22/1/16

La enfermedad y su significado consciencial: vídeo de la charla de Emilio Carrillo (Recuerda TV, 29 de diciembre de 2015)



Vídeo (duración: 02:19:36) del capítulo 4 de la segunda temporada del programa de Recuerda TV titulado Comparte tus preguntas con Emilio Carrillo, con el formato de charla-coloquio en directo. Se emitió con fecha 29 de diciembre de 2015 y el tema abordado fue La enfermedad y su significación consciencial.

Recuerda TV es la web-televisión con contenido consciente las 24 horas del día los 365 días del año. Para ver el programa sólo tienes que entrar en este enlace:

Recuerda TV emitirá una nueva entrega de Comparte tus preguntas con Emilio Carrillo, con el formato de charla-coloquio en directo, todos los últimos viernes de mes, a las 22:00 horas. Puedes hacernos llegar tus propuestas sobre posibles temas a tratar por medio de este correo electrónico:
infofe@fundacionespato.com

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LA ENFERMEDAD Y SU SIGNIFICACO CONSCIENCIAL
Esquema básico de la charla

1. Conductor y coche

Probablemente ya habrás oído el símil del “Conductor” y el “coche” que suelo utilizar para conocernos a nosotros mismos y discernir sobre la realidad de nuestra encarnación en el plano humano: tu “yo” físico, mental y emocional es sólo el vehículo o coche en el que has encarnado para vivenciar la experiencia humana, pero tú, realmente, eres el Conductor.

Ciertamente, mientras estás encarnado en el plano humano, ese “yo” (el cuerpo físico, los sentidos corpóreo-mentales, los pensamientos, los sentimientos, las emociones, la personalidad y el ego a todo ello asociado) es uno contigo –no hay esquizofrenia alguna– y se encuentra enteramente a tu servicio –cosa distinta es que tú lo olvides–. Es como cuando te sientas al volante del vehículo que usas en tu vida diaria, que se transforma en una extensión de ti mismo y está a tus órdenes.

Además, ese “yo” es una maquinaria perfecta, siendo tan divino como todo lo es, sin excepciones, en la Creación. Sin embargo, tiene “fecha de caducidad”, no es eterno como tú; y llegado un momento concreto de tu experiencia humana, lo abandonarás. El tránsito que la Humanidad llama muerte es el criterio para distinguir entre el Conductor y el coche: lo que no sobrevive a la muerte y con ella se descompone y transfigura, es el coche; y “eso” (Espíritu, Luz, Energía, Consciencia…, el nombre es lo de menos) que sigue vivo tras la muerte es el.

2. Muerte y enfermedad

Recordando lo precedente, cuando te digan que alguien ha muerto, también si se trata de un ser querido, no olvides que es mentira, que sigue muy vivo. La muerte forma parte de la vida y no es muerte en el sentido que una gran parte de la Humanidad todavía le otorga, sino un renacimiento, una puerta que se abre para pasar de una habitación (“plano físico”) a otra (“plano de luz”) de la vida.

Y si el médico te dice que tienes una enfermedad, ten presente que es falso, porque es imposible que tú, Conductor, enfermes: es, simplemente, el coche el que se ha averiado. Aún más, es el Conductor que eres el que genera la enfermedad en el coche en pro de su desarrollo consciencial y evolutivo: ninguna enfermedad es fruto del azar y todas tienen su origen y razón de ser en los procesos conscienciales, que son interiores, no exteriores. Lo cierto es que la enfermedad, tal como se concibe por tanta gente, no existe. Y lo que suele llamar enfermedad no es sino la manifestación exterior –en el coche- de procesos de sanación interior e impulso consciencial.

¿No terminas de entenderlo? Hablemos de los icebergs…

3. Los icebergs

Trae a tu memoria uno de esos enormes icebergs que, tras desprenderse de un glaciar o de una plataforma de hielo, surcan flotando las aguas oceánicas arrastrados por las corrientes marinas. Del iceberg sobresale del agua solo una octava parte de su volumen total, que es la porción del mismo que puedes ver con tus ojos, mientras que más del 85 por ciento se mantiene por debajo de la superficie, invisible para tu mirada. Y cuando un iceberg entra en aguas menos frías y más cálidas, comienza a derretirse, lo que tú podrás detectar porque su parte exterior, la que emerge por encima del agua, empezará a deshelarse y menguará. Sin embargo, la razón de ser de tal licuado se halla en la parte del iceberg que permanece en el interior del océano, por debajo de la superficie, pues es la que se encuentra en contacto directo con las aguas templadas que provocan la descongelación y la reducción del tamaño de la masa de hielo.

Aplicando lo anterior al ser humano, lo que metafóricamente estamos llamando coche coincidiría con la parte exterior del iceberg, la que es visible y asoma fuera del océano; y el conductor con su parte interior, la que está sumergida y oculta.

4. La causa y origen de una enfermedad no se hallan en su manifestación exterior –sus síntomas físicos o psíquicos-, sino en el interior –proceso consciencial de quien la experiencia-

Desde el aferramiento al coche, la gente suele creer y pensar que lo que ocurre en el exterior –el “yo” físico, mental y emocional– tiene su origen y causa en ese exterior. Por ejemplo, volviendo al caso de una enfermedad, ante ella la reconocen, interpretan e intentan curar por su manifestación exterior, esto es, por sus síntomas y sus efectos en el cuerpo físico o en la mente. Sin embargo, la realidad es muy otra: la causa y origen de lo que sucede en el exterior se halla siempre en el interior y se relaciona con el impulso y evolución del estado de consciencia.

Por ello, cualquier experiencia o vivencia exterior, la que sea, tiene su porqué y para qué en clave de esa evolución. También, desde luego, en los términos ya compartidos, las enfermedades, que siempre están vinculadas al proceso consciencial de la persona que la experiencia.

5. La enfermedad es un mito

Si tomaras consciencia de esto, te darías cuenta de que la enfermedad, tal como todavía comúnmente se concibe, no existe, es un mito: lo único que existen son procesos conscienciales que tienen su manifestación exterior y física en eso que calificas cual enfermedad. Lo cierto es que lo que suelen denominarse enfermedades son averías del coche, no del Conductor; y es el propio conductor el que las provoca y genera en pro del desarrollo consciencial y evolutivo. Por ello, ninguna de las llamadas enfermedades son casuales y todas tienen su origen y razón de ser en el interior, siendo realmente sanadoras.

Con este telón de fondo, la totalidad de las denominadas enfermedades pueden ser clasificadas en dos grandes tipos: tipo 1 y tipo 2.

6. Enfermedades de tipo 1: enfermedades terminales

Las enfermedades o averías del tipo 1 son aquellas cuyo porqué y para qué consiste en que el conductor abandone el coche que ha venido utilizando durante la vida física actual, dando fin a la misma. Son, por tanto, enfermedades terminales, que llevan al tránsito. ¿Cuándo acontecen? Hay dos posibilidades:

+Por un lado, cuando se han vivido las experiencias por las que se produjo la encarnación en esta vida concreta. Tras experienciarlas, ya no tiene sentido alguno seguir en el coche en el que se encarnó precisamente para vivenciarlas; y desde el conductor se crea y provoca en el coche la enfermedad terminal. No es cuestión, por tanto, de edad, sino de haber vivido las experiencias que motivaron la encarnación. Y puede darse el caso de que las experiencias por las que se encarnó se hallen asociadas al apoyo al proceso consciencial de otras personas –por ejemplo, seres queridos-, por lo que, en este supuesto, la enfermedad terminal acontece para impulsar, mediante el impacto que provoca en el entorno, la evolución consciencial de esas personas.

+Y, por otro, dado que el libre albedrío es la regla, cuando sucede lo que antes se expuso y la vida se ha ido por unos derroteros que ya hacen imposible vivenciar las experiencias por las que se encarnó. Así, siguiendo con el símil del viaje en vehículo, suponte que encarnaste en esta vida física para vivir la experiencia de viajar en coche desde París a Sevilla; pero en libre albedrío, una vez encarnado, el coche no se ha dirigido hacia el sur, sino en dirección contraria y circula ya cerca del Polo Norte. Las experiencias que motivaron la encarnación ya no podrán ser vivenciadas en esta vida física y el conductor, consciente de ello, genera una enfermedad que pone fin a la misma.

El Conductor decide el cuándo y el cómo realiza el tránsito. Y los seres humanos podrían ser perfectamente conscientes –como, por ejemplo, hacen los lamas- y transitar al otro plano con consciencia. Sin embrago, la inmensa mayoría de la gente carece aún de esa consciencia y transitan por accidentes y por las enfermedades del tipo 1 que se acaban de describir.

6. Enfermedades de tipo 2: enfermedades no terminales

En cuanto a las enfermedades o averías del tipo 2, no son terminales, no se dirigen a acabar con la actual vida física, sino que su porqué y para qué radica en plasmar unas vivencias que permitan recordar y retomar el rumbo cuando este se ha perdido y el coche se desplaza en dirección distinta a la que motivó la encarnación.

En el símil anterior, cuando el coche circula no desde París a Sevilla, hacia el sur, sino que lo hace hacia el norte, el conductor genera en el coche una enfermedad –su gravedad dependerá de lo poco o mucho que se haya desviado del itinerario– que le fuerce a pararse –a respirar, a recapacitar…– y ver sí así es posible, en términos conscienciales, recuperar la dirección perdida.
Y también en este tipo de enfermedades puede darse el caso de que se encuentren ligadas al proceso consciencial de otras personas –como los seres queridos antes referidos-, por lo que la enfermedad surge para apoyar la evolución consciencial de esas personas a través del efecto que en ellas produce que un ser querido la padezca.

7. Lo trascendente no es el “qué”, sino el “cómo”: el “cómo” se vive el “qué”

Todo lo hasta aquí compartido conduce a una última conclusión, válida para las enfermedades y para todas las experiencias de la vida: el “quid” de la cuestión no está en el “qué” (qué pasa o qué deja de pasar, qué hago o qué dejo de hacer, qué debo de o qué tengo que…), sino en el “cómo” se vive el “qué”.

El coche, en general, y la mente, en particular, ponen por inercia el acento en el “qué”. Sin embargo, el Conductor que eres sabe bien que todo tiene su porqué y para qué y que todas las experiencias que vives son creadas, atraídas y generadas desde tu interior para impulsar tu estado consciencial. Siendo así, ¿para qué preocuparte por el “qué” desde el coche y discutir desde la mente lo que el conductor ha creado? ¿Te imaginas subirte y ponerte al volante del vehículo que utilizas a diario y que el coche empezara a cuestionar y a desobedecer tus decisiones, marchando en dirección distinta a la por ti señalada? Sería absurdo, ¿verdad? Pues es lo que te ocurre cuando tu mente enjuicia y califica las experiencias que estás trayendo y generando en tu vida desde el interior, como conductor.

Por tanto, olvídate del “qué” y centra tu atención en el “cómo” para insuflar de Amor e impregnar con su vibración, con la Frecuencia del Amor, todos los hechos, situaciones y circunstancias –experiencias, en definitiva– que la vida (no la programación mental), de instante en instante, pone por delante en el “Vivir Viviendo”. Y da igual el color de la experiencia: “buena” o “mala”, “positiva” o “negativa”, “agradable” o “desagradable”, “placentera” o “dolorosa”…

Ante cualquier experiencia, sea la que sea, también la denominada enfermedad, focaliza tu atención y tu consciencia no en el “qué”, sino en el “cómo”, llenado de Amor todas las experiencias. 

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