Agenda de actividades presenciales y online de Emilio Carrillo para el Curso 2026-2027

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21/5/10

Acompañar a los moribundos

Debéis estudiar los textos (“sutras” en sánscrito), si queréis acompañar a los moribundos. Para poder realizarlo, hay que ser sólido. Es preciso no tener miedo en sí mismo. Hay que poder tocar el no-nacimiento y la no-muerte para servir de apoyo y de sostén a la persona en la cual la manifestación está a punto de cesar.

Recuerdo haber ido con la hermana Châng Không a visitar a nuestro amigo Alfred Hessler que estaba muriéndose en una clínica católica en el Estado de Nueva York. Alfred había militado por la paz. Nos había ayudado enormemente durante la guerra de Vietnam para intentar detener la guerra, los bombardeos en el norte y en el sur y había recorrido Europa, América, Asia para apoyarnos en nuestra campaña contra las masacres. Habíamos trabajado codo con codo y nos habíamos convertido en amigos muy íntimos. Ese día, la hermana Châng Không y yo íbamos de camino hacia el Instituto, en el norte de Nueva York, para un retiro con seiscientas personas, y sabíamos que nuestro amigo estaba muriéndose en esta clínica.

Por suerte, la clínica se encontraba en nuestro camino. Nos detuvimos una hora y media para estar con él. Cuando llegamos a su habitación, Alfred estaba en coma. Su mujer Dorothy y su hija Laura estaban allí y se alegraron mucho de nuestra visita. Su hija intentaba hacer salir a Alfred del coma. ¡Alfred! ¡Alfred! Thây está aquí, Thây está aquí. La hermana Châng Không está aquí, ¡regresa! Pero Alfred seguía en coma. La hermana Châng Không cantó entonces una canción (“este cuerpo no es yo”) cuyas palabras están tomadas directamente de un sutra escrito por el Buda y al que Thây le puso música.

Este cuerpo no es Yo,

no soy esclavo de este cuerpo.

Soy la Vida ilimitada.

Jamás he nacido y no voy a morir.

Mirad, mirad las constelaciones, las montañas, los ríos.

Todo es una manifestación de la Consciencia-conocimiento.

Hay que sonreír,

hay que hacer una señal de adiós

para abandonar todo enseguida.

Soy Libre desde tiempos inmemoriales.

El nacimiento y la muerte son sólo las puertas

por las que entro y salgo;

es un juego del escondite.

Hay, pues, que sonreír.

Es preciso cuidar de mí,

es preciso decirse “hasta luego”

en cada instante de la vida.

La hermana Châng Không comenzó a cantar para Alfred en coma. A la tercera vez, Alfred volvió en sí, abrió los ojos. Fuimos muy felices y Laura le preguntó: ¿Sabes que Thây está aquí, y también la hermana Châng Không? Pero Alfred fue incapaz de decir nada. Sólo sus ojos podían responder que él sabía que sus amigos estaban allí. Entonces la hermana Châng Không comenzó la práctica. Le habló de su trabajo por la paz en Vietnam. Lo que habíamos hecho en Europa, en Asia, en América del Norte para ayudar a los movimientos pacifistas, para detener las masacres y también, como Anathapindika, Alfred había sido feliz trabajando por la paz. ¿Recuerdas la época cuando estuvimos en Roma? Había trescientos sacerdotes católicos y cada uno llevaba el nombre de un monje budista que estaba encarcelado en Vietnam porque había rehusado entrar en el ejército. ¿Lo recuerdas? Alfred, ¿recuerdas la época cuando tú estabas en Saigón con el Venerable Tri Quang, el responsable del movimiento pacifista en Vietnam. La víspera, América había decidido bombardear el país. Era por eso que el Venerable estaba furioso y rechazaba todo lo que viniera de los Estados Unidos. Y que tú te sentaste a su puerta y dijiste que eras un amigo y no un enemigo. “Estoy aquí para ayudaros y voy a hacer una huelga de hambre hasta que abráis la puerta”. Al cabo de un cuarto de hora, el Venerable abrió la puerta y te invitó a entrar. ¿Lo recuerdas?

La hermana Châng Không practico el regar las semillas positivas, porque ella sabía que había mucho sufrimiento en Alfred. De repente, él abrió la boca y dijo: Maravilloso, maravilloso, maravilloso, maravilloso dos veces. Es maravilloso, en efecto, que en ese momento, él había tenido un amigo, varios amigos para ayudarle y sostenerle. Después de haber pronunciado la palabra “maravilloso” por segunda vez, cayó de nuevo en coma.

Mientras la hermana Châng Không le hablaba, yo intentaba masajear sus piernas, sabiendo que cuando uno está en trance de morir, no se es muy consciente de tener un cuerpo. El masaje permite reconocerlo y Laura dijo: Papá, ¿sabes que Thây está masajeándote las piernas? Alfred no respondió, pero sus ojos probaban que él era consciente. Uno o dos minutos después, pronunció dos veces la palabra “maravilloso”.

Entre tanto, nos esperaban en el retiro. Debíamos partir. Entonces le dije a Laura y a Dorothy: Continuad la práctica, hay que hablarle de esas cosas. Esto se puede aprender. Nosotros las hemos aprendido, y si queréis acompañar a los moribundos, hay que practicar, hay que estudiar para que adquiráis esta solidez, este no-miedo y esta técnica que os permitirá ayudar a las personas a morir apaciblemente. Morir es tan importante como vivir.

Queridos amigos, quizá sea esta la primera vez que sois invitados a estudiar la práctica del dharma. Algunas simientes han sido plantadas, algunas simientes han sido arraigadas, y este retiro ha sido la ocasión de reunirnos. Estamos a punto de dejarnos, pero quizá tendremos la oportunidad de caminar unidos durante algún tiempo.

Es preciso sobre todo construir una pequeña sangha donde viváis. La sangha es vuestro refugio, vuestra protección, sino abandonaréis la práctica. Hay que tomar refugio en la sangha. Necesitáis poneros en contacto el uno con el otro. En India, se dice que el practicante debe permanecer en la sangha como el tigre en la montaña. Pues cuando el tigre desciende a la llanura, los hombres le matan para obtener su piel. Lo mismo es válido para los practicantes del dharma. Si no tenéis sangha, abandonaréis vuestra práctica, la práctica de los Cinco Entrenamientos de la Plena Conciencia. Tomar refugio en la sangha es un tema de práctica, un tema de fe. Necesitáis uniros a vuestra sangha, ella os da la ocasión de reencontraros para practicar.

Estoy muy contento de que estéis aquí. Vamos a poder continuar la obra del Buda y regar las semillas del despertar, de la comprensión. Cada uno de entre vosotros debe ser una antorcha para aportar la luz, la luz del despertar, la luz de la compasión a aquellos que están próximos a vosotros, y además a la sociedad a la que vivís. El budismo puede ser vivido en la vida cotidiana, en la sociedad. Es un amigo que está siempre a vuestra disposición.

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Fuente: http://www.tnh-es.org/

12/4/10

Ayuda en la transición que llamamos muerte

Se escribe mucho en este Blog sobre la vida consciente. También se ha hecho sobre la muerte consciente (ver, por ejemplo, la entrada Despedidads, de fecha 27 de octubre de 2009). En este asunto, Beatriz Haisea es una experta, pues lleva años ayudando a terminales y moribundos cuando ya están es estado de coma o inconsciencia. Tras tanta experiencia acumulada, ha decidido extender este conocimiento por toda España.

Desgraciadamente, aún hay pocas personas conscientes de la importancia de esta ayuda. Sometidas por su propio miedo a la mal llamada muerte, huyen de afrontar este momento que puede ser un maravilloso recuerdo al sentir que han compartido amorosamente el momento más importante de la vida de su ser querido. Y hay que ofrecer esta ayuda sólo a nuestra familia de sangre. Hay que recordar que todos somos hermanos en “realidad” y cada vez que guíes a un ser en ese estado de Paz y Amor saldrás infinitamente recompensado por la alegría que sentirá tu corazón.

Así que si tú ves la importancia de esta ayuda y puedes organizar un taller con esta enseñanza contacta con Beatriz a través de este enlace: http://beatrizhaizea.wordpress.com/

En él, entre otras cosas, se ofrece un audio para que, si os llega el momento de ayudar a un ser querido en la transición que llamamos muerte, sepáis qué y cómo decírselo; y, de esta forma, guiarles en un estado de paz y con la conciencia enfocada a un mundo de Luz. Si no os sentís con la serenidad suficiente para hacerlo, sencillamente grabarlo y ponérselo al oído en un tono suave: ¡veréis el resultado!.

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27/10/09

Despedidas

Como reseñé en la entrada La muerte, en el Círculo Sierpes, de 17 de octubre, en esa fecha el Círculo Sierpes celebró su segunda sesión de Trabajo Interior del Curso 2009-2010, que tuvo como temática La muerte y su trascendencia.

Mostré entonces mi intención de colgar en el Blog sus principales contenidos, en la medida que la reflexión conjunta y sus conclusiones lo permitieran. Cosa que no hecho porque el encuentro fue tan intenso y las reflexiones tan amplias que decidimos continuar su desarrollo en otra sesión centrada en idéntico tema, que celebraremos el 19 de diciembre. Os tendré al tanto.

No obstante, retomo aquí el asunto porque gracias a María Jesús, mi esposa, he conocido una película que aconsejo vivamente y que versa, precisamente, sobre la muerte y las circunstancias que la rodean. Se trata del film japonés Despedidas (Ukoribito; Departures), del realizador Yojiro Takita, que ha recibido el Oscar 2009 a la mejor película extranjera y 10 Premios de la Academia de Cine de Japón. Disponéis de amplia información sobre ella en el Blog:

http://despedidaslapelicula.blogspot.com/

La cinta, tan poética como aguda y vitalista, gira en torno a un convencimiento que comparto: la muerte no es tal, sino la transición hacia otra existencia que nuestro Yo Verdadero acomete cuando el cuerpo –por enfermedad, accidente u otra causa- deja de prestarnos su imprescindible cobertura para continuar nuestra vida física actual. Por tanto, la muerte es un imposible, un fantasma, sólo eso, de la imaginación humana. Utilizando una expresión de la película: la muerte es una entrada; no supone el final, sino dejar la etapa presente y encaminarse a la siguiente.

Para desarrollar esta idea, la cinta cuenta con un espléndido guión de Kundo Koyama y música del excepcional Joe Hisaishi, compositor habitual de las películas de Hayao Miyazaki y de Kitano. La historia pivota sobre dos personajes principales que interaccionan con fluidez y emotividad: uno, joven, Daigo Kobayashi; y el otro, mayor, Shouei Sasaki.

Daigo es un violonchelista que vive el trauma de quedarse sin trabajo al ser disuelta la orquesta en la que tocaba. Tras vender su querido instrumento y gastarse lo que por él le dieron, decide retornar con su esposa Mika a la casa de su madre fallecida y a sus origenes. Buscando como ganarse la vida, contesta a un anuncio en el que se solicita personal para trabajar en Despedidas. Cree que es una agencia de viajes, pero pronto descubre que es un tanatorio. Aunque no uno cualquiera, pues, en él se hace del amortajamiento una ceremonia tan elegante, bella y serena como la ceremonia del té, otorgando al fallecido un trato exquisito y lleno de cariño.

En su nueva actividad, Daigo debe ocuparse de la preparación de los cadáveres, lo que le permite descubrir la muerte en todas sus facetas. Y las primeras imágenes de Daigo al inicio del film, en mitad de una orquesta con un auditorio silencioso y distante, son sustituidas por otras donde ayuda a amortajar y preparar a los difuntos ante un público mucho más cercano y sensible. Explicando cada paso a los familiares, sus delicadas manos, de auténtico artista, desvisten y lavan los cadáveres con minuciosidad y mimo, los maquilla, prepara y embellece. En correspondencia, los familiares, gente normalmente sencilla, se despiden de él con lágrimas de agradecimiento por un acto tan puro y conmovedor.

Las costumbres niponas son de un gran respeto hacia los fenecidos, así como a las personas de avanzada edad. Hace años, las propias familias se encargaban de embalsamar a los difuntos, hasta que las funerarias se hicieron eco del negocio y lo subcontrataron a empresas. Es a una de ellas a la que se incorpora Diago. El propietario es Shouei Sasaki, el otro personaje central de la película.

Shouei vive de los muertos y es capaz de soportar dicha carga día tras día. Los hechos del pasado lo marcan. De pocas palabras, entrañable, de mirada seria, pero con gran sentido del humor, hace labores de maestro, enseñando a honrar a los muertos y a sus familias en un momento que siempre esta ligado al dolor y la oración. Tal como ve la muerte, contempla la vida.

En las relaciones que se establecen entre Diago y Shouei planea la figura del padre del primero, que Diago perdió en la infancia y del que ahora el joven reniega constantemente, a pesar de los tiernos recuerdos que persisten en su memoria, entremezclados con la afición que tenía cuando niño de observar las formas de las piedras.

Y aprendiendo de la muerte, Diago hace un viaje a la vida. De hecho, es a través de la muerte como encuentra una nueva vida. Adquiere consciencia de que, como le sucede a tanta gente, perseguía un sueño que no es real y que, más que suyo, era de otro. Esto, junto a la mejor comprensión de la muerte, lo impulsa por la senda de una vida más llena.

El montaje y la música son piezas claves en este engranaje. Se utilizan diferentes planos otorgando distintas perspectivas, siempre con el acompañamiento de sonidos provenientes de instrumentos de cuerda. Esta música carga de énfasis tanto los momentos cómicos como los dramáticos, ensalzando al chelo como maestro de ceremonias.

Un acierto de Yojiro Takita, el director, ha sido emplear en Despedidas los cuatro elementos de la Naturaleza para representar su obra. El agua y el fuego nos hablan de la vida y la muerte, impregnando las escenas de color azul y rojo, según convenga, expresando ira, rabia, sollozo, paz o perdón. El chelo representa el viento, un mecanismo para la búsqueda de la paz interior y la fórmula para abrazar al padre que Diago, realmente, no conoció. Y la tierra se configura como la piedra. Un nexo de unión entre padre e hijo y un acercamiento a las culturas ancestrales. En la antigüedad, antes de inventar la escritura, la gente buscaba piedras que representaran sus sentimientos y se las daban a otras personas. La que la recibía, leía el sentir del que se la regalaba por el peso y la textura: una textura lisa significa la mente en paz y la trascendencia espiritual; la rugosa, el interés por los que nos rodea y el mundo material.

Con todas estas claves y guiños, la película nos hace ver que la muerte no es algo tétrico, sino esperanzador y dulce: la muerte como viaje, el último y más importante de nuestra vida actual. Este convencimiento nos enseña a vivir el momento presente sacándole el máximo provecho, a rodearnos con alegría de las personas que queremos y a arriesgarnos, sin miedos, a descubrir el Amor, limando la piedra con nuestras experiencias hasta que quede totalmente lisa, en paz, logrando que nuestra existencia pivote sobre nuestra dimensión espiritual. Será así como, a la hora de la despedida, la afrontaremos con naturalidad, sabiendo que se ha cumplido un ciclo vital y experiencial que es, precisamente, la puerta para otro nuevo y renovado: la muerte como transición, como una parte más de la vida continua y eterna. Y siendo conscientes de que nunca es un "adiós" a los seres queridos, sino un "hasta luego" a las almas que en nuestra cadena de vidas hacen de acompañantes y colaboradoras.

La muerte, en definitiva, como transición y como manifestación de una vida plena y eterna que, en sí misma, es el Milagro.