7/1/14

Dinámica Consciencial, Co-creación y Matriz Holográfica (4/5): “Despertar Consciencial” y desconexión de la Matrix


Son much@s los amig@s del blog que comparten conmigo sus experiencias cotidianas relacionadas con sus procesos conscienciales y me preguntan cuestiones relativas a la evolución en la percepción del mundo y la vida –la suya y la de los demás-, las subidas y bajadas en los estados de ánimo, los cambios en las relaciones y conexiones con los seres queridos y las personas más cercanas y un amplio etcétera.

Con este telón de fondo y por considerarlo de interés y utilidad para tod@s los que se acercan al blog, se inserta en él un texto titulado Dinámica Consciencial, Co-creación y Matriz Holográfica que, aunque escrito a finales de 2012 para el libro “Amor: Vida y Consciencia”, acabo de actualizar y mejorar para su difusión en el blog. Dada su extensión, se publica en cinco entradas sucesivas y concadenadas:

1. Estado de consciencia y dinámica consciencial (fecha de publicación: 1 de enero)

2. La expansión de la consciencia (fecha de publicación: 3 de enero)

3. Creación y co-creación: sus características básicas (fecha de publicación: 5 de enero)

4. “Despertar Consciencial” y desconexión de la Matrix (fecha de publicación: 7 de enero)

5. Desconectado de la Matriz, abro los ojos y veo (fecha de publicación: 9 de enero)

Espero que el texto completo resuene en vuestro interior y  lo disfrutéis

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Dinámica Consciencial, Co-creación y Matriz Holográfica:
4. “Despertar Consciencial” y desconexión de la Matrix

“Despertar Consciencial” y evolución interior

            Mediante la dinámica consciencial que ha ocupado las entradas precedentes del blog y a lo largo de una cadena de vidas físicas de múltiples reencarnaciones y miles de años de duración, cada ser humano –la dimensión álmica que ha ido encarnado en los distintos cuerpos y vidas—ha expandido paulatinamente su consciencia, con lo que también lo ha hecho la Humanidad en su globalidad. Esta expansión ha provocado modificaciones graduales en la realidad creada individualmente por cada cual, en la realidad co-creada y compartida entre todos y, por ende, en la reiterada Matriz Holográfica. Así hasta llegar a un punto y un momento clave -precisamente la época actual- en el que la expansión consciencial personal y colectiva ha situado a muchas personas, en particular, y a la raza humana, en general, en disposición de interiorizar y socializar un hallazgo que hay que incluir entre los más importantes y trascendentes de los llevados a cabo por el “homo sapiens”. Nos referimos al descubrimiento -más notable y valioso que el del fuego o la rueda- de que la realidad exterior, la percibida por sentidos físicos, depende y está en función de la realidad interior.

            A lo largo de la historia, en todas las épocas y latitudes, multitud de seres humanos han intentado cambiar y mejorar el mundo exterior desde el exterior. ¡Cuántas revoluciones, por ejemplo, se han dirigido a ello! Y, ¡cuánta gente ha dado lo mejor de sí -hasta la misma vida- en pro de ese cambio exterior desde el exterior! (transformaciones políticas, institucionales, económicas, sociales…) Sin embargo, el mundo exterior, lejos de experimentar las transformaciones deseadas, no ha cambiado en lo fundamental. Pero hoy sabemos, por fin y tal como se ha constatado en los epígrafes anteriores, que es desde nuestro interior (estado consciencial) desde donde creamos y moldeamos nuestra propia vida, cada uno la suya, y la realidad compartida colectiva y el mundo exterior. Por lo que la transfiguración del mundo exterior no puede hacerse desde el exterior, sino desde el interior: ojos nuevos para un nuevo mundo.

            Este descubrimiento ha abierto las puertas a un gran paso evolutivo por encima y más allá de los límites por los que la Matriz Holográfica ha venido hasta ahora desenvolviéndose. Su envergadura es tal, que puede hablarse de Despertar Consciencial y de un salto dimensional propiciado por todos los seres humanos que desde su interior decidan hacer sus sueños realidad en la consciencia de su capacidad creadora.

En este contexto, muchas personas están empezando a tener la percepción de que la expansión consciencial que experimentan les conduce a la extraordinaria vivencia no ya sólo de transformar conscientemente, mediante el impulso evolutivo de su propio proceso consciencial y estado de consciencia, el mundo exterior y la Matriz Holográfica, sino incluso de desconectarse de la misma, entrando y saliendo a voluntad de ella.

La desconexión de la Matrix

La aludida percepción va comúnmente ligada a la sensación creciente de que, por mucho que se avance en la expansión consciencial, ésta siempre se mantiene y sostiene en el contexto y en el escenario de la Matriz Holográfica, como si se tratase de un “juego virtual” en el que un nivel lleva a otro, y a otro, y a otro… en un proceso sin fin, pero siempre en el seno de la Matriz. Y lo que el Corazón comienza a manifestar es una acuciante necesidad de salir de ese juego, de desconectarse de la Matriz Holográfica.

Cuando esto se siente interiormente, lo que está ocurriendo es que la dinámica consciencial y la expansión de la consciencia han llegado a una especie de “última frontera”. Es el momento sublime en el que una voz interior espolea e incita diciendo: “Todo esto es bello, armonioso… todo encaja y todo tiene su porqué y para qué! Pero ahora que conozco cómo funciona la “realidad” en la que me muevo y nos movemos, así como su esencia holográfica, y una vez pasada la fase de experienciar cómo opera todo ello y hasta de divertirme con este “juego virtual”, ¿tengo que permanecer siempre dentro de la Matriz Holográfica?. Sí, ya sé que ahora soy consciente de su naturaleza puramente aparente e imaginaria y de que, en su seno, mi realidad la creo yo mismo desde mi interior, por lo que mi vida es mi responsabilidad al 100 por 100. Vale: reconozco que no es poca cosa, pero… ¿puedo salirme del juego, al menos de vez en cuando? ¿Es posible abandonar la Matriz Holográfica y experienciar fuera de ella lo Real?”.

Es más: lo que el Corazón ansía en esa “última frontera” es alcanzar lo que Neo consigue en la película The Matrix: entrar y salir de la Matriz Holográfica a voluntad -como el que enciende y apaga un juego de ordenador- y, mientras se halla en su interior, no olvidarse de su carácter virtual y de mera ficción o “maya” (en el hinduismo, “maia” o “maya” es la ilusión, lo ilusorio o irreal).

¿Hay alguna forma de lograrlo? Pues sí: la hay. Y la clave para ello se encuentra al alcance de la mano de cualquiera, en el Aquí y Ahora; en el momento presente. Un Aquí y Ahora que es la vida misma y lo que ciertamente “es”, sin tapujos ni engaños de pasado o futuro, ni de lo que fue o podrá ser. Ahí se halla la clave. Y en el Aquí y Ahora:

1º Conectar con la Quietud que atesoramos en nuestro interior.

2º. Dejar de formularse preguntas.

3º Y ser plenamente consciente de la actitud que en ese Aquí y Ahora se genera, impregnándola siempre de Amor.

Detengámonos en estos tres puntos.

1º Conectar con la Quietud que atesoramos en nuestro interior

Cuando se repasan los escritos sagrados antiguos y las aportaciones místicas de los últimos siglos -da igual la corriente espiritual a la se acuda-, se puede comprobar que hay una referencia reiterada a la dialéctica Quietud/Movimiento como pauta presente en toda la Creación y en cada uno de sus componentes, de lo mayor a lo menor y viceversa. Es también lo que la ciencia contemporánea está haciendo suyo de la mano, por ejemplo, del célebre “Big-Bang”. Y la Quietud -desde la que se genera el Movimiento- suele ser mostrada en tales escritos y aportaciones como atributo y cualidad intrínseca de nuestro ser interior, de nuestro ·verdadero yo”.

            En este orden, para salir de la Matrix a voluntad, basta con conectar con esa Quietud que atesoramos interiormente mediante el silencio, la respiración consciente y la meditación. Y en conexión con la Quietud, vivir experiencias íntimas que dentro de la Matriz Holográfica resultan imposibles de disfrutar; y acceder a una Sabiduría -la Sabiduría Innata de la que, junto con la Quietud, goza nuestro ser interior- que en la Matrix jamás se podrá ni siquiera intuir.

            Entre los místicos de todas las escuelas espirituales, San Juan de la Cruz plasmó como pocos las vivencias y “saberes” que se alcanzan en conexión con esa Quietud interior que se halla en nuestra esencia. Lo hizo en un bello poema encabezado como Coplas hechas sobre un éxtasis de alta contemplación y que es más conocido a través de su estribillo: toda sciencia transcendiendo.

2º Dejar de formularse preguntas

El ser humano camina por la vida haciéndose constantemente preguntas. Y en la formulación de las mismas –con las opciones que a partir de ellas se abren- se halla en la base, tal como se describió, de la dinámica consciencial. Pero ¿qué sucede si cesamos de enunciar preguntas e interrogantes? Muy simple: en el preciso instante en el que no sólo la mente, sino también el Corazón dejan de formular preguntas, se acabó el “juego”: ya no se abren abanicos de opciones y se corta la dinámica consciencial que ha sido explicada, desconectándonos de la Matriz.

¿Parece extraño o complicado? Veamos por qué la gente se hace preguntas.

Nuestro “verdadero ser”, el de cualquiera, es divino. Dios es yo y yo soy Dios cuando ceso de ser “yo”, esto es, cuando dejo de identificarme exclusivamente con el yo físico mental y emocional.. Y esto no es una percepción intelectual, sino que se siente en el Corazón, aunque a menudo limitamos nuestra experiencia de Dios al estrecho marco de la mente, que es harto insuficiente para abordarla y disfrutarla. Quizá por ello nos cuesta tanto trabajo asumir algo tan hermoso como grandioso y que está inexorablemente unido a nuestro linaje y esencia divinales: el hecho sensacional de que atesoramos en nuestro interior toda la Sabiduría. Una Sabiduría innata y divina: todo lo sabemos ya y basta con que lo recordemos, superando miedos y autolimitaciones mentales.

Siendo esto así, poseyendo toda la Sabiduría, ¿por qué nos hacemos preguntas? Pues sencillamente porque hemos olvidado nuestra divinidad y caminamos por la vida bajo el mando de ese “yo”, del ego. Y es éste -no nuestro auténtico ser- el que realiza preguntas: nuestro ser interior, al gozar de la Sabiduría innata, no precisa preguntar nada; es el ego quien las formula.

Fuera de “maya”, lo real es que cualquier pregunta que nos hagamos es consecuencia de la ignorancia del ego. Y cualquier respuesta, de su vanidad. Lo real es que no necesitamos hacernos preguntas. Nuestro ser divino no despliega la experiencia de la Vida -ni en el plano humano ni en ningún otro plano o Dimensión- para enfrascarse en un incesante batiburrillo de preguntas e interrogantes, sean abrumadores y penosos, o más livianos y lisonjeros, sino para Vivir. Vivir Viviendo en armonía y consonancia con lo que Somos: seres divinos que no precisan preguntarse nada y que sólo, ni más ni menos, experiencian la Vida en una Creación que es Amor y Vida.

Cuando se decide ser coherente con nuestra esencia divina, se comprende la Unidad en la que Somos y estamos y la Paz y la insondable “Quietud” que radica íntimamente en nuestra naturaleza. Y se empieza a dejar atrás la percepción de uno mismo como una identidad individual, sea física, álmica o espiritual, individual y colectiva, y se comienza a ver y sentir no “mi” vida, sino la Vida, y no “mi” consciencia, sino la Consciencia: la Vida Una y la Consciencia Única que en todo fluye y se manifiesta. Entonces, en conexión con esa profunda “Quietud” de nuestra dimensión interior y divinal, la Sabiduría innata se despliega en toda su potencia, y desaparece la necesidad de hacer preguntas, situándonos consciencialmente fuera del juego de la Matriz Holográfica

3º La actitud en el Aquí y Ahora

Ciertamente, en el discurrir del día a día -esto es: en cuando volvemos a la Matriz y desarrollamos nuestro “Movimiento” por ella-, la vida está llena de estímulos, impactos, hechos y sucesos: cuando paseamos, conducimos, trabajamos, disfrutamos del ocio… Pero ante todas estas situaciones y circunstancias cotidianas, si nos mantenemos en conexión activa y consciente con nuestra divinidad, el Movimiento que desplegamos será el radiante resplandor de la divina “Quietud” que brilla en nuestra esencia. Y seremos plenamente conscientes de que el momento presente –el Aquí y Ahora- es un espacio sagrado de libertad donde, desde mi interior, genero –yo y sólo yo- la actitud y las reacciones con las que respondo a cada estímulo o impacto exterior. Y la calidad y frecuencia vibracional de las actitudes que creo y aplico, dependen sólo de mí, pertenecen en exclusiva a mi ámbito de libertad.

No debemos olvidar que las actitudes forjan las emociones y pensamientos que nos llevan, a su vez, a hacer acciones. Éstas, por su parte, terminan siendo repetitivas y se convierten en hábitos. Y son éstos, finalmente, los que modelan y forman nuestro carácter y nuestra visión del mundo, de las cosas, de la vida y de la muerte.

Pero todo tiene su origen en las actitudes que surgen antes los estímulos e impactos que acontecen de instante en instante. Y esas actitudes las generamos en ese espacio sagrado de libertad que es el Aquí y Ahora. Es ahí donde decidimos si respondemos al estímulo e impacto en consonancia con el ser divino que somos -de modo que nuestro Movimiento por la Vida sea resplandor de la Quietud que brilla en nuestro dimensión divinal-, o a instancia de nuestro ego y nuestro pequeño “yo”, convirtiendo, así, el Movimiento, en un incesante repiqueteo carente de armonía y Amor y lleno de desasosiego y estrés.

            Observa, por tanto, la frecuencia vibracional y el perfil de las actitudes y reacciones que generas de instante en instante. Y si compruebas que no son de Amor, tampoco te preocupes, pues sólo con darte cuenta de ello, tus actitudes irán vibrando en clave de Amor, Armonía y Paz cada vez con mayor asiduidad y potencia.

Nuestro verdadero ser es Quietud y no necesita saberes, ni deberes, ni quereres, ni quehaceres; nada precisa ni requiere; y la Felicidad es su Estado Natural, por lo que no necesita buscar el bienestar en el exterior. Esto es lo que Somos. Pero por algo estamos encarnados en Tercera Dimensión. Somos seres maravillosos y divinales y nuestra esencia es la Quietud, mas estamos aquí para desplegar el Movimiento en este Aquí y Ahora. Somos jardineros voluntarios de la realidad, para que nuestra Quietud divinal llene y transforme de forma armoniosa esta realidad. Para eso nos movemos en la Matriz Holográfica.

Pero nuestro Movimiento no ha de degenerar en un repiqueteo descontrolado y desarmónico, sino que ha de ser permanentemente resplandor de la Quietud, fruto de ella. Lo que ha pasado hasta ahora con la Humanidad es que el movimiento que generando no es el Movimiento de la Quietud, sino el movimiento del movimiento, del movimiento, del movimiento… ¡Repiqueteo del repiqueteo! No es el resplandor de lo que Somos, sino un repiqueteo que aturde y hace olvidar lo que Somos, llevándonos a ignorar nuestra verdadera dimensión divinal.

Por tanto, es perfectamente posible situarse a voluntad fuera de la Matriz Holográfica conectando con nuestro verdadero ser y la Quietud que se halla en nuestra naturaleza divina. Y lo es igualmente entrar en la Matrix y desenvolverse por ella con un Movimiento que sea el resplandor de esa misma Quietud, de esa misma esencia divina.

Y esto que se está enunciando aquí de manera muy solemne y que a algunos les puede parecer una tarea hercúlea, es lo que, consciente o inconscientemente, están haciendo ya millones de seres humanos. Personas que viven una vida sencilla y que, de forma natural, desarrollan su actividad familiar y laboral, comparten con sus amigos y viven el día a día desde una frecuencia de Amor. Ésta preside su espacio sagrado de libertad, su Aquí y Ahora, y, de instante en instante, generan actitudes plenas de ese mismo Amor.

Por tanto, tu Nueva Vida –y, con ella, tu aportación a una Nueva Humanidad y a un Nuevo Mundo- no dependen de nada exterior a ti mismo. Tu vida la creas tú y sólo tú de instante en instante, en cada Aquí y Ahora, en tu espacio sagrado de libertad en el que generas, de momento presente en momento presente, la actitud y reacción ante cada estímulo, hecho, acontecimiento, suceso, o situación –los estimes mentalmente importantes o no- del día a día y de tu cotidianeidad. Y para que el Amor presida y llene cada actitud ante el Aquí y Ahora y, por medio de la cadena constante de actitudes que fluye en el desenvolvimiento del momento presente, se desparrame en la realidad que creas continuamente –la realidad creada por ti, que es tu vida y tu mundo-, no es preciso esfuerzo alguno, sino que basta con que enciendas la luz de la consciencia y te observes a ti mismo y cuanto te rodea de instante en instante y a lo largo del día.

Sería suficiente, como afirma Anthony de Mello en la Meditación 31 de su obra Una llamada al Amor (Editorial Sal Terrae; Santander, 2009), con que te vieras reflejado en el espejo de la consciencia, del mismo modo que ves tu rostro reflejado en un espejo de cristal; es decir: con fidelidad y claridad, tal como eres, sin la menor distorsión ni el menor añadido, y observando dicho reflejo sin emitir juicio ni condena de ningún tipo, experimentarías los maravillosos cambios de toda clase que se producen en ti. Lo que ocurre es que no puedes controlar dichos cambios, ni eres capaz de planificarlos de antemano ni de decidir cómo y cuándo tienen que producirse. Es esta clase de conciencia que no emite juicios, la única capaz de sanarte, de cambiarte y de hacerte crecer. Pero lo hace a su manera y a su tiempo.

¿De qué debes ser consciente concretamente?, plantea Mello a renglón seguido. Pues de tus reacciones y de tus relaciones. Cada vez que estás en presencia de una persona (la que sea y en la situación en la que sea), tienes toda clase de reacciones: positivas y negativas. Estudia esas reacciones, observa cuáles son exactamente y de dónde provienen, sin reconvención o culpabilización de ningún tipo, incluso sin deseo alguno, y, sobre todo, sin tratar de cambiarlas. Eso es todo lo que hace falta para que brote la santidad.

Ahora bien: ¿no constituye la consciencia en sí misma un esfuerzo? No, si la has percibido aunque no sea más que una vez. Porque entonces comprenderás que la consciencia es un placer: el placer de un niño que sale asombrado a descubrir el mundo; porque, incluso cuando la consciencia te hace descubrir en ti, cosas que te desagradan, siempre ocasiona liberación y gozo. Y entonces sabrás que la vida inconsciente no merece ser vivida, porque está excesivamente llena de oscuridad y de dolor.

Si al principio sientes pereza en esta práctica, no te violentes. Sería un esfuerzo más. Limítate a ser consciente de tu pereza, sin juzgar ni condenar. Comprenderás, entonces, que la consciencia requiere el mismo esfuerzo que el que tiene que realizar un enamorado para acudir junto a su amada, o un hambriento para comer, o un montañero para escalar la montaña de sus sueños; tal vez haya que emplear mucha energía, tal vez sea incluso penoso, pero no es cuestión de esfuerzo; ¡es hasta divertido! En otras palabras: la consciencia es una actividad fácil.

Pero, ¿te va a proporcionar la consciencia, la santidad (espiritualidad, camino Interior…) que tanto anhelas? Sí y no. De hecho, nunca lo sabrás, porque la verdadera santidad, la que no se obtiene a base de técnicas, de esfuerzos y de represión, es absolutamente espontánea. Jamás vas a tener la menor consciencia de que se da en ti. Por lo demás, no debes preocuparte, porque la misma ambición de ser santo, se desvanecerá en cuanto vivas, momento a momento, una vida plena, feliz y transparente gracias a la consciencia.

Te basta con estar vigilante y despierto (“alerta”, se dice en la práctica del Aquí y Ahora), porque así tus ojos verán el Rostro de Dios -el Dios que es yo, tú, todos y todo, sin excepción- y la absoluta y completa perfección de cuanto Es. De que todo es Perfecto. Tanto que ni siquiera cabe otorgarle tal calificativo, pues supondría admitir implícitamente que existe, en algún plano, ámbito o esfera, la imperfección, lo cual, simplemente, no es ni cierto ni Real. Sencilla y naturalmente, todo Es y Acontece y la Perfección es inherente e inmanente a ello, inevitablemente, irreversiblemente. Todo encaja; todo tiene su porqué y su para qué en clave del impulso de los procesos conscienciales y la Evolución; todo fluye, refluye y confluye en el Amor de cuanto Es y Acontece; y ya todo es y nosotros mismos somos todo aquello que nuestro Corazón puede anhelar.

No te hace falta absolutamente nada ni nadie más: ni la seguridad, ni el amor, ni pertenecer a alguien, ni que alguien te pertenezca, ni la belleza, ni el poder, ni la santidad, ni ninguna otra cosa tendrán ya la menor importancia. 


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