22/3/16

Nada te espante


¿Cómo dar luz, cuando dentro sientes un vacío tremendo, una oscuridad infinita?
¿Cómo, en un momento, se pasa de la calma más sosegada a la angustia más descarnada?

Me encontré malherida, indefensa…
Frente a las fieras que me veían como presa fácil…

Me fallaron las fuerzas.
Pensé que me iba a desmayar de tanto dolor,
Que no sería capaz de soportarlo.

Aquella ansiedad, no se calmaba…
No encontraba la paz que antes veía en lo pequeño.

No sabía pensar por mí misma.
Había delegado esa misión en otros…
Y ahora estaba completamente desconectada de mí.

Los minutos, las horas… eran eternos en ese malestar.
El reloj y el calendario se aliaban contra mí…
No se movían… adrede.

De repente al fondo, de entre las tinieblas, emergió una luz…
¡La necesitaba! Corrí tras ella, era mi oportunidad…

Vino a mí, “- María, no te afanes…”, era Teresa.

“Nada te turbe, nada te espante
Todo se pasa.
Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza.
Quien a Dios tiene, nada le falta.

Eleva tu pensamiento, al cielo sube.
Por nada te acongojes, nada te turbe.
Y venga lo que venga, nada te espante.”

Ahora ya sé…

Aunque todo lo pierda…
Sólo Dios basta.

Sentí de nuevo una calma infinita.
Se hacía la luz… cada vez más fuerte.

“-No temas, María!”
“-Gracias, aDiós…, Teresa!”

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Autora: María Ferrer (mariafconciencia2@gmail.com)
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