es Consciencia pura, sin otros aditivos ni paliativos.

25. Estado de consciencia

Los seres humanos, en nuestra escala, podemos aproximarnos a ella en la comprensión de que la consciencia es un “estado” y que son muchos sus niveles o grados (como si fuera un termómetro).

El grado menor de consciencia se corresponde con la inconsciencia integral. Igual que la oscuridad completa es la falta total de luz o el frío completo es la carencia total de partículas caloríficas, la inconsciencia completa es la ausencia total de consciencia (no obstante, a la inconsciencia integral hay que aplicarle lo que se planteará en otro Módulo acerca de la hipótesis e imposibilidad del Mal Absoluto).

En cuanto al grado mayor, es la Consciencia Perfecta: un estado permanente e inalterable de consciencia absoluta de lo que soy y de lo que es. Conlleva paz y quietud inalterables, armonía y equilibrio impecables y una atención centrada en ser lo que se es sin distracción alguna. A un estado así nos acercamos modestamente los seres humanos conforme avanzamos en nuestra evolución espiritual (elevando nuestro grado de consciencia en la forma que se verá más adelante) y seguimos el consejo del Libro del Deuteronomio: “estate atento a ti mismo” (“attende tibi”). La meditación y, especialmente, la contemplación son un gran apoyo al respecto.

En el estado de Consciencia plena no existe ni el pasado ni el futuro, sólo un presente continuo en el que lo eterno se desenvuelve. No hay anhelos, ni deseos, ni versiones ilusas sobre lo real, ni ningún tipo de apego exterior al Ser que nuble la consciencia o aparte la atención de lo que soy. Tampoco pre-ocupaciones, pues el Ser está integralmente ocupado en ser. Y en un estado así fluye del Ser, de manera tan natural como intensa, el Amor Incondicional, la energía primaria y pura con la que la quietud se hace movimiento y viceversa.

Como se examinará en otros Módulos, es en ese estado de Consciencia Perfecta en el que el Ser Uno, íntegramente concentrado en lo que es, emana y expande su Esencia (lo que la astrofísica denomina “big-bang”: concentración-expansión). Actúa, así, como Principio Único de cuanto existe en sus múltiples dimensiones. No lo hace por necesidad o requerimiento alguno, sino porque es su naturaleza innata, porque es Amor; un Amor sin distingos ni predilecciones, abnegado, misericordioso, profundo.

26. Elevación del grado de consciencia

Por lo mismo, todo es Unidad: nada está separado y todo pertenece a la Identidad Divina. La Unidad es lo Real. Sin embargo, nuestros sentidos físicos perciben las cosas, objetos y seres como entidades inconexas e individuales. Además, mayoritariamente tenemos adormecida (las mujeres, por lo general, menos que los hombres) la capacidad de “ver” desde nuestro interior (intuición, sensibilidad, inspiración). La consecuencia es que fabricamos un mundo imaginario de separación y fragmentación, repleto de dualismos. De ahí la obsesión insensata, pero para tantas personas irrefrenable, de enjuiciar, clasificar y etiquetar todo y a todos: bueno y malo, superior e inferior, yo y el otro, lo tuyo y lo mío, ayer y mañana,... ¡Pobre mente humana opinando constantemente en un tumultuoso mar de suposiciones; sometida por nosotros mismos, por nuestra incapacidad de “ver” y por nuestra falta de consciencia, a la condena de ser juez y parte de cuanto existe y sucede en una agotadora actividad que ni cuando dormimos descansa!.

El ser humano puede liberarse de una situación tan absurda, inútil y dolorosa elevando de grado el estado de consciencia. Es indudable que sólo alcanzando la Consciencia Perfecta desaparecen los equívocos y ficciones: soy el que soy (no el que pienso que soy); y lo que siento Real es la realidad verdadera (no una realidad ilusoria, virtual). Y una Consciencia así es ajena al ser humano, que se mueve en grados de consciencia no plena y, por tanto, pensando lo que es (en vez de ser lo que es) e imaginando la realidad (en lugar de sentir lo Real). No obstante, podemos acercarnos a ella elevando el grado de consciencia. Y cualquiera que éste sea, se produce un hecho maravilloso que cuesta trabajo asumir: somos lo que creemos ser. Somos creadores y creamos según lo que creemos ser, en función de nuestra consciencia de ser. Ni más, ni menos. En términos utilizados en epígrafes previos, lo que crees es lo que creas; la vida es una película en la que uno mismo es el guionista, director, cámara y protagonista. Soy lo que creo ser. Y lo que creo ser depende de mi grado de consciencia, sea el que sea.

En cuanto a cómo elevar tal grado, toda persona puede en cualquier momento conseguir el máximo grado de consciencia al que es posible aspirar en el plano humano. Aunque parezca increíble, está al alcance de todos y en todo instante adquirir consciencia de lo que se es y de lo que es y afirmar con legitimidad “soy el que soy”. No es preciso vivir muchos años, ni transitar por una cadena de vidas; ni, en cada una, leer muchos libros o atesorar conocimientos múltiples. Frecuentemente, los buscadores se enfrascan en una insaciable exploración de conocimientos teóricos y experiencias que acaban por introducirlos en un sinuoso laberinto de difícil salida. Pero el ansiado encuentro es bastante más simple y directo: conocerse a sí mismo y constatar que soy el que soy.

Las etapas antes vistas de ego, triunfador, dador, buscador, vidente y espíritu son grados, de menor a mayor, del estado de consciencia (esquemáticamente enunciado, pues en cada uno hay muchos grados de consciencia posibles). Y el ser humano puede tomar consciencia de espíritu en cualquier momento; adquirir consciencia de que soy, somos, el Milagro, una manifestación de Dios y Dios mismo, Creación y Creador. ¡Interiorízalo de una vez y olvídate de tantas idas y venidas por ideas, conceptos y experiencias “interesantes”!. Sin embargo, la inmensa mayoría de los seres humanos opta por una vía más dilatada –en términos de nuestra tridimensionalidad, pues en verdad el tiempo no existe- y van incrementando paulatinamente el grado de consciencia a través de una cadena de vidas físicas y a lo largo de cada una de ellas. A continuación se verá cómo.

En cualquier caso, al ir elevando el grado de consciencia –al pasar, por ejemplo, de triunfador a dador o de buscador a vidente- nos vamos acercando a lo que verdaderamente somos y a lo auténticamente real. Como la consciencia no será total, estaremos todavía en “nuestra” película. Pero su guión y discurrir se ajustarán cada vez más a nuestro ser verdadero y a la auténtica realidad. De su argumento irán desapareciendo paulatinamente las sensaciones de fragmentación y separación y los dualismos dicotómicos que encadenaban y coartaban nuestra felicidad. Su espacio será ocupado de manera natural por paz y armonía crecientes, una honda noción de Unidad y una gran capacidad de Amor.

¿Cómo se eleva el grado de consciencia?. Para responder a este interrogante hay que detenerse en la conciencia.

27. Conciencia

La ilusoria separación de la Unidad que vivimos los seres humanos al experimentar la individualidad en libre albedrío provoca la pérdida de consciencia. La inconsciencia de lo que realmente somos nos introduce en un mundo de enredos dicotómicos y apegos materiales en el que la “conciencia” nos sirve de orientación, como una brújula. ¿Hacia dónde nos guía?: ¡a la consciencia!. La conciencia es un impulso interior que inconscientemente nos dirige, valga el juego de palabras, a elevar el grado de consciencia, a recobrar la consciencia. Es la llama que alimenta al buscador y le dirige al gran encuentro: hacia la consciencia de lo que es.

Puede parecer increíble, pero todo encaja de manera impecable y maravillosa en un Omniverso emanado del Amor. Aunque ni se nos pase por la cabeza, la función de la conciencia es la recuperación de la consciencia y, por ende, de la Unidad, a la que, obviamente, nunca dejamos de pertenecer por olvidada y arrumbada que la mantengamos.

Piénsese, por ejemplo, en las personas concienciadas en el servicio a la comunidad, la defensa de los derechos humanos, la ayuda al Tercer Mundo, evitar el maltrato de animales o la protección del medio ambiente. Son conductas y comportamientos ligados de un modo u otro a la idea de Unidad. Y son indicios palpables de que el ser humano que los ejerce, en su discurrir espiritual, avanza hacia el restablecimiento de la consciencia y el conocimiento de sí mismo. No importa que se considere ateo o agnóstico. Una persona concienciada en ámbitos como los expuestos muestra un progreso espiritual hacia su verdadero Ser. No es extraño encontrar ateos que en realidad están espiritualmente mucho más despiertos que otros que se reclaman religiosos y reducen la religión a una práctica iterativa y rutinaria de ritos y ceremonias vacíos de contenido, carentes de amor, y a una concepción egocéntrica, maniquea y maliciosa de la realidad. Como afirma la Primera Carta de Juan: “el que no ama, no ha llegado a conocer a Dios, porque Dios es Amor” (4,8).

28. Estadios de conciencia

La consciencia, como se reseñó, radica en ser; la conciencia en estar: se está en un determinado “estadio” de conciencia. Y si el grado de consciencia puede elevarse, en los estadios de conciencia es posible progresar. Expresado gráficamente, la consciencia es una línea vertical en la que se puede ascender (aumento del grado de consciencia); la conciencia es una línea horizontal en la que se puede progresar (avance en el estadio de conciencia). Así como existen diferentes grados de consciencia, hay distintos estadios de conciencia. Según nuestro grado de consciencia, las personas pasamos de un estadio de conciencia a otro a lo largo de la cadena de vidas físicas -y en cada una de ellas- de nuestra encarnación en el plano humano.

Enlazando con lo ya explicado y expresado muy sintéticamente, el punto de arranque es un bajo grado de consciencia o consciencia egocéntrica, representado por el ego y el triunfador de páginas anteriores. De hecho, engloba diversos grados de consciencia, pero todos tienen como eje la identificación con el ego y con lo que a éste reporta placer: mi yo es el centro del Universo y todo gira en torno a mí para proporcionarme felicidad. En estos grados de consciencia egocéntrica se viven, a su vez, distintos estadios de conciencia –concienciación en torno a la acumulación de riqueza y dinero o en clave de poder, éxito y fama, reconocimiento social,…- con sus correspondientes experiencias. Y es la insatisfacción o carencia de una vida llena y completa que sentimos en el transcurso de tales experiencias la que nos conduce a buscar algo más y ayuda a elevar nuestro grado consciencial.

Nos introducimos entonces en una consciencia de sistema: nos transformamos en dadores, en la terminología ya usada, y hacemos cosas de forma desinteresada para una determinada esfera (sistema). Ésta se irá ampliando poco a poco en la medida que aumenta el grado de consciencia: familia, amigos, comunidad, sociedad, humanidad, planeta. El altruismo ganará terreno, dando paso a diferentes niveles en el estado de consciencia en los que el triunfador de antes se convierte en un dador cada vez más generoso capaz no sólo de dar cosas, sino también de darse a sí mismo. En estos grados de consciencia viviremos diversos estadios de conciencia –las modalidades de concienciación ya citadas en torno al servicio a la comunidad, los derechos humanos, el Tercer Mundo, el maltrato de animales o el medio ambiente-, con sus respectivas experiencias.

La sucesión de estas experiencias aportará vivencias que irán elevando nuevamente el grado de consciencia; y ampliando el ansia de dar a todos los seres humanos y al planeta en su globalidad. Esto nos hará avanzar por estadios de conciencia cuyas experiencias situarán a nuestra individualidad en un punto límite: el mundo que queríamos abrazar deja de ser fuente de realización y aparece la necesidad de elevar trascendentemente el nivel consciencial. Aspiramos a encontrar a Dios y nos transformamos en buscadores (siempre lo hemos sido, pero ahora somos conscientes de serlo). El mundo material ya no es el lugar en el que pueden realizarse nuestros deseos y anhelos y ponemos en cuestión la pretensión del ego de ser omnipotente. Y, como buscadores, pasaremos por distintos grados de consciencia que nos introducirán en diversos estadios de conciencia con sus consiguientes experiencias.

Éstas nos pondrán en evidencia una luz interna que insiste en que hay que ir más allá, disfrutando del viaje como en la travesía hacia Ítaca cantada por Kaváfis, pues la búsqueda ha de desembocar en el encuentro. Su empuje nos lleva a vislumbrar dimensiones de la realidad que hasta ahora permanecían escondidas. Aún no las podemos palpar, pero empezamos a sentir que están ahí, esperando a que demos el paso hacia a ellas. Nuestro grado de consciencia se eleva al nivel de vidente, que realmente incluye diferentes grados de consciencia. En ellos desarrollamos diversos estadios de conciencia con sus correspondientes experiencias, que propiciarán que toda identificación externa y el ego se vayan diluyendo.

Es un nacimiento nuevo, una resurrección en vida que posibilita que veamos a Dios en la vida misma. Desparece cualquier lucha interior y el guerrero que hemos sido (egoístas, triunfadores, dadores,…) puede descansar para siempre. También el buscador, porque la búsqueda, simplemente, concluyó. Nos inundará una inocencia similar a la de los niños, aunque no será ya un sentimiento, sino consciencia. Lloraremos como niños, porque se ha producido el anhelado “encuentro”; y reiremos como niños, porque veremos que en todo momento, a lo largo del camino, el encuentro estuvo con nosotros y a nuestro alcance: sólo era cuestión de ser conscientes. Comprenderemos, igualmente, que el camino ha merecido la pena.

Nuestro nivel de consciencia se habrá elevado mucho, pero aún puede aumentar más. El encuentro nos permite ver a Dios. Pero desearemos experimentar a Dios mismo, fundirnos con Él y en Él. Se alcanza entonces un grado de consciencia de espíritu, que se despliega en los estadios de conciencia comentados en su momento: conciencia cósmica (experimentamos milagros); conciencia divina (obramos milagros); y conciencia de la Unidad (nos convertimos en el milagro). No es la Consciencia que disfruta el Ser Uno, pero sí análoga. Con el último estadio reseñado, conciencia de Unidad, la propia conciencia se disuelve. De hecho, deja de ser necesaria, pues cumplió su función como brújula y guía hacia mayores grados de consciencia. Ésta ya fluye en todo su esplendor y de modo pleno, sin reservas.

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Continúa mañana domingo:

29. Grado de consciencia, estadios de consciencia y experiencias

30. Integración y aceptación

31. Quietud

32. Movimiento

33. Unidad

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