7/4/16

Vivir para ti mismo: la naturaleza de la creatividad



El Manantial. King Vidor, 1949

Hace millones de años, un hombre primitivo descubrió como hacer fuego. Probablemente fue quemado en la hoguera que él había encendido para sus hermanos, pero les dejó un regalo inimaginable al hacer desaparecer la oscuridad de la Tierra.

A través de los siglos, hubo hombres que dieron los primeros pasos por nuevos caminos apoyados solamente en su visión… Los grandes creadores, los pensadores, los artistas, los científicos, los inventores… Lucharon contra sus contemporáneos, que se oponían a todos los nuevos pensamientos. Todos los nuevos inventos eran denunciados y recusados, pero los hombres con visión de futuro siguieron adelante. Lucharon, sufrieron y pagaron por ello, pero vencieron.

Ningún creador estuvo tentado por el deseo de complacer a sus hermanos. Ellos odiaron el regalo que él ofrecía. Su verdad era su único motivo; su trabajo era su única meta. Su trabajo, no el de los que se beneficiarán de él; su creatividad, no el beneficio que de ella obtendrían otros… La creación que le daba forma a su verdad.

Él mantenía su verdad sobre todo y contra todos. Seguía adelante sin tener en cuenta a los que estaban de acuerdo con él o a los que no. Con su integridad como única bandera.

Él no servía a nadie ni a nada, sólo vivía para sí mismo. Y sólo viviendo para sí mismo pudo lograr las cosas que luego se han reconocido  como la gloria de la Humanidad.

Esa es la naturaleza de la creatividad.
  
... El creador se mantiene firme en sus convicciones; el parásito sigue las opiniones de los demás. El creador crea; el parásito copia. El creador produce; el parásito, saquea. El interés del creador es la conquista de la Naturaleza; el interés del parásito es la conquista del hombre. El creador requiere independencia, ni sirve ni gobierna; trata a los hombres con intercambio libre y elección voluntaria. El parásito busca poder, desea atar a todos los hombres para que actúen juntos y se esclavicen.

… El hombre es libre para buscar su felicidad, no para ceder y renunciar; para prosperar, no para morir de hambre; para realizar, no para saquear… Para mantener como su propiedad más querida su sentido de valor personal; y como su virtud más apreciada, su respeto propio.

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