18/12/13

La Nueva Espiritualidad: entrevista para la revista "Athanor"


Se recoge a continuación la entrevista realizada a Emilio Carrillo por la revista Athanor y publicada en su número 102 (páginas 34 a 44), correspondiente al periodo Noviembre – Diciembre del presente año. Tiene como título La Nueva Espiritualidad.

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En la entrevista que llevamos a cabo con Emilio Carrillo en diciembre de 2012 se hallaba próximo a sumergirse en un retiro consciencial, coincidiendo con el arranque del nuevo ciclo planetario, ubicado entre el solsticio de invierno de 2012 y el equinoccio de primavera de 2013. Fruto de su experiencia ha surgido un libro en que vierte su percepción respecto a la espiritualidad de los nuevos tiempos. El libro no lleva más título que Dios (Editorial Nous) y en él reflexiona sobre la percepción cada vez más extendida, entre la humanidad, de un Dios íntimo frente a un Dios externo, y las variadas repercusiones que de ello se derivan.

—¿Cuánto duró tu retiro consciencial y cómo se desarrolló?
Me recluí en torno al 10 de diciembre de 2012. Tenía muy claro que iban a ser meses de introspección, de silencio y de meditación, de estar muy atento a mi interior, a las cosas que iban a ir fluyendo. Así me mantuve hasta finales de abril de 2013. Durante este período percibí cosas que tuvieron un perfil muy fenomenológico, lo cual para mí fue lo menos importante; me interesaron más las percepciones, sentires, visiones y mensajes que obtuve acerca de por dónde vamos cada uno y como humanidad.

—Y ¿por dónde vamos?
Las cosas que percibí y las sensaciones que tuve fueron nucleándose en torno a un eje central, el cual, ante mi sorpresa, fue Dios. Digo ante mi sorpresa porque en los años anteriores Dios ya había estado presente en lo que había compartido en mis talleres y conferencias, pero no de un modo monográfico. Sentí que la humanidad ha llegado, fruto de su proceso evolutivo, a un estadio en que nos corresponde coger el toro por los cuernos; ir directamente a Dios, llámele cada cual como lo considere oportuno: Alá, Fuente, Energía, Padre, Madre…
La humanidad siempre ha tenido a Dios ahí a lo largo de su discurrir evolutivo, pero ha tenido una determinada percepción de lo divino. Lo que he venido sintiendo es que ha llegado el momento de que colectivamente empecemos a percibir la divinidad de una manera que podríamos denominar más real, más cercana a la realidad.

—¿En qué consiste esta nueva manera de acercarnos a Dios?
La humanidad ha venido percibiendo a Dios fundamentalmente como Algo o Alguien exterior; distante, fragmentado de nosotros mismos, que nos observa, premia y castiga. Lo que he sentido es que ahora caminamos, como humanidad, en una transición hacia la percepción de un Dios que está unido radicalmente a cada uno de nosotros. Todos atesoramos la divinidad en nuestro interior; de hecho, es nuestra esencia. El mensaje fundamental, cogiendo por ejemplo palabras del místico sufí Al-Halaj, es que Dios es yo, y es tú, y es todos y es todo. El Dios exterior es una figura muy teológica, muy teórica; sin embargo la percepción de Dios como unido a nosotros mismos, como algo íntimo, tiene repercusiones enormemente prácticas en cada instante de nuestra vida, de manera inevitable e irreversible.

—¿Esto es así en el caso de una persona que ya tenga un recorrido místico o dirías que cualquier persona, en el punto en que se encuentre, ya puede beneficiarse de esta percepción, de esta manera de acercarse a Dios?
En las charlas que estoy dando para divulgar los contenidos del libro “Dios” me estoy encontrando con personas cuyo sentimiento de la divinidad, por las razones que sea, fue encauzado hacia un Dios exterior, las cuales resuenan armónicamente con lo que aquí estamos compartiendo; sienten que este es el camino. Comparto una percepción de la divinidad desligada de la religión y hablo de una espiritualidad nueva que se vive en muchísima libertad y, para mi sorpresa, no estoy hiriendo sensibilidades, aun cuando cuento entre el público con gente muy ligada a determinadas creencias religiosas.
Hay otro punto, y es que esas personas sienten algo que yo también he sentido: que tenemos que estar muy agradecidos a las religiones. Creo que no exagero si afirmo que, durante milenios, si no hubiera sido por las religiones la llama de la espiritualidad quizá habría desaparecido de la humanidad. Eso sí, dieron a la llama un formato que se ajustaba precisamente a ese momento evolutivo de la humanidad, con lo cual institucionalizaron la espiritualidad. E institucionalizarse representa jerarquía, luchas de poder, intereses creados, poner intermediarios en la relación del hombre con Dios, etcétera. Al institucionalizarse las religiones se pusieron a sí mismas una fecha de caducidad, que sería el momento exacto en que la humanidad estuviera madurando espiritualmente.
Todos los atributos que se han dado a Dios a lo largo de la historia de la humanidad es lo que nosotros mismos somos. Efectivamente, la naturaleza de Dios es Amor, pero como que la naturaleza de Dios es la tuya y es la mía, nosotros somos Amor. Por tanto somos paz, pureza, libertad, felicidad… Los místicos y místicas de todas las épocas nos han mostrado este camino. Ellos y ellas fueron pocos, un fenómeno anecdótico podríamos decir, y tuvieron que vivir su experiencia en un cierto aislamiento. También, en general, sintieron la necesidad de vivir su misticismo dentro de un credo religioso, aun cuando las jerarquías de dichos credos, curiosamente, les hostigaran. Ahora no solo somos muchos quienes sentimos que la divinidad la atesoramos dentro sino que, además, ya no necesitamos vivir la espiritualidad dentro de un credo religioso.

—¿Cuáles son las repercusiones prácticas que mencionabas del hecho de pasar a identificarnos con el Dios íntimo?
La espiritualidad que emana de nuestro interior en estos tiempos está muy volcada en la libertad. Me refiero a la libertad desde el punto de vista de cómo visto, de cómo me alimento, de cómo realizo mi sexualidad, etc. Esta gran libertad tiene que permitir que la divinidad que yo atesoro se exprese libremente.
En el preciso instante en que la divinidad empieza a expresarse con toda libertad empezamos a sentir la diferencia que hay entre sobrevivir y vivir, y empezamos a darnos cuenta de que nos hemos estado centrando demasiado en la supervivencia. Sin embargo no estamos encarnados en el plano humano para sobrevivir ni para estar a la defensiva, con miedo a lo que pueda suceder, sino para Vivir, esto es, para gozar de la vida.
La percepción de la diferencia entre sobrevivir y vivir, sumada a la toma de conciencia de la espiritualidad divinal que todos atesoramos, está impulsando una nueva vida en nosotros. Esta nueva vida se caracteriza, en resumen, por el hecho de que nos hemos percatado de que el camino no es la suma, sino la resta. Es decir, el camino no consiste en llenar mi casa de más muebles, sino en desalojarla de tantos muebles innecesarios que le he ido metiendo.
La naturaleza de Dios es la nuestra y Dios es omnipotencia, entre muchos otros atributos; pero la omnipotencia de la divinidad no es tenerlo todo, sino no necesitar nada. Por eso mucha gente siente hoy en su interior la llamada a una vida sencilla. En esta sociedad se necesitan muchas cosas para sobrevivir, demasiadas; incluso se necesita a las personas. Sin embargo para vivir no se necesita nada; solo se necesita la vida, y la conexión con lo que realmente somos.

—Por todas las necesidades que jalonan nuestra vida diaria ¿cómo se articula, en el contexto en que vivimos en las sociedades occidentales, la supervivencia con la vivencia?
Todo es evolución; y siendo la evolución muy veloz, aunque no nos percatemos de ello, en realidad es muy armoniosa, muy suave. Con lo cual la transición desde la percepción basada en el sobrevivir a la percepción fundamentada en el vivir no va a tener lugar de la noche a la mañana; no va a ser un cambio brusco ni dramático. Esto significa que en el caso de las personas que estaban radicalmente centradas en el sobrevivir están empezando a aparecer ya elementos que se basan en el vivir, que no son medibles en euros. Como decía Antonio Machado, “no confundamos valor y precio”. El precio pertenece al sobrevivir; el valorar de verdad lo que es la conversación con un amigo, un encuentro, un amanecer, un atardecer, la risa de un niño, el llanto de una persona… forma parte del vivir, y la persona que va despertando a estos valores les irá concediendo cada vez una mayor importancia. Cada cual a su ritmo. Puesto que no percibo los cambios bruscos, comparto con las personas que nos aceptemos, que no nos fustiguemos ni rasguemos las vestiduras, porque eso forma parte de la antigua visión de considerar siempre que nos equivocamos, que somos culpables…

—Pero algunos errores cometemos…
Los errores no existen; esto es una falacia mental: todo lo que hacemos en nuestra vida tiene su porqué y su para qué en el momento en que lo hacemos. Podemos mirar hacia atrás y decir: “ahí cometí un error”, pero eso lo dice la mente; eso no es así. Lo que llamas ‘error’ no fue tal error; actuaste así porque tu acción o reacción se correspondía con tu estado consciencial de ese momento. Y eso abrió puertas, e impulsó tu proceso evolutivo. Así pues vamos a ir quitando tanto sentimiento de carga, de culpa, de error, de miedo, y también vamos a aceptarnos; vamos a aceptar incluso la parte de nuestra vida que forma parte del sobrevivir, al menos mientras sea necesario.

—A veces sobrevivir incluye cosas tan agobiantes como hacer frente a una hipoteca…
Si tienes que hacer frente a una hipoteca, acepta este hecho y déjate fluir. Eso sí, escucha a tu corazón. Porque puede ser que tu corazón te empiece a llevar a un camino distinto. Y, desde luego, cuando tu ser verdadero te empieza a llevar por un camino distinto, te lleva a un camino distinto. Hasta el punto de que puede producirse la circunstancia de que si te obsesionas con la hipoteca y estás chantajeando tu propia vida por la necesidad de pagar la hipoteca, puede ser que la vida te sorprenda presentándote circunstancias que te van a impedir pagarla. En definitiva, como que tú, aun queriéndolo, no eres capaz de desengancharte, van a cambiar las circunstancias para que el desenganche se produzca.
La mente reaccionará de forma tremenda; nos sentiremos agobiados por haber perdido el trabajo y aparecerán los miedos desde el punto de vista económico, pero hay que confiar en la vida, la cual nos irá poniendo en un escenario en que esos miedos se irán diluyendo e iremos encontrando vivencias y experiencias que antes eran impensables.

—Quiero retomar un punto; el de que el error no existe. ¿Cómo ubicas, a partir de esta visión, el concepto del karma, según el cual vas a pagar por lo que hiciste en esta misma vida o en otra?
La idea del karma, de la culpa, del pecado, han jugado su papel como bastones en el proceso evolutivo de la humanidad, pero ya no son necesarios. Estamos en un momento evolutivo, de cambio de ciclo, de una gran potencia; y en nuestra libertad y empoderamiento, con base a la divinidad que todos tenemos (más que empoderamiento me gusta llamarlo como lo llamaron los primeros padres de la Iglesia, ‘endiosamiento’), y siendo conscientes de nuestra capacidad creadora, hoy día podemos despedir los karmas. Si alguna persona continúa considerando preciso el karma, perfecto; pero yo lo que comparto es esto otro.
La Madre Tierra ha hecho una evolución vibratoria muy importante, y todos quienes estamos integrados en ella estamos empezando de cero, estamos iniciando una nueva vida, que ya no es una derivación de la cadena de vidas que venimos viviendo. En definitiva, estamos ubicados en un contexto espiritual, consciencial y vibratorio distinto. No solo el karma; otras herramientas que nos han sido de ayuda en el camino también han dejado de tener sentido. Esto ha sido percibido por muchos seres humanos que han hecho introspección interior, incluso desde ámbitos no espirituales.
Te voy a poner como ejemplo esa figura tildada como atea, que es la de Friedrich Nietzsche. Nietzsche indagó mucho en la consciencia, y escribió obras que son inefables. Quiero traer a colación fundamentalmente la obra “Así habló Zaratustra”, que es un personaje que da discursos. En el primer discurso habla de las tres transformaciones, de las tres fases evolutivas del ser humano: la primera la del camello, la segunda la del león, y la tercera la del niño. Según Nietzsche las primeras fases evolutivas van a llevar al hombre hacia el superhombre. Tal como yo lo siento esta figura del superhombre es conocernos a nosotros mismos; es descubrir nuestra divinidad, fundirnos con el Padre-Madre.
La primera fase es el camello, que es un animal de carga, y tiene como identificación el ‘tengo que’, el ‘debo de’ hacer esto o lo otro. Esto forma parte del proceso evolutivo de todos los seres humanos, hasta que fruto de todas las experiencias vividas sentimos que ya basta de ser animales de carga; entonces, según Nietzsche, nos transformamos en león, que se identifica con el ‘yo quiero’. Es un cambio de perspectiva enorme, que implica estar en posesión de una fuerza y energía que está fuera del alcance del camello. Ahora bien, Nietzsche nos advierte de que a través del ‘yo quiero’, de la búsqueda de satisfacciones en el exterior, no vamos a conseguir una vida plena. Esto nos lleva a la tercera y última fase, la del niño, que es ‘el juego de crear’.
Siento que la humanidad nos estamos transformando, utilizando esta clasificación, en niño: nos estamos percatando de nuestra capacidad creadora, y por tanto de nuestra divinidad, que va inexorablemente unida a lo anterior. Pero si un ser humano a propósito del karma y del concepto de culpa o de error, por lo que sea, quiere seguir instalado en el ‘tener que’ y el ‘deber de’, o en el ‘yo quiero’, hay que respetar los procesos conscienciales absolutamente.

—Así que no vamos a ‘subir’ todos juntos…
Lo más valioso y lo más precioso que tiene la humanidad es la diversidad de los estados conscienciales. Sé absolutamente que los estados conscienciales no son mejores ni peores; cada uno estamos en el momento evolutivo y en el proceso consciencial que nos corresponde, y esto merece el mayor de los respetos. No hay mejor ni peor, superior ni inferior. La evolución es mágica, va aconteciendo, y tanto la fase del camello como la del león y el niño son respetables. Ahora bien, Nietzsche identifica muy bien lo que es nuestro proceso en general como humanidad, y más en el momento presente.
Hoy día estamos empezando a jugar. Es decir a vivir, a disfrutar de la vida, y este disfrutar de la vida nos va a llevar a desarrollar por completo nuestra capacidad creadora, fundamentalmente de la mano de la puesta en práctica de nuestros dones y talentos.

—¿Dirías también que, además de las religiones, han cumplido su función las distintas tradiciones espirituales que han acompañado a las personas a hacer un trabajo interno serio?
Con rotundidad, sí, también. No solo estoy hablando de las religiones al uso, sino de todas las prácticas espirituales que se han basado en ritos, cultos…, en cualquier tipo de encorsetamiento. Por ejemplo, mi práctica espiritual no tiene nada que ver con ninguna religión ni tradición espiritual, pero yo tengo una serie de hitos en mi día a día vinculados a mi percepción de la espiritualidad. Por ejemplo, todas las mañanas hago una hora y media de meditación, pero porque quiero; desde luego, si sintiera desde mi interior no meditar, lo dejaría de hacer.
En la espiritualidad, a cualquier elemento que aparezca como obligación, como ‘deber de’, como ‘tener que’, ha llegado el momento de decirle adiós. Es tiempo de libertad absoluta, y de soltar tantos lastres, tantas cargas…, porque Dios es yo, y no necesito otra cosa que yo ser Dios. La complejidad es que yo soy Yo cuando ceso de ser ‘yo’. Este yo entre comillas es aquel con el que nos venimos identificando: el cuerpo físico, los sentidos corpóreo-mentales, los pensamientos, las emociones, la personalidad, el ego, y la naturaleza egocéntrica asociada a todo ello.
Siendo dimensiones espirituales divinales utilizamos un vehículo precioso y maravilloso que es el cuerpo, y mira por dónde nos terminamos identificando con él. Hasta el colmo de que hay seres humanos que creen que cuando el vehículo deje de funcionar ellos también dejarán de funcionar. Esto es tan ‘tonto’ como creer que cuando tu coche deje de funcionar a ti tienen que enviarte al cementerio. A lo que nos llama esta espiritualidad que sentimos dentro es a dejar ya esta identificación, lo cual no significa no cuidar nuestro físico ni dejar de estarle muy agradecidos. Pero, por favor, ¡no creyendo que somos solamente eso! Nosotros somos algo mucho más eterno, mucho más profundo, que nos paseamos por la Creación como creadores que somos.

—De cualquier modo algo que han ofrecido parece de positivo las tradiciones espirituales es dotar de ciertos referentes; porque estás planteando un camino sin referentes, y esto puede conllevar sus riesgos, ¿no?
No hay riesgos. Entiendo perfectamente lo que estás compartiendo, porque es cierto que vienen momentos de vértigo. En febrero, marzo y abril lo experimenté; son momentos en los que te das cuenta de que todo lo que han sido referentes se han diluido. Están ahí, pero ya no son referentes para ti. Y lo que te encuentras es un vacío, del que no hay que tener miedo.
Me viene a la cabeza una de las películas de Indiana Jones en que tiene que atravesar un abismo. Tiene una serie de indicaciones que le dicen que la manera de hacerlo es confiar, es decir poner el pie. Al dar el primer paso aparece de forma mágica una pequeña parte del puente que le permite apoyar la planta del pie. Y cuando da el segundo paso el puente se extiende para que pueda poner el segundo pie… De esta forma atraviesa el abismo.
Yo veo así nuestro momento evolutivo. Bastantes personas que han sentido muy cercana la presencia de guías espirituales durante mucho tiempo, ahora ya no la sienten. Esos guías espirituales, que son muchas veces nuestro propio ser multidimensional, lo que nos están indicando es que ya ha llegado el momento de que caminemos nosotros solos. Esto produce, sí, vértigo, pero ante él no hay que tener ningún tipo de miedo. Si por lo que sea te caes no pasa nada; te levantas y sigues andando. Pero ya ha llegado el momento de soltarse de tantas cargas, de tantos lastres, de tantas referencias, de tantos guías, de tantos maestros...

—En fin, que, como anunciabas antes, hemos madurado.
Sí, aunque nuestra dimensión espiritual divina no necesita madurar; la que está madurando es nuestra dimensión divina encarnada en el plano humano. Es la especie humana la que está conformando una nueva humanidad, que va a basar la vida y las relaciones sobre valores y paradigmas que son totalmente distintos a los que hemos tenido hasta ahora. Esto requiere de cada uno que demos un pasito adelante, y este pasito es libertad, es desprendernos de muchas cosas que hasta ahora nos han atenazado; es dejar de lado autolimitaciones mentales, miedos, y conseguir nuestro auténtico empoderamiento. La humanidad solo será libre cuando cada ser humano sea libre, y nuestras relaciones entre seres humanos serán libres cuando cada ser humano sea libre. Y ante ese pasito de libertad lo que hay que tener es confianza. Como Indiana Jones, tú da el paso, y verás como aparece el puente.

—En relación con todo esto hay una palabra de la que huyes, que es la palabra ‘cambio’ y la sustituyes por ‘evolución’; ¿por qué?
El cambio no existe; es una ficción mental. En el libro Dios hay un apartado importante donde se hace una introspección en el sufrimiento humano; en sus causas y cómo evitarlo. Los seres humanos hasta ahora nos hemos negado a hacer esta introspección en el sufrimiento, pero por ejemplo la hizo Buda, que consiguió la iluminación tras haberse sumergido en meditación para conocer las raíces profundas del sufrimiento humano. Pero la humanidad en su conjunto, en lugar de meterse en el sufrimiento para comprenderlo y de esa forma trascenderlo, lo que hace es huir de él. Y en ese huir del sufrimiento nos hemos inventado cosas y herramientas, una de las cuales es la necesidad de cambio.
Estamos muy imbuidos en que tenemos que cambiar cada uno de nosotros, y quienes nos rodean, y el mundo, y las cosas…; y no nos damos cuenta de que nosotros mismos, el mundo y las cosas están evolucionando con una enorme rapidez. No nos damos cuenta porque nuestros sentidos corpóreo-mentales no perciben la velocidad y la presencia constante de la evolución, del mismo modo que no perciben que la Tierra está girando continuamente sobre sí misma, y que paralelamente está girando alrededor del Sol, etcétera. Cuando por medio del corazón y de nuestros sentidos conscienciales empezamos a sentir la evolución, nos damos cuenta de que la idea de cambio es un sucedáneo paupérrimo de ésta. Con la idea de cambio dejamos de ver la evolución y torpemente creemos, desde el ego, que las cosas tienen que ser lo que yo deseo cuando yo deseo y donde yo deseo. Y desde luego la evolución es constante y permanente, pero fluye bajo prismas, bajo paradigmas que no tienen nada que ver con lo egoico.
Si estamos en invierno la primavera, inexorablemente, llegará, y entonces el rosal sacará sus rosas. Pero no pidas al rosal que eche rosas en invierno; evolutivamente no corresponde. Pero es que además no nos damos cuenta de que cada fase ya contiene la anterior. Por ejemplo, el invierno ya contiene la primavera; de hecho, cuanto más riguroso sea el invierno más esplendorosa será la primavera. Lo más bello de la vida es darnos cuenta de que todo tiene su porqué y para qué, en el momento preciso en que lo tiene. Las cosas no hay que acelerarlas ni ralentizarlas. Hay que confiar en la vida. Hay que dejarse fluir. La vida es amorosa y nos está abrazando continuamente; y, además, es absolutamente evolutiva.

—Quiero enfatizar que todo esto que estás compartiendo no son reflexiones intelectuales sino que viene después de que te hallaste ante la “divina mansión”, como expresas en tu libro Dios, y que entraste en ella. ¿Cómo fue esa experiencia?
Me di cuenta de que Dios es yo, y de que por tanto yo soy Dios, en la medida en que deje de identificarme con la parte efímera que hay en mí y empiece a manifestar, a sacar a flote mi divina esencia. Esto se produce, dicho metafóricamente, en lo que se denomina ‘el retorno al hogar’. Hay un punto concreto donde hay la sensación de que el Padre-Madre, la Fuente, está ya exactamente frente a ti. Esto es una ficción mental, porque realmente no hay separación; pero como que vienes de un aferramiento y una percepción de Dios como algo exterior, hay un momento culminante en que te contemplas con el Padre-Madre como si estuvieras estableciendo un diálogo con Él / Ella. Este es el último diálogo que se puede mantener; porque a partir de ahí lo que se produce ya es la fusión, la conciencia de unicidad absoluta entre este Padre-Madre y uno mismo.

—¿Qué implica esta experiencia en términos prácticos?
No significa que te evaporas, que te vas a otro plano o que saltas de dimensión. Sigues en el plano humano, porque aquí estamos voluntariamente, pero eso sí: todas las circunstancias y todos los hechos los ves ya desde una perspectiva totalmente distinta. Uno percibe internamente que somos Amor, radicalmente Amor. Y utilizo el término a plena consciencia. Nuestra esencia es Amor; y cuando hallas el Amor en ti ya no tienes ninguna duda de que el Amor está en todos. A partir de ese momento inefable todos los seres humanos, tal como yo los veo, son Amor.

—Pues los hay que hacen barbaridades…
Simple y llanamente, en su proceso consciencial y evolutivo esos seres humanos están aferrados a ese yo entre comillas, que es el que está actuando. Han hecho una delegación de su poder en el vehículo, en lugar de conducirlo ellos. Esto lo entiendo y respeto, porque sé que forma parte de su proceso evolutivo. No me considero superior a ellos bajo ningún concepto porque sé que, igual que yo, son divinales, y son Amor.
De la misma forma que te hablo del Amor te podría hablar de otras cosas: cuando se produce esa fusión se sigue viviendo con normalidad; sigues con tu día a día, pero a su vez todo cambia. Cuando la oruga sale del capullo transformada en mariposa continúa estando en el mismo entorno, pero ¡cuán distinta será la realidad para ese ser que antes era oruga y ahora es mariposa! De la misma manera, la experiencia de la fusión con lo que realmente somos es una especie de nacer de nuevo, de resurrección en vida, que hace que veamos las mismas cosas que veíamos antes de forma radicalmente distinta.
Es como si hasta ese momento hubieses estado viendo una especie de holograma que te hubiese estado tapando la auténtica realidad, el cual se difumina, se diluye; o, expresado en el lenguaje de muchas corrientes espirituales, es como si el velo que te estaba tapando los ojos se cayera. Entonces solo ves una realidad llena de Amor, en la que puedes dejarte fluir, en la que vale la pena confiar.

—En este dejarse llevar está el tema de la Providencia, por la que recomiendas que nos dejemos guiar. ¿Qué significa esto exactamente?
He dicho de pasada anteriormente que la Providencia es nuestro verdadero ser en acción; es decir, nuestra esencia divinal en acción. La Providencia no es algo que esté ahí; está aquí. Para que se entienda mejor, he puesto el ejemplo del coche y el conductor. Si yo me identifico con el coche que tengo (el cuerpo) en lugar de con el conductor que soy empiezo a ver la vida a través del coche y de las necesidades del coche. Tal vez es tanta mi identificación con el coche que incluso he olvidado el lugar hacia donde voy, y solo estoy pendiente de los mecanismos del coche y sus necesidades. La Providencia en este caso, dicho metafóricamente nos daría volantazos; es decir, recibiríamos un golpe de la vida. Los golpes de la vida no son tales; sencillamente, ocurre que tu verdadero ser está guiando el vehículo.
La Providencia es nuestra capacidad creadora en acción. Todos los seres humanos estamos creando nuestra realidad, habitualmente sin darnos cuenta, y entre todos estamos creando la realidad que compartimos, que es una especie de matriz holográfica. Pues bien, vamos a conectarnos con nuestro verdadero ser, a ser conscientes de nuestro poder y a crear una realidad holográfica que se ajuste a lo que nuestro corazón pida: un nuevo mundo con nuevos paradigmas, con nuevos sistemas de relación entre los seres humanos, donde no exista la muerte, donde vivamos en paz y en simbiosis con la Madre Tierra

—Aunque nos guíe la Providencia ello no quita lo autorresponsables que tenemos que ser con nuestros pensamientos, nuestras acciones y todo lo que decidamos emprender…
La vida es responsabilidad de cada uno al cien por cien. Todo lo que acontece en la vida de un ser humano es responsabilidad de dicho ser humano. Cada ser humano está en su propio estado consciencial, que se manifiesta en muchas cosas: en la forma de ver la vida, de ver la muerte, de ver la divinidad, de ver el mundo, de ver a la gente… El estado consciencial se resume en una frecuencia vibratoria; todos vibramos de una determinada manera, en consonancia con nuestro estado consciencial. Pues bien, la vida es muy sencilla: en ella van apareciendo circunstancias, experiencias, cuya vibración resuena con nuestro estado consciencial para impulsar nuestro proceso evolutivo.
Nuestra mente clasifica las experiencias como agradables o desagradables, positivas o negativas, trascendentes o insignificantes, pero estos calificativos no son reales. En realidad, toda experiencia que llegue a mi vida no es importante por su color (por si favorece o no mi bienestar), sino por la vibración que tiene. Y, desde luego, si aparece en mi vida es porque la vibración de esa experiencia va a resonar con la vibración de mi estado consciencial para impulsar mi evolución. Desde el amor, desde la armonía. Esto es así de maravilloso.

—Bueno; a veces nos va a costar encontrar maravilla en según qué cosas estemos experimentando…
Cuando todo esto se va comprendiendo se entiende que todo tiene su porqué y su para qué. Por ejemplo se discierne, no desde la mente sino desde el corazón, que todas las enfermedades constituyen un proceso de sanación interior dirigido a impulsar nuestro proceso evolutivo y consciencial.

—¿También nos impulsan evolutivamente las experiencias aunque estemos cerrados a aprender de ellas?
Incluso entonces; siempre. San Juan de la Cruz habla de “la amada en el amado transformada”, es decir de nuestra fusión con Dios, en el contexto de un poema que se titula “Noche oscura”. En este mismo poema nos dice que a la noche hay que amarla, incluso más que al alba; esto es, a las experiencias que nuestra mente tilda de negativas, hay que amarlas. Tenemos que discernir el papel que tiene la noche en nuestra vida y por tanto no perdernos en la experiencia dual, que es la forma como el ser humano ha transitado hasta ahora por la vida: juzgándolo todo, clasificándolo todo en función de si juega o no a favor de su bienestar. Como consecuencia de ese enjuiciamiento constante terminamos temiendo a la vida y nos volcamos en el mero sobrevivir.

—Aunque cualquier experiencia acabe jugando a favor de la propia evolución supongo que hay una manera de afrontar las experiencias que debe impulsar evolutivamente más; ¿cuál es esa actitud con la que afrontarlo y recibirlo todo para que evolutivamente vayamos más al grano?
La evolución siempre fluye, es constante y muy veloz; lo que está en nuestra mano es que fluya cuesta arriba o cuesta abajo, entendiendo que cuesta arriba es más fatigosa, más sufrida, y que cuesta abajo es más placentera, más fluida. La pregunta por tanto sería: ya que la evolución se va a producir siempre ¿cómo podemos ir a una evolución que no sea fatigosa, que no sea en base al sufrimiento?
Lo que hay que hacer es muy sencillo, pero igualmente conlleva un cambio de paradigma. En los paradigmas del viejo mundo nuestra atención se ha centrado en el ‘qué’; qué hago o qué dejo de hacer. En los paradigmas a que nos estamos acercando la atención ya no se pone en el qué, sino en el ‘cómo’. El ‘qué’ lo dejamos en manos de la vida, y de la Providencia. Lo que me traiga la vida será por algo, de manera que mi foco de atención y mi capacidad divinal la pongo en ‘cómo’ vivo cada cosa que la vida me vaya trayendo. Ese centrarse en el cómo significa que voy a impregnarlo todo con lo que soy, es decir con el Dios que es yo, es decir con el Amor que yo soy.
Joan Manel Serrat tiene una canción, “Vivir para vivir”, cuya letra original habla de amar la vida “qué más da que pegue o bese”. Si te dan un abrazo, recíbelo y correspóndelo con amor; si te dan un bofetón, igualmente que tu actitud o reacción esté basada en el amor. Eso no es una utopía sino que emana de forma natural, inevitable, cuando conectamos con lo que realmente somos.

—Naturalmente, el ego es astuto y cuela como amor cosas que no lo son. ¿Cuáles dirías que son trampas fundamentales en las que sería mejor no caer y cómo evitar caer en ellas?
Hay una que es clave. Cuando vivimos en los paradigmas de sobrevivir necesitamos cosas y a las personas para nuestra supervivencia, de modo y manera que las cosas y las personas se convierten en instrumentos nuestros. Esto ocurre incluso en lo que coloquialmente llamamos ‘amor’; ahí hay mucho de utilitarismo, de la necesidad de la otra persona. Eso hace que el amor se contamine de celos y de mil emociones que lo distorsionan. Mi convicción profunda es que el amor, para que de verdad sea amor, implica que no necesitas a nadie; solo cuando no necesitas a las personas puedes amarlas.
El Amor del que hablo no es una emoción. Yo me estoy refiriendo a un Amor que es vibración; es la vibración que llena el cosmos, que llena la Creación. Y es la vibración que en última esencia eres tú y soy yo. Esa vibración se convierte en inevitable, y nos damos cuenta de que todo lo llena, cuando realizamos la conexión con nuestro interior y cuando, obviando el ‘qué’, vivimos centrados en el ‘cómo’.

-De acuerdo con lo que dices, pero el ‘qué’ no son solo las experiencias que nos trae la vida; muchas veces nos corresponde a nosotros decidir ‘qué’ es lo que vamos a hacer. ¿En base a qué tomar estas decisiones, si no queremos ir siguiendo los dictados egoicos?
Siempre que sintamos ‘la necesidad de hacer cosas’, o de ‘realizarnos en lo que hacemos’, estamos sujetos a la vanidad del ego. La realidad es que no es necesario hacer nada. En estos meses de silencio esto lo sentí de una forma tremenda. Yo ya había compartido, como práctica, el no-hacer, pero en febrero y marzo me di cuenta de que el no-hacer tiene una premisa más profunda, que es la innecesariedad de hacer.
Cuando me di cuenta de esto en profundidad sentí también mucho vértigo, pues, como comentábamos antes, me quedé sin referencias. Cuando te das cuenta de que no es necesario que hagas nada, te quedas como perdido. Eso sí, no me asusté; confié en la vida. Y el 27 de marzo, hallándome en meditación, sentí una presencia, que se me identificó como la dimensión espiritual que había vivido en su última vida física como la madre Teresa de Calcuta. Me dijo que viera uno de sus últimos vídeos, en el que habla de la santidad y de los dones y talentos. Me fui a Internet y lo encontré. En este vídeo la madre Teresa dice más o menos lo siguiente: no es necesario hacer nada. Porque solo cuando no se hace nada es cuando nos damos cuenta de para qué estamos aquí. Dios es cada uno de nosotros, y Dios se manifiesta en todo lo que hacemos, permanentemente. No obstante, la expresión más acabada del Dios que es cada uno son nuestros dones y talentos.
Cada ser humano tiene sus dones y talentos, los cuales hemos elegido en otro plano antes de encarnar aquí. Con lo que en esta vida no estamos para hacer cosas; estamos simplemente para poner en práctica nuestros dones y talentos. Y los dones y talentos son una forma de no-hacer: puesto que se ponen en práctica de forma natural, espontánea, no cuestan esfuerzo. Según la madre Teresa, en esto consiste la santidad. Un hombre o una mujer santo es aquella persona que pone en práctica sus dones y talentos. Y los dones y talentos no tienen jerarquías; no los hay mejores ni peores, superiores o inferiores. Cada uno tiene los suyos, y todos son expresión de la divinidad que, expresándose a través de cada uno de forma distinta, a su vez es una misma divinidad que nos unifica a todos.
El que tenga el talento de Einstein de contemplar el universo y descifrar las leyes de la astrofísica, ese don no es ni más ni menos importante que el don de una persona que hace una buena tortilla de patatas. O que sabe cantar. O que sabe contar con gracia un buen chiste. La vida es un Vivir Viviendo, no es un vivir haciendo, y ese Vivir Viviendo es poner en práctica los dones y talentos, los cuales, además, como dijo Cristo Jesús en la parábola de los talentos, no están para guardarlos bajo tierra, sino para compartirlos. Los dones y talentos se caracterizan porque los ejercemos sin esfuerzo, con entusiasmo y sin buscar reconocimiento. 
A raíz de la experiencia del 27 de marzo me puse a buscar mis dones y talentos, y encontré que mi nómina de los mismos es más bien corta. Pero sí que identifiqué uno: introspección - comunicación, que además es lo que he hecho toda mi vida. A partir de ahí sentí la necesidad interior de escribir un libro y de empezar a dar charlas, pero no buscando reconocimiento ni admiración, ni siquiera para ayudar, sino porque todo mi ser me llamaba a eso. Los dones y talentos no se ponen en práctica para ayudar; eso sería ego, vanidad. Los ejercemos a la vez que permitimos que la vida fluya, que la evolución discurra. A partir de ahí, se abre otra puerta: todo se llena de Amor. En primer lugar, porque al poner en práctica tu don y tu talento estás poniendo en práctica la expresión más acabada de tu divinidad, con lo cual estás sacando el Amor que tienes dentro. Y, en segundo lugar, porque tu atención consciente deja de estar situada en el qué y se sitúa en el cómo, lo cual, como vimos, también conduce a la manifestación del Amor.


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