Agenda de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2026-2027

Agenda completa de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2026-2027

22/4/21

El organismo humano, su relación con el mundo y la mal llamada vacuna ARNm (1 de 3)

El ser humano, como muchas otras criaturas, tiene una dimensión individual y una social. Todas las demás criaturas tienen determinado, por el instinto propio de su especie, hasta qué grado se tienen que desenvolver de forma individual y aislada y en qué medida y en qué momentos tienen que comportarse de forma gregaria, estando determinados los comportamientos por patrones muy concretos [Por mencionar sólo un caso curioso: el pinzón común, que fuera de la época de apareamiento y cría de polluelos, a partir del otoño, se reúne por bandadas separadas del mismo sexo, como en comunidades que guardan celibato; de ahí el nombre científico de la especie: Fringilla coelebs] Estos patrones de comportamiento son el objeto de estudio de la etología. A diferencia del resto de las criaturas, el ser humano tiene la libertad de buscar en qué grado, medida y momento se quiere comportar de forma individual o forma social, y así buscar el equilibrio en el que se encuentre cómodo o le resulte adecuado, conveniente o más o menos estimulante para crecer y progresar. Por supuesto, esto supone una conquista progresiva. Muchos seres humanos se comportan todavía de forma gregaria, que no social, y de forma egoísta, que no individual, todavía sujetos a los instintos atávicos de su parte animal. Estos aspectos son el objeto de estudio de la etología humana. En cambio, la psicología y la sociología deben tener en cuenta inevitablemente esta capacidad de libertad, característica, propia y exclusiva del ser humano, si no quieren caer en el error de llegar a enunciar “leyes” deterministas, como correspondería a cualquier otra especie, pero que no serían compatibles con la ontología del ser humano.

El resto de las criaturas llevan inscrito en la corporalidad de su organismo el instinto propio de su especie. El organismo humano, en cambio, debe proporcionar al ser humano la flexibilidad necesaria propia de su naturaleza, de su ontología, que le permita grados de libertad creciente, a través de un proceso de evolución en el que, a diferencia del resto de especies, la evolución cultural va ganando terreno a la evolución natural. En la evolución natural, los organismos de cada especie se van modificando como respuesta a la influencia de las condiciones ambientales, de modo que las modificaciones que mejor se adapten serán las que progresen, dejando más descendencia, y el resto se irá extinguiendo, en un proceso que Darwin acuñó como lucha de las especies y supervivencia del más fuerte.

"Con nuevos pensamientos" (https://www.beatrizrubio.com/)


El organismo humano ha mantenido la flexibilidad y la capacidad necesaria para poder adaptarse a cualquier biotopo terrestre, con los climas más extremos y las fuentes de alimentación más diversas. Esto es así porque en realidad es la especie menos especializada de la creación; la especie con caracteres menos diferenciados y más generalistas. En realidad, la especie humana constituye una paradoja evolutiva, un caso único en el que las leyes evolutivas ¡se han de ir “exceptuando” una y otra vez! Por un lado supone la cima de la evolución por la complejidad y desarrollo de su organismo –especialmente del sistema nervioso central – respecto del resto de especies; por otro, su organismo se ha mantenido tan indiferenciado que en todos los diagramas filogenéticos se puede situar siempre en el centro troncal, del que derivan el resto de las ramas o taxones [Grupos emparentados por evolución común; en este caso, el resto de los primates superiores, ya sean actuales o extintos]. Todos ellos tomaron en algún momento una senda evolutiva unilateral con una especialización determinada, con la consiguiente pérdida de plasticidad, en la que ya no hay vuelta atrás posible. Cada uno de estos caminos sin retorno reducen la gama de posibilidades de esas especies para optar por nuevas vías, por lo que en definitiva van perdiendo grados de libertad evolutiva como especie. El organismo humano ha preservado esa potencialidad generalista que le permitiría eventualmente tomar vías evolutivas hacia formas más especializadas, gracias a la plasticidad mantenida, por lo que podemos decir que mantiene un alto grado de libertad en cuanto a potencialidad evolutiva.

Por otro lado, los instintos de cada especie vienen determinados por la constitución orgánica adquirida por la especialización concreta; de forma que todos los ejemplares de una misma especie, en gran medida, no pueden comportarse más que de una forma determinada y estandarizada ante estímulos similares. Una abeja solo se puede comportar como abeja y no como una avispa o un mosquito; ni ratón puede comportarse como un topo o un castor. Se pude decir que la especialización implica la pérdida de grados de libertad en el comportamiento. La falta de especialización del organismo humano y la plasticidad mantenida, no condiciona los instintos de un modo tan determinista como en el resto de las especies, permitiendo mantener un grado de libertad relativamente alto en la respuesta; incluso la posibilidad de dominar los instintos hasta cierto punto, e incluso ir conquistando grados de libertad superiores. Libertad de comportamiento individual frente a la inclinación natural de la especie.

Esta renuncia hacia especializaciones que le permitirían más eficacia en funciones concretas, pero que le robarían la plasticidad orgánica y flexibilidad funcional que le caracteriza, la suple el ser humano con la cultura. Los órganos especializados que desarrollan otras especies por evolución natural, los suple el ser humano con el desarrollo de utensilios, herramientas y tecnología –lo que en antropología se denomina cultura. En la evolución del ser humano, por lo tanto, no sólo interviene la influencia del ambiente, sino también el progreso cultural y moral que lleva, entre otras cosas, al soporte social dispensado a los más “débiles”, y permite que estos también sobrevivan, progresen e incluso que tengan tanta descendencia como los más “fuertes”.

La evolución cultural puede modelar el organismo humano, tanto por la influencia cultural grupal como por los hábitos higiénicos individuales (en el sentido amplio, incluyendo hábitos de la vida anímica, o sea, hábitos ético- morales), adquiridos de forma más o menos consciente por el crecimiento personal de cada individuo. Es de suma importancia comprender la naturaleza de un organismo tan singular y sería muy conveniente atender a las necesidades propias de su naturaleza. Así se entendía todavía en la Grecia clásica, incluso hasta tiempos de la Roma clásica, tal como lo expresó Juvenal: Mens sana in corpore sano.

La plena experiencia del Yo la consigue el ser humano mediante la encarnación en un cuerpo físico que le permite aislarse del resto de la creación, tanto física, anímica como espiritualmente, siempre que quiera y en cierta medida. Por otro lado, este aislamiento no le impide abrirse al resto del cosmos, también siempre que quiera y en cierta medida, y así unirse al resto de la creación, tanto física, anímica como espiritualmente. Una sana constitución e interrelación de los distintas corporalidades del ser humano (cuerpo físico, cuerpo vital, cuerpo astral) entre sí, y una adecuada encarnación del Yo en estas corporalidades, permite la sana interrelación del individuo con el mundo exterior preservando su necesaria independencia, por un lado, y respetando la necesaria interdependencia, por el otro.

Además, esa es la única forma de experimentar la libertad, mediante la progresiva ejercitación y conquista de grados siempre superiores de esta, quedando el ritmo y el tempo de esta progresión siempre a voluntad individual. Cuando esto se entiende bien, surge fácilmente la imagen del cuerpo humano (los tres cuerpos en realidad) como Tabernáculo del Yo, como Templo del Espíritu. Esto no es simplemente una bella imagen poética o religiosa. Es la expresión de una “ley” que se cumple en todo el universo a todos los niveles, tal como en el antiguo Egipto la expresaba Hermes Trismegisto: “como es arriba es abajo”; o como también la explica la teoría de los fractales y la organogénesis goetheana. En definitiva, la correspondencia entre macrocosmos y microcosmos, entre los niveles de organización superiores y los inferiores, entre el todo y las partes.

Esta ley la aplicó Rudolf Steiner de forma magistral para comprender la correspondencia entre la constitución trinitaria del ser humano integral [Cuerpo, alma y espíritu] con la tri-membración del organismo humano [Cabeza, tronco y extremidades (polo neurosensorial; sistema rítmico, respiratorio-circulatorio; polo metabólico-motor). Ver en Rudolf Steiner GA 21 Von Seelenrätsel (De los enigmas del alma)] y con la tri-articulación del organismo social [Esfera económica; esfera jurídico-política; esfera cultural-espiritual. Ver en Rudolf Steiner GA 23 Die Kernpunkte der Sozialen Fragen (Los puntos centrales de la cuestión social)].

Y de ese modo se puede comprender cómo las peculiaridades del cuerpo físico del organismo humano tienen que estar en consonancia con la esencia del ser humano como ser natural que se distingue del resto de las criaturas. Tener esta comprensión, como la tenía sin duda Hipócrates, iniciado en la escuela de misterios de Asclepios, hizo posible desarrollar un arte de la medicina capaz de ayudar al ser humano, no solo a sanar enfermedades una vez contraídas, sino a prevenirlas llevando una vida saludable a todos los niveles. Podríamos hablar de muchos aspectos singulares del ser humano y su correspondencia entre niveles superiores del ser y su reflejo en el cuerpo físico. Pero vamos a centrarnos aquí en el aspecto de la flexibilidad necesaria para lograr un sano equilibrio entre la autonomía individual y una interrelación con el entorno, social y natural, con otros seres humanos y en general con el resto de la creación.

El cuerpo físico necesita por lo tanto aislarse del entorno exterior y la principal barrera es la piel, que constituye uno de los órganos fundamentales del organismo humano. Pero este organismo necesita una sana interrelación con su entorno para poder vivir. La piel misma no es una barrera infranqueable, puesto que tiene poros a través de los cuales se produce un cierto intercambio de gases y líquidos con el exterior mediante la transpiración, y puede sufrir heridas por donde entran sustancias nocivas y patógenos. Los órganos de los sentidos también facilitan la conexión con el mundo exterior a través estímulos de energías más sutiles, como la luz, sonido, etc.

Por otro lado, tanto la piel, como las mucosas, y especialmente el tubo digestivo, están “protegidas” por millones de células bacterianas, la llamada flora bacteriana, o microbiota, que constituyen un ecosistema microbiano que, mientras se mantenga en equilibrio con las células del ser humano, serán la mejor barrera de protección frente la invasión de otros microbios patógenos. Esta microbiota, en la que no solo hay bacterias sino también hongos y virus, tiene un número mayor de células que las del propio organismo humano. Esto ya nos puede hacer reflexionar sobre la importancia determinante de los aspectos cualitativos en biología frente a los cuantitativos. En cualquier caso, la primera interrelación del organismo humano con el resto de la creación se produce en el interior del mismo y en su propia piel, donde porta más células de otros organismos que propias. O ¿tendríamos que decir que son parte de nuestro propio organismo? En cuyo caso podríamos también reflexionar sobre la flexibilidad necesaria para fijar los límites entre el individuo y el mundo.

Pero el intercambio principal de sustancias físicas con el exterior se produce a través del aparato digestivo y el respiratorio. La mayoría de las sustancias ingeridas son digeridas en el estómago e intestino (y la microbiota ayuda también en gran medida a una sana digestión de esas sustancias), reduciéndose a fracciones de tamaño molecular suficientemente pequeño como para poder ser absorbidas por la pared intestinal. Todo lo que no logra pasar este primer filtro se elimina en la excreción. Las sustancias absorbidas se deben metabolizar ahora. El riñón logra excretar en la orina la mayor parte de las sustancias absorbidas que no son necesarias, y las que son tóxicas o pueden llegar a serlo si aumenta su concentración; así mismo elimina los derivados innecesarios del metabolismo que también pueden llegar a ser tóxicos si aumenta su concentración. Sin embargo, la mayor parte de las moléculas absorbidas son comunes a la mayor parte de los organismos que comparten el mundo con el ser humano, y por lo tanto no necesitan una transformación específica ni menos aun individual, ya que los distintos organismos las reconocen fácilmente como “propias”. Es el caso de los hidratos de carbono, las grasas, las sales minerales e incluso las vitaminas. Todas ellas pueden entrar directamente en las rutas metabólicas, ya sea en el catabolismo, para producir energía y facilitar la funcionalidad de los distintos órganos, o en el anabolismo, para almacenar reservas de energía y “construir” el organismo.

Sin embargo las proteínas son caso aparte en el complejo sistema metabólico, y requieren procesos específicos e individualizados con un nivel de complejidad incomparable. Las proteínas juegan el papel fundamental en la construcción del organismo, son las estructuras arquitectónicas con las que se construye el edificio físico, la casa donde se encarna el Yo, el Templo donde habita el Espíritu. Estas estructuras, las proteínas, a diferencia del resto de las moléculas que forman parte del metabolismo, sí que son específicas. Esto es, cada especie tiene que fabricarse de nuevo proteínas propias, estructuras específicas, diferentes a las proteínas de otras especies. En el caso del ser humano la diferenciación alcanza el nivel individual. Aunque todos los humanos comparten muchas proteínas comunes propias de la especie, hay otras que son propias y exclusivas de distintas poblaciones humanas, como por ejemplo las de los grupos sanguíneos; otras lo son de subgrupos humanos más reducidos, como por ejemplo las proteínas de los factores de coagulación sanguínea; y así hasta llegar al nivel de consanguinidad familiar, y finalmente al nivel individual, en que cada ser humano tiene cierto numero de proteínas que son exclusivas y determinan su identidad biológica (esto es lo que hace, por ejemplo, que los transplantes de órganos, por lo general, presenten menos riesgo de rechazo cuanto más estrecho sea el grado de consanguinidad).

Esta identidad biológica es la expresión de su código genético, también individual, exclusivo e irrepetible. El código genético es a su vez parte de la expresión de la identidad individual, exclusiva e irrepetible del Yo, y del karma planeado por este para cada encarnación. Las investigaciones más modernas ven la necesidad de ampliar el concepto del genoma humano, que es la información genética heredada de los progenitores, ampliándolo al concepto de genoma del bioma humano, y epigenoma, donde se incluye no sólo la información genética heredada, sino el conjunto de la información genética de los microorganismos de la microbiota humana, que están en simbiosis con el organismo humano. Así como el genoma humano es exclusivo, único y diferente para cualquier ser humano, incluso entre gemelos monocigóticos, el genoma del bioma humano también es exclusivo, único y diferente para cualquier ser humano. Más aun, esto podría ser la forma en que cada ser humano intenta “desarrollar” y transformar la herencia genética recibida de sus progenitores, para personalizarla de un modo más adecuado a la morada que necesita su Yo, más allá de la que sus progenitores pudieron proporcionarle. Las enfermedades infantiles también contribuyen a este fin como explicamos más adelante.

Los materiales, o “ladrillos”, para fabricar las proteínas, o estructuras arquitectónicas, son los aminoácidos. El ser humanos obtiene estos “ladrillos” en buena parte a partir de las proteínas de otros seres vivos ingeridas en su dieta. Estas proteínas tienen que ser primero desintegradas en la digestión y  sólo a partir de estos materiales primarios, los aminoácidos, podrá el ser humano formar sus propias proteínas, tanto específicas como individuales. Hay una veintena de diferentes aminoácidos que se enlazan entre sí, en cantidad, proporción y secuencia determinada, formando largas cadenas que finalmente se aglutinan dando lugar a las macromoléculas de proteínas, cada una con una estructura espacial propia y exclusiva de cada proteína. El metabolismo (anabolismo) de la síntesis de proteínas se produce en el interior de las células por los ribosomas, unos orgánulos celulares presentes en el citoplasma que logran encadenar los aminoácidos en la secuencia determinada de cada proteína particular, que luego dará lugar a la forma concreta.

"La Tierra se hará luz" (https://www.beatrizrubio.com/)


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Autor: Vicente Machí Gómez

Las tres entregas de este texto, concluido en Freiburg el pasado 19 de febrero,

se publican en este blog los jueves 22 y 29 de abril y 6 de mayo de 2021.

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La orientación que cambió el patrón

Son diversos los motivos que pueden llevarnos a tener patrones de conducta repetitivos y de los que nos cueste salir.

Por norma general, los patrones que no nos crean conflictos o no nos causan sufrimiento, no suelen ser revisados. En cambio, aquellos que una y otra vez nos traen la misma escena, la misma emoción y la misma posición interna y éstas se relacionan con la desvalorización, la sumisión, la tendencia a quedarse a un lado o a sentir que todo lo que deseamos conseguir supone un esfuerzo, si suelen, con el tiempo, desear cambiarse. Aunque, en ocasiones, se necesite un apoyo.

Este es el caso de una chica que, tras solicitarme consejo sobre el color más adecuado para pintar su dormitorio, pude ayudarle a enfocar mejor su forma de concebir la vida.

Cuando alguien desea generar cambios en su dormitorio, por norma general necesitan mejorar algún aspecto interior que les impide descansar.

En estos casos, además de solicitar imágenes del espacio a decorar y las fechas de nacimiento de las personas que dormirán en él, también solicito un listado de aspectos de vida que se desean mejorar.

Al leer el listado de la chica, el más marcado era su deseo de dominar su carácter impulsivo.

Observando su tipo de vibración personal, el de su pareja y la decoración que en aquel momento tenían en su dormitorio, no contemplaba nada a su alrededor que le llevase a ser impulsiva, sin embargo, conforme me contó la idea de decoración que tenía para renovar el dormitorio, sí que observé una tendencia a crear un ambiente que le reprimiría.

Tras asegurarme que no era una tendencia provocada por su tipo de relación pareja, profundicé en mis preguntas hasta que confesó que llevaba tres meses tratando de seguir una dieta que, aunque le generaba resultados físicos, emocionalmente le mantenía tensa e irritada.

Revisé la orientación hacia la que dormía y la orientación hacia la que trabajaba en casa y encontré en ambas una tendencia al esfuerzo.

Al comunicárselo, profundizó todavía más en sus relatos y expresó su creencia de que todo debe de costar un precio. Que nada nos lo regalan. Que todo logro requiere un sacrificio.

Le pedí permiso para reconducir su objetivo principal y llevarlo, del deseo de dominar su carácter impositivo, al objetivo de fluir en la vida con facilidad.

Antes unos instantes de incertidumbre, accedió.

Revisé de nuevo su dormitorio y observé otra posible colocación de su cabezal para mejorar su orientación, sin perjudicar a su pareja. A la vez, le recomendé otra orientación para sentarse a la hora de trabajar. Ambas orientaciones facilitan su crecimiento personal natural.

Por vibración, la Madera le aporta serenidad y la Tierra le facilita drenar su exceso de energía, por lo que cambió el cabezal por uno muy sencillo de Madera y pintó la habitación de un color beige suave. Ambos elementos también eran saludables para su marido.

Al cabo de tres semanas me escribió confesando una nueva forma de concebir la vida.

No sólo había mejorado su carácter, si no que su alimentación se había regulado sin esfuerzo y aunque su relación ya era de calidad, aún había mejorado en comunicación y entrega.

 

Normalizamos con mucha facilidad el esfuerzo sin darnos cuenta que es un indicativo de estar sobreviviendo.

Vivir no cuesta esfuerzo. La vida sabe cuidar de sí misma. Sólo debemos abrirnos a confiar en ella.

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Autor: Andrés Tarazona (andres@andrestarazona.com)

https://andrestarazona.com/

Todos los jueves, desde el 7 de noviembre de 2019, Andrés comparte en este blog una serie de publicaciones centradas en

el Diseño Sentidointeriorismo y diseño consciente de viviendas, comercios y empresas que mejoran la calidad de vida.

Todas están a tu disposición de manera gratuita a traves del e-book Habitar, al que puedes acceder a través de este enlace:

https://bit.ly/Habitar-PDF

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20/4/21

El SMS de la vacuna

Unos están deseando que les llegue ese SMS, otros/as quisieran que nunca entrara en su móvil. Van corriendo los turnos... A muchos recién sexagenarios nos alcanzará pronto un mensaje que nos dispondrá para la reflexión profunda. Podremos atender o no a su invitación, podremos meternos o no la polémica aguja en el cuerpo, pero no olvidemos que el mundo no se divide entre pro y antivacunas. No levantemos nueva frontera entre quienes se colocan o no en esa ya cercana cola.

Más importante que vencer al virus de la pandemia, es vencer al virus más peligroso del separatismo humano. A lo largo de la historia hemos inventado las mil y un formas de alejarnos mutuamente, pero ahora es cuando tocaba sólo inventar las formas de reencontrarnos. Ahora es cuando el camino de regreso a la unidad diversa, a la condición de hijos e hijas de Dios sin excepción de ningún género. El bichito del pandemia no debiera tampoco dividirnos.

El mundo no se dividía entre cristianos e “infieles”, tampoco entre proletarios y patronos. El mundo no se partía entre derechas e izquierdas, entre nacionalistas y centralistas, tampoco en provacunas y antivacunas, entre promascarillas y antimascarillas.

Cuando uno no entiende de un tema ha de aprender a callar, la boca cerrada constituye la salida más honrosa. Cuando el tema es controvertido y atañe a la salud colectiva, el silencio mejor sepulcral. No ponderaré por lo tanto sobre lo que no entiendo.

En todo caso en el mundo se podrá observar una diferencia, que no dividir, entre quienes viven por y para sí mismos y quienes viven para el prójimo, quienes aspiran a hacer de sus vidas una bella aventura de servicio a los demás. En medio encontramos toda la gama. ¿En ese siempre confuso escenario, dónde se ubica la vacuna antiCOVID? Creemos profundamente que hemos violado un orden natural y prima volver a él. Creemos en el poder inmunológico del sol, del aire, de la tierra, en general de la vida natural. Ahora nos piden que metamos en nuestros cuerpos otra vacuna más "contundente". Asiste su cuota de razón a los que abogan en favor de ellas, asiste también su cuota de argumento a los que las cuestionan.

Sólo apuntaremos que no se nos vaya con la aguja la nostalgia del retorno, la imperiosa necesidad de volver a la armonía con cuanto late, pues el virus ha medrado en ese desarreglo. El sumo respeto a lo que haremos cada quien ante ese SMS es la esencia de nuestro mundo libre que tanto nos ha costado alcanzar. Esa actitud respetuosa con las opciones de los otros representa nuestra sólida conquista.

La decisión que tome cada uno en razón de su conciencia y sus circunstancias será la adecuada. La intimidad es nuestro territorio más sagrado. Nadie de ninguno de los dos extremos ose amenazarla.

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Autor: Koldo Aldai (koldo@portaldorado.com)

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El resentimiento es lastre (Memorias de un descarnado: 12 de 29) Por Deéelij

 “Se perdona mientras se ama”

Francois de la Rochefoucauld. Escritor francés (1613-1689)

 

“Equivocarse es humano y perdonar es divino”.

Alexander Pope. Poeta inglés. (1688-1744)

 

     Cuarta jornada. 09:00. Complejo Aeronáutico de Nairda

     Dos Starfighter F-104, con sus respectivos motores, al cien por cien de sus revoluciones, aullaban salvajemente sobre la uno seis izquierda. Los frenos anclados impedían que la potencia desgarradora deslizara tan colosales figuras por el pavimento en busca de un nuevo y excitante abrazo con el pincelado cielo.

     Pal estaba al mando del biplaza. Volaría acompañada de otro alumno. Jano pilotaría el otro modelo, una versión modernizada. Éste había sido capacitado con un motor de doble inyección inercial, lo que ofrecía quince mil libras más de empuje. El desarrollo del mismo permitía alcanzar rápidamente altas cotas, predijo Pitt en el briefing matinal celebrado a las seis en punto. Si ya de por sí estos aparatos eran considerados una especie de cohete volador, con tal motorización podría definirse como una lanzadera espacial de primer orden.

     Ambos aviones despegarían simultáneamente, rompiendo la formación a los noventa segundos de vuelo después de alcanzar los diez mil pies. Pal, realizaría una serie de maniobras con su estrenado novato. Posteriormente, se encontrarían en Ís; y desde ahí ella devolvería a Nairda el DC-3 allí estacionado el día anterior. Él tendría que practicar tomas y despegues en la ampliada pista que construyó con su pensamiento desde su Ser.

     Le parecía mentira que aquello estuviese ocurriendo. Que una realidad tan sorprendente se manifestara con tanta credibilidad, acierto y bondad. Grabado había quedado que aquél paraíso no era el cielo; pero si lo fuera, no le importaría lo más mínimo quedarse en él. ¿Qué sería entonces la promesa que nos reserva el tránsito de la muerte? Un lujo impensable; se dijo, con total convicción.

     -     Torre de Nairda para Rojos F-104. Autorizado despegue. Mantengan rumbo. Ascienda a diez mil en noventa segundos y rompan formación. Que tengan un buen día.

     -   Líder Rojo, copiado. Autorizado despegue. Gracias, igualmente – acusaba recibo la instructora.

     -     Rojo Dos listo –  imitaba obligatoriamente Jano.

      Ambos reactores, libres sus ruedas de los esclavizantes frenos, iniciaron su rodadura lamiendo asfalto desde los cero nudos hasta los ochenta. El empuje inicial encabritó el morro sin que la rueda desconectara su roce con el firme, que por breves instantes le serviría de senda, demostrando un querer saltar a la nada deseada que luego les sostendría.

     Pal, en primer lugar, levantaba la punta de su avión tras setecientos metros recorridos. Rojo Dos seguía gastando caucho en la enloquecida carrera tras Líder Rojo. Cien nudos, un motor potentísimo… y el F-104 no mostraba atisbo por levantar el vuelo. Más que un avión, parecía un bólido intentando batir una marca de velocidad en línea recta. El pájaro de acero no ascendía ni un milímetro.

     -     Rojo Dos, aquí Nairda, ¿algún problema?

     Jano no sabía qué responder. No entendía qué pasaba. A tal velocidad ya debería estar volando. Realizó una visual rápida por todo el panel de mandos intentando localizar algún indicador desajustado o una señal de alarma. Nada lo reflejaba. Tampoco quería llevar la palanca al final de su recorrido, dado que al tener el timón de profundidad en lo alto del de deriva podía hacer rozar la popa del aparato por la pista. ¿Flaps? ¡No, no los había sacado! ¿Otro fallo, y a estas alturas? Se recriminó con aspereza. ¿Cómo he podido olvidarlo? ¡Seré estúpido!, consentía en insulto y auto denigración.

     -     Rojo Dos, conteste, ¿algún problema? Le quedan menos de quinientos metros para el punto de no retorno. ¿Declara emergencia?

     Sobradamente era conocedor de tal hecho. Pasando ese punto, o saltaba al aire, o no habría espacio suficiente para frenar. Tendría que hacer algo. Tendría que contestar. Tendría que…

     -     Rojo Dos, aquí Líder Rojo. Aborte despegue, repito aborte despegue. Acuse recibido Rojo Dos.

     Ciento cincuenta nudos. Flaps a treinta grados. Tiró con suavidad de la palanca. Cien metros para el punto de no retorno. ¡Vamos, vamos, sube! ¡Arriba! Imaginó en la mente. Recordó: el motor es el pensamiento. Cerró los ojos y visualizó el despegue… De pronto sintió cómo ascendía muy lentamente; pero ascendía. Los abrió contemplando lo imaginado. Pulsó el interruptor de recogida de tren y respiró profundamente 

     -       Rojo Dos pista libre. Olvidé sacar flaps.

     La controladora lo dio por válido riéndose en la intimidad de su torre; lo daba por bueno… Al final había despegado y escalaba el espacio.

     Pal dejó correr la situación; hablarían más tarde. A ella tampoco la había engañado.

     Ambos Starfighter trepaban metros por centenares. Sorprendentemente, para Jano, el aparato no respondía a las expectativas anunciadas. Quince mil libras de empuje extra y aquello no jalaba sino a duras penas. Con todos los gases introducidos, el F-104 subía agotado, quemando keroseno de más; exhausto. Seguir el ritmo de Líder Rojo provocaba una oscilación peligrosa en las agujas indicadoras de temperatura de aceite y motor hacia los límites. Las vibraciones alcanzaban un trepidar insatisfactorio, angustioso, temible. Parecía que cada uno de los más de tres mil remaches que empaquetaba cada parte del avión, haciéndolo una sola pieza solidaria, fueran a saltar sin previo aviso, descomponiendo su esbeltez aerodinámica.

     Pasase lo que pasase, él seguiría hasta alcanzar los diez mil. Luego, al romper la formación, ya se las apañaría. Era muy consciente de que su orgullo pilotaba la función, no el fruto del raciocinio. Culminaría. Debía aguantar; así reventara el superdotado motor, tan cacareado por Pitt. Ya le comentaría un par de aspectos sobre tanto adelanto tecnológico de pacotilla. Menuda patata a reacción le habían asignado ese día.

     -    Rojo Dos: estamos a diez mil pies, rompa formación; ya conoce su destino. Nos vemos. Procure aprovechar la jornada.

     -     Entendido Líder Rojo. Gracias. Corto.

     Giró a babor en una ceñida quebradiza innecesaria. Era como dar un fustazo al jamelgo que montaba castigándolo al no responder a las expectativas prometidas. Retiró gases picando; debía bajar la temperatura del motor. Los indicadores habían llegado a penetrar en la zona roja. Por unos instantes, que postergó, se imaginó a bordo de una bomba a punto de deflagrar sin aviso. De ninguna manera habría apostado por ascender otros mil pies sin que se hubiera descubierto el error de propulsión; algo funcionaba erróneamente. Era imposible, materialmente, que con tal poder de combustión, el F-104, no hubiese subido con holgura. 

     Aquel aparato poseía una exigua superficie alar, siendo su capacidad de sustentación mínima. Necesitaba, por tanto, de una gran velocidad para provocar tal efecto. Era por todo piloto conocido, que más que un caza interceptador, el F-104 era un enorme motor provisto de alas cortas con las que dirigirlo.

     Rondaba los ocho mil pies aumentando la velocidad. Los indicadores de temperatura retrocedían al arco verde. La tranquilidad regresaba, como lo hacían sus pulsaciones. La humedad de su mono de vuelo reflejaba la extrema sudoración experimentada, aunque era algo más que no acertaba a conocer, aún. Ís caía por la amura de estribor. Continuaría con el descenso hasta los mil pies, pero no en vertical. Empezó a provocar giros suaves dejando que las toneladas metálicas no disminuyeran la aceleración por debajo de la velocidad de sustentación. Era una manera de ahorrar combustible; aquél ascenso le había costado algo más de una cuarta parte del contenido de los depósitos, incluidos los situados en los extremos de las alas. Eso constituía una cuestión intranquilizante. No entendía cómo un motor diseñado para el máximo rendimiento con el menor consumo, había dispendiado tanto. Pero deseoso de llegar cuanto antes a su particular guarida, incremento el ángulo de descenso. Tendría que aterrizar a la primera, no quería correr riesgos. Calculó que con tan elevado gasto de keroseno no podría hacer muchas tomas y despegues. El resto debería reservarse para el regreso.

     La intensidad de esos primeros minutos de vuelo ilustraba una jornada, posiblemente, desenfrenada. Tenía la sensación de haberle sido asignada la domesticación de un indómito y salvaje animal por catalogar. A la vuelta indagaría en las características reales de ése prototipo. Era imposible que tanto poder de empuje, al cien por cien, no hubieran dejado muy atrás a los siete mil del Starfigther de Pal. ¿Habría usado algún procedimiento incorrectamente? No lo sabía; pero sí que de no haber sido por la técnica enseñada el día anterior de visualización, y el poder aprendido que su pensamiento proyectó e imprimió en la pista, no hubiese despegado ni escalado los diez mil pies. Su seguridad en la aplicación exacta y correcta de las reglas de vuelo, hasta el momento aprendidas, contribuyeron a paliar las resistencias encontradas. 

     Al marcar el anemómetro los dos mil pies, inició la recogida enfilando Ís. Introdujo gases a fondo; sospechaba que de lo contrario bajaría la velocidad por debajo del límite. A ciento cincuenta nudos y a casi mil metros de la pista redujo algo de potencia sacando flaps a veinte; quería ser prudente. Ya no se fiaba del corcel encabritado que, en sus manos, parecía obedecer a medias. Tocó con suavidad a ochenta nudos: no quería sacar el paracaídas de frenado. Allí no tendría recambio para sustituirlo en caso de emergencia, así que optó por reducir gases al mínimo y frenar.

     El alivio fue grande al bajar del toro salvaje. El Starfighter descansaba, al fin, junto al DC-3. Estaba exhausto, algo sorprendente después de un vuelo tan corto. No recordaba, ni siquiera en sus antiguas misiones de combate, haber experimentado desesperación igual. Tenía la sensación de haber despertado de un sueño pesado, plomizo y desenfrenado. Miró al reactor con desprecio; no quedaban ganas de volver a pilotarlo. Así que extrajo los manuales que el caza albergaba en la cabina dirigiéndose a la cabaña. Quizá, un refresco, aire puro, tranquilidad y examinar algunos datos, podrían ayudar a recalibrar el aparato. Existía la posibilidad de que algunos de los conductos de combustible estuvieran obturados, o que los filtros permanecieran sucios. Intentaría localizarlos una vez que el motor se enfriara. De lo que estaba seguro, era de no volver a subir en ése condenado demonio, intratable, sin que antes tuviera la seguridad de garantizar un posible vuelo tranquilo y seguro.

     Cuarenta y cinco minutos después, sin haber solventado nada, escuchó el ruido que anunciaba la llegada de Líder Rojo. Ahora sí que tendría que exponer la verdad del asunto ante su instructora. Habría que afrontar los hechos. Quedaría, posiblemente, en ridículo, pero no cabía otra alternativa. Debía ser sincero.

     El reactor gemelo realizó una pasada de reconocimiento, la pista era desconocida para el pasajero de Pal. Jano permaneció sentado en el porche hasta que la maniobra de aterrizaje concluyó. El alumno recondujo el 104 hasta el comienzo de la pista donde la instructora bajó. El motor rugía queriendo devorar el espacio al que se enfrentaba. Pal permanecía, aún, algo alejada de la cabaña, esperando la partida, cuando el bólido plateado pasó fulgurante delante de sus figuras ascendiendo limpiamente hasta perderse en un ascenso pronunciado y vertiginoso.

     -   Hola – saludó derritiendo la palabra con su acostumbrada y linda expresión –. ¿Qué tal esas tomas y despegues?

     -   ¿Quieres pasar y tomar algo fresco? – invitó Jano esperando provocar un ambiente distendido desde el que exponer las dificultades que le tenían apesadumbrado.

     Durante veinte minutos ejerció su cátedra de experto piloto. Expuso los hechos y los posibles problemas que, dedujo, tendría el motor en su alimentación. Tenía que ser esa la cuestión, una entrada pobre de combustible a los inyectores. Ella le escuchó sin interrupción, disfrutando de la disertación, de sus gestos, de su desnudada sinceridad ante su ser femenino. Sabía que aquello le provocaba incomodidad. Reconocer ante una mujer, aunque fuese su instructora, la impotencia de poder pilotar un avión, era una cuestión de orgullo a la que no estaba acostumbrado un hombre, más él.

     Ella valoró cada una de sus palabras sin dejar de mirarle fijamente, derramando candidez con sus ojos. Quería tranquilizarlo, hacerle sentir mejor. Tendría que esperar a que terminara la exposición. Bien sabía cuál inconveniente alojaba el reactor, así como la posible reacción de su alumno ante el descubrimiento que le haría al comunicarlo.

     -     Bien, sobresaliente, Cadete – manifestaba al comprobar el final del desesperado e ilustrado alegato –. ¿Acaso crees que Pitt te asignó esta mañana ese magnífico y colosal prototipo para que realices una prueba en vuelo, tal y como hacías en tu anterior vida, con el objeto de obtener calibraciones o mediciones en busca de un mejoramiento en el perfil aeronáutico del aparato?  

     -     ¿Qué, si no? – respondió Jano sorprendido –. Las órdenes estaban claras: despegar en pareja con instrucciones concretas. Ascender a diez mil, romper formación y realizar prácticas por separado muy específicas. La cuestión es que no puedo cumplir mi parte por la ingobernabilidad de ése dichoso motor.

     -     Jano… – reclamó ella, procurando su atención, acercándose hasta sentarse a su lado asiéndole el brazo como era su costumbre; provocando cierta ternura e intimidad – estás aquí para aprender. Para recordar y remembrar. Exclusivamente para eso. No hay otra finalidad. El por qué has volado éste concreto Starfigther tiene su respuesta en la siguiente regla de vuelo. ¿No has tenido la curiosidad de mirarla?

     -     Por supuesto que sí –  contestó inusitadamente –. Justo ayer, después de dejar a Pitt en su despacho y al llegar a mi dormitorio, lo hice. Quería adelantarme a la siguiente lección. Fue inútil. Comprobé que la página siguiente, y las que le siguen, no se dejan abrir, están como solidificadas; sólo consigo acceso a las páginas que están en blanco. El resto del manual, como si estuviera hechizado, no es legible, aunque el primer día recuerdo que se podía abrir por cualquier sitio.  

     -     Esa es la impaciencia que todavía aflora de vez en cuando en el Jano que conozco –  concluía la frase endulzando la pronunciación de su nombre –.  Todo llega a su instante. Procúralo ahora.

     Sorprendido, ruborizado y algo acaramelado por la entonación ofrecida en la pronunciación aterciopelada de su nombre, que sutilmente impactaba su esencia relajándola, confortando su espíritu y alma, todo su Ser, como si fuese el efecto complaciente y sin igual de un masaje corporal ofrecido por unas manos bañadas en aceite, dispuso obedientemente del manual que, como ya era costumbre, alojaba en su pernera.

     Colocó el libro sobre la mesa. La miró queriendo encontrar algún atisbo de complicidad en su rostro, en sus ojos, en sus labios. Intentó pensar algo al respecto, pero rápidamente lo negó sabedor de la posible lectura mental que ella podría realizar. Si ya le costó contar su impotencia durante el vuelo estrujando su orgullo masculino ante su instructora, no podía… no debía desvestir el pensamiento que pudiera contener la mente sobre la atrayente mujer.

     -     Veamos – pronunciaba Jano, algo incómodo por lo apretado que notaba su brazo contra el cuerpo perturbador y cálido que tan cercano sentía –.  El resentimiento es lastre” ¿Te refieres a esto?

     -     ¡¡Aja!! –  afirmó Pal cortésmente, provocando un sondeo.

     -    Una frase enigmática, como todas las anteriores. Incluso dogmática a la vez que elegante– espetó él con rabia –. Y supongo, que relacionada con éste vuelo – masculló de mala gana, marcando un paréntesis, tragando saliva, encadenando palabras con las que expresarse sin volver a herir su ego –…cuestión que no logro encajar a simple vista con respecto al aporte sustancial que debo extraer del mismo. Pero estoy seguro que tú, encantadora profesora – insinuó deliberadamente –, tienes la capacidad de exponer con claridad, aplomo y cortesía, el fruto, me temo amargo al principio, que debo cosechar. ¿Harías los honores? – concluyó levantándose de súbito procediendo a una inclinación de cintura y un adorno caballeresco con su mano derecha, como si descubriese un imaginario sombrero con plumas que le cubriese la cabeza.

     El numerito provocó una risita sinuosa, complaciente, fervorosa. Ella aplaudió. Le había sorprendido gratamente consiguiendo su beneplácito. Tenía que reconocer el uso genial de su improvisación, y la ganancia de puntos extras ante tal muestra de galantería y simpatía. Tendría que ofrecer, en contraprestación, algo sustancioso. Lo esperaba. Ésta vez no podría dejarle inmerso en deducciones.

     Concluyeron los aplausos correspondidos con un par de reverencias como si fuese el colofón al término de una función teatral. Ella miraba con agradecimiento, desprendiendo ternura. En Jano, esa chispa, impactó al igual que un torpedo en la línea de flotación. Pocas personas consiguieron colisionar su Ser de forma tan radiante. Y el sentimiento abrumador, que recibió Pal, carecía de la fuerza necesaria para eludir la responsabilidad inherente al cargo que ostentaba. Era su turno. Las cartas se volcarían produciendo un mal trago. Él escogió estar allí, ahí, por tanto, no debería actuar con paños calientes, tampoco con crudeza.

     -    La recompensa que esperabas recibir como premio a tu actuación puede estropearte el día – advertía aún risueña –. ¿Estás completamente seguro de querer ser dirigido en éste aprendizaje, o prefieres encontrar el sendero por ti mismo de forma menos cruenta? porque mi exposición puede resultar algo abrupta.

     -    Dispara vaquera, prefiero estrellarme con tu disertación antes que volando con el Starfigther.

     -   Tú lo has querido, pilotillo. Luego, no te quejes. Así que no andaré con remilgos edulcorados – declaró con la tez serena y seria –. ¿Queda claro?

     -     Perfectamente.

     -     ¿Preparado?

     -     Como siempre – prorrumpió algo chulesco.

     -  Esa petulante arrogancia te desmerece, devaluando los créditos conseguidos hace unos momentos. ¿Ves? De pronto estás arriba mostrando lo mejor, como al segundo siguiente estampas tu faz contra el suelo polvoriento y árido, destrozando cualquier conquista.

     Su tono fue contumaz. El romanticismo sembrado se esfumó. La mujer que le recibió en su llegada a Nairda había retornado. El encanto y la chispa transmitida por sus ojos miel mostraban algo incierto que prefería declinar en definir. Esperó el aluvión que se anunciaba. Fuera lo que fuese, lo soportaría sin rechistar. La lección sobre grosería desatinada, no prevista en el menú del día, estaba servida. Con Pal, las apariencias de tipo duro servían de poco, o nada.

     -     Bien, Cadete – continuó secamente –. Todo piloto al inicio de su instrucción, lo más básico que aprende, sobre todo el primer día que ha de hacer la revisión pre vuelo de un avión, es drenar los depósitos de combustible – entonces él se llevó las manos a la cabeza, sólo por pensar lo que en realidad le había ocurrido a su reactor –.  Es sabido que, por efectos de la condensación producida dentro de los mismos, se genera agua. Que ésta, al ser más pesada que el combustible se deposita en la parte inferior de los depósitos, y que es allí donde se pueden encontrar los sumideros para evacuar el peligroso líquido, que de no ser eliminado entraría por los conductos portadores del carburante hasta los inyectores, provocando fallos de todo tipo, incluso el más alarmante de todos: la parada fulminante de los motores. En un despegue, el desenlace es, y lo conoces de sobra, un impacto inevitable con consecuencias casi siempre desastrosas. Temible volando a baja cota, puesto que el tiempo de reacción para reiniciar la combustión, normalmente, es insuficiente. Amenazador en las alturas, desde donde se puede planear y conseguir un aterrizaje de emergencia, aunque, a veces, es posible arrancar. Y siempre irresponsable ante cualquier circunstancia por la dejación ante algo tan elemental como es no retirar el agua de un depósito antes de arrancar motores.

     -     ¿Es eso lo que le ha pasado a mi Starfigther?

     -     Otra vez de nuevo. Unas veces encumbrado, otras pegado al terreno – sentenció Pal sin aprecio –. A ver si lo captas de una vez. Tú F-104 está en perfectas condiciones, y lo demostraré en breve. El avión refleja cuando lo pilotas, lo que sucede en tu interior. Replica tu estado en cualquier orden. Simula, con todas las características exactas, las manifestaciones en las que se encuentran cada una de las reglas de vuelo aprendidas, las que has de aprender, y el tan manido escollo por el que estás aquí. Una vez que subes a bordo testa a la perfección tu Ser. De la forma de vuelo que se obtenga del avión, se deduce, con evidente claridad, el diagnóstico previo conseguido en la asimilación de tu aprendizaje, hasta el día de hoy.

     -     Y eso quiere decir… –  interrumpió confuso, necesitado de una conclusión, no de una revisión.

     -   Sé paciente – advertía ella maliciosamente, propinando un cariñoso golpe en su hombro con el puño cerrado –. Todo a su lugar – paró en seco –. De haber pilotado este prototipo el primer día, puedo garantizar que no habrías podido producir que su motor escupiera ni siquiera un poco de humo. Ver tu cara ante ese espectáculo hubiese sido realmente cómico a la vez que desmoralizador. Cada avión ha llegado a ti en el momento preciso. Ni antes ni después. Y a cada alumno se le presenta el que necesita exactamente, pues cada uno de nosotros somos diferentes; consecuentemente, los aprendizajes se adquieren de formas muy variopintas. Ninguno de nosotros somos iguales en lo externo, sí semejantes en lo interno. Ninguno realiza el mismo trayecto. Cada cual lo recorre de acuerdo al modelo que mejor se le adecua. Y todos, más tarde o temprano, según la manera de medir individual, finalizamos el curso. Ahora, si lo que quieres es un análisis del vuelo en el F-104, se puede concretar de forma resumida y clara – bebió algo del refresco de limón que todavía contenía su vaso, provocando un silencio no interrumpido –. Retrocedamos: la velocidad de despegue estaba sobrepasada y tu avión no despegaba, ni lo hubiese hecho, (y aquí entra en juego la primera regla de vuelo) de no haber pensado que lo conseguías, no que lo conseguirías. Pensaste en presente, no en futuro. Seguidamente, intuiste, (entró en juego la tercera norma), que dependía de ti, no de lo que el controlador estaba advirtiendo, ni de la orden que te di para abortar la maniobra; entonces, pudiste Ser la causa, no el efecto de lo que te comunicábamos. Simultáneamente, enfocaste la segunda: creíste en ti, en tu poder, y al creer, lo creaste... Lo hiciste al visualizar el despegue con la ayuda del ejercicio que hicimos ayer con el motovelero. Y recuerda: “lo verás cuando lo creas”; fue algo que manifestaste al momento. Sólo faltaba introducir la cuarta que entró en escena al contemplar que no te merecías hacer el ridículo en el ascenso, conteniendo tal potencia en tu motor. Aplicaste a la perfección, insisto, Cadete – reiteró con cariño –, a la perfección todo lo aprendido. Despegar y ascender hasta los diez mil pies exclusivamente se debe a la correcta e impecable puesta en práctica, de forma conjunta y global, de toda la instrucción recibida y asimilada…

     -     Entonces, ¿por qué no se desarrollaron las quince mil libras de empuje?

     -    Calla, y escucha, ¡impaciente!, que pierdes luego el hilo de la cuestión. El problema que subsiste, es la consecuencia del lastre que transportas en tu esencia. Es la carga, de resentimiento, y, como consecuencia, de pesar, odio y desprecio albergado en tu interior, lo que en realidad impide el desarrollo total de tu querer, de tu amor. Es tal ese sentimiento, que nubla en multitud de ocasiones tu correcto dilucidar, y, como consecuencia, tu pensamiento; y, como efecto, afecta al resto de las reglas de vuelo. Ya lo sabes, las normas de vuelo están entrelazadas entre sí, por lo que, sólo es necesario que una no sea puesta en práctica para que el resto dejen de ser operativas. Eso es lo que ha sucedido: tu combustión interna no es perfecta, contiene restos que lo impiden, además de poseer conductos oxidados y obturados que limitan el paso correcto de la cantidad necesaria del fluido que alimenta tu existencia. Por tanto...

     -    Por tanto… – pronunció molesto Jano de la acusación – ¿estás dando a entender que ese teórico resentimiento que supones tengo, ha impedido el perfecto funcionamiento del motor del Starfighter?

     -     Lo has entendido perfectamente, aunque mencioné que podría molestarte – señaló Pal advirtiendo su evidente enojo.

     Él quedó callado, reflexivo, con la cabeza oculta entre sus manos evidenciando incomodidad. Pal debería tener razón, pero no alcanzaba a encauzar la disertación. Simplemente no podía creer que ello fuese la causa del efecto experimentado. Se levantó evitando cruzar la mirada. El sentimiento de malestar le impedía confrontar esos hermosos ojos de azúcar. Estaba irritado. ¿Cómo podía influenciar tal hecho en su vuelo? Dirigió sus pasos hasta el porche sentándose en los escalones. Ella, ducha en estas batallas, dejó estar a su alumno. Tendría que rumiar en solitario. Era lo acostumbrado.

     Recogió y ordenó la habitación, preparando lo necesario para el siguiente paso. La mejor ayuda, a ofrecer, en tal circunstancia, residía en una espera paciente. Ahora, Jano, bien lo sabía, estaba en un debate feroz contra sí mismo. Andaba perdido en una doble controversia: internamente ensimismado; exteriormente, por reconocer, ante la instructora, la razón de su exposición.

 

Posdata:

En el artículo del día 1 de diciembre (Rojo octubre, peligroso noviembre y brillante diciembre. III Parte) comuniqué que personalmente había recibido por psicografía una serie de técnicas y procesos para aplicar en psicoterapia, que solucionaba el 80% de los problemas psicológicos del ser humano. La explicación resumida de esta psicoterapia es que elimina el ego, te reconecta con tu alma (conecta la Particularidad con la Singularidad) y tienes control emocional, siendo feliz en tu vida actual; al mismo tiempo dije que lo había transferido a dos Almitas maravillosas (psicólogas) que os los podía ofrecer mediante terapia, obvio que, con remuneración, pues es su trabajo, y que además ellas lo harán, pues mis tiempos están contados, para seguir en esa labor. No se trata de dar una formación, sino de recibir terapia para quien lo necesite. Durante un tiempo os habéis puesto en contacto conmigo para luego realizar el contacto con ellas (Rosario y Yesenia), pero ahora ya podéis hacerlo de forma directa mediante su correo profesional:  terapia.psico2@gmail.com También podéis visitar su Web: http://www.psico2-internacional.es

 

Para las actualizaciones de Todo Deéelij y preguntas sencillas: deeelij@gmail.com

Nota a la posdata: si quieres recibir esta ayuda terapéutica más vale que te comprometas contigo mismo, pues es exigente. Sólo apto para valientes y no timoratos.

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