6/1/16

Perdón por evolucionar (dedicado a Hmong)


¿Es necesario solicitar perdón por evolucionar? Quizá sí, quizá no...

        Si me estoy preparando para correr una maratón, lo lógico y, además, prudente es dedicarle tiempo al ejercicio y hacerlo muy a conciencia. Porque si no lo hago, lo más habitual es que o bien no termine la prueba o, si llego, puedo hacerlo en una condiciones lamentables.

        Así que durante toda esta vida me he dedicado a esta maratón del salto conciencial. En ese proceso, que fue arduo e intenso, a la vez que placentero cuando percibes que vas completando pasos y etapas, hubo que dedicarle su tiempo; y si quieres, cierto esfuerzo con una dedicación, a veces, muy detallada y exclusiva sin atender a otras que se antojaban algo superfulas como es la indumentaria a llevar en el tránsito a recorrer.

        Lo que ocurrió, y ocurre en la actualidad a muchas personas, es que cuando estás en ese proceso de entrenamiento vas observando que otras personas que están en lo mismo, pero sin la misma dedicación, que no es criticable, van quedando atrás aunque empezaran al mismo tiempo su puesta en acción. También observas como otros se van incorporando, de golpe, y mantienen el ritmo como pueden durante un tiempo, hasta que han de disminuirlo dado que no lo pueden seguir manteniendo por su falta de preparación previa.

        En todo ello, siempre, se puede encontrar quien te diga que vas muy rápido, que no es bueno destacarse, que si no has medido bien tus fuerzas, que si pitos y flautas…  Cuando sonaron esos clarines, ni caso hice, seguí adelante, a mi ritmo, y reconozco que a veces azuzándome un poco más de la cuenta, pero me sirvió. A día de hoy reconozco que mereció la pena.

        Y es que esta carrera sin correr, sin prisas, sólo conducido con el palpitar de un pálpito interno al salto conciencial, requería cierta implicación y, añado, responsabilidad con un compromiso propio que no se quebrara ante agentes externos perturbadores. Lo que pasó es que llegó el momento en que ya no iba dentro del pelotón, sino algo adelantado, al inicio; pero algo después, integrado en grupos pequeños dándonos relevos continuados, hasta que llega el instante en que das un tirón dado que estás preparado y te adelantas. Y es el momento en que vas en la carrera algo solo a sabiendas de que delante van unos y detrás más, pero si miras a un lado y otro, no ves referencias de por dónde van los demás; y aquí puede llegar eso de la soledad, del pensamiento interno que te puede desmoralizar. Pero seguí, persistí.

        No se trataba de llegar el primero, al menos para mí, sino de llegar, y cuanto antes mejor que mejor.  Y llegué. Ya estoy aquí, incluso un poco más para allá de lo previsto; y es tremendamente jugoso y hermoso, te lo aseguro.

        Sé que en ese proceso muchos seres queridos y amados quedaron atrás, pero no era por abandonarles, sino porque no podían seguir el ritmo que me apetecía mantener. Y puede ser que esto sea considerado algo no solidario y, si quieres, te lo admito, pero tengo la firme creencia y seguridad de que esta carrera, que no lo fue, sino desafío a culminar, es cuestión de un@ mism@ y que a ello te has de dedicar pese a quien le pese y sin pesar propio que almacenar, pues hubiera sido un lastre que transportar a riesgo de no llegar.

        Ahora, todavía, hay quienes corren y van a su marcha en ese caminar a meta segura y magnífica y ni pretendo animarles ni azuzarles, sólo decirles que sigan evolucionando sin pensar que han de pedir perdón por ser quienes son en su propio declinar, que de lo que se trata es de llegar, pues al arribo todo es gozo y olvido del padecer de lo que quedó atrás.

        Pero si quieres, pido perdón por tanto querer evolucionar hacia lo mejor de lo mejor.

        Dedicado a Hmong, a quien colgada dejé de tanto evolucionar.

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Autor: Deéelij
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