22/8/14

Vivir en la fe verdadera


Considera inmóvil el movimiento
y en movimiento lo inmóvil,
y ambos, estado de movimiento
y estado de reposo, desaparecen.
Cuando tales dualidades dejan de existir
la propia Unidad no puede existir.
Ninguna ley o descripción
es aplicable a esta finalidad suprema.
Para la mente unificada, en armonía con el Camino,
cesan todos los esfuerzos enfocados hacia uno mismo.
Las dudas y las vacilaciones se desvanecen,
y vivir en la fe verdadera se vuelve posible.
De un solo golpe somos liberados del cautiverio;
nada se aferra a nosotros y
nosotros no nos aferramos a nada.
Todo está vacío, claro, autoiluminado,
sin el empleo del poder de la mente.
Aquí, el pensamiento, el sentimiento,
el conocimiento y la imaginación no tienen ningún valor.


La verdad sólo puede ser el todo

La mente sólo percibe un extremo, sólo puede ver un polo, mientras que la realidad es bipolar. Lo cierto es que en ese extremo se esconde el otro, pero la mente no puede penetrar en él. Y a no ser que veas ambos opuestos juntos, nunca te será posible ver lo que es. Lo que sea que veas será falso, pues será la mitad. La verdad sólo puede ser el todo. Conocer la verdad es conocer la totalidad en todas las cosas.

El movimiento es imposible sin algo inmóvil dentro de él. Siempre que amas, el odio, el polo opuesto, está presente, porque el amor no puede existir sin el odio. No depende de tu gusto: ¡es así. Pero la mente puede ver sólo uno de los polos: cuando ve el amor, deja de ver el odio; cuando se aferra al odio, deja de ver el amor. Y si quieres ir más allá de la mente, tienes que ver ambos extremos, los dos opuestos. Es exactamente igual que el péndulo de un reloj: mientras va hacia la derecha está ganando ya impulso para ir hacia la izquierda.

Mientras estás vivo, almacenas energía para morir; y cuando estés muerto, energía para renacer. Si sólo ves la vida, te estarás equivocando. ¡Ve la muerte oculta en la vida por todas partes! Y si lo ves, también podrás ver su reverso: que en la muerte se esconde la vida. Entonces ambas polaridades desaparecerán. Y cuando las ves en su unidad, la mente desaparece.

En el momento en que has elegido el amor, has elegido el odio. Y si te aferras a la vida, te estás aferrando a la muerte… La mente existe en una parte de la polaridad y trata de hacer que esa parte sea el todo. La mente dice: “¿Cómo voy a odiar a esta mujer? Cuando yo amo, amo; el odio es imposible”. La mente parece lógica, pero está equivocada. No se puede odiar a una persona sin amarla. Van juntos, son dos aspectos de la misma moneda. Tú miras una cara, la otra está oculta detrás (pero esta ahí, siempre esperando).

¿Qué ocurriría si la mente pudiera ver a ambas juntas? Todo se volvería absurdo, ilógico. La mente sólo puede vivir en un marco lógico, sencillo, negando lo opuesto. Si permites que entren en concurso cosas ilógicas, la mente desaparece… Cuando miras la forma en que la vida se mueve y vive, que es a través de los opuestos, tienes que abandonar la mente. La mente necesita demarcaciones claras, cosa que la vida no tiene. No puedes encontrar nada más absurdo que la vida, que la existencia… Si te reúnes, tan sólo te reúnes para separarte; si te gusta una persona, te gusta tan sólo para que te disguste; si eres feliz, tan sólo eres feliz para plantar la semilla de la infelicidad.

¿Qué hacer? A la mente no le queda nada que hacer. La mente simplemente desaparece. Y se constata que la vida no es absurda –lo parece por la excesiva lógica de la mente-, sino un Misterio y un Milagro… La vida siempre envuelve al opuesto... Disfruta el momento e inmediatamente llorarás; ríe y justo tras la risa están las lágrimas esperando brotar. No queda nada por hacer, así es como son las cosas.

Considera inmóvil el movimiento y en movimiento lo inmóvil

 “Considera inmóvil el movimiento...” Cuando veas algo que se está moviendo, recuerda, hay algo dentro de ello que es inmóvil. Y todos los movimientos conducirán a lo inmóvil. Estás corriendo, sencillamente, para descansar en alguna parte. Así que correr lleva a descansar, el movimiento lleva al estado de inmovilidad.

Y esa inmovilidad ya está ahí. Cuando estés corriendo, algo dentro de ti no está corriendo. Tu consciencia permanece inmóvil. Puedes moverte por el mundo entero, pero algo dentro de ti nunca se mueve, no puede moverse, y todo movimiento depende de ese centro inamovible. Te involucras en toda clase de situaciones y emociones, pero algo en ti permanece sin comprometerse, sin involucrarse. Y toda esa vida de compromisos tan sólo es posible por ese elemento que no se involucra.

Y “Considera inmóvil el movimiento y en movimiento lo inmóvil”… Y cuando veas algo estacionario, no te dejes engañar: es estacionario, pero ya se está moviendo. Nada es estático y nada está en movimiento absoluto. Todo es ambas cosas: en parte está en movimiento y en parte está estático. Y lo estático es la base de todo movimiento.

Cuando veas algo estático, busca en su interior y verás que, en alguna parte, el movimiento ya está ocurriendo. Si ves algo que se mueve, busca lo estacionario en ello. Lo encontrarás siempre, con absoluta certeza, porque un extremo no puede existir solo… Por ejemplo, un bastón tiene obligatoriamente dos extremos. Si tiene un extremo entonces el otro tiene que estar ahí; puede que esté oculto, pero es imposible que un bastón tenga sólo un extremo.

Todo lo que ha nacido ha de morir, todo lo que ha sido hecho tiene que ser deshecho, todo lo que se ha juntado tiene que separarse, toda reunión es una separación, toda llegada es una salida… Mira a ambos simultáneamente e, inmediatamente, la mente desaparecerá. Puede que te sientas un poco mareado, porque la mente ha vivido con demarcaciones lógicas. Admite ese mareo, deja que ocurra. Pronto desaparecerá y te afianzarás en una nueva sabiduría, en una nueva visión de la realidad que es la totalidad. Y en esa totalidad tú estás vacío. No hay opiniones acerca de esto; ahora sabes que todas las opiniones son falsas.

La mente no puede ver la totalidad, sólo aspectos de ella

Mahavira vislumbró siete posturas sobre todas las cosas. Primero dice sí, que no es la verdad, sino un aspecto. Luego dice no, que no es la verdad, sino otro aspecto. En tercer lugar dice sí y no, sí a ambos -si y no-, otro aspecto. Seguidamente dice sí y no, no a ambos; cuarto aspecto. En quinto lugar dice sí más sí y no, ambos sí; otro aspecto. A continuación, no más sí y no, ambos si, sexto aspecto. Y, finalmente, no más sí y más ambos no; séptimo aspecto.

Siempre que dices sí, es la mitad. En cierto sentido una cosa es, pero en otro ya está en camino de ser no-existencial… “¿Este niño está vivo o muerto?”. En cierto sentido este niño sí está vivo (primera postura) y en cierto sentido no (segunda), porque este niño va a morir. Es más, no sólo va a morir, de hecho, por estar vivo, ya está muerto (tercera postura: ambos, vivo y muerto, sí). La muerte está ahí oculta, es parte de él… ¿Pero cómo puede un niño estar de ambas formas, vivo y muerto?; porque la muerte niega la vida y la vida niega la muerte. Por eso hay también una cuarta postura: él no está de ambas maneras, ambos no.

La mente no puede ver la totalidad, sólo aspectos de ella. Si yo te doy una piedrecita, sólo ves una cara, la otra está oculta; si miras a la otra, entonces la primera, de nuevo, estará oculta. Ni siquiera puedes ver en su totalidad una piedrecita que puedes poner en la palma de tu mano… La mente no puede ver nada completo, sólo la mitad; la otra mitad es una suposición.

Esta lógica de siete pliegues es para la mente como una danza derviche: le produce mareo. La danza derviche es un método físico para marear a la mente, mientras que este es un método mental para provocar lo mismo. Si continúas haciéndolo, el mareo seguirá apareciendo durante unos días; luego se calmará. En el momento en que el mareo haya desaparecido te darás cuenta de que la mente ha desaparecido, porque ya no hay nadie que se maree. Entonces llega una claridad, miras a las cosas sin la mente. Sin la mente se revela el todo; y con el todo viene la transformación.

La palabra “unidad” es parte de la dualidad

Cuando tales dualidades dejan de existir, la propia Unidad no puede existir”… Usar la palabra “unidad” es también parte de la dualidad. Si no hay dualidad, ¿cómo va a haber unidad? La naturaleza de la existencia es no-dual, advaita, no dos. Nunca se puede decir “uno”, como mucho “no dos”. Puedo decir lo que la realidad no es: no es dos.

Cuando no puedes ver el amor separado del odio, ¿qué significado darás al amor? Si alguien me pidiera que escriba un diccionario, ¿qué significado le daría a amar? Los diccionarios sólo son posibles si el amor y el odio son diferentes, opuestos… ¿Cómo podría definir el amor? (porque el amor también es odio); ¿cómo la vida? (porque la vida también es muerte); ¿cómo a un niño? (porque un niño también es un viejo); ¿cómo la beldad? (porque la beldad también es fealdad)… Las fronteras desaparecen y entonces no puedes definir ninguna cosa porque todas las definiciones dependen de los opuestos.

Todo hombre es una mujer, toda mujer es un hombre. En esta existencia no puede existir nada sin su opuesto. Tú has nacido de dos personas: una era hombre y la otra mujer. Llevas a ambos en tu interior. Si una mujer se vuelve feroz, es más feroz que cualquier hombre; si está enfadada, ningún hombre puede competir con ella. ¿Por qué? Porque su mujer, en la superficie, está cansada y su hombre está siempre descansando y más lleno de energía. Y cuando un hombre se entrega o se vuelve muy amoroso es más femenino que cualquier mujer, porque surge la mujer que está siempre descansando oculta…

Todo se funde en lo opuesto. Cuando lo percibes, toda lógica parece inútil y la mente se marea. Y cuando ves a través de todas las dualidades, dejan de existir; porque el amor es odio. La palabra correcta sería “amorodio”; no dos palabras, sino una. Lo correcto sería “vidamuerte”, “hombremujer” o “mujerhombre,…; no dos palabras, sino una, juntas.

Pero entonces también la unidad deja de existir. El dos desaparece; como consecuencia el uno también. Es por esto que, cuando llegas a realizar la verdad, no es ni uno ni dos: es vacío… Cuando el dos desaparece, también el uno se diluye y sólo queda nada. Esta nada es la cima suprema de la iluminación, cuando lo ves todo vacío… cuando todo se vuelve vacío.

Todos los esfuerzos cesan

¿Qué vas a tratar de conseguir en este vacío? No hay ninguna meta a la que llegar, nadie para poder alcanzarla… Todos los esfuerzos cesan. “Ninguna ley o descripción  es aplicable a esta finalidad suprema. Para la mente unificada, en armonía con el Camino, cesan todos los esfuerzos centrados hacia uno mismo”… Esta es la paz de Buda, el silencio total; porque no hay nada que alcanzar, nadie para alcanzarlo, ningún lugar donde ir, nadie que vaya. Todo es vacío. De repente, todos los esfuerzos desaparecen. No vas a ninguna parte. Empiezas a reír, empiezas a disfrutar de este vacío. Entonces no hay ningún límite para tu gozo, van cayendo sobre ti bendiciones.

Si la existencia es sentida como vacío, nadie puede perturbar tu felicidad, porque no hay nadie para perturbarla. Eres tú; es tu dualidad lo que te perturba. Si puedes ver que lo opuesto está oculto, de pronto no pides nada, no buscas nada, porque sabes que pidas lo que pidas, vendrá lo opuesto, te será dado lo opuesto. Entonces ¿para qué pedir nada?

Cesan todos los esfuerzos enfocados hacia uno mismo” cuando este vacío es visto como tal. La mente que quiere lograr cae, desaparece entre el polvo… “Las dudas y las vacilaciones se desvanecen y vivir en la fe verdadera es posible”… Normalmente lo que se enseña en las iglesias y templos no es fe, sino credo: “¡Cree en Dios!”. ¿Pero cómo vas a creer? Porque cada creencia alberga en sí su propia duda. Por eso insistes en decir: “¡Yo creo plenamente!”. ¿Por qué este énfasis? Muestra es que en algún lugar hay una duda oculta y la estás escondiendo con la palabra “plenamente”. Por eso los creyentes no quieren oír nada que vaya en contra de sus creencias: siempre tienen miedo de que pueda tocar la duda oculta y esa duda se desarrolle.

Creyentes que se vuelven incrédulos, incrédulos que se vuelven creyentes... ¡cuántos cambios! ¿Por qué? Porque lo otro está ahí oculto. La creencia alberga en sí la duda, al igual que el amor alberga en sí el odio y la vida alberga en sí la muerte. Entonces, ¿qué es la fe?

La fe ocurre sólo cuando la dualidad ha caído; no es una creencia en contra de la duda. Cuando ambas, creencia y duda, han desaparecido, ocurre algo que es fe, que es confianza. No confianza en un Dios, porque no existe la dualidad, tú y Dios. No se trata de que confíes, porque tú ya no estás; porque si tú estás entonces habrá otros. Cuando todo es vacío, la confianza florece; el vacío se convierte en el verdadero florecimiento de la confianza. La palabra budista shraddha (fe, confianza) es muy diferente al de la palabra “creer”. No hay nadie para creer, nadie en quien creer; todas las dualidades han caído. ¿Qué puedes hacer entonces? Simplemente confías y fluyes con la corriente. Te mueves con la vida, reposas con la vida… flotas en el Río de la Vida.

Si la vida trae nacimiento, confías en el nacimiento; no te quejas. Si trae muerte, confías en la muerte; no dices que eso no está bien. Si trae flores, de acuerdo; si trae espinas, de acuerdo. Si la vida da, así es; si la vida quita, así es. Esto es confianza. No hacer una elección por tu cuenta y dejarlo todo a la vida, lo que sea... No desear ni hacer demandas e ir donde la vida te lleve, pues ahora sabes que, en el momento que exijas, el resultado será lo opuesto.

Intenta entender esto: todo lo que desees irá hacia su opuesto. Entendiendo esto, los deseos desaparecen. ¡Cuando el desear desaparece llega la confianza! Confiar significa ir por la vida sin ninguna expectativa, sin ningún deseo o demanda por tu parte. No pedir, no quejarse. Aceptando lo que sea que ocurra. Y esto no es algo que tú hagas. Si lo estás haciendo tú, entonces hay rechazo. Si dices: “Sí, aceptaré”, has rechazado. Dices: “Aceptaré lo que sea que ocurra”, pero detrás de esto hay un profundo rechazo.

La confianza ocurre viendo la realidad de que lo opuesto está implicado en todas las cosas. No es que digas: “Acepto”; no es que aceptes por impotencia. Es simplemente que lo opuesto está implicado en la naturaleza de las cosas. Mirar los hechos, la verdad, en el fondo de tu ser, te da confianza… Si me doy cuenta de que he nacido, entonces es un hecho que voy a morir. Esto es sencillamente un hecho. No lo acepto porque no hay rechazo; simplemente confío. Cuando confié en nacer, la vida me dio el nacimiento; y yo confié. La vida me traerá la muerte; y yo confío.

Lo desconocido está siempre ahí. Confiar significa entrar en lo desconocido, sin hacer ninguna demanda. Entonces no puedes ser desgraciado y la felicidad incausada va inundándote. ¿Cómo puedes ser desgraciado si no demandas nada?; ¿quién te va a hacer desgraciado si no demandas nada? La vida parece tan desgraciada porque, pidas lo que pidas, la vida parece ir exactamente en el sentido contrario. Si no demandas nada, la vida se convertirá en una bendición; cualquier cosa que ocurra es divina.

Y cuando te adaptas tan profundamente a la vida, las dudas, la incredulidad, desaparecen. Surge una fe que no es una creencia, que no necesita de ningún Dios en el que creer. ¿Para qué un Dios?; ¿no es suficiente con la existencia?; ¿para qué personificarla?... ¿Qué son tus dioses? Tus proyecciones. Y ¿por qué proyectas? Porque quieres estar protegido. Sin un Dios te siente desamparado; sólo quieres que alguien te ayude. Al pedir ayuda, tú mismo te estás creando sufrimiento, pues ocurrirá lo contrario. Sentirás que Dios no te escucha a pesar de que has hecho todo por tu parte.

Desconfianza significa que tienes que imponer algunas ideas. Te crees más listo que la propia vida. Eso es incredulidad. Quieres imponerte a ti mismo. Y confianza significa: “Yo no soy nadie, voy donde la vida me lleve, donde sea (hacia lo desconocido, luz o oscuridad, muerte o vida). Donde me lleve, estoy preparado. Estoy siempre listo, me adapto”. ¿Pero cuándo te adaptas? Sólo cuando cesa la dualidad; cuando puedes ver y el propio ver se convierte en el final… el final de los deseos, de las demandas.

De un solo golpe

De un solo golpe somos liberados del cautiverio”… No se trata de un asunto gradual, no es poco a poco. Cuando ves la verdad, de un solo golpe eres liberado.

Y no es cuestión de hacer esfuerzos, pues cualquier cosa que hagas lo harás con la mente y la mente es la causa de todas las desgracias. De hecho, todo lo que hagas con la mente supondrá un esfuerzo, la reforzará aún más y será una elección desde dos polos opuestos. Así te irás liando cada vez más. Por tanto, no es cuestión de qué hacer, sino de cómo ver sin mente, sin elegir. La cuestión no tiene que ver con el hacer ni con la acción, sino con la cualidad de la consciencia. Cómo estar más alerta y consciente, esta es la única cuestión. Cómo ser tan consciente que puedas ver más allá de la mente, de modo que los opuestos se conviertan en uno y las dualidades cesen.

En una aguda penetración de consciencia desaparecen tanto los pecadores como los santos, porque ambos pertenecen a la dualidad. Y Dios muere y el Diablo también, porque ellos pertenecen igualmente a la dualidad, los ha creado la mente. Dices que Dios es amor y el Diablo odio, que Dios es compasión y el Diablo violencia y que Dios es luz y el Diablo oscuridad. ¡Qué idiotez!, porque la oscuridad y la luz son dos aspectos de la misma energía. Al igual que bien y mal, correcto e incorrecto, moral e inmoral… son polaridades de un solo fenómeno. Y ese fenómeno es la existencia… Dios, Diablo… la existencia es ambos… El día y la noche, el cielo y el infierno… todo, está junto. Y cuando ves esto, ¿dónde está la elección?, ¿qué sentido tiene elegir algo o pedir algo? Todas las demandas cesan. Surge la fe, aparece la confianza. En el vacío de la verdad, donde la dualidad cesa y ni siquiera puedes ver que uno es, florece un fenómeno desconocido: la confianza.

Observa, estate más alerta

Nada se aferra a nosotros y nosotros no nos aferramos a nada. Todo está vacío, claro, autoiluminado, sin el empleo del poder de la mente. Aquí, el pensamiento, el sentimiento, el conocimiento y la imaginación no tienen ningún valor”… Entonces uno vive… Uno, solamente, ¡vive! Uno respira, solamente respira. Sin imaginación, sin pensamiento, sin mente. Confías en la existencia y entonces la existencia confía en ti. Este encuentro de confianzas es la bienaventuranza suprema, el éxtasis, el samadhi.

Tienes que ver, tienes que observar la vida; hazte un observador, mira en todas las cosas. Cuando estás en tal equilibrio y tranquilidad, cuando no demandas amor, cuando no quieres estar lejos del odio, cuando no te aferras a nada y nada se aferra a ti, de repente ni amas ni odias; de golpe, se acaba la dualidad… Estarás vacío… No habrá ni amor ni odio, pues sólo puede haber uno cada vez. Ambos juntos, se niegan entre sí. De repente, ninguno de los dos está ahí; solamente quedas tú, en total soledad. No hay nada, ni rastro de nada. Este es el vacío, shunyata.

Y si puedes verlo en una dualidad -por ejemplo, en vida-muerte o en amor-odio-, lo has visto en todas las cosas, entrando en una cualidad completamente diferente de la existencia y llenándote de Confianza. No es algo en lo que tengas que creer, una doctrina; no tiene nada que ver con ningún Dios. Tiene que ver con tu consciencia. Plenamente alerta, viendo a través, te vuelves libre; y de un solo golpe.

No pienses en ello, intenta verlo en la vida. Será doloroso porque cuando estás sintiendo amor no quieres pensar en absoluto en el odio. En realidad tienes miedo de que, si piensas en el odio, todo este éxtasis de amor desaparezca. Cuando estás vivo no quieres pensar en absoluto en la muerte, pues tienes miedo de que, si piensas demasiado en ella, no te sea posible disfrutar la vida… Sin embargo, en algún sentido, el miedo es conveniente. Ciertamente, si te vuelves consciente de la muerte no te será posible disfrutar de la vida en la forma en la que hasta la viniste disfrutando. Pero, sé sincero, ¿esta forma ha sido realmente dichosa?, ¿no es verdad que ha estado llena de sufrimiento?

Si piensas en el odio mientras haces el amor no te será posible disfrutarlo de la forma que lo has estado disfrutando hasta ahora. Pero en realidad, ¿es un gozo o una obsesión?, ¿has disfrutado realmente del amor? Si lo hubieras disfrutado hubieras florecido, tendrías una fragancia diferente y no la tienes; tendrías una diferente iluminación del ser y no la tienes. Entonces ¿qué clase de gozo ha sido este amor, esta vida y todo lo demás? No, simplemente has estado engañándote.

Tu amor no es otra cosa que un tóxico, una droga. Caes en él por unos momentos y lo olvidas. Luego llega el odio y caes en la desdicha. Y de nuevo, porque estás infeliz, buscas amor. Pero tu amor no es otra cosa que caer en un sueño profundo. Este ha sido tu patrón. Todo lo que llamas felicidad no es otra cosa que caer en el sueño… De nuevo vuelve el odio, de nuevo entra el mundo y las preocupaciones y de nuevo vuelves a la rueda. Esto es lo que has estado haciendo durante innumerables vidas.

Ahora, mientras experimentas el amor, observa, no tengas miedo, cómo se va convirtiendo en odio. Mientras estás vivo, observa cómo vas yendo hacia la muerte; observa cómo tu juventud se va convirtiendo en vejez. ¡Mira lo opuesto!... Se necesita valor, porque no reforzarás los viejos patrones. Por el contrario, los destruirás… Y alcanzarás una tranquilidad que transciende los dos opuestos y de un solo golpe: por primera vez serás un alma libre; tú eres la propia libertad. Por esto a este estado supremo se le llama moksha, libertad.

No hay que hacer nada. Sólo tienes que darte más cuenta de tus quehaceres, hacerte más consciente. Esta es la única meditación: estate más alerta. En un momento de aguda consciencia, la consciencia se convierte en un arma y de un solo golpe se rompen todas las cadenas.

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Fuente: Extracto del capítulo 8 de “El Libro de la Nada”, de Osho, realizado por Emilio Carrillo.
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