Agenda de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2026-2027

Agenda completa de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2026-2027

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28/7/15

Creer, para sufrir


¡Qué verbo más tonto este de “creer”! El verbo de los crédulos.

- ¿En serio, Deéelij, “crees” lo que dices? ¿No son muy fuertes tus palabras?

Es posible que el lector pregunte lo anterior, pero si nos atenemos a lo que dice el diccionario, creer, en su primera acepción asegura, y es rotundo, pues lo manifiesta con certeza que es: “tener por cierto algo que el entendimiento no alcanza o que no está comprobado o demostrado”, y cuando buscamos la palabra crédulo afirma que es: “que cree ligera o fácilmente”. Así que tras esto, ¿sigues pensando que estas, mis/tus, palabras son fuertes? Si es que sí, prepárate que vienen curvas.

Lee atentamente, pues afirmo y aseguro que tú eres lo que crees. Así de simple, y te lo digo otra vez: tú eres lo que crees. O, tú eres aquello en lo que crees. O, no eres más que eso en lo que crees. O, si crees en algo, eso eres, y no más que una creencia en la que crees. ¿Fuertes palabras? Pues aún no llegaron las curvas.

Si crees en una ideología, eres la ideología, y eso es muy limitado. Es limitativo pues te lleva a un comportamiento en base a esa creencia y de camino a una estrechez de miras galopante, además de colocarte en la posición de que quien no crea en lo que tú crees es contrario a ti, alguien peligroso, alguien a quien quitar de lado, incluso se ha llegado al caso de asesinar a quien no cree en lo que tú. ¿Cómo van las curvas?

Mira, tira de la historia, ¿acaso las Cruzadas no eran porque unos creían que estaban en lo cierto contra otros que creían que también estaban en lo cierto? Pues así te puedo poner múltiples ejemplos. ¿Actuales? Sencillos los tengo: ¿No matan los aficionados de un equipo de fútbol a los aficionados de otro equipo de fútbol por la simple creencia de unos colores sobre los otros? ¿No se siguen matando por esos parajes de la Tierra unos a otros porque la creencia de unos es la contraria a la de los otros?

Alguna vez le he preguntado a un creyente de un partido cuál era la idiosincrasia de ese partido; y no lo sabían, sólo decían que creían en la ideología del partido, pero cuando insistía en cuál era la ideología, ni sabían cuál era. Tan sólo se habían apuntado a algo porque creían que era la opción correcta o buena. Claro, que si les preguntaba a los de la ideología distinta decían lo mismo.

Conozco a una pareja que acaban de tener un bebé y ya lo han inscrito en un equipo de fútbol y en una hermandad cofrade. En fin, sólo les faltó apuntarlo a la lista del paro. ¿Sabes lo que le pasará a ese bebé? Pues crecerá creyendo a pies juntillas que eso a lo que está apuntado es lo correcto y podrá llegar a luchar por ello sin saber el por qué lo hace; tan sólo dirá que es en lo cree. Y siendo así, pues ya tenemos adiestrado a otro ser humano, tendremos otro perrito faldero u otro mono de feria que va de un lado al otro porque así se lo enseñaron, porque le dijeron que eso es lo que ha de creer.

Algunos obedecen a creencias tan absurdas como las de “los Pérez-García somos así” Y resulta que el niño escuchó esto a su padre, abuelo, tío, hermano mayor… y así se comporta luego. El cree que los “Pérez-García” son así y así es, y no es más que eso. Pero eso suele ser bastante dañino, pues al no creer más que en eso, eso es lo único que es sin otra posibilidad, sin más posibilidades. Así que su vida se ciñe a eso en lo que cree y para de contar.

  Así que si crees en algo, eres eso en lo que crees. Así de sencillo, pero a la vez así de superficial, memo, ingenuo y necio.

- ¡Qué fuertes son tus palabras, Deéelij! No puedo creer lo que dices.

Pero si no se trata de que me creas. Se trata de que yo exponga algo y tú verás qué haces con ello. Alguien dijo algo parecido a lo siguiente: no sigas mis pasos o iras al mismo sitio. Así que no se trata de que me creas, que es lo que se suele hacer. ¿Cuántas veces has oído, e incluso dicho como si se tratara de una verdad, eso de: “lo ha dicho tal persona” Y al decir eso le das validez como si fuera cierto? ¿Cuántas veces nos hemos creído lo primero que nos han dicho? Pues miles. Desde pequeño uno cree lo que le dicen sus papis, porque ¿por qué tendría que dudar de ellos? Y así muchas otras personas nos han dicho cosas y nos la hemos creído de tal manera que forman el credo de nuestras vidas.  Y creemos en el credo que ejecutamos sufriendo de paso y sin parar.

Pero la clave de todo esto es que esas creencias son afianzadas en cuestiones externas a uno. Lo que nunca nos inculcaron es que creyéramos en nosotros mismos. ¿Cuál es la diferencia? En el primer caso, al creer en lo externo, lo que haces es depositar fe y esperanza en eso. Pero al creer en ti, lo que haces es fomentar tu confianza en ti. Cuando es lo primero, siempre estás a la espera de que algo externo cumpla de una manera determinada, y cuando no llega lo que se espera, uno se frustra como mínimo, sino padece un sufrimiento brutal. Pero cuando es lo segundo, pase lo que pase fuera, lo interno es la fortaleza que sostiene todo tu edificio hasta el punto de que estás seguro, tranquilo y feliz, pues no dependes de nada, sólo de ti. ¿Cómo van las curvas? Pues tranquilidad, que ya termino con un par de derrapes.

Repito: eres lo que crees. Pero QUIEN ERES no cree, pues posee certeza de SÍ, de su SER. Y esta es otra clave, la certeza, o tienes certeza o sólo crees sin fundamentar, sin articular, sin lógica, sin análisis, sin deducciones, sin razonamientos.

La cuestión no es en lo que crees, sino por qué crees en eso. A mí me da igual en lo que creas, sólo quiero el porqué de esa creencia, que sepas razonarlo, que esté cementado, que tenga lógica, que puedas defender de verdad, con solidez, de lo contrario el argumentario no pasará de frases como “creo porque sí, porque así me lo dijeron, porque así se ha hecho siempre, porque lo dice…” 

    Un derrape más para ir concluyendo: Cuando dejas de creer en lo externo, aparece lo interno con certeza.

- Esta frase es muy fuerte, Deéelij, te has pasado un par de pueblos.

Estoy de acuerdo, lo es, pero ¿son tan fuertes tus creencias como la evidencia de esta frase? Mira, si alguna vez dejas de creer en todo aquello en lo que crees, sea lo que sea, incluso en que como eres de tal sitio has de comportarte de esa manera. Incluso que por ser, hijo, sobrino, mami, papi, abuelo, trabajador… sea lo que sea, que creas ser, según te dijeron, y que acorde a ello has de comportarte como tal… Cuando dejas de creer en el cómo has de ser, aparece tu SER y el por qué con certeza.

¿Por qué has de regirte por la creencia de que como eres hijo (o cualquier otra condición) has de comportarte como tal dejando de SER TÚ? Cuando dejas de SER TÚ, tu SER sólo es una creencia ejecutable por otros, una creencia que ejecuta sin razonamiento. Así pues, la libertad en tus acciones (que no se les puede llamar acciones) sólo son el computar automatizado de una suma de creencias que te llevan a un comportamiento concreto, que si lo pensaras un instante, no es el que de verdad quieres. Entonces, ¿dónde está tu libertad? Pues te lo digo: presa de tus creencias. Así que puedes creer que eres libre, y en efecto, te lo crees, pero sólo eres un esclavo de tus creencias; un crédulo en resumen. Y eso es ser nada, eso es ser poco, eso es no SER.

     Llegados a este punto, te planteo el siguiente derrape: ¿Quién es más crédulo, el que establece la creencia o el que la cree a pies juntillas? Espera, espera, que la siguiente pregunta puede llevarte a descarrilar: ¿Quién es más tonto, el tonto o el tonto que sigue al tonto?

     ¿Adónde vas? ¿Haces tu vida o repites la de los demás?
     ¿Quieres ir a alguna parte o adonde van los demás?
     ¿Confías en ti o crees en los demás?
     ¿Eres auténtico o una emulación de la copia de alguien?

- Deéelij, creo que eres un osado, un provocador, un…

Me da igual lo que creas que soy; sé Quien Soy ¿lo sabes tú de ti? Pues si lo supieras estaríamos hablando en el mismo idioma, en el de la certeza. Pero, ¿quién dice esto? ¡Jo!, me lo estoy diciendo a mí, pues yo soy tú en otra forma. Lo que escribo me lo escribo a mí aunque tú (eres yo) sea quien lo lee. ¿Entonces me creo a mí mismo desde otra forma o creo otra forma de Ser sin creencias adoptadas?

Se acabaron las curvas y los derrapes, me contengo, que ya son muchas palabras. Concluyo: ¿estás en la cuneta o en Ti Mismo? Pues hasta que no tengas la certeza de Ti Mismo, desde tu Mismidad, estás en la cuenta aunque no te lo creas. Y si crees otra cosa, demuéstrame tu creencia, con certezas sólidas.

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Autor: Deéelij
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6/9/18

¡Ascensión a 5ª Dimensión? (IX Parte de XII)



14.- Programación y adiestramiento.

        14.1 En la anterior parte (IX) se advertía de cómo se mostraría la forma en que el EGO aprende una serie de datos y desde esos datos opera a modo reactivo. Esto quiere decir que el EGO funciona a modo de acción que recibe y reacciona acorde a esa acción recibida (acción-reacción). Por tanto, opera a base de estímulos externos; es cómo ha aprendido. En cambio, el ALMA obra desde el entendimiento independientemente de lo que suceda en lo externo.

        Los Amos han usado de todo lo que tenían en sus manos para poder programar y adiestrar el EGO de la raza humana. Para ello han usado todo tipo de recursos para esa programación. Esos usos no son otra cosa que sistemas de adiestramiento disfrazados de otra cosa. Existe un sistema educativo desde el que van enseñando en qué creer sin cuestionar. Básicamente se enseña a qué pensar y no cómo pensar. Se aprenden datos que aunque puedan ser cuestionados, no tienen otra réplica que esos datos los aportan doctos expertos, y que lo que dicen, y aseguran esas personalidades, es la verdad  única que no ha de ser cuestionada, sino creída tal y cual se recibe. Un ejemplo: es que no se discute que las pirámides de Egipto fueron construidas con herramientas de cobre que eran usadas para cortar las piedras que forman tales edificaciones. Pero a día actual resulta que se ha demostrado que eso es imposible, pero el sistema educativo sigue enseñando lo mismo, y no puedes cuestionar a los que así lo dijeron en su momento. Y lo dijeron sin pruebas. Pero ahora que hay pruebas, la programación educativa sobre las herramientas de cobre sigue teniendo valor incluso en las universidades, y no se puede discutir esto, sólo te lo puedes creer, sin más. Y si lo discutes, te ridiculizan, humillan, desprecian… 
Al sistema educativo implantado a nivel mundial, se le suman los sistemas culturales de programación. Así pues, en cada cultura se enseña cómo han de comportarse, pues es la tradición y el modo de hacer adecuado, bueno o correcto, y tampoco se discute. Por ejemplo: aún hay muchas culturas donde los padres deciden por sus hijos con quién ha de casarse y no hay posibilidad alguna de saltarse la norma, y si lo haces eres marginado.
El sistema usa de más sistemas, como el sistema económico, político, nacionalista, independentistas… Y todo ese conjunto de sistemas crea determinados sistemas de creencias sin base demostrable que terminan condicionando el EGO en su respuesta, pues sólo pueden responder a base de lo aprendido, sin cuestionamientos. El EGO responde desde datos asimilados como creencias de las que no se pueden dudar ni criticar.
        La raza humana ha sido aleccionada en determinados sistemas de creencias, los cuales les llevan (1), a competir unos contra otros. (2), a no discutir lo aprendido y si hace falta (3), luchar por la defensa de ello. Y todo concluye en la siembra de un adoctrinamiento que ya hemos mencionado como la dualidad. Es decir, cualquier sistema de creencias (adoctrinamiento y programación) tiene una tendencia a que ese sistema de creencias es el bueno, el correcto, el adecuado, y todo lo que no sea eso es contrario; y, por tanto, es malo, incorrecto, inadecuado. ¿No te suena el tema de las cruzadas  cuando ambos bandos creían tener la razón para luchar unos contra otros por un territorio que creían que les era propio? Y así les fue, se dieron de palizas durante años, y esa diferencia entre ambas religiones se sigue manteniendo. Este ejemplo lo puedes ver en miles de enfrentamientos provocados por los distintos sistemas de creencias de cualquier tipo de ideologías sociales, políticas, económicas, culturales, religiosas...
       
        14.2 Se trata de quitarse esas creencias que sólo posee el EGO, pues el ALMA obra desde certezas examinadas a la luz del razonamiento usado por su entendimiento.
        Así pues, toda creencia que te lleve al sufrimiento, sólo forma parte de un sistema de creencias que has aprendido (EGO) y que no te has cuestionado desde el entendimiento, y que la ejecutas sin razonar en modo alguno. Ejemplo: “el amor es aguantarse” Esta frase es una creencia. Si se funciona desde la misma, resulta que conduce al sufrimiento. Por tanto, forma parte de un sistema de creencias aprendido como bueno, pero que en modo alguno produce algo bueno, o mejor dicho, positivo. Así que, cada vez que localizas, en ti, una creencia que te lleva al sufrimiento, puedes empezar a eliminarla, pues eso es puro EGO; y cuando detectas esa creencia lo haces desde el entendimiento del ALMA; así que al mismo tiempo estás tendiendo a conectarte con tu esencia dejando atrás el sufrimiento. Por cierto, cuando se ama incondicionalmente jamás se produce daño alguno. Pero no creas lo subrayado, examínalo a ver si no te estoy vendiendo una creencia que vas a creer sin verificarla.

14.3 Toda creencia que lleve a una imposibilidad, es un sistema de creencias aprendido. Por ejemplo, en la antigüedad, había enfermedades que no se podían curar, y si se conseguía curar se le consideraba un milagro. En la actualidad ocurre lo mismo, hay quienes dicen que el cáncer es imposible de curar. Si eso es verdad ¿por qué tanta investigación parar curarla?
Pero no hay que irse muy lejos, pues actualmente hay quienes quieren demostrar que la Tierra no es redonda sino plana. Bien, pues a ver si demuestran su creencia tras tanta evidencias en contra de lo que sólo creen sin pruebas.  

14.4 Cuando crees en algo sin saber el por qué lo crees, es un sistema de creencias. Y es algo que expliqué, por ejemplo,  en la parte VI secciones 7 y 8. No importa en lo que creas, sino en el por qué de esa creencia. Si no se puede defender esa creencia con un por qué razonado, eso es una creencia aprendida; es un sistema de creencias. Pero aunque haya un por qué con el que demostrar el qué (crees), si tal creencia te lleva al sufrimiento (aunque haya un por qué), de igual modo es una creencias aprendida desde la que el EGO reacciona.

14.5 Los débitos adquiridos son por igual sistemas de creencias. Por ejemplo: “Soy tu madre y te he dado la vida, así que me la debes y debes hacer por mi…”. Y como le debes la vida a tu madre según te ha dicho esa creencia, estás sumiso a lo que tu madre te diga que has de hacer. Así que estas creencias te llevan a ser esclavo de las mismas y no poder evitar obrar con libertad, pues el EGO ha de reaccionar acorde a la creencia asimilada como verdadera. O la tan manipulada creencia de que has de defender a tu patria… ¿De veras crees aún en ir al combate para defender a tu patria del pollo en el que se han metido los políticos que son los que declaran la guerra?

14.6 Toda cuestión que te lleve a una actitud de anulación, imposición y sumisión, obedece a una creencia. Crees que has de hacer o ser de tal forma porque así lo aprendiste, aunque no te guste, aunque sea perjudicial para ti. Así que te vuelves esclavo de los sistemas de creencias que crees sin examinar ni verificar.

14.7 Toda ideología (sea del tipo que sea) que te lleva a creer que tu ideal es el único viable y el de los demás no lo es, es un simple sistema de creencias aprendido que te lleva a despreciar lo que otro pueda exponer por el simple hecho de no tener tu misma ideología. Esto es muy evidente con las ideologías políticas y religiosas, pero con las futbolísticas… Menudas broncas se montan entre las distintas aficiones (ideologías futbolísticas) en muchos encuentros, incluso antes de los encuentros.

14.8 “lo dice…” Esta expresión de “lo dice la Biblia… lo dice tal persona… lo dice la televisión…en definitiva son sistemas de creencias. El Ego lo asume sin más y lo reproduce como tal, como verdad absoluta e incuestionable. Esto es muy propio de la beatitud espiritualidad que van creyendo lo que recibe y terminan exponiéndolo como verdad absoluta al decir: “…eso lo ha dicho…” y como lo ha dicho quien sea, hay que creerlo, sin más. Así que  es mucho mejor no creer lo que digan sin verificación, pues pasa a ser parte del EGO que lo expone como si fuera un argumento válido e irrefutable. Cuando, en verdad, sólo es una creencia aprendida (“…eso lo ha dicho…”), eso se repite como un loro repite una frase aprendida, sin parar. 

        Estos ocho puntos expuestos muestran las creencias que se pueden poseer y que poseen al EGO en su comportamiento de unos contra otros, de incredulidad ante una posición que no es la propia, de emprender acciones desmedidas con tal de defender aquello que uno cree… ¿merece la pena, ya que sabes esto, seguir a modo EGOICO operando y reaccionando a base de sistemas de creencias que sólo llevan al sufrimiento, a la lucha, a la pelea, a la sumisión, a la esclavitud…?


15.- Disolver la dualidad.

        Los sistemas de creencias conducen a la dualidad, tal y como se ha mostrado antes, o es blanco o negro: o es correcto o incorrecto; o es bueno o malo; o es adecuado o inadecuado… Y así podríamos seguir estableciendo más parámetros de dualidades enfrentadas.
        De lo que se trata, es de darnos cuenta de que cualquier sistema de creencias que nos lleve a la dualidad, es algo aprendido por el EGO en la programación y adiestramiento recibido. Por tanto, mejor aprender a desprogramarse y dejar de estar adiestrado por las creencias.

        La disolución es sencilla, pregúntate lo siguiente ¿esta creencia es beneficiosa o perjudicial para mí? Si es perjudicial, ya la puedes retirar. Sólo era una creencia y puedes desprogramarte:
ü  Todo lo que no produzca beneficio o positividad en tu vida, es una creencia.
ü  Todo lo que te limite la libertad en el modo que sea, es una creencia, y te la puedes quitar.
ü  Todo lo que produzca sufrimiento, es una creencia, y te la puedes quitar.
Así de sencillo, pero hay que empezar a examinar todas esas creencias, una por una, y el EGO, al poco, se va disolviendo.

        O dicho de otra manera, el ALMA, el SER ESPIRITUAL, no realiza nada de lo que esté seguro, posea certeza verificada y no conduzca al disfrute. Así de sencillo. Así que tienes dos métodos para disolver la dualidad, y empezar a dimensionarte por ti mismo en una 5D personal e individual. No obstante hay una tercera manera: no sigas a nadie, no creas a nadie, no adores a ningún líder. Haz tu propio sendero, márcate tus propias pautas, conviértete en el dueño de tu vida.

        Ah, como ya mencioné en la parte anterior en el punto 13.2: fuera los  términos que concluyen en “…ismos” y los que terminan en “…istas”.

Nota a este epígrafe en artículo publicado en Blog de Emilio Carrillo, “Creer, para sufrir”


16.- Las expectativas, algo a eliminar.

¿Imaginas que llegas a la última parte de las XII que componen esto de la ascensión a 5D, y encuentras el siguiente texto en referencia a la fecha del tercer aviso de la ascensión a la 5D?:

Supongo que estabas suponiendo que iba a dar una fecha concreta de cuándo se va a producir la ascensión a la 5D ¿sí, lo esperabas? Pues no hay una fecha…”

¿Cómo te quedarías? Seguramente frustrado cuando anuncio que no hay una fecha de ascensión a 5D. ¿Acaso estabas suponiendo que la habría o que la hay? ¿Acaso esperabas un final feliz, por fin, al término en la parte XII?

ü  Si SUPONÍAS o ESPERABAS algo concreto y no lo hay: te frustras.
ü  Si SUPONÍAS o ESPERABAS que ocurriera algo, y no ocurre: te frustras.
ü  Si basas tu futuro en SUPOSICIONES O ESPERANZAS (esperar), lo que siempre llega es la frustración.

En parte, esta sección de las frustraciones viene precedida de los sistemas de creencias, antes referenciados. Toda suposición y espera (esperanza) se basa, ineludiblemente, en una creencia, nunca en una certeza.
Y así se le ha acostumbrado al EGO, a que ESPERE, a que SUPONGA, a que tenga ESPERANZAS. Sobre la esperanza ya se habló en la parte anterior en el punto 13.3. Sólo añado algo personal a aquello, que para sólo es una creencia cuando de dice eso de “la esperanza es lo último que se pierde”, pues personalmente la esperanza fue lo primero que tiré a la basura.
Al EGO, y a la raza humana, se la ha acostumbrado a que espere algo. A que espere que le salven, que le rescaten, que le hagan feliz… Sí, que le hagan feliz, como el cuento de la princesa que espera que llegue el príncipe a rescatarla con un beso y le haga feliz… Y al final ni llega el príncipe, ni eres feliz con lo que llega; o como decía una conocida muy frustrada: “estoy cansada de besar sapos”

ü  En la NO ESPERA de nada ni de nadie, cuando algo llega, se disfruta como no te imaginas.
ü  Pero si estás a la ESPERA de algo y no llega como SUPONÍAS que DEBÍA llegar, lo único que llega es la frustración.
ü  Incluso cuando ESPERAS algo y llega, pero no llega como SUPONÍAS, de nuevo llega la frustración.
ü  Es más, incluso cuando ESPERABAS que llegara algo, y llega, al poco el disfrute se pasa y la frustración retoma. Y llega la frustración porque esperabas que eso que ha llegado te diera un disfrute en duración.

El EGO se ha acostumbrado a esperar, ha sido adiestrado a la espera. A esperar cosas desde fuera. Al Ego no se le ocurre no esperar nada de lo externo, pues ha sido adiestrado a la espera, a que lo externo le dé lo que sea, un sustento, un apoyo, un rescate, una solución… la felicidad. Felicidad que nunca llega porque la felicidad es un estado interno (propio del ALMA) que nunca se consigue por más cuestiones, cosas, posesiones o personas que existan en tu vida, en lo externo.
El EGO sabe que existe la muerte, pero espera que no se le vaya ningún familiar, y se le van, y sufre. El EGO en esto de estar adoctrinado en la espera de lo externo como elemento vital de soporte de vida, ni se imagina que lo externo es inestable, y que hoy puede poseer algo, pero mañana puede no tenerlo al perderlo, y llega la frustración.
¿Cómo se vence esto? Sencillo: no esperando nada de nada ni de nadie.
¿Recuerdas lo que describí al inicio (parte I) cuándo la gente esperaba a las miles de naves que iban a venir a rescatar a la humanidad? Pues que no llegaron y se frustraron. Y lo mismo pasó con la segunda fecha de la ascensión que era para 2017… No pasó nada, y de nuevo llegó la frustración.
Y es que los Amos saben cómo sabotearte a la perfección: haciéndote creer que esperes, a base de suposiciones, cualquier recompensa de lo externo.
¿Qué es lo que te indica que esperes un anuncio de automóviles? Lo mismo. Encima te lo anuncian con una chica que luego no viene incluida en el coche. Lo mismo se hace con un anuncio de perfume que te hice que si lo usas, las chicas se sentirán atraídas a ti… Y luego no te comes un colín, y te frustras ante la desesperación de haber esperado algo que no llega nunca.
El obrar del ALMA es vivir sin expectativas (esperas basadas en creencias de lo que se ha de suponer o no que llegará).
El ALMA en modo alguno usa de las expectativas, sólo usa de la confianza en Sí Mismo, que es donde reside la felicidad de Ser Uno Mismo. Al ALMA no le complementa nada de lo externo, sólo usa de lo externo para obtener experiencias, pero sin esperar nada concreto de las mismas.

Así que si quieres ser un SER ESPIRITUAL (pasar de ser un ser humano a ser un SER humano) has de librarte de las creencias y las expectativas, de lo contrario seguirás, como muchos beatos espirituales, a la espera de ser rescatados por lo que sea, aunque sea por el rayito de luz que dicen que va a llegar desde el centro de la galaxia durante el paso de la Tierra por el cinturón de fotones, y de esa manera ser iluminados y ascender…
 
        Tú sigue a la espera a ascender, y verás la frustración que te llevas, va a ser brutal. Personalmente, llegue lo que llegue, como si no llega nada, me dedico a ascenderme en el disfrute continuado de lo que llega, y sin que lo que llegue tenga que ser de una manera concreta, sólo disfruto lo que llega. Y sobre esto último te dejo el enlace de abajo.

Nota a este epígrafe en artículo publicado en Blog de Emilio Carrillo, “Disfrutar”

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¡Ascensión a 5D? se publica en este blog en doce entregas, durante doce jueves seguidios: del jueves 12 de julio al jueves 27 de septiembre de 2018.
Autor: Deéelij (deeelij@gmail.com)
Notas del autor:
+Emilio Carrillo y yo (Deéelij), quien esto escribe, no son la misma persona. En el fondo, ambos estamos de acuerdo, pero en nuestras formas somos muy distintos. Emilio escribe eruditamente, yo lo hago a martillazos.
+Si en lo que lees observas crítica u ofensa… sólo lo observas tú. No hay intención de ofender o molestar. Pero si algo te molesta no se lo atribuyas a que lo escribe Emilio, échamelo en cara mí, Deéelij.
+De ninguna manera se buscar meter miedo o que entres en pánico, para nada.
+La información que se va a exponer omite las fuentes. Podría ofrecer más de cien páginas con referencias, pero es mejor que cada cual saque sus conclusiones si busca la información por su cuenta. Como consecuencia, no creas nada de lo que expongo. Recaba datos, investiga y obtén tus propios resultados; puedo estar equivocado; por tanto, no pretendo convencerte de nada en modo alguno. Estas letras no pretenden una prédica, un apostolado, un adoctrinamiento, un proselitismo ni un guiado de instrucciones a seguir. Tan sólo expongo, me reitero, lo que sé y mis conclusiones; el resto es cosa tuya, si es que algo tienes que hacer al respecto. 
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5/4/21

El júbilo (Proyecto “La Física de la Espiritualidad”: 14)

 



“No seamos unos egoístas guiñapos que no hacemos más que quejarnos
porque el mundo no nos hace felices”.  Bernard Shaw.

 

De cómo no ser un egoísta guiñapo

El júbilo es la consecuencia de la transformación del alma en Dios, de la evanescencia progresiva de la naturaleza humana centrada en la búsqueda de la satisfacción personal a costa del abandono de los demás, para comprender que el objetivo de la vida es la armonía de todos los seres en torno a su Creador.

Esa transformación supone la renuncia de uno mismo a sus apetencias y deseos, igual que en la relación de pareja, su crecimiento requiere la renuncia de sí mismo y la donación al otro. Si el amor parece que entra por la atracción sexual y parece crecer con la relación de amistad, cuando realmente madura y se hace adulto es cuando surge el agapé o donación total al otro.

Mientras que ese vector de entrega y donación no aparece en el horizonte de la relación, por mucho embalamiento emocional que experimente la pareja (o el alma e incluso la mente), no se ha salido del ámbito egoico de la satisfacción personal. Y esta necesidad de satisfacción personal exige que “los planes salgan bien”, que tanto lo que nosotros hacemos, como las circunstancias que nos rodean, resulten de nuestro agrado y, si no, pues “me enfado y no respiro”, es decir, fruncimos el ceño y no hacemos más que quejarnos porque el mundo no nos hace felices.

Si extendemos esta actitud estúpida a nuestra relación con Dios, pues nos comportamos igual que la pareja que descubre que su príncipe azul no es tan azul y ronca por las noches. Porque exigimos a Jesús que cumpla con su amor misericordioso y me ayude a que “mis planes salgan bien”. Y si mis planes y los del mundo no salen bien, nos preguntamos “¿por qué Dios permite el mal en el mundo?” y todas esas chorradas.

Revertir toda esta situación requiere la transformación de lo que es el motor del comportamiento humano, basado en las tres potencias, el entendimiento, la memoria y la capacidad de decisión o voluntad. Es la transformación del entendimiento en la virtud de la fe, de la memoria en la esperanza y de la voluntad en amor.

En vez de ver y comprender para creer, mente y alma han de confiar en Aquel del que el alma está “supuestamente enamorada” y fiarse de que su voluntad (la de Jesús) guía los pasos de la vida. Esta transformación se basa en el ejercicio de la confianza. Creer para ver.

En vez de recordar y llevar cuentas, el alma y la mente han de saber escuchar la voz de Dios en el silencio. Esta transformación se basa en el ejercicio de la escucha.

Y, por último, la voluntad ha de dejar de dar cumplimiento a mis deseos, para ser centrada en la satisfacción de las necesidades del otro. Esa entrega sin condiciones a lo que el otro necesita es lo que se conoce por “Amor incondicional “, agapé.

En la relación de pareja, el otro es el otro, el amado o la amada, que se denomina así porque es a quien hemos decidido entregarnos en cuerpo y alma. De modo que yo me entrego a su cuidado y el otro se entrega al mío. De esa entrega mutua se vive el amor de pareja. Es una mutua decisión de “te entrego, te doy mi vida entera”.

En la relación del alma con el Amado, ella se entrega en primera instancia a un ser espiritual que siente dentro de sí, y no sabe muy bien cómo corresponderle. Le han enseñado que expresar el amor a Dios consiste en la práctica religiosa y, en la mayoría de las ocasiones el alma y la mente se enredan en multitud de ritos y liturgias, a ver si así consiguen expresar su amor a Dios. De modo que “tanto más amo a Dios cuanto más rezo y participo de los actos religiosos”. Es una evidente relación directamente proporcional a la actividad religiosa. Aún el alma no ha caído en la cuenta de que la cosa no va de atiborrarse a rezos y liturgias, sino de escuchar en el interior el silencio de Jesús que se manifiesta en la relación con los hermanos.

23Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, 24 deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. (Mt. 5, 23-24)

Es decir, de nada sirve la participación y cumplimiento litúrgico, si tu hermano tiene quejas contra ti. En otras palabras, o tu vida interior se evidencia en tu relación con los demás, o estás viviendo una farsa. Así que nada consigue el alma (y la mente) hasta que no toma consciencia de que ese Jesús del que está supuestamente enamorada, la está mirando a los ojos en todos aquellos que tiene a su lado, que cada ser humano es Jesús de carne y hueso y que lo que necesitan aquellos que conviven con él, es lo que necesita Jesús.

El sufrimiento es opcional

Un guiñapo, la Real Academia lo define como una “persona moralmente abatida, o muy débil y enfermiza”. Es decir, una persona desilusionada, que viene de “des – ilusa”. Y una ilusa es alguien “propensa a ilusionarse con demasiada facilidad o sin tener en cuenta la realidad”. El alma y la mente, que en esto van a ir juntas, como no puede ser de otra manera, caen en des-ilusión cuando “yo pensaba que… y resulta que…”; cuando yo pensaba que amar a Jesús consistía en inflarme a rezos y liturgias para que Él satisfaga mis planes y resulta que no me hace ni puñetero caso y encima las cosas me salen mal. Me ha quitado la ilusión y se ha ido de mi lado “

¿A dónde te escondiste, Amado

y me dejaste con gemido?

Y el alma se cubre de sentimientos negativos, de tristeza, de miedos y hasta de enfado. Ha desaparecido la alegría, el contento. Y hasta se siente engañada porque Dios la ha camelado con consolaciones que al final y a la primera de cambio, alguna petición egoica, no ha salido bien.

Descubrir que el amor de Dios y a Dios no consiste en rezar oraciones suplicantes para que “mis planes salgan bien”, ciertamente es duro, porque duro, durísimo, es salir del inmenso error en el que nuestra naturaleza humana o la inercia impresa por el pecado original (o nuestra primitiva naturaleza humana reptiliana del cerebro primitivo) nos ha introducido y hecho creer. Ante los acontecimientos personales y del entorno que nos afecta, los humanos, para superar esa des-ilusión, tenemos obligadamente que pasar del rechazo a la adversidad, a la tolerancia para finalmente abrazar la aceptación de los hechos como vienen, en la medida en que no esté en nosotros solucionar las situaciones adversas.

Rechazo, tolerancia y aceptación; éste   es el camino que va desde “querer a Dios” a “amar a Dios”. Querer expresa deseo de tener, de poseer, que en la pareja se expresa en los componentes “eros” y “philias” del amor. Al poseer y disfrutar, la pareja goza y disfruta el uno del otro, pero no se aman (aunque eso parezca), ni de lejos, porque la desilusión aparece con la rutina y al comprobar que el otro no es como yo le idealizaba, como alguien que satisface todos mis deseos, me des-ilusiona “yo pensaba que…, y resulta que…”

Y la desilusión produce en primera instancia un fuerte rechazo, y eso produce dolor y lamento, decepción y sí, somos unos guiñapos egoístas, probablemente, como en la llegada a Zubiri (primera etapa del Camino). Pensamos que esto no es lo que yo pensaba.

Para superar esta adversidad de “yo pensaba que Jesús satisfaría mis planes y resulta que no es así”, lo que me suceda he de tolerarlo, aunque sea a regañadientes. Es eso de aguantar el dolor y los sentimientos negativos que me genera ver que Jesús no responde a mis súplicas y que ante el peligro o la adversidad “huye como el ciervo, dejándome herido”.

Además, esto casa con lo que me han enseñado en catequesis, que esta vida es un valle de lágrimas y que hemos de sufrir para alcanzar la Gloria. Así que a sufrir toca. Si no sufro, no purgo mis pecados y todas esas cosas. Así que cuanto más sufra, mejor.

Y dice Buda: “el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional”. Que a veces, los filósofos orientales nos demuestran su gran sabiduría milenaria. Porque es verdad, nadie te puede recriminar el dolor por una adversidad o una pérdida, pero una vez superado el duelo, seguir regodeándote en el sufrimiento es de idiotas, (idiota: “el que sólo se preocupa de lo propio” (“idio”), que sólo ve su ombligo dañado. Así es que tolerar el dolor y regodearse en él, es decir, tolerarlo, con ser el primer paso, ni es suficiente ni conduce a ninguna parte, porque no es del agrado de Dios, de Jesús verte sufrir, como no es del agrado del otro ver sufrir a su amada. Vivir así, centrado en el sufrimiento es una soberana gilipollez (que a veces un taco refuerza el argumento).

Así que no queda otra, si quiere el alma salir del fango de la desilusión, aceptar los hechos, que no significa resignarse y exclamar “¡qué se le va a hacer!”. Eso es mezquino e inútil. Eso es rendirse a la adversidad; eso es reconocer el completo fracaso de mi vida.

Aceptar la adversidad es algo sublime, porque es el comienzo de todo un proceso encaminado a comprender que la relación profunda del alma con Jesús y la transformación de la amada en el Amado se basa en la transformación de mis deseos en los suyos, de mis planes en los suyos, de mi vida en su vida, en suma, la transformación de “yo” en “Él” y comprender que amar a Dios, amar a Jesús es que “ya no vivo yo, sino que es Jesús el que vive en mí” (que diría San Pablo en Gálatas 2,20), que vacío mi templo de mis deseos y de mis planes, para que Él reine sin obstáculo alguno por mi parte.

Y en esa aceptación, entra de lleno mi prójimo, el que tengo a mi lado y me necesita y comprender que lo que Jesús me pide se está expresando en lo que mi prójimo necesita de mí, porque él, las personas que cada día se cruzan en mi camino, son la encarnación constante de Jesús en mi vida. Amar a Jesús, no es, por tanto, amar a un espíritu en mis adentros, sino en el hermano, el que tiene quejas contra mi y Jesús me pide que deje mi ofrenda y vaya a atenderle. Eso es donación, agapé, amar como decisión de la voluntad.

Es por tanto ese descubrir a Jesús en la persona que tienes a tu lado, lo que te transforma en el mismo Jesús encarnado también. 

Y así el alma llega al júbilo, que no es un sentimiento exultante, sino el gozo sereno y sosegado, la profunda paz interior que experimenta el alma (y la mente) al sentir la vivencia del Amor. Es el resultado de comprender que amar es la decisión de entregar la vida entera a Jesús, el hijo de María, la aldeana de Nazareth que, mira por donde, le veo transfigurado, no tanto en el altar, que por supuesto también, sino en aquel que tengo a mi lado y acaso tenga quejas contra mí.

En el fondo el júbilo es aquello que nos decían nuestras abuelas: “Si pones todo en manos de Dios, verás la mano de Dios en todo”

Resurrección

Una cosa que, creo, más les raya a los escépticos de los cristianos, es nuestra fe en la resurrección de Cristo. Físicamente es imposible, con lo cual, la mente lo descarta sin contemplaciones, con lo que el cristianismo como religión resulta ser un cuento chino. Y es que estamos tan habituados y convencidos en que los milagros son imposibles, que poco a poco, la “decepción”, esa actitud de derrota se adueña de nosotros y de nuestra vida y nos convence de que sólo podemos fiarnos de nuestras capacidades para superar la adversidad. Esto es lo mismo que vernos obligados a comernos el polvo del desierto de la vida, un desierto, una meseta castellana que termina por hacer que maldigamos en qué hora vinimos a este mundo; en qué hora se nos ocurrió comenzar el Camino.

Y cuando todo parece ya perdido, cuando la aridez de la llanura mesetaria parece no tener fin, el caminante se encuentra, durante la tediosa etapa entre Hospital de Órbigo y Astorga, a la altura de San Justo de la Vega, con la Cruz de Santo Toribio, un cruceiro con el que el caminante se encuentra un poco antes de llegar a Astorga. Aparte de las tradiciones lebaniegas al respecto, este cruceiro tiene la curiosa cualidad de mostrar al cansado peregrino, allá, en lontananza, nada menos que ¡la montaña! Yo, al menos, cuando vi este panorama, harto y hasta las narices de etapas absolutamente mesetarias, dije para mis adentros, ¡Por fin! Porque a partir de Astorga comienza la montaña y, ya nada será igual, dejas atrás la travesía del desierto de la vida y comienzan unas etapas más difíciles desde el punto de vista físico y de esfuerzo personal, pero espiritualmente mucho más reconfortantes. Pasado Astorga, tienes que caminar por la Maragatería y subir al empinado puerto de Foncebadón, donde te encuentras con otra cruz, la Cruz de Ferro, donde la tradición dice que los peregrinos, que han llevado en su macuto una piedra que representa sus pecados y sus inútiles apegos tiran esa piedra (de peso proporcional a los mismos), a esa pequeña cruz de hierro, rodeada de un caramullo de piedras apiladas que representa cómo el alma es capaz de desprenderse de la carga inútil que le ha acompañado toda su vida.

Y así, ligera de equipaje, el alma puede enfrentarse a Galicia, a la tercera parte del Camino, plagado de montes y umbrías, de paisajes nebulosos, nada fáciles, pero, una vez superado O Cebreiro, echando la vista atrás la inmensidad del paisaje leonés que representa tu pasada vida de lucha contra ti mismo y viendo el paisaje gallego con inmensos valles cubiertos de nubes bajo tus pies, sientes la sensación de transformación total de tu vida (de peregrino). Y mira por donde, María se encuentra de nuevo con su apuesto peregrino que de nuevo se une a ellas para iniciar el descomunal descenso a Triacastela, donde las zapatillas y los pies “echarán el resto”, antes de rendirse y amenazarte con “sigue tú que nosotros, los pies, nos quedamos”.

Amar es una decisión

La larga travesía castellana es esa noche oscura de los sentidos, de la mente, de nuestra Marta, que ha de saber comprender, ser consciente de que la felicidad no depende de que “mis planes salgan bien”, de que nuestros deseos, nuestra forma de ver la vida, sea la que el mundo tiene que aceptar y, si no es así, “me enfado y no respiro”.  Que amar es algo mucho más sublime que el embalamiento emocional del ya lejano enamoramiento y que si no es así, me decepciono, me desilusiono y creo que el amor se fue cuando se fueron los deliciosos juegos amorosos de chico y chica enamorados.

Es duro, a veces durísimo, tener que reconocer que amar es saber superar esos sentimientos negativos que te surgen cuando la vida te enseña los dientes o, simplemente, el maromo no responde a tus deseos e ilusiones. En las etapas castellanas mucha gente se desanima y regresa a casa, a su primitiva casa, a su “zona de confort”. Otros hacen trampa y creen que el Camino puede comenzar en Sarria, ahorrándose la aridez castellana y, en cuatro agradables días inflándote a “pulpo da feira”, llegas a Santiago y ¡ya está!

El júbilo es la recompensa de haber sabido amar contra todo pronóstico; cuando la mente comprende todo esto, cuando llega a alcanzar la consciencia de que la vida consiste en aprender a amar como acto de la voluntad.

Poca gente cae en la cuenta de que la clave del Camino de Santiago, al menos para mí, así fue, es saber comprender, ser consciente del significado profundo que el Camino oculta entre esas dos cruces, la Cruz de Santo Toribio y la Cruz de Ferro. Es en esos 35 kilómetros, donde física y espiritualmente, Mente y Alma, Marta y María, han de tomar consciencia sobre de qué va la Vida y el Camino que decidieron iniciar. Antes de Santo Toribio, la cosa ha sido “un puto coñazo” (perdón por el lenguaje) de eternas etapas planimétricas; después de la Cruz de Ferro, ambas, mente y alma, Marta y María, comienzan a tomar consciencia de que acaso pasarse toda la vida discutiendo, queriendo la una prevalecer sobre la otra, ha sido una infantil estupidez. Y los 35 kilómetros entre ambas cruces, acaso supongan esa iluminación que te hace comprender, como advertía el cura de Nájera, ¿por qué has llegado hasta aquí? Porque para llegar hasta Sto. Toribio, has tenido que madurar mucho, que sufrir mucho, que curarte muchas ampollas y calmarte muchos dolores de piernas y de hombros. En suma, has tenido que aprender que amar NO ES un sentimiento, sino la decisión que ha conseguido hacerte levantar cada mañana y enfrentarte a una nueva etapa mesetaria, sólo recompensada al contemplar los impresionantes monumentos románicos y góticos del Camino y, la compañía de otros peregrinos que, como tú, también estaban cometiendo la insensatez de hacer lo mismo que tú.

El pequeño tramo entre Sto. Toribio y Foncebadón es crítico, porque antes de él recorres tu Camino personal como un “egoísta guiñapo que no hace otra cosa que quejarse porque el mundo no te hace feliz”, superada y más que superada la etapa del idílico enamoramiento. En ese tramo entre las dos cruces, empiezas a caer en la cuenta de lo mucho que has crecido, de cómo, aún estando cabreado, cada día has madrugado y comenzado a andar antes de salir el sol hasta llegar a la siguiente etapa y, una tras otra, hasta Santo Toribio y, de repente, ¡por fin, la montaña!

Y tomas consciencia de que gracias a la “tediosa senda” castellana, has forjado tu voluntad y has aprendido a no responder con enfado a “las ausencias de tu Amado”, sino a responder con el cotidiano esfuerzo de seguir adelante. Y al final, te das cuenta de que NO HAS sido tú el artífice del milagro, sino Aquel que te fascinó en un principio y que después te desilusionó porque no atendía a tus plegarias.

Y finalmente, en la Cruz de Ferro comienzas a darte cuenta de que llevabas la mochila llena de un pesado e inútil fardo que te agotaba; así que tirando tu piedra al caramullo de la Cruz, te sientes liberado y ahora sí, puedes comenzar a caminar siendo consciente de lo que supone amar, primero de todo amarte a ti mismo, dejando en la Cruz de Ferro todos los escrúpulos que te inyectó el Sueño del Planeta; segundo, amar a tus compañeros peregrinos, con quienes has compartido toda tu vida y tus dolores de pies y rodillas y, tercero y fundamental, amar realmente al Resucitado, ser consciente de que más allá de tu personal esfuerzo, NO HAS SIDO TÚ el artífice de la proeza de llegar hasta Foncebadón, sino Él, que te ha ido aportando ese plus de voluntad que no tenías y que poco a poco, etapa mesetaria tras etapa mesetaria, en la más rutinaria cotidianeidad, hasta tomar consciencia de toda esa mercancía inútil (esa piedra) que finalmente lanzas con orgullo a los pies de la Cruz de Ferro, para por fin, estar dispuesta (mente y alma) a entrar por las cañadas oscuras de Camino gallego, agarrada a la mano de Aquel en quien confías para aprender ahora sí, a caminar a ciegas.

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Autor: José Alfonso Delgado

Nota: La publicación de las diferentes entregas de La Física de la Espiritualidad

se realiza en este blog, todos los lunes desde el 4 de enero de 2021.

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11/10/21

De la vida interior (Proyecto “La Física de la Espiritualidad”: 41)


 Para la Filosofía perenne, la vida de fe comunitaria no es posible sin una intensa Vida Interior, esa que fluye y da vida a nuestro ser desde lo más profundo de nosotros mismos; es la raíz que alimenta al árbol que vemos y ven los demás de nosotros. Esa raíz está tan oculta que, ni siquiera el árbol se da cuenta que depende su vida exterior y sus frutos de ella. La Vida Interior no es ni siquiera nuestra intimidad o privacidad, ni nuestros largos diálogos con nuestra almohada. La Vida Interior es donde se desarrolla, en cada uno de nosotros, la aventura de Marta y María, donde transcurre el Camino de Santiago y la oceánica navegación. Es en suma el principio y el fin de nuestra existencia. Es la Séptima morada del alma, donde Dios habita, donde su Majestad reina y nos da vida.

La idea central que demuestra la importancia de la Vida Interior se centra en esta frase:

Si tienes a Dios en tu vida, lo demás carece de importancia.
Si no tienes a Dios en tu vida, lo demás carece de importancia.

La vida a la que refiero la frase, que es el leitmotiv de mi libro recientemente publicado “Sendas de Vida Interior”, frase incomprensible para aquellos que desconocen que “eso”, la Vida Interior pueda existir, más allá de la intimidad o privacidad protegida por la Ley de Protección de Datos.

La Vida Interior es una constante en todas las religiones y sistemas de pensamiento que convergen en la Filosofía perenne y se basa en cuatro pilares, el silencio, la oración, el sufrimiento y la fe.

El silencio

Es ruido todo aquellos que destruye el silencio, y los humanos tenemos una irredenta manía de generar ruido constantemente.

Hablar sin discernimiento es moralmente malo y espiritualmente peligroso. Caer en la maledicencia es sumamente fácil. Como predican los toltecas, ser “impecables en el hablar” es uno de los cuatro acuerdos que una persona se debería proponer en su vida. Cada palabra ociosa tiene consecuencias. A lo largo del día, un número nada despreciable de palabras y expresiones que pronunciamos pueden caer en una de estas tres categorías: 1. palabras inspiradas por la malicia y falta de caridad, 2.- Palabras inspiradas en la codicia, sensualidad y amor propio, y 3.- palabras puramente estúpidas e inanes, que sólo meten ruido y no aportan nada, salvo confusión y distracción. Esto respecto de las que pronunciamos y transmitimos en nuestras conversaciones.

Pero por otra parte están las del absurdo monólogo que mantenemos con nosotros mismos donde, por el hecho de que la imaginación no nos da tregua, nos pasamos el día charloteando sobre absolutamente nada. El pensamiento tiene la puñetera manía de no darnos tregua, no nos permite descansar de nosotros mismos, es obsesivamente lenguaraz.

No nos damos cuenta realmente, hasta qué punto el constante “run-run” del pensamiento, elaborando a granel frases sin venir a cuento, constituye una de las más descomunales barreras para el crecimiento personal y el conocimiento unitivo de la Divina base. Es como una danza de polvo y moscas que nubla nuestra capacidad de ver nítidamente la Luz interior.

La guarda de la lengua y de la mente es una de las más costosas y, además, más fructíferas mortificaciones. Por no decir, es la mortificación por antonomasia. El Ancren Riwle o antigua regla de monjas eremitas en Inglaterra, refiere que, al echar el huevo, la gallina cacarea, y al hacerlo, viene la chova (ave parecida al cuervo), es decir, el diablo.

Fenelón y Law abundan en esto diciendo que el principal ayuno no es el de la comida, sino el de la mente. Porque ¿qué necesidad hay de tanta noticia, cuando todo lo importante sucede en nuestro interior? Si un perro no es bien considerado porque ladra mucho, por qué a un hombre se le considera porque habla mucho, se pregunta Chuang Tse. El hablar distrae, el callar y obrar da fuerza al espíritu, en palabras de San Juan de la Cruz.

Hay tres grados de silencio, el de la boca, el de la mente y el de la voluntad, según Miguel de Molinos, el místico español del Siglo XVII, creador del quietismo, abstenerse de hablar ociosamente es difícil; acallar el farfullar de la memoria e imaginación, mucho más difícil; lo más difícil de todo es aquietar las voces de la codicia y aversión dentro de la voluntad.

En 1945, Aldous Huxley ya consideraba que el Siglo XX se estaba caracterizando por una descomunal eclosión del ruido, transportado frenéticamente por las ondas de radio. Luego vino la televisión para llegar al paroxismo de una comunicación del inimaginable ruido de los “mass media” “urbi et orbe”, que se adueña de nuestra mente y nos mantiene constantes imágenes subliminales que nos inducen a obrar de una determinada manera, a codiciar bienes que no nos hacen falta y a su vez a comentarlos con otros, de modo que el ruido mental y físico crece de manera exponencial en las comunidades humanas. Todo ello ha hecho del silencio una extraña cualidad extraordinariamente difícil de conseguir. Y Huxley no llegó a conocer Internet…

La principal actitud ascética es el silencio exterior e interior.

 Oíd y entended. No es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre; sino lo que sale de la boca, eso es lo que contamina al hombre”. Mt 15, 7-11

La oración

Hay cuatro estilos de oración, la petición, la intercesión, la adoración y la contemplación. Petición es pedir algo para uno, intercesión, para otros, adoración es la alabanza y la contemplación es la quietud, la pasividad atenta.

La petición es la que refleja una actitud más egoísta. No requiere del amor a Dios, ni lo expresa. Requiere un fuerte sentimiento de centrado en el “yo” y en los propios deseos, seguros de que ahí fuera alguien escucha y obedece a nuestras peticiones. Es el “hágase mi voluntad”. Y como proclama Rhonda Byrne en su libro “el secreto”, basado en la ley de la atracción, si uno se propone un objetivo con suficiente deseo y voluntad, es muy probable que al final lo consiga. Obtener lo que se desea por medio de la petición egoísta es una forma de hubris (arrogancia), que invita a su apropiada némesis, el castigo que restituye el orden interno. Así, el folklore del indio norteamericano está lleno de historias acerca de gente que ayuna y ora egoístamente, para obtener más de lo que un hombre razonable debería tener, y que, al recibir lo que pidió, ocasiona con ello su propia caída.

Los tres deseos de los cuentos de hadas suelen siempre terminar en un desastre.

La única serie de peticiones lícitas son las que se proclaman en las diferentes cláusulas del Padrenuestro, en concreto “hágase tu voluntad” y “danos hoy nuestro pan de cada día”. La primera engloba y da sentido a la Oración, la aspiración sincera de que en todo momento se cumpla la voluntad divina, y la segunda, es el abandono a la providencia que sabe muy bien, qué necesitamos materialmente cada día.

La intercesión demuestra tu preocupación por el otro, tu amor al punto que te eriges como su abogado. Es el medio, ante Dios de amar al prójimo y su expresión.

La adoración es la vía del conocimiento unitivo de la Divinidad y la expresión del amor a Dios. Y la contemplación o quieta mirada es junto con la adoración, las formas superiores de oración. De hecho, las dos anteriores, petición e intercesión son lo que habitualmente se denomina “rezar”.

Sólo en los puros de corazón y pobres de espíritu, la realidad no está deformada por la separación de la Unidad que oscurece, y no queda interpuesta por ninguna placa de creencias.

San Anselmo hace una bella comparación. Dios es el Sol que ilumina todas las cosas (es la Luz del día “diei”), por el puedes ver, pero a Él, como al Sol, no le puedes mirar de frente, porque quedarías ciego.

El que desee trato con Dios, es decir el que desee orar, debe ante todo ser humilde, tener pleno sentimiento y convencimiento de sus propias miserias, y de la vanidad del mundo –dice Law-. Un mundano engreído, podrá rezar sin parar, recitar letanías, pero será incapaz de orar. La devoción es la aplicación de un corazón humilde a Dios como única felicidad.

La oración comienza siendo una actividad, una práctica religiosa, similar a los ritos y liturgias. Pero esa actividad, en realidad, aunque se califique de oración es tan sólo una primera aproximación, que se conoce como “rezar”. Pasar de rezar a orar es pasar de hacer un conjunto de prácticas religiosas a un status vital.

Cada místico tiene su propio camino de oración, su propio sendero de vida interior. Agustine Baker, Eckhart, San Ignacio, Santa Teresa, San Juan de la Cruz, William Law, en general todos coinciden, sin embargo en que el recorrido va desde las oraciones verbales y mentales, pasando por la representación de imágenes y escenas, y la meditación de textos bíblicos. Pero esta es la primera parte del camino, donde el alma necesita de apoyos físicos, sensoriales para “imaginarse” un diálogo con Dios. En este recorrido, el alma tiene que tratar permanecer un tiempo centrada en la imagen, en la frase, en la idea “en torno a” la divinidad. Pero con ello merodea el objetivo, pero no lo ataca directamente. La vía directa empieza con la adoración para desembocar en la contemplación, que es la máxima expresión de vida de oración. El tiempo que el alma emplea en orar, se va prolongando poco a poco, de modo que aunque dedique un cierto tiempo diariamente al recogimiento interior y exterior, este estado, desborda los límites estrechos de ese tiempo, para anegar poco a poco el resto de la vida. Es como un río que se desborda e inunda los márgenes y riberas a su paso, hasta derramarse por todo el campo. Y así, el alma termina viviendo en oración permanente, incluso entre los pucheros de las tareas diarias, incluso en sueños. Es el estado contemplativo de Presencia y quietud.

El proceso contemplativo es el auténtico proceso de mortificación, de renuncia al yo. Esto lo describe San Juan de la Cruz como las noches oscuras. La primera noche es la del sentido, donde se anulan las potencias de la mente. La segunda y mucho más dolorosa, es la noche oscura del espíritu, donde se anulan las potencias del alma, donde el yo, o lo que quedara de él, se extingue completamente. Es como si en vida murieras, como si a un globo le pincharas el látex, y explotara, fundiéndose el aire de dentro con el que le rodea. Pero para eso, el continente del globo ha de extinguirse. Y ahí radica el dolor, el de la pérdida de la “aparente identidad”, la que creemos que tenemos, para recuperar nuestro verdadero “yo”, el que quedó perdido en el Edén.

Este proceso conlleva una considerable carga de sufrimiento.

El sufrimiento

Sufrir viene del latín “suffere”, soportar, cargar. Es sinónimo de padecer “patere: estar acostado”, paciente, pasión.

Sufrir supone soportar una carga, una cruz, un estado indeseable, alejado de lo deseable, de lo ideal, de lo que debería ser. Donde hay perfección y unidad no puede haber sufrimiento.  Para el individuo que logra la unidad dentro de sí y con la divina Base, termina el sufrimiento.

La meta de la Creación es el retorno a la Unión. La unión genera paz y felicidad; la separación sufrimiento. La verdad une, la mentira separa. El egoísmo tiende a establecer una barrera entre cada cual y el resto, “el muro”, barrera levantada para “separar” lo mío de lo que no lo es. La barrera establece un diferencial existencial entre dentro y fuera. Esa barrera abre puertas de comunicación tan sólo para mantener o incrementar el desequilibrio con ayuda del demonio de Maxwell, porque de otra forma, si la puerta se abriera para equilibrar presiones, al final la barrera estaría de más. Pero el demonio, por eso es un demonio, mantiene la desigualdad a fuerza o a costa de un gran trabajo, un gran padecer, un peso cada vez mayor. La persona sufre, consciente e inconscientemente.

El instinto de separación es escalable. Es decir, puede sentirlo y desearlo un individuo respecto de su entorno, o una parte del individuo respecto de él. El primer caso, la Filosofía perenne lo cataloga de impulso, pasión, pecado. En segundo caso es una enfermedad, un cáncer. En realidad, el fenómeno es similar y las consecuencias igualmente lesivas, es decir, al sufrimiento.

La Naturaleza mantiene un delicado estado estable entre la tendencia integradora de los diferentes sistemas y subsistemas, y la tendencia disgregadora que hacen que dichos sistemas adquieran verdadera entidad e identidad. En general, todas las culturas coinciden en este planteamiento. El budismo habla de la avidez como la causa del sufrimiento, y el desapego como su liberación, mediante el sendero de los ocho pasos.

Para mantenerse íntegros y diferenciados del entorno, cada individuo tiene que satisfacer un conjunto de necesidades básicas. La sensación de déficit se experimenta como dolor, como malestar, en suma, como sufrimiento. La satisfacción de estas necesidades se percibe como sensación de bienestar, tranquilidad. Así planteado, la finalidad de la vida natural es la de mantener las diferentes identidades biológicas en un estado estable de satisfacción de las necesidades básicas. El sufrimiento, es decir, el hambre, la sed, el frío, el calor, el dolor, la sensación de incomodidad, etc., son condiciones necesarias para satisfacer estas necesidades y así neutralizar el sufrimiento.

La Creación lleva consigo la Caída. Ambas son inherentes. Porque como quiera que para mantener la identidad y la integridad, hay que buscarse los medios para preservar el orden interno, esto obliga a buscar los recursos. Si estos fueran abundantes, no existiría el problema de la competencia. Pero al ser habitualmente escasos respecto de la demanda, obligan a crear economías, es decir, medios para una gestión racional de los recursos. Así que, por una parte, en épocas de superpoblación, la competencia por los recursos escasos va a generar lucha entre los miembros, quedando una proporción más o menos grande, derrotada, y sufriendo por ello.

Por otra parte, dónde están los límites a los recursos necesarios. Cuál es la percepción de lo necesario. Dónde empieza la ambición más allá de lo razonable. ¿Qué es lo razonable?

La consumación de la Caída ocurre cuando las criaturas procuran intensificar su separación más allá de los límites prescritos por la ley de su ser. 

En la Naturaleza, las especies han optado para satisfacer sus necesidades por renunciar a su totípotencialidad en aras de adaptarse a la especialización. Esto conlleva la cooperación entre órganos, individuos, grupos y organizaciones. Se establece una simbiosis. Pero esta simbiosis se rompe cuando alguna de las partes “rompe el pacto de cooperación” e intenta obtener más beneficios de los que le corresponden a costa de sustraer recursos que corresponden al resto de la comunidad.

Esta ruptura del pacto conduce a una intensificación de la identidad separada del resto. Este proceso hace daño al conjunto desde el primer momento, mientras que al individuo trasgresor, parece como si le fueran bien las cosas. El incremento de esta separación y de esta asimetría, poco a poco aumentará el daño global, hasta conducir inevitablemente a la muerte de todo el sistema. Es el ejemplo del cáncer en los seres vivos, que conduce a la muerte. En el plano sutil y psicológico, a esta situación irreversible de maldad, se la denomina infierno, y a la voluntad de separación se la denomina “demonio”, “diablo”. Los humanos somos capaces de ser diabólicos, lo que ningún animal puede imitar, pues no tiene la suficiente inteligencia como para apartarse de un comportamiento sistémico.

La capacidad para obrar el mal no es ilimitada, porque termina matando y destruyendo, pero la capacidad para hacer el bien sí es ilimitada.

La Fe

Fe es confianza en alguien. Fe es creer en proposiciones que no hemos podido verificar por nosotros mismos, como la existencia de lugares que no hemos visitado o teorías que ni comprendemos ni podemos comprobar, o asertos que nadie puede demostrar, como son los dogmas de las religiones. La fe es condición previa de todo conocimiento, de todo obrar y de todo vivir decentemente. La fe, como confianza, es condición indispensable para la normal convivencia entre seres humanos.

Las sociedades se mantienen, no principalmente por el miedo de los más al poder coactivo de los menos, sino por una difundida fe en la decencia de los demás. Tal fe tiende a crear su propio objeto, mientras que una difundida desconfianza mutua, debida, por ejemplo, a la guerra o a las disensiones domésticas, crea el objeto de la desconfianza.

En la esfera de lo social, la fe es necesaria para confiar en aquellos con autoridad moral reconocida para pronunciar afirmaciones que no se pueden comprobar. Y es necesaria para aceptar las propias hipótesis credenciales. Aunque en la vida social, nos acostumbramos a creer en la apariencia de verdad de las mentiras.

En la esfera de lo sutil, aplica lo que comúnmente se denomina “fe religiosa”. La fe religiosa es de una naturaleza tal que ningún ser humano puede razonarla ni demostrarla, ni en todo ni en parte. Es simplemente, y se acepta o no se acepta. Y no hay razones ni para aceptarla ni para rechazarla. Es algo que supera el entendimiento humano.

De esta forma, la fe sobre ideas no comprensibles puede desplegarse en un amplio espectro de actitudes, desde la mística más elevada hasta el fanatismo más ciego y, hasta la justificación del propio pecado gracias a la fe.

En Filosofía perenne, la fe que se supone salvadora puede ser una fe en proposiciones no meramente inverificables, sino que repugnen a la razón y al sentido moral y estén en completo desacuerdo con los resultados obtenidos por los que cumplieron las condiciones de penetración espiritual en la Naturaleza de las Cosas. Un Dios misericordioso que por otra parte va a salvar sólo a unos pocos de toda una Humanidad pecadora, que parece deleitarse en la tortura de los miserables. Esta es la apariencia de realidad del mundo, muy bien aprovechada por las autoridades religiosas.

La revelación no dice nada de todas estas doctrinas horribles, a las cuales la voluntad fuerza el intelecto, que siente por ello una renuencia harto natural y justa a dar asentimiento. Tales nociones no son producto de la penetración de los santos, sino de la atareada fantasía de juristas, que estaban tan lejos de haber trascendido el yo y los prejuicios de la educación, que tenían la loca presunción de interpretar el universo en términos de la ley judía y romana, con la que estaban familiarizados. "¡Ay de vosotros, los juristas!", dijo Cristo. La acusación era profética y válida para todos los tiempos.

Periódicamente en la Historia, se ha producido un balance entre la tendencia innata de los juristas y legisladores religiosos a interpretar la revelación y la fe de modo dogmático, lo que siempre ha llevado a una judicialización de la fe y de la vida religiosa, es decir la religión basada en dogmas y cánones legislativos de comportamiento con un severo código penal, tanto temporal (inquisición) como intemporal (penas de infierno y purgatorio), y movimientos reactivos contra esa opresión y dominio de las conciencias, liderados generalmente por místicos y personas que buscaban la “liberación” de las cadenas humanas para encontrar a Dios sin trabas, volviendo a los orígenes o renovando completamente el statu quo religioso del momento, por lo que siempre han sido perseguidos, encarcelados e incluso condenados a penas capitales. Siempre ha sido así y siempre será así. Volvemos al intento de dominio del gran colectivo, del pueblo por los más fuertes, por los somatotónicos.

La esencia de cualquier religión es la Filosofía perenne. Tiene que haber una fe, en el sentido de confianza, pues la confianza es el principio de la caridad para con los seres humanos. Y además la fe, en el sentido de confianza hacia Dios, porque también es el principio de la caridad suprema. Debe haber fe en la autoridad de los maestros, que conocen por experiencia (no por estudios solamente), la Divina Base de todo ser. Y finalmente fe en las proposiciones sobre la Realidad aportada por los filósofos a la luz de la iluminación, que el creyente sabe que puede experimentar si se pone a ello.

Con todo, Huxley recuerda que “una existencia que saca su objetividad de la actividad mental de los que creen intensamente en ella, no puede de ningún modo ser la Base espiritual del mundo y que una mente atareada en la actividad voluntaria e intelectual que es la "fe religiosa" no puede hallarse en el estado de abnegación y atenta pasividad que es la condición necesaria para el conocimiento unitivo de la Base. Por esto afirman los budistas que "la amorosa fe conduce al cielo; pero la obediencia a la Dharma conduce al Nirvana". La fe en la existencia y poder de cualquier entidad sobrenatural que sea menos que la Realidad espiritual última, y en cualquier forma de adoración que no alcance el anonadamiento de sí mismo, producirá sin duda, si el objeto de la fe es intrínsecamente bueno, un mejoramiento del carácter, y probablemente la supervivencia postuma de la mejorada personalidad en condiciones "celestiales". Pero esta supervivencia personal dentro de lo que es todavía el orden temporal no es la vida eterna de la unión atemporal con el Espíritu. Esta vida eterna "está en el conocimiento" de la Divinidad, no en la fe en algo que sea menos que la Divinidad”.

Como dice Santa Teresa, no es lo mismo estar que estar, pelar patatas que pelar patatas; no es lo mismo creer en Dios que creer en Dios. No es lo mismo imaginarse a Dios y relacionarse con Él a través de una serie de prácticas religiosas, que vivir a Dios. La práctica religiosa presenta muchísimos matices, muchísimas manifestaciones, desde las más sencillas hasta las más rebuscadas y barrocas; desde las más ritualistas y ceremoniosas hasta las más puras simples; desde las más enrevesadas hasta la quietud total. Y todo esto, dependiendo entre otras cosas en el tipo de fe que las personas tengan en Dios. La fe basada en un dios hecho a nuestra imagen y semejanza, que exige ser adorado a través de rituales, solemnidades y demás manifestaciones externas no tiene absolutamente nada que ver con la fe basada en la asunción de la Divina Realidad.

Esta es la clave de la fe, la basada en un dios imaginado por nosotros o en el Dios absoluto, al que sólo podemos experimentar por la vía mística.

Y todo esto sucede en el silencio de la Vida Interior.

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Autor: José Alfonso Delgado

Nota: La publicación de las diferentes entregas de La Física de la Espiritualidad

se realiza en este blog, todos los lunes desde el 4 de enero de 2021.

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