29/11/15

Comprende la “innecesariedad de hacer” y canaliza tus dones y energía interior en el “hacer no haciendo” (Recordando lo que Es: 18)


“Vanidad, pura vanidad. ¡Nada más que vanidad! ¿Qué provecho saca el hombre de todo el esfuerzo que realiza bajo el Sol? Una generación se va y la otra viene; y la tierra siempre permanece… Lo que se hizo, eso mismo se hará” (Libro del Eclesiastés, 1, 2-9)… La mente y el ego siempre te impulsan a hacer, a moverte… Pero, ¿hacer qué?; moverte, ¿hacia dónde?; ¿por qué y para qué?... Date cuenta: son los programas informáticos –sistemas de creencias- que han instalado en tu mente desde que naciste los que te empujan a un hacer y a un movimiento que estúpidamente consideras tuyos, pero que no lo son en modo alguno: tan sólo son acciones y reacciones mecánicas y automáticas generadas por esos sistemas de creencias, por esos programas informáticos. Así, te comportas como un robot y te lanzas inconscientemente a un hacer lleno de trabajo, fatiga, esfuerzo, debo de, tengo que, obligación, sacrificio, carga… Se trata de una dinámica de-mente en la que gastas tu energía y dilapidas tu vida entre sufrimientos. ¡Para ya! Toma consciencia de ella y detenla. Primero, percátate íntima y definitivamente de la “innecesariedad de hacer”, esto es, de que no hay exigencia o necesidad alguna de hacer nada: nada que pensar, construir, destruir, corregir, enmendar, perdonar, lograr, alcanzar, luchar, conquistar, liberar, dominar, controlar, programar, redimir, despertar, salvar, alzar, derribar… Nada que hacer que no sea simplemente vivir y gozar de una Creación construida con la genialidad y la mano de la divinidad que tú mismo eres. Y a continuación, conociéndote a ti mismo y observándote, siente y percibe tus dones y talentos –capacidades, facultades, facilidades y habilidades innatas, no impuestas por otros- y las energías que fluyen generosamente en tu interior. Canaliza conscientemente hacia el exterior, hacia tu vida diaria, esos dones y energías a través de un hacer que será ya un “hacer no haciendo”, pues estará libre de esfuerzo, trabajo y obligación y lleno de entusiasmo, pasión y con-pasión. Tu Movimiento será reflejo y resplandor de la Quietud que constituye tu esencia y no el alocado repiqueteo en el que venías sobreviviendo.

Emilio Carrillo
Sin mente, sin lenguaje, sin tiempo (http://www.sinmente.com/)

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