Quizá pienses que he insultado a Marta al compararla con las personas mundanas que critican a los contemplativos; o a estos, por haberlos confrontado con ella. En realidad, no quería ofender a nadie. No diga ni escriba yo nada que critique a cualquier Hijo de Dios, sea cual sea el grado de santidad en el que se halle. Creo en verdad que debemos excusar a Marta por quejarse, teniendo en cuenta el tiempo y las circunstancias del incidente. No se daba cuenta entonces de lo que María estaba haciendo; tampoco ha de sorprender, pues dudo que hubiera oído hablar alguna vez de la posibilidad de tal perfección.
Pienso, igualmente, que, en atención a su ignorancia, han de ser perdonados los críticos con mentalidad mundana que encuentran faltas a los contemplativos. Así como Marta era desconocedora de lo que decía cuando protestaba, de idéntica manera estas personas entienden poco o nada sobre la vida contemplativa. Estoy seguro que si tuvieran algún conocimiento acerca de ella, no se comportarían como lo hacen. Sólo han experimentado una forma de vida -la suya propia- y no pueden imaginar otra. Por otra parte, cuando recuerdo los caminos en los que he fracasado por ignorancia, pienso que debo ejercer una amable tolerancia hacia los demás.
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