9/7/14
La Unidad del Vacío
Cuando los objetos del
pensamiento se desvanecen,
el sujeto pensante se
desvanece;
y cuando la mente se
desvanece, los objetos se desvanecen.
Las cosas son objetos
debido al sujeto,
y la mente es tal debido
a las cosas.
Entiende la relatividad
de ambos,
así como la realidad
básica: la unidad del vacío.
En este Vacío ambos son
indistinguibles
y cada uno contiene en sí
mismo el mundo entero.
Si no haces ninguna
discriminación
entre burdo y sutil,
no te tentarán
el prejuicio y la
opinión.
El mundo exterior se debe a ti
El mundo exterior existe debido a ti; tú lo creas, eres su creador. Cada ser humano crea un
mundo alrededor de sí mismo, el cual depende de su mente. La mente puede que
sea una ilusión, pero es creativa; crea sueños. Y depende de ti si creas un
cielo o un infierno… Vosotros no vivís en el mismo mundo, no podéis porque
vuestras mentes no son iguales. Tú puedes estar viviendo en el infierno; y el
que está justo a tu lado, en el cielo. Así que lo primero que hay que entender
es que no se puede abandonar el mundo a no ser que la mente desaparezca. Y una
mente es siempre una mente particular. Cuando deja de serlo, cuando se
convierte en Mente con mayúscula, ya no es una mente, sino consciencia.
La mente crea al mundo y luego
el mundo le ayuda a permanecer como tal. Este es el círculo vicioso. Pero el
origen está en la mente; el mundo es sólo una consecuencia. La mente es
substancial; el mundo, su sombra. Y uno no puede deshacerse de su sombra, aunque
es lo que toda la gente trata de hacer. ¿Crees que serías más feliz si vivieras
en un palacio? ¡Te equivocas! ¿Quién es el que va a vivir en el palacio? Serás
tú. Y si no eres capaz de ser feliz en una cabaña, tampoco lo serás en un
palacio. ¿Quién va a vivir en el palacio? Los palacios no existen fuera de ti. Tú
eres el mundo. Tú creas un mundo alrededor tuyo y luego el mundo ayuda a la
mente que lo ha creado.
¿Por dónde empezar la transformación?
En este contexto, ¿por dónde empezar la transformación? La primera mirada te dirá que
cambies el mundo. Y eso es lo que has estado haciendo durante vidas: cambiando
constante esto y lo de más allá, cuerpos, casas, parejas, amigos…, pero sin
darte cuenta nunca del hecho de que sigues igual. A esto se debe que se haya
creado una falsa tradición de renunciación: ¡Huye del mundo! Escapa de lo
mundano y vete al Himalaya… Es muy fácil irse al Himalaya, pero ¿cómo vas a
huir de ti mismo? Allí volverás a crear el mismo mundo; exactamente el mismo.
Puede que esta vez en miniatura, pero volverás a hacer lo mismo. Tú eres el
mismo, ¿cómo vas a hacer algo diferente?
A la mente le encanta la
idea de cambiar porque la mente presisa cambiar. No puede vivir en lo eterno, porque
la mente siempre añora alguna sensación nueva. La mente no puede parar el
tiempo y habitar en lo atemporal. Es 'por esto que la mente no puede vivir en
el aquí y ahora, pues el aquí y ahora no forma parte del tiempo. Es
sencillamente tal como es. Allí no ocurre nada. Está vacío. Buda a esto lo
llamó shunyata; vacío absoluto.
Ya has vivido lo
suficiente con la mente. No has conseguido nada a través de ella. ¿No ha
llegado el momento de estar atento y consciente? Lo que has conseguido ha sido
mucho sufrimiento, desdicha, angustia y frustración. Siempre que te mueves con
la mente algo va mal. Observa: para la mente siempre hay algo que va mal. Para ella
todo está torcido; no porque realmente lo esté, sino porque es la manera de ver
de la mente: cualquier cosa que pasa a través de la mente, se tuerce. Igual que
cuando metes algo recto en el agua, por ejemplo una paja, y se tuerce. Aunque
esté dentro del agua la paja sigue estando recta, pero tus ojos no lo ven así. Y
tienes que darte cuenta de todo esto por experiencia propia, no como una teoría.
Cuando lo experimentas se convierte en una verdad y te desprendes de la mente.
Cuando la mente se
evapora, desaparecen todos los mundos y todos los objetos dejan de ser objetos.
Ya no sabes dónde acabas tú y dónde comienzan las cosas, ya no hay fronteras,
las divisiones se diluyen. Al principio te sentirás como si todo se hubiera
vuelto borroso, pero, poco a poco, te irás asentando en este nuevo fenómeno que
es el de la no-mente. Las estrellas siguen estando ahí, pero ahora forman parte
de ti, ya no son objetos. Las flores y los árboles siguen estando ahí, pero
ahora florecen en ti, ya no florecen afuera. Entonces vives con la totalidad. Se
ha roto la barrera; la barrera era tu mente.
Por primera vez ya no hay
mundo -el mundo significa la totalidad de los objetos-, sino un Universo -“universo”
significa “uno”-. Los límites se cruzan y se mezclan entre si. El árbol se
convierte en la roca; la roca, en el Sol; el Sol, en la estrella; la estrella,
en la persona que amas; y todo se mezcla entre sí. Y ahí no estás separado. Ahí
lates, vibras en el centro del propio corazón. Entonces es un Universo.
La mente se evapora, los
objetos desaparecen, la fuente de los sueños se desvanece. ¿Qué has estado haciendo
hasta ahora? Has tratado de conseguir un sueño mejor. Ha sido en vano, pero
todo el afán de la mente radica en conseguir un sueño mejor. No creas que la
mente puede darte un mejor sueño: un sueño es un sueño. La mente no puede darte
una satisfacción profunda; aunque sea mejor, no te satisfará. Pero de nuevo
vuelves a recoger sus pedazos y creas otros sueños. ¡Déjalo ya! Lo has hecho
muchas veces y no has conseguido nada. Una vez que entiendes que tienes que
dejar de soñar, el mundo de los objetos desaparece. El mundo estará ahí, pero
no será el mundo de los objetos. Todo cobrará vida y se volverá subjetivo.
Todo está vivo y vibrando.
Este vibrar no es un proceso fragmentado, es un todo vibrando. Tú vibras, pero
el todo vibra a través de ti. El Universo vibra y late a través de ti. Tú no
eres, el Universo es. Y el Universo no es la totalidad de los objetos, es una
subjetividad. Existe como una persona. Está vivo, consciente. No es una
organización mecánica; es una unidad orgánica.
Todo lo que
ocurre a tu alrededor está enraizado en la mente
“Cuando
los objetos del pensamiento se desvanecen, el sujeto pensante se desvanece; y
cuando la mente se desvanece, los objetos se desvanecen. Las cosas son objetos
debido al sujeto y la mente es tal debido a las cosas”. Las cosas están
ahí, a tu alrededor, debido ti. No te enfades por ello, no empieces a luchar contra ello. ¡Tú lo
has creado! Y tus deseos se han realizado: lo que necesitabas, ahora está a tu
alrededor.
Todo lo que ocurre a tu
alrededor está enraizado en la mente. La mente es siempre la causa. Es el
proyector, afuera sólo hay pantallas; tú te proyectas a ti mismo. Si te parece
desagradable, entonces cambia la mente. Y si sientes que cualquier cosa que
procede de la mente es una pesadilla, abandona la mente y no pretendas arreglar
la pantalla. Pero para ello hay un problema: piensas que tú eres la mente. Así
que, ¿cómo vas a dejarla?; ¿cómo vas a dejarte a ti mismo? Mas tú no eres la
mente, estás más allá de ella. Has llegado a identificarte con ella, es verdad,
pero no eres la mente. Y este es el propósito de la meditación: darte pequeños
destellos de que no eres la mente. Por unos momentos la mente para... y ¡tú
todavía estás ahí! Si te das cuenta, habrás alcanzado el profundo núcleo de la
verdad. Primero hay que abandonar la identificación, entonces puede abandonarse
la mente.
La próxima vez que tengas
un deseo, obsérvalo. Di para tu interior: “Voy a observar adónde va la mente”…
Y sentirás una distancia. ¿Quién es este espectador? Puede que te olvides y te
vuelvas de nuevo uno con el pensamiento, con el deseo. Céntrate de nuevo, mira
otra vez el deseo: el deseo se mueve por sí mismo y crea sueños. Es como si
hubiera aparecido una nube, ha surgido un pensamiento en el cielo de tu ser. Y
recuerda, si puedes no identificarte aunque sea por un instante (el deseo está
ahí y tú estás ahí, pero hay una distancia), de repente hay iluminación.
Ahora sabes que la mente
funciona por sí misma, que es un mecanismo. ¡Puedes dejarla a un lado! Puedes
usarla o no usarla; tú eres el que manda. Ahora el mecanismo está en su lugar;
ya no es el amo. Entonces es posible dejarlo. Meditar, atestiguar, sentarse en
silencio y mirar la mente será de gran ayuda. Sin forzar, simplemente
sentándose y observando, como se observa a los pájaros volando en el cielo, sin
hacer nada, indiferente. Sin que realmente te concierna adónde van los
pensamientos; van a su aire, van a lo suyo.
Y a veces ocurre que los
pensamientos de la gente que está a tu alrededor entran en tu cielo y tus
pensamientos entran en su cielo. Por eso en ocasiones sientes que en presencia
de alguna persona, de repente, te entristeces; en cambio con otra sientes cómo
te sube la energía, sientes alegría y felicidad. Y hasta puedes que te des
cuenta de que ese pensamiento no es tuyo, pero cuando llega te llena y te
identificas con él… Esa ira no es tuya; el que estaba enfadado era otro, pero
tú sentiste algo dentro de ti… Los pensamientos no son tuyos, no son tú. Cuando
mueres, tus pensamientos se esparcen por todos los sitios.
Relájate y, simplemente, observa
¡Estate consciente! Y mira
cómo entran los pensamientos en la mente, cómo te identificas y te haces uno
con ellos. Y se mueven muy rápidamente, su velocidad es enorme, el espacio no
existe para ellos. Y debido a esa rapidez, no puedes ver dos pensamientos por
separado… Siéntate, cierra los ojos, ralentiza los procesos corporales, la
respiración, el latir del corazón… Porque si todo va más lento, los
pensamientos tendrán que ir más lentos, pues todo está unido. Y a medida que el
proceso se vaya haciendo más lento, serás capaz de ver espacios. Entre dos
pensamientos hay un intervalo. Presta más atención a los intervalos que a las
nubes.
Imaginaros una gran
pizarra, del tamaño de toda una pared. Y en ella marco un punto blanco y os
pregunto qué veis. Pues hay un 99 por 100 de posibilidades de que no veáis la
pizarra, sino el punto blanco; porque vemos la figura, no el fondo. La pizarra
es enorme y, aun así, lo que veis es el puntito blanco. ¿Por qué? Porque este
es el modelo fijo de la mente: mirar la figura, no el fondo; mirar la nube, no
el cielo; mirar el pensamiento, no la consciencia.
Préstale más atención al
fondo y menos a la figura. Te acercarás más a la realidad. La mente, debido a
su hábito, se fijará en la figura. Tú tan sólo muta la perspectiva y fíjate en
el fondo. Puedes mirarte a ti mismo y a los demás de dos maneras: mirando el
fondo, donde hay árboles, plantas, tierra, cielo, el Universo infinito; o mirando
la figura, es decir, a ti y a los otros. Pero la mente siempre se fija en la
figura.
Tú eres sólo una nube.
Cuando personas como Buda te miran estás ahí, pero sólo como una pequeña parte del
fondo. El fondo es infinito y eres sólo un punto. Pero a ti te gusta que te miren
como si nada existiera más allá de ti y el amor de Buda te parecerá distante. Tú
necesitas un amor apasionado, unos ojos que te miren a ti y se olviden del
todo. Eso no le es posible a un buda. Ocupas tu lugar, pero aun así eres sólo
una parte de un fondo infinito y no se te puede prestar toda la atención.
No eres el centro del
mundo. En realidad el mundo existe sin ningún centro. Por eso todo el mundo
puede pensar: “Soy el centro”. Si hubiera un centro eso sería imposible. Por
eso los mahometanos, los cristianos y los judíos no permiten afirmaciones tales
como las de los hindúes, que dicen: “Yo soy Dios; aham brahmasmi”. Para ellos
eso es una herejía: “¿Qué estás diciendo? Sólo Dios es el centro. Y nadie más
lo es”. Pero los hindúes pueden afirmar desenfadadamente: “Yo soy Dios”, porque
ellos dicen que no hay ningún centro o que todo el mundo es el centro.
Cuando la mente se evapora
el mundo objetivo se desvanece. ¿Quiere esto decir que, si has alcanzado la
no-mente, desaparecerán los árboles o que esa silla se desvanecerá? No, la
silla o el árbol permanecen, pero ahora no están limitados, ya no tienen
fronteras. Ahora la silla se encuentra enlazada con el Sol y con el cielo, la
figura y el fondo se vuelven uno. No hay una figura separada del fondo, sus
identidades han desaparecido. Ya no son objetos, porque ahora tú ya no eres un
sujeto.
El observador se convierte
en lo observado. Si miras una flor, ¿te convertirás en la flor? No, pero aun
así, en cierto sentido sí. No te transformas en la flor en cuanto a que dejes
de ser una persona y alguien te pueda arrancar y llevarte consigo. Pero cuando
no hay mente, no existe ya ninguna línea divisoria que te separe de la flor y
la flor ya no tiene ningún límite que la separe de ti. Ambos os habéis
convertido en un algo subjetivo, os habéis encontrado y fundido. Tú sigues
siendo tú, la flor sigue siendo la flor, pero existe una unión.
En algunos momentos de
amor, el observador se convierte en lo observado. Si amas a alguien, siéntate
con esa persona y miraos a los ojos; sin pensar nada, sin pensar en quién es
esa persona, sin crear un proceso de pensamiento, sólo mirándoos a los ojos.
Puede que haya algunos vislumbres en los que te perderás y no sabrás quién
eres; no sabrás si tú te has convertido en el amado o el amado en ti. Los ojos
son unas puertas maravillosas para entrar el uno en el otro. Habrá momentos en
los que el fondo y la figura se disuelvan el uno en el otro. De repente verás
que no eres y, aun así, eres. Esto le ocurre a un verdadero meditador con el
propio Universo: no es que se convierta en un árbol, pero aun así se convierte
en un árbol. Cuando está con un árbol, no hay ninguna división. Y cuando se
armoniza con esta tierra sin fronteras, entonces se mueve sin fronteras.
Cuando la mente desaparece,
los objetos se desvanecen. Cuando los objetos se desvanecen, tú te desvaneces,
el ego se desvanece. Todo está relacionado.
Tú existes debido a los objetos
“Entiende
la relatividad de ambos, así como la realidad básica: la unidad del vacío”.
Tú existes
debido a los objetos de tu alrededor. Tus límites existen debido a los límites
del resto de las cosas que te rodean. Cuando ellas pierden sus límites, tú
pierdes los tuyos. Tu mente y tus objetos externos están unidos, hay un puente
entre ellos. Si desaparece una orilla, el puente se derrumba. Y con el puente
también desaparecerá la otra orilla, porque no hay ninguna posibilidad de que
exista una orilla sin la otra.
Y entonces existe una
unidad; la unidad del vacío. Tú estás vacío y la flor está vacía… Si la flor no
tiene ninguna línea divisoria, ¿cómo va a existir un centro? Cuando no hay
delimitación y la mente se ha quedado en silencio total, ¿cómo puede existir el
“yo”? Porque el “yo” es un ruido. ¿Cómo puedes decir “yo soy” cuando es el
todo? Cuando la figura y el fondo se han hecho uno, ¿cómo puedes decir “yo soy”?
Esto es anatma, el vacío de Buda: no ser. Ya no eres y aun así eres. Realmente,
por primera vez existes como el todo, pero no como el individuo, no como lo
definido, lo demarcado, lo delimitado. Ahora ya no eres una isla, eres la vasta
expansión del vacío.
Y lo mismo pasa con la
flor, con el árbol, con los pájaros y los otros animales, con las rocas, con
las estrellas y con el Sol. Cuando tu ser desaparece, desaparece el ser de
todas las cosas, porque ellas eran el reflejo de tu ser, el eco de tu ser
resonando en el Universo, el reflejo de tu locura. Ahora ya no está ahí. Cuando
hay vacío hay unidad.
Al decir que eres lo que
sea, cualquier cosa, te estás separando del todo. Al decir que tienes poder, te
estas separando del Universo. Al decir que eres algo, lo que sea, te estás
separando a ti mismo del Universo. No te separes de ninguna manera, no hagas
definiciones acerca de ti. Vive con límites flexibles que estén siempre dispuestos
a encontrarse y fundirse.
“En
este Vacío ambos son indistinguibles...” Están separados, pero su
separación es algo totalmente diferente. No es la separación del ego. Es como
una ola en el océano. Puedes distinguirla, ya que la ola es la ola, no es el
océano. Más, aun así, es el océano: el océano la origina, la hace surgir, ondea
y late en ella. Como forma está separada, pero como existencia no lo está. Tú
sigues estando separado y, aun así, no lo estás. Esta es la paradoja más
fundamental que un ser humano llega a experimentar cuando vivencia el no-ser,
anatma. Te pierdes a ti, pero ganas el todo. Y no pierdes nada más que tu
sufrimiento.
“…Y cada uno contiene en él
mismo el mundo entero”. Cuando
te pierdes a ti mismo, te conviertes en el mundo entero. Todo es tuyo y te
transformas en swami: quiere decir maestro; uno que se ha disuelto a sí mismo
tan totalmente que ya no es; uno que se ha convertido en el mundo entero.
Si no haces ninguna distinción…
“Si no haces ninguna
discriminación entre burdo y sutil no te tentarán el prejuicio y la opinión”. Si no haces ninguna distinción
entre bueno y malo, hermoso y feo, esto y aquello; si no discriminas y
simplemente aceptas el todo como es… Si no pones tu mente en ello, no te
vuelves un juez. Simplemente dices: “Así es”….
La espina está ahí y tú dices: “Así es”. La rosa está ahí y tú dices:
“Así es”. Un santo está ahí y tú dices: “Así es”. Un pecador está ahí y tú
dices: “Así es”. Y el todo sabe; nadie más puede saber por qué existe el
pecador. Debe de haber una razón, pero ese es un misterio del que se tiene que
ocupar el todo, no es para que te preocupes tú. El todo deja que nazcan santos
y pecadores, espinas y rosas; sólo el todo sabe el porqué. Simplemente entra en
el todo y no hagas ninguna distinción. Tú también sabrás por qué, pero
solamente cuando te hayas convertido en el todo.
El misterio se resuelve
cuando tú mismo te has convertido en el misterio. No lo puedes resolver
mientras sigas siendo tú mismo. Si sigues siendo tú mismo, te convertirás en un
gran filósofo. Tendrás muchas respuestas y ninguna; tendrás muchas teorías,
pero no la verdad. Pero si te conviertes en el propio misterio, sabrás. Aunque
este conocimiento es tan delicado que no puede decirse con palabras; es tan
paradójico que desafía todo lenguaje porque los opuestos pierden sus
demarcaciones, se vuelven uno.
La figura es la palabra y
el fondo es el silencio. ¿Cómo podrías expresarlo? No puede ponerse en
palabras, porque siempre que dices algo tienes que discriminar, elegir una
palabra, preferir esto a aquello y de esa forma entra la mente. Y aun así tiene
que ser expresado, porque hay muchos que están sedientos de ello. Con sólo oír
hablar acerca de ello, puede que el corazón de alguien se ponga en marcha. Se
pone en este mundo algo que no pertenece a este mundo: la experiencia del
profundo silencio.
No sólo leas estas
palabras, absórbelas. Deja que se disuelvan en tu corazón. No las memorices.
Deja que entren en tu ser y se conviertan en tu propia sangre, en tus propios
huesos. Absórbelas, aliméntate con ellas, digiérelas, y olvídalas. Estas
palabras tienen un tremendo poder de transformación.
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Fuente: Extracto
del capítulo 5 de “El Libro de la
Nada ”, de Osho, realizado por Emilio Carrillo.
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8/7/14
Viajer@del tiempo...
Viajer@del tiempo... Eres la Creación expresada en cada individualidad indivisible… Observa el resplandor de la Creación. ¿Puedes sentirlo? Conecta con todo tu ser y entiende tu verdad, esa verdad que te alienta para que te permitas ser quien verdaderamente eres: Divinidad disfrazada de un cuerpo humano. Esa divinidad te conduce hacia la excelencia de ti mismo. Entonces dejas de ser quien creías que eras y comprendes que todo lo que añades a ti en realidad sobra.
Viajer@ del tiempo... Cuando sientas que te pierdes en el mapa de la vida, libérate de equipaje, utiliza la brújula del corazón y te aseguro que tu alma será tu guía. Expande tu mente, confía en el plan divino y sin ausentarte de ti mismo, dirígete al encuentro de aquel maravilloso tesoro llamado Amor, llamado Creación.
Viajer@ del tiempo... En la intimidad de tu ser, que es anterior al pensamiento y en donde el tiempo desaparece, despídete de tu identidad y, cara a cara contigo mismo, ámate en libertad porque no se puede amar si no se es libre antes. Ahí en ese rincón de ti recuerda: cuando oyes a la mente, habla el humano y escucha tu ser; cuando oyes al corazón, habla tu ser y escucha el humano.
Viajer@ del tiempo... Que perdiste para aprender a ganar; que lloraste para aprender a reír; que conociste el abismo para subir a las alturas; que conociste la soledad para aprender a acompañarte… No creas más en mentiras y duda de las verdades. Sigue sólo al gran maestro que es aquel que habita en ti. Y ama, ama, ama… Ama lo tuyo y lo ajeno; lo vivido y no vivido: lo fuerte y lo débil: las luces y las sombras. Y recuerda que el objetivo de tu vida es vivirla. ¡Diviértete!
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Fuente: Anónima
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7/7/14
Padre Nuestro
Padre
Nuestro,
Santificado
seas Tú el Sin-Nombre.
Santificado
seas en las experiencias de los otros.
Santificado
seas en mis experiencias.
Santificado
seas en las carencias con las que me engaña el ego que quiere sobrevivir.
Santificado
seas en la profundidad de mi ser, que es cocreador contigo.
Santificado
seas cuando alguna forma termina.
Santificado
seas cuando se unen las entrañas de dos, aun sin cuerpo.
Santificado
seas cuando un alma joven conduce un cuerpo anciano y derrocha vida y energía
Santificado
seas cuando descubrimos que la felicidad es hacer el camino, VIVIR.
Santificado
seas cuando la "noche" borra todo lo anterior y la sequedad invade
nuestro ser hasta que llega la alborada.
AMEN
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Autora: Concha
Redondo
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5/7/14
Vídeo de la charla de Emilio Carrillo en Madrid el 17 de mayo de 2014
Sobre estas líneas se ofrece el vídeo (duración: 01:35:49) de la charla compartida por Emilio Carrillo, el 17 de mayo de 2014, en el Congreso Redes de Amor y Redes de Vida celebrado en Madrid.
También puede accederse a él a través de este enlace:
3/7/14
1/7/14
La vibración del cuerpo físico y los alimentos
Todo en el Universo vibra. Todo
lo que tenga energía material e inmaterial. Absolutamente Todo! Desde el mas
pequeño átomo, las moléculas de agua, las células, hasta las piedras, los
planetas, las galaxias, etc. Incluso hasta la luz y los sonidos son frecuencias
de vibración. A esto se refiere la Ley Metafísica de Vibración y la Ley de Correspondencia que
dice “Como es arriba, es abajo”, es decir, tal como es en el mundo micro
(átomos, células, etc.) es en el mundo macro (planetas, galaxias, etcétera).
Nuestro cuerpo es energía y como
materia universal que es, como seres de luz que somos y debido a que nos
componemos de muchos átomos, partículas, moléculas y células, este no esta
exento de vibraciones. Estas vibraciones están tanto en nuestro cuerpo físico como en nuestros cuerpos sutiles
(mentales, emocionales, espirituales, etcétera)
Los cuerpos sutiles son bandas
de energía de diversa intensidad y de diferentes frecuencias de vibración que
rodean e interactúan con el cuerpo físico. Estos cuerpos trabajan de forman
conjunta, afectando e interactuando unos con otros todo el tiempo.
Existen una variedad de campos
de energía que rodean y emanan del cuerpo físico. Estos incluyen, pero no se
limitan a energías de luz, electricidad, calor o térmica, de sonido, magnético
y electromagnético. Algunos de estos campos de energía son generados dentro del
cuerpo y otros son recibidos de afuera y luego transformados por el cuerpo a
través de los chakras, que son el enlace entre el mundo fisico y los cuerpos
sutiles.
El CUERPO FÍSICO es el más denso
de todos y es el que nosotros los humanos (gracias a la ciencia occidental)
conocemos tan bien.
Dentro del mismo plano físico
encontramos lo que se denomina el CUERPO ETÉRICO. Por definición científica, el
éter es considerado como un estado intermedio entre la materia y la energía
pura. Algo de eso encontramos en el cuerpo etérico de todos los seres. El etérico
es un cuerpo de energía formado por finísimos hilos de luz, que se entrelazan
formando algo así como una red intrincada. El cuerpo etérico funciona como el
intermediario entre el físico y los demás cuerpos que integran al ser humano.
Toda la información que viene
del cuerpo físico y deba alcanzar a los cuerpos (o planos) más elevados, pasa
necesariamente a través del etérico. De manera inversa, todo aquello que desde
los cuerpos más sutiles deba llegar a manifestarse a través del cuerpo físico,
pasa necesariamente a través del cuerpo etérico.
Una función sumamente importante
del cuerpo etérico es la de conferir vida al cuerpo físico. Es por esta razón
que en otras disciplinas similares, al cuerpo etérico se lo denomina “cuerpo
vital”.
Toda energía manifestada,
incluso en forma material, tiene su particular Código Energético, cada
pensamiento que tenemos, cada emoción y sentimiento que experimentamos, cada
palabra que decimos, cada actitud que adoptamos, tiene su particular frecuencia
vibratoria que afecta a nuestra Energía Vital (Cuerpo etérico) y tiene
también su repercusión en todo el
Sistema Energético afectando a cada uno
de nuestros cuerpos.
Pues bien, CADA ALIMENTO QUE
TOMAMOS TAMBIÉN TIENE UN CÓDIGO VIBRATORIO, su particular energía y frecuencia
vibratoria que afecta directamente a nuestro cuerpo físico-etérico afectando
así al resto de nuestros cuerpos, a
todas nuestras células órganos y a la
calidad y cantidad de nuestra energía vital.
Para que un alimento pueda
contribuir al mantenimiento y mejora de nuestra salud física y bienestar
emocional, es totalmente necesario que la energía y la frecuencia vibratoria
del alimento se armonicen con nuestra propia Energía Vital y frecuencia
vibratoria. Cuando la frecuencia vibratoria de un alimento, armoniza con la
frecuencia vibratoria de nuestras células, se establece una sinergia o
interacción positiva, la cual repercute positivamente en todos nuestros
cuerpos, incrementando nuestra VITALIDAD y SALUD.
Cuando la frecuencia vibratoria
del alimento, no armoniza con la de nuestras células, lo que se produce es un
desequilibrio en todo nuestro Sistema Energético, creando el ambiente ideal
para que proliferen las enfermedades.
Muchos de los alimentos que
tomamos, ya sea por la sobrecarga tóxica que contienen (restos de abonos
químicos, fitosanitarios, hormonas, aditivos…), ya sea por la propia naturaleza
del alimento, tienen una vibración negativa, que afecta negativamente a nuestra
salud cuando los tomamos. Para verlo más claramente hablemos de las frecuencias
vibratorias de salud y de las frecuencias vibratorias de la enfermedad
En 1992, Bruce Taino llevó a
cabo en la
Universidad Estatal de Cheny (Washington), el estudio de la
frecuencia vibratoria media del cuerpo humano sano y determinó que durante el
día esta era de 62 a
72 MHz. Averiguó igualmente que cuando se reduce la frecuencia vibratoria de
una persona, el sistema inmunológico se ve comprometido. Si la frecuencia se
reduce a 58 MHz, aparecen los síntomas del resfriado o la gripe a los a 42 MHz
sobreviene el cáncer y a los 25 MHz se inicia la muerte. A medida que baja el
tipo de vibración, las sinapsis del cerebro se dañan. Sus conclusiones fueron
contundentes, dietas grasientas y altas en hidratos de carbono matan de hambre
a las células del cerebro. Los sustitutos del azúcar tales como los
edulcorantes destruyen las terminaciones nerviosas. Sus investigaciones
recogían el testigo de las iniciadas por el Dr. Royal Raymond Rife (1888-1971)…
Veamos las frecuencias vibratorias de los alimentos.
Actualmente, hay estudios que
han demostrado que, en sólo tres segundos, tras un sorbo de café, la frecuencia
de una persona se reduce en 14 MHz. Sin
ninguna intervención para reequilibrarla, la frecuencia de esa persona tardará
tres días en volver a la normalidad (algunos expertos señalan que la inhalación
de aceites esenciales recupera la frecuencia bioeléctrica perdida en menos de
treinta segundos). De la misma forma, un pensamiento negativo puede reducir la
frecuencia de una persona de 10 MHz, mientras que una actitud mental positiva
puede elevarlo en 10-15 MHz.
Considerar los alimentos desde
el punto de vista de la luz que contienen contribuye a una visión más
holística sobre la nutrición humana. Del estudio de las frecuencias corporales
se desprende el interés de conocer las frecuencias de las sustancias que
comemos, respiramos o absorbemos. Hoy diversas investigaciones nos permiten
conocer la frecuencia vibratoria (la luminosidad de los alimentos.). Los
alimentos procesados o en conserva y los de procedencia animal tienen una
frecuencia de cero. Los productos frescos se sitúan de media en los 15 MHz, las
hortalizas de 12 a
22 MHz y los frutos de árboles y arbustos de 20 a 27 MHz. Entre los
alimentos de mayor frecuencia luminosa, por encima de los 50 MHz, encontramos
el cacao y chocolate sin procesar, la espirulina, el limón, las algas, etc.
Esto también demuestra que el régimen alimentario rico o basado primordialmente
de estos alimentos es a la vista de la "pirámide de luz de los alimentos”
el que mejor se adapta para mantener un alto grado de energía en el conjunto
del cuerpo.
La medida de la luminosidad de
los alimentos es un dato que ilustra su capacidad nutritiva en una visión más
holística. En síntesis, no hay duda que la luz, como frecuencia vibratoria
nutritiva, absorbiendo la que contienen los alimentos, es esencial en la dieta
humana.
Si continuas ingiriendo
alimentos de baja vibración energética de nada te servirá estar meditando 6
veces al día, estar haciendo las posiciones más complicadas de Yoga, repetir
mil veces las palabras “te amo, lo siento, por favor perdóname, gracias” o
cualquier otro método espiritual. La vibración que logres subir con cualquier
técnica espiritual, la bajarás de nuevo al comer alimentos de baja vibración…
Entonces, busca tu propio equilibrio, escucha a tu cuerpo, RESPONSABILIZATE DE
TU PROPIA VIBRACIÓN!!
Alimenta tu cuerpo con
consciencia y, como dijo Hipócrates, “deja que los alimentos sean tu medicina y
que la medicina sea tu alimento”
CON AMOR, LUZ Y PRESENCIA
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Autora: María
Rodríguez (mariarodriguezatma@gmail.com)
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29/6/14
María da señales de vida tras la espiral
María Ibars, buena amiga y gran actriz, da señales de vida "tras la espiral"
NOTA DE MARÍA IBARS:
Por si no lo conociáis, la mencionada espiral (Espiral ROMA*AMOR) consistió en activar mediante el sonido y la frecuencia del amor incondicional las catedrales de 24 ciudades en España y Roma, finalizando en el Vaticano. Abrazar su historia, que es la nuestra, en Amor incondicional y así abrir esas construcciones al flujo de la energía del espíritu. Y… funcionó. La madre Tierra, el último día se sumó al co-propósito con sus lluvias, truenos y un Sol radiante que dio lugar a un doble arco iris que se replicó en muchas ciudades, también de sur-america manifestando así el mensaje que Matías recibió cuando estuvo en la Antártida al respecto de este peregrinaje “...y las puertas del cielo se abrirán".
Por si tenéis más curiosidad, este audio resume lo acontecido. El texto es de Matías de Stefano, un joven argentino en gozo y servicio de anclaje del Cielo en la Tierra. ¡Abrazos!
https://soundcloud.com/mariaibars/romaamor-conclusiones-texto-matias-de-stefano-voz-maria-ibars
https://soundcloud.com/mariaibars/romaamor-conclusiones-texto-matias-de-stefano-voz-maria-ibars
27/6/14
Vuelve a las raíces
Volver a las raíces es
encontrar el significado,
pero perseguir
apariencias es alejarse del origen.
En el momento de la
iluminación interior
se transcienden las
apariencias y el vacío.
A los cambios que parecen
ocurrir en el mundo vacío
los llamamos reales
solamente debido
a nuestra ignorancia.
No busques la verdad;
tan sólo deja de mantener
opiniones.
No permanezcas en el
estado de dualidad;
evita cuidadosamente esas
búsquedas.
Si queda rastro de esto o
aquello,
de lo correcto o lo
incorrecto,
la esencia de la Mente se perderá en la
confusión.
Aunque todas las
dualidades proceden del Uno,
no te apegues ni siquiera
a este Uno.
Cuando la mente existe
imperturbable en el Camino,
nada en el mundo puede
ofender;
y cuando ya nada puede
ofender,
deja de existir tal como
era antes.
Cuando no surgen
pensamientos discriminatorios,
la mente de antaño deja
de existir.
La naturaleza de la consciencia
La naturaleza
de la consciencia consiste en ser solamente un espejo. El espejo no tiene
elecciones propias. Refleja lo que aparece delante de él, no tiene
preferencias, no juzga, no condena. En el momento en el que entra la
interpretación, el espejo pierde la propiedad de reflejar. Entonces ya no es
puro… Se llena de opiniones y queda trastornado, dividido, fragmentado,
esquizofrénico. Cuando la consciencia se divide y deja de reflejar, se
convierte en la mente. La mente es un espejo roto.
La mente, en
su raíz, es consciencia. Si dejas de discriminar y de hacer divisiones
dualistas (eligiendo esto en oposición a aquello, gustándote esto y
disgustándote aquello), la mente se convierte de nuevo en un espejo, en pura
consciencia. Así que abandona todas las opiniones, las filosofías, las
preferencias, los juicios, las elecciones. Y esto no debería convertirse de
nuevo en otra elección; ese es el problema.
Puedes hacer
de esto una elección. “No voy a elegir, a partir de ahora ya no voy a elegir
más”. Y de nuevo vuelves a estar en la misma situación; has vuelto a elegir.
Ahora estás en contra de elegir y a favor de no elegir. Entonces ¿qué hacer?
Sólo se necesita entender, no hay que hacer nada. Ningún esfuerzo te conducirá
hasta ello, porque el esfuerzo siempre es parte de la mente dualista. Entonces
rechazarás el mundo y elegirás a Dios, perseguirás la liberación suprema. Pero
de nuevo habrá entrado la mente… No puedes hacer nada; simplemente estar atento
a toda situación. Si lo estás, la mente se evapora en una repentina
iluminación. De pronto eres uno con esa consciencia que es como un espejo; has
descendido a tu base, a tus raíces. Y cuando esto acontece, toda la existencia
desciende a las raíces.
La existencia
se muestra ante ti de la forma que tú seas. Todo lo que ves depende de cómo lo
veas. Si tienes una mente dividida, todo el mundo aparecerá dividido. Y no es
así, porque los opuestos, en el fondo, son uno. La vida y la muerte aparecen
como opuestos porque tú estás dividido. De otra forma la vida se vuelve muerte
y la muerte se vuelve vida. El mismo día que naces has empezado a morir. Y en
el momento en que mueres aparece una nueva vida. Es un círculo: el círculo
chino del yin y el yang. Hay que recordar este círculo una y otra vez.
Todos los
opuestos están unidos en la existencia. Cuando vuelves a tu origen y te haces
uno, de repente toda la existencia se alinea y se hace una. Cuando eres uno,
aparece Brahma, aparece lo supremo, porque al uno sólo se le puede aparecer el
uno; al dos el dos, a lo múltiple lo múltiple. Tu ser está profundamente
dormido. De ahí la insistencia de todos los Cristos, los Krishnas y los Budas:
“¡Despierta!”. La verdadera cuestión no es luchar contra la ira, los celos o el
odio, sino despertar. Una vez que estás consciente, cada cosa se pone en su
lugar. Pero esta consciencia sólo es posible si regresas al origen.
La
naturaleza de la mente
La mente está
destinada a permanecer dividida, no puede volverse una; la propia naturaleza de
la mente es así: mirar las cosas de tal manera que siempre van con su opuesto, porque
la mente sólo es capaz de ver a través del contraste. Por ejemplo, ¿cómo vas a
saber lo que es la salud si nunca has conocido la enfermedad? Puede que estés
sano, pero no te darás cuenta.
Para la mente
cualquier cosa es comprensible si trae consigo su opuesto. Pero en el momento
en que traes el opuesto falsificas la existencia, porque en la existencia no existe
tal cosa como “el opuesto”. La existencia es unitaria, advaita, no-dual. La vida
es una; la mente es dualista. Así que si continúas eligiendo, nunca llegarás al
origen. Te aferrarás a la vida y tendrás miedo a la muerte; te aferrarás al
amor y tendrás miedo al odio; te aferrarás a lo bueno y tendrás miedo a lo malo;
te aferrarás a Dios y tendrás miedo al Diablo.
Para la mente
todo es un conflicto. Si eliges, entonces eres parte del juego. Y todo el arte consiste
en cómo no elegir, cómo entrar en ese estado en el que no hay elección. Pero
recuerda, ¡tampoco elijas no elegir! La mente dice: “Está bien, así que elegiré
ese estado de no-elección”. Y vuelves a caer en la misma trampa.
El
significado de la existencia y la vida
¿Cuál es el
propósito de todo este juego de la existencia? ¿Cuál es el significado de todos
esos árboles creciendo, de los seres humanos, de los animales? ¿Cuál es el
significado de esta tierra y este cielo? ¿Cuál es el significado de todo esto?
Para la
mente, el significado debe de estar al final, en el lugar hacia donde se mueve
esta existencia, en su destino, hacia donde vamos. Sin embargo, “volver a las raíces es encontrar el
significado, pero perseguir apariencias es alejarse del origen”… El
significado de la existencia y la vida no se halla en el futuro, ni en el deseo,
ni en el destino, ni en ningún otro lugar… Se encuentra en sus raíces, en la
semilla… Quizá oculto, no visible, pero está en la semilla, porque no puede
surgir nada que no esté en ella.
Incluso si
existe un destino, la de hallarse oculto en la semilla, como la flor lo está en
la semilla. El final tiene que estar en el principio; el omega en el alfa.
Jesús dice: “Yo soy el principio y el fin. Soy el alfa y el omega”. El
principio es el fin, porque puede que el fin no esté patente en este momento,
pero tiene que estar aquí, no necesitas esperar. La semilla siempre está aquí y
ahora, en el presente, porque todo el pasado está en el presente. Y, por
supuesto, también todo el futuro, aunque el futuro no ha ocurrido, mientras que
el pasado ya ha ocurrido, el principio ya ha ocurrido. Penetra en el principio,
ve a las raíces, al origen, y el significado te será revelado.
Y ahora
llevas en tu interior la semilla; la semilla de todo significado, de toda
posibilidad, de todas las puertas que pueden abrirse y de todos los misterios
que pueden ocurrir. ¡Llevas la semilla en ti! Pero si esperas al futuro puede
que nunca jamás ocurra, porque el futuro es infinito y esperar será perder
vida, tiempo y energía y, finalmente, se convertirá en un hábito, Y entonces puede
que la flor florezca y tú no la veas, porque el ver no depende de la flor, sino
de la capacidad de penetración de tus ojos. Y tus ojos no son tan penetrantes.
Si lo fueran, verías que el principio está siempre ahí, que la semilla está
siempre ahí.
Si miras
hacia el futuro y esperas a que, en algún lugar, se revele el significado,
entonces tarde o temprano sentirás que la vida no tiene significado. Eso es lo
que está ocurriendo en Occidente, porque la filosofía ha estado pensando
siempre que el destino estaba en algún lugar del futuro.
Parece
absurdo pensar que el destino está en el principio. Así que la mente dice que
el destino tiene que estar en algún lugar hacia adelante, porque ella se mueve
a través del deseo. Y ahora que siempre se ha estado pensando en términos de
futuro, la mente occidental piensa que no existe ningún significado porque el
futuro nunca ha llegado. De hecho, ¡nunca llega! No puede debido a su propia
naturaleza. Siempre está llegando, pero nunca llega. Entonces, esperando y
esperando, sientes que nada tiene ningún sentido… ¿para qué seguir
arrastrándose?, ¿para qué vivir? Si no tiene ningún significado y te mueves en
la misma rutina: levantarse cada día, ir al trabajo, ganar algo de dinero,
dormir por la noche, soñar y otra vez la mañana...; la rueda sigue girando y no
llegas a ninguna parte. Al final está la muerte. ¿Así que para qué esperar?
¿Por qué no suicidarse? ¿Por qué no acabar con todo este sinsentido? ¿Por qué
preocuparse tanto y vivir con una carga tan pesada y con tanta ansiedad y
angustia por algo que no tiene sentido? Es una conclusión lógica.
Sin embargo,
si realmente quieres encontrar un significado, la única forma es mirando en el
interior de la semilla, que está aquí y ahora. Pero la mente prefiere mirar al
futuro. Es más fácil. Mirar dentro de la semilla es difícil. Esta es la única
sadhana, este es el único esfuerzo arduo: mirar en el interior de la semilla.
Porque si quieres indagar en la semilla, necesitarás una cualidad de visión
diferente, otros ojos que sean capaces de penetrar en la semilla y ver ahora lo
que lleva consigo.
Si de verdad
quieres mirar en el interior de la semilla, mira hacia adentro porque tú
también eres una semilla en el interior. Perteneces a esta existencia, has
surgido de ella. Esta existencia ha puesto su sello en ti. Esto es la
meditación: mirar en el interior de la semilla, dentro de uno mismo. Allí el
significado florece inmediatamente. Siempre ha estado allí; sólo necesitaba de
tu atención. Pero lo habías descartado, te había sido indiferente. Habías
estado ocupado, liado con otras cosas; has estado dándote la espalda a ti
mismo. Y el significado espera y todo el propósito de la vida permanece oculto;
y toda su gracia y sus bendiciones sólo esperan y esperan a que te des la
vuelta.
Afuera
sólo hay apariencias
Afuera sólo
hay apariencias. No puedes conocer lo que hay afuera, porque a través de los
sentidos sólo puedes tocar la apariencia… Yo no puedo verte. Sólo puedo ver tu
cuerpo, ni siquiera el cuerpo entero, tan sólo la superficie de la piel. ¿Cómo
saber quién hay adentro? No puedes penetrar, sólo puedes moverte alrededor, tocar
la superficie… Solamente tú puedes entrar en ti mismo. Solamente ahí puedes
estar seguro de la consciencia; en ningún otro lugar.
Este mundo puede
ser sólo un sueño. ¿Quién sabe? Ha habido muchas filosofías y teorías que han
intentado demostrarlo. Pocos creen en ellas, pero tampoco nadie ha sido capaz
de refutarlas… Puede que todo sea un sueño, no hay forma de refutarlo.
Coloquialmente, como mucho, podemos decir que son apariencias, pero en el fondo
no hay forma de saberlo.
Hay sólo una
realidad de la cual puedes estar absolutamente seguro y es tu realidad interior:
sólo puedes estar seguro de ti mismo, de nada más… Recuerda, hasta en sueños tú
eres… Para que pueda existir un sueño por lo menos tú eres necesario. Todo lo
demás puede ser un sueño pero tú no, porque sin ti ni siquiera el sueño puede
existir. Hasta para soñar se necesita la consciencia. Puedes demostrar que todo
es un sueño, pero no puedes demostrar que el que sueña es un sueño, porque el
que sueña tiene que ser real, de otra forma los sueños no pueden existir.
Sólo una cosa
es absolutamente cierta y esa es tu realidad interior. Conversión quiere decir
ir de un mundo incierto, el mundo de las apariencias, al mundo de la realidad.
Y una vez que tienes esta certeza interior y se solidifica, una vez que sabes
que eres, entonces desde esta certeza la visión cambia y la cualidad cambia:
miras el mundo exterior y se abre ante ti un mundo diferente. Este mundo es
Dios.
Ahora puedes
mirar... y el mundo entero cambia. Ya no son apariencias, sino la realidad, lo
auténticamente real, que no son las formas externas, pues estas cambian, sino lo
que se mueve a través de las formas, que es inmutable. Primero fuiste niño,
luego joven y ahora te has hecho viejo: la forma ha estado cambiando
constantemente. Tu cuerpo cambia a cada momento, la forma cambia; pero si te
fijas, en tu interior siempre has sido el mismo.
La
consciencia nunca cambia, no tiene edad. Tu realidad no tiene edad; nunca ha
nacido y nunca morirá. Una vez que te centras en esta eternidad, inmutable,
entonces tu cualidad cambia, puedes ver, te conviertes en un espejo. En ese
espejo se refleja la realidad. La mente distorsiona la realidad y la
consciencia la revela.
Si continúas
persiguiendo apariencias te alejarás del origen, porque las apariencias
pertenecen al exterior. Unas veces persigues riqueza, otras una mujer o un hombre,
otras prestigio y poder... y sigues persiguiendo apariencias. Y todo ese tiempo
te alejas de ti mismo, vives en un sueño. Si te alejas del origen te lo pierdes
todo. Puede que en el mundo exterior consigas muchas cosas, pero al final
descubrirás que no has conseguido nada. Te has perdido al que lleva consigo
todo el significado.
Sólo aquello
que transciende la muerte es poderoso; todo lo demás es impotencia. Puede que
durante algún tiempo te lo creas, pero la muerte te mostrará la verdad. Recuerda
siempre que la muerte llegará y ella es el criterio: lo que sea que pueda
transcender la muerte, lo que sea más poderoso que ella, será la realidad. Lo
real no puede morir y lo irreal muere una y mil veces.
Sólo
cuando la iluminación interior ocurre…
“En el momento de la iluminación interior se
transcienden las apariencias y el vacío”… La luz está ahí pero tú la echas
fuera. Se mueve con tu deseo. Ves lo que deseas. Tu deseo es tu visión, tu luz
siempre se enfoca en tu deseo. Cuando esta luz se gira, se invierte, se mueve
hacia adentro, es la iluminación. Y de repente vas más allá de las apariencias
y del vacío. Ya nada es sólo la apariencia y nada está vacío, todo está lleno
de divinidad, cada árbol, cada río, cada océano… Entonces Dios está en todas
partes. Puedes llamarlo la verdad, o lo que quieras, pero lo real está en todas
partes. Cuando tú eres real, el mundo es real; cuando estás viviendo en deseos
irreales creas un mundo de apariencias. Tu mundo es lo que tú eres. Y hay
tantos mundos como personas, porque toda la gente crea su propio mundo a su
alrededor. Esa es tu proyección, tu creación.
“A los cambios que parecen ocurrir en el
mundo vacío los llamamos reales solamente debido a nuestra ignorancia”… Nadie
es joven y nadie es viejo. El interior no tiene edad, sólo cambia la forma
exterior. El cuerpo no es más que un vestido. ¿Se puede decir que alguien sea
viejo o joven basándose en el cuerpo? ¿Por la forma, que está cambiando
constantemente? La realidad es inmutable, no cambia. Lo que va cambiando son
los vestidos. Por ejemplo, si el médico te dice que tienes cáncer, ten en
cuenta que en lo que a ti concierne no tienes ningún cáncer. El cáncer es algo
que concierne a las ropas. Así que acuérdate. Y cuando te digan que alguien ha
muerto, no olvides que es mentira, que sigue muy vivo… Parecerá una locura en
este mundo de locos donde se cree que las ropas son lo real.
¿Cómo
puedes tú buscar la verdad?
¿Cómo vas a
buscar lo Divino?, ¿cómo vas a buscar la verdad?, ¿qué vas a hacer? Todas las búsquedas
surgen de la mente. La consciencia nunca busca, nunca persigue nada; la
consciencia simplemente es. Es ser, no es un deseo. Y la búsqueda es un deseo.
Has buscado la riqueza en el mundo, el poder y el prestigio… y has fracasado.
Ahora buscas a Dios y la verdad, pero tú eres el mismo. Nada ha cambiado, sólo
las palabras. Antes era “poder” o “riqueza”, ahora es “Dios”; pero eres el
mismo buscador.
La verdad no
se puede buscar. Por el contrario, cuando toda búsqueda cesa es cuando la
verdad llama a tu puerta; cuando el buscar ya no existe, la verdad te llega.
Cuando dejas todos los deseos, cuando ya no tienes ningún motivo para ir a
ninguna parte, de repente descubres que estás iluminado… De repente llegas a darte
cuenta de que tú eres Krishna, de que tú eres Jesús. No te llega ninguna
visión; eres el origen de todo, eres la propia realidad.
“No busques la verdad; tan sólo deja de
mantener opiniones”… La opinión es de la mente y la verdad no viene de la
mente; la verdad ocurre cuando ya no hay mente. La opinión es lo conocido y la
verdad es lo desconocido. Cuando cesa lo conocido, lo desconocido llega a ti.
Con la mente no puedes alcanzar la verdad. Esto es lo único a lo que hay que
renunciar: la mente, la opinión, el ser esto o aquello…
Observa la
diferencia. La consciencia es como un espejo: lo que sea que se ponga ante él
es reflejado, sin ningún prejuicio. Otra cosa es una placa fotográfica. También
refleja, pero sólo una vez y luego el reflejo se queda adherido. La mente es
como una placa fotográfica: refleja y se aferra al reflejo. Entonces lleva esa
información muerta, siempre la misma información. Un espejo refleja y de nuevo
se vacía... está siempre dispuesto a recibir porque nunca se queda apegado a nada.
El espejo no opina. La mente tiene muchas opiniones y debido a ello nunca será
capaz de llegar a la verdad.
Más
allá del bien y del mal
“No permanezcas en el estado de dualidad; evita
cuidadosamente esas búsquedas. Si queda rastro de esto o aquello, de lo
correcto o lo incorrecto, la esencia de la Mente se perderá en la confusión”… Hasta
puedes entender que hay que abandonar toda información, pero tu conciencia de
lo bueno y lo malo está en un nivel aún más profundo que la información
ordinaria. Puedes pensar: “Está bien, ya no soy ni esto ni aquello”, pero ¿la
moralidad, el bien y el mal...?... Tienes que abandonar todos los conceptos,
incluidos el bien y el mal.
Lo sabes por
experiencia... Si piensas demasiado en ser bueno, ¿qué harás? Lo malo seguirá
ahí, lo reprimirás. En la superficie lo pulirás, pero en el fondo habrá
inquietud. La diferencia sólo radica en qué es lo que está en la superficie y
qué es lo que está oculto. Pero la división permanece; si estás dividido no
puedes entrar en la fuente original.
Es como un
árbol, un gran árbol con miles de ramas. Si te aferras a las ramas ¿cómo vas a
llegar a las raíces? Cuanto más profundo vayas, menos ramas habrá, las ramas
irán desapareciendo y llegarás al tronco único, sin ramificaciones; con todas
las ramas en él, pero sin divisiones en sí mismo. Todo sale de él. Lo múltiple
sale del uno, pero el uno sigue siendo uno. Tienes que regresar al uno. Y esta
es la raíz, el origen.
No
hagas de esto una teoría
“Aunque todas las dualidades proceden del
Uno, no te apegues ni siquiera a este Uno”… Por tanto, no hagas de esto una
teoría a la que aferrarte, dispuesto a pelearte si alguien te lleva la
contraria. La verdad está ahí. No es una teoría, es una realidad; tiene que ser
experimentada; no puedes pensar acerca de ella, no puedes filosofar sobre ella.
Cuanto más filosofas, más te alejas.
Los que están
a favor de la dualidad dicen que la existencia no es posible sólo con el uno; y
aquellos que dicen que es uno, no-dual, también luchan contra los que están a
favor de la dualidad… Si realmente has entendido que todo procede del uno, ni
siquiera te identificas con ello, porque el identificarte muestra que estás a
favor de algo y en contra de algo. Si dices: “Soy no-dualista”, no has
entendido nada; porque si sólo existe el uno, ¿cómo puedes ser dualista o
no-dualista? ¡Quédate en silencio! Un verdadero no-dualista no puede afirmar,
no puede decir: “Yo creo en esto”, porque el creer siempre implica el opuesto.
Si digo: “Creo esto”, entonces queda implicado que no creo en lo otro, entonces
se crea el dos.
Si
alguien te insulta
“Cuando la mente existe imperturbable en el
Camino, nada en el mundo puede ofender”… Si realmente vives imperturbable,
no se te puede insultar; pueden intentarlo, pero tú no te sentirás insultado.
Pueden hacer lo que sea para insultarte, pero no te afectará. Y a no ser que a
ti te afecte, fracasarán. Si alguien se enfada, es su problema; si insulta a
alguien, es su problema; si abusa de alguien, es su problema. Si tú estas
tranquilo, estás tranquilo. Pero inmediatamente te inquietas; eso quiere decir
que la ira y el insulto del otro son sólo una excusa. Tú estabas dispuesto,
hirviendo por dentro, sólo a la espera de cruzarte con cualquier excusa.
“Y cuando ya nada puede ofender, deja de
existir tal como era antes”… La cualidad cambia con la actitud. Si alguien
te insulta, es un insulto porque a ti te lo parece, porque te sientes
insultado. ¿Cómo te iba a parecer un insulto si no te sientes insultado? Si
alguien te odia y lo sientes como odio es porque te molesta. Pero si alguien te
odia y a ti no te molesta, ¿lo llamarás odio? Ese nombre ya no será el
adecuado, porque ya no tienes la misma actitud y cualidad.
Puede que
hasta sientas compasión, porque cuando alguien está enfadado está envenenando
su propio cuerpo, su propio ser; está enfermo. Si alguien tiene cáncer no te
peleas con él. Le llevas al hospital. Y si el mundo se iluminara un poco más,
siempre que alguien se enfadara, toda su familia, sus amigos, le llevarían al
hospital. Lo que necesita es una buena cura. Es estúpido pelearse y enfadarse
con él. Es absolutamente absurdo: está enfermo y, para colmo, todos se ponen en
su contra. Con las enfermedades físicas tienes compasión, pero con las mentales
no tienes ninguna porque tú también sufres esa misma enfermedad mental, de ahí
esa actitud.
Una vez que eres
imperturbable, todo cambia porque tu actitud cambia. Eres diferente, el mundo
entero es distinto, deja de existir tal como era antes.
La
no discriminación
“Cuando no surgen pensamientos
discriminatorios, la mente de antaño deja de existir”… La discriminación -eso
es bueno y esto es malo, esto me gusta y esto no me gusta…- es la mismísima
base de tu mente. Si desaparece, la mente cae en un abismo y llegarás al
origen. Y este origen lleva consigo todo el significado, todo el sentido, todo
el éxtasis, todas las bendiciones.
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Fuente: Extracto del capítulo 4 de “El Libro de la Nada”, de
Osho, realizado por Emilio Carrillo.
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25/6/14
Culmínate
Todo instante es
infinito. Infinito, profundo y eterno.
Todo instante es
perfecto. Perfecto como tú y yo.
Todo instante es lo que
quieras que sea, sin que jamás deje de ser.
Ser es la plasmación del
instante perfecto, infinito y perfecto.
Ambos somos perfectos,
pero quizás aún no lo percibas.
Hoy contemplé unos ojos
infinitos que clamaban por sí, por ti y por mí.
Hoy perfilé su instante,
su Ser, su esencia.
Hoy te contemplé; y me
contemplé.
Cuando tu sonrisa
permanece, el río de la vida se transforma en arco iris de felicidad.
Por ti, cuando clamas por
mí, llego, llegas, llegamos, y en abrazo nos
transformamos.
Nada muere, todo se
transforma, todo permanece y nada es igual.
La magnitud del instante
se torna en brisa fresca que arrulla el canto de
una musa sin fin.
Permaneces. Estás. Eres.
Sé.
¿Por qué acallar?
¿Qué sentido tiene no
Ser, si ya Eres?
Este existir no es más
que un espejo de ti, de todos.
Ámate, ámame. Disfrútate,
disfrútame. Gózame, gózate.
Déjate de asfixiar que a
nada conduce, ¿o a algo llega?
Llégate y llégame. Y en
un abrazo culminemos. Culmínate.
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Autor: Deéelij
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24/6/14
Si yo soy tú y tú eres yo soy
Si yo soy tú y tú eres yo
soy
¿Soy unión?
¿Soy amor?
¿Soy armonía?
¿Soy serenidad?
¿Soy Paz?
Si el yo soy es fusión
con el tú eres
¿Estamos en la unión
universal?
¿Estamos en el todo?
¿Estamos conscientes?
¿Estamos en la sabiduría?
Estamos TODOS
¿Quiero a Mí?
¿Quiero Ti?
¿Quiero a Vosotros?
Es tiempo de bonanza.
Fuera las tristezas.
El corazón late repleto
de amor.
Nuestra conciencia toma
el poder.
Unidos conseguimos
alterar conscientemente
el momento evolutivo de
nuestro Ser.
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Autora: Asunción Vera Coines
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22/6/14
Audio de la entrevista a Emilio Carrillo en Radio Nacional de España, el 6 de junio de 2014
Se ofrece a continuación el audio de la entrevista (duración: 00:24:32)
realizada a Emilio Carrillo por Miguel Blanco en el programa Espacio en Blanco de Radio Nacional de
España, con fecha 6 de junio de 2014. La
entrevista tiene como título Salir de la
Matrix y comienza en el minuto 8 de la grabación:
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21/6/14
Aparta la vista del teléfono, apaga la pantalla
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Vídeo remitido por Carmina Caraballo desde Zaragoza (España)
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