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19/6/14
La verdad no se puede buscar
Negar
la realidad de las cosas
es
no ver su realidad;
afirmar
el vacío de las cosas
es
no ver su realidad.
Cuanto
más hablas y piensas acerca de ello,
más
te alejas de la verdad.
Deja
de hablar y de pensar,
y
no habrá nada
que
no puedas saber.
La
realidad está justo ahí
La realidad
está justo. Puedes tocarla, sentirla, vivirla, pero no puedes “pensarla”.
Intenta
entender la naturaleza del pensamiento. El pensamiento siempre es acerca de,
nunca es directo. Puedes ver la realidad, pero si piensas en ella tendrá que
ser acerca de y ese “acerca de” es la trampa, porque cuando piensas acerca de
algo ya te has alejado de ello. “Acerca de” quiere decir que no verás la flor
aquí y ahora, que pensarás acerca de ella. Y ese “acerca de” se convertirá en una
barrera. Ver es algo directo, tocar es algo directo; pero pensar es algo
indirecto. Es por eso que el pensar no toca la realidad.
Si vas
pensando “acerca de”, te pierdes la vida entera. Todo se vuelve humo. La acción
se vuelve imposible porque es algo directo, mientras que el pensar es algo indirecto.
¿Cómo parar
el círculo vicioso del pensar y aun así ser consciente? La energía que va al
pensar tiene que volverse consciencia. La consciencia que se mueve en un
círculo vicioso al pensar tiene que purificarse. El pensar tiene que parar, el
girar de la consciencia tiene que parar, pero la consciencia no. La consciencia
tiene que cristalizarse y la acción tiene no debe parar.
Al unir la
consciencia y la acción inmediatamente alcanzas la realidad. Te convertirás en
el ambiente, en el clima alrededor del cual las cosas empezarán a ocurrir.
Ver es una
acción, moverse es una acción, danzar es una acción, pintar es una acción.
Cuando haces cualquier cosa, sea lo que sea, te pones en contacto con la
realidad.
Tienes que
volverte cada vez más sensible en tu hacer. No hay que renunciar a la acción;
la acción tiene que estar totalmente presente, porque ese es el puente a través
del cual tú te mueves en la realidad y la realidad se mueve en ti.
Nunca
renuncies a la acción, renuncia solamente al pensar. Pero si renuncias al
pensar cabe la posibilidad de que te vuelvas inconsciente. Uno tiene que
renunciar a pensar, pero no tiene que hacerse más inconsciente. Al contrario,
tienes que hacerte más consciente.
En esto
consiste todo el arte de la meditación: en cómo estar totalmente en la acción,
cómo renunciar al pensar, cómo convertir en consciencia la energía que se
empleaba en pensar.
Si el
consciente cae en el inconsciente, tú caes en un coma, y si el inconsciente
penetra en el consciente y se convierte en el propio consciente, te iluminas.
Y es muy
fácil que la consciencia que caiga en la inconsciencia, porque la consciencia
es una parte muy pequeña de tu ser. Sólo una pequeña parte se ha vuelto
consciente y hasta esa parte está siempre oscilando. Puede caer en cualquier
momento, es muy fácil.
Así es como
ocurre cuando te intoxicas: tomas alcohol, y la consciencia cae en la
inconsciencia. Las drogas, el alcohol, o cualquier otra clase de sustancia
embriagadora, han sido usados siempre por la gente religiosa. Pero a través de
ellos nunca se alcanza la realidad. A través de ellos caes en un estupor, en un
coma. Y en este coma puedes soñar.
Los sueños se
pueden guiar, dirigir. Si has estado pensando mucho en Cristo, entonces bajo la
influencia de la droga se te aparecerá Cristo. Es tu propia mente jugando
contigo: un hindú verá a Krishna; un cristiano, a Jesús; y un budista, a Buda.
Pero eso tan sólo son proyecciones de la mente.
Una pequeña
parte ha salido de la inconsciencia, y esa es la belleza del ser humano. La
agonía y el éxtasis de haberse convertido en una isla en medio de la inmensidad
de la inconsciencia. Esta isla tiene que crecer más y más hasta convertirse en
un continente. A través de las drogas se sumergirá de nuevo bajo el agua,
vivirás de nuevo como los animales, o como los árboles, que son hermosos en sí
mismos. Y esto no ocurre solamente con las drogas, pues existen también otros
medios sutiles para hacer que el consciente se vuelva inconsciente, como, por
ejemplo, la música, los cánticos o la repetición de mantras.
Hay que parar
el pensar haciéndose más consciente, más alerta, más atento, dándose uno más
cuenta, para que la energía que se pone en el pensar se mueva hacia ser
consciente y surja en ti un testigo. Así que recuerda, no hay que parar el
pensar a través de cánticos, sino convirtiéndose en un testigo del proceso del
pensar; mirándolo, observándolo, siendo un observador en la distancia, siendo
alguien que observa desde lo alto, desde la colina, mirando, viendo...
Si miras y
penetras profundamente en las palabras, empezarán a desaparecer. Se formará un
lapso, un intervalo. Las nubes desaparecerán y se verá el cielo azul. Entonces
estarás alerta, sensible; no en coma. Se disolverá más inconsciencia en la
consciencia; tu llama crecerá, más alta, más viva, y podrás ver más, tocar más,
oler más. Y tus acciones desarrollarán una nueva cualidad, la cualidad de la
divinidad.
Cuando un
buda te toca, su forma de tocar es diferente: está presente, toca con amor, cálidamente,
de modo vivo,… confía en ti… La cualidad ha cambiado. Porque siempre que la
consciencia es total, absoluta, todas las acciones se vuelven totales. Cuando
toca, todo su ser se convierte en tacto. No es ninguna otra cosa. Todo su ser
está en el tacto, todo su ser fluye en él. No está en ningún otro lugar más que
en el tacto. Y te sentirás iluminado a través de su tacto; una energía se ha
movido en ti.
Cuando un
buda te mira, todo su ser se convierte en ojos. No puede ser de otra manera,
porque no está dividido en su interior. Cuando miras, miras y a la vez haces
muchas otras cosas. El pensar prosigue, y por eso estás dividido. Tus ojos no
son totales. Cuando un buda te mira, sus ojos son totales. Si le dejas, nunca
serás el mismo otra vez. O por el contrario, puedes permanecer cerrado y él no
podrá penetrarte. Aunque te toque, tocará un cadáver; puedes quedarte cerrado.
Cuando la
consciencia está presente, y hay acción, la consciencia y la acción se vuelven
una totalidad.
Negar
la realidad de las cosas...
Ha habido filósofos
que han negado la realidad de las cosas. Fíjate bien, esto se puede hacer de
dos maneras.
Una es hacer
tu ser más grande; entonces el mundo se va volviendo cada vez más pequeño..., y
llega un momento en el que tu ser se convierte en la totalidad, en Brahma, y el
mundo desaparece, deja de existir.
Y la otra
manera es simplemente una artimaña y consiste en empezar a decir que el mundo
es una ilusión, maya, que no existe, que no está ahí, que es irreal, que es
sueño. Así que te convences de que el mundo es un sueño; y entonces sientes que
eres real, pero ese sentimiento no es verdadero. Es tan sólo una ilusión.
Si te vuelves
infinito, el mundo desaparece, lo absorbes, porque dos infinitos juntos no son
posibles, sólo puede haber un infinito. Entonces puedes decir que el mundo es
ilusorio y estarás en lo cierto. Pero esto no es un argumento filosófico. A
través de la filosofía puedes convencerte de que no existe, puedes tratar de
encontrar pruebas y argumentos que demuestren que es ilusorio. Y puedes
convencer a tu mente de ello, y tendrás un sentimiento, un falso sentimiento,
de que te has convertido en Brahma. Tienes que convertirte en Brahma, entonces
el mundo se vuelve ilusorio, no viceversa. ¿Cómo te vas a volver Brahma si el
mundo se vuelve ilusorio? Y no puede volverse ilusorio porque es tan sólo un
concepto; piensa en ello.
“Negar la realidad de las cosas es no ver su
realidad; afirmar el vacío de las cosas es no ver su realidad”. Y su
realidad es Dios, su realidad es la verdad. Ahí está el árbol. Si niegas su
realidad niegas lo Divino en él. El árbol es un hecho; un hecho es sólo lo que
recubre la verdad. El pájaro es otro hecho, pero la verdad es la misma. Algunas
veces la verdad se presenta en forma de pájaro, otras en forma de árbol, otras
en forma de roca, y otras en forma de hombre. Todas ellas son formas.
Los hechos
son formas, pero en cada hecho, si profundizas, está la verdad. Si niegas todas
las formas, niegas el interior sin forma. Si dices que nada es real, entonces
¿cómo puede lo Divino ser real? Es imposible, porque la realidad viene de la
realidad.
Y si dices
que las cosas existen pero que están vacías, también esa es una postura
filosófica porque el árbol existe como un ser, no como un compuesto. Hasta una
roca tiene su propio ser. Cuando te vuelvas más sensible y observador verás que
hasta una roca tiene sus estados de ánimo. Entonces cuando la roca esté feliz
podrás sentir su felicidad, cuando esté infeliz podrás sentir su desdicha, y
hasta cuando cante podrás sentir su canción. Pero tú necesitas muchísima
sensibilidad.
No eres
consciente; tu consciencia es un fragmento tan pequeño que se agota en los
hechos diarios, en la rutina diaria. Eres sólo lo suficientemente consciente
para llegar a la oficina y regresar a casa sin tener ningún accidente en el
camino; sólo esa cantidad de consciencia tienes. Pero no puedes sentir la roca,
no puedes sentir el árbol.
Todo está
vivo, nada está vacío. Todo está lleno de consciencia, diferentes tipos de
consciencia; es por eso que no puedes penetrar en ellas. Es difícil debido a
los diferentes lenguajes de la consciencia. Un árbol tiene un tipo de
consciencia y una roca otro totalmente diferente. Es difícil comunicarse con
ellos porque nuestros lenguajes son diferentes, pero si te vuelves más atento,
más consciente, si no tienes la mente llena de pensamientos, entonces te podrás
acercar incluso a una roca. Nada está vacío; todo tiene un ser propio, todo
tiene un Dios en su interior.
¡Llénate! Cuando
te llenes de amor, de consciencia, de meditación, entonces no verás que el
mundo está vacío. Si no tienes amor, entonces verás que no hay amor en el
mundo. Si tienes un corazón que late con amor, sentirás el latido en todos los
sitios. “Cuanto más hablas y piensas acerca de ello, más te alejas de la
verdad”.
Pensar
es divagar
En cuanto
empiezas a pensar acerca de algo, inmediatamente has empezado a alejarte. Yo
estoy aquí, tú puedes estar conmigo; pero si empiezas a pensar acerca de mí, te
embarcas en un viaje sin fin, y cuanto más piensas más te alejas. Pensar es una
forma de huir de la realidad.
Un pensador
nunca está aquí y ahora, en el presente, está siempre en algún otro lugar. Un
meditador está siempre aquí y ahora, y en ningún otro lugar. Por eso es que el
pensar es el único obstáculo en la meditación. Tienes que hacerte consciente, y
poco a poco, cuanto más consciente te vayas volviendo, más dejarás de cooperar
con el pensar.
Yo te traigo una
rosa y tú empiezas a pensar: “¿Qué hermosa es?”… Y así sigue y sigue… Y la rosa
no podrá llegar hasta ti. Y era algo real; podría haberte penetrado. La rosa
estaba lista para llamar a tu corazón, pero empezaste a pensar acerca de ella.
A través de la rosa, algo de lo desconocido, de lo Divino, algo de más allá del
tiempo, penetra en el tiempo. Pero si piensas, te lo pierdes, porque al pensar
te alejas.
El filósofo
piensa acerca de la rosa. El poeta siente acerca de la rosa. Y un místico, ni
piensa ni siente; simplemente está en presencia de la rosa. Porque sentir
también es alejarse. Un místico simplemente está en presencia de la rosa. Sin
actividad, sin pensar, sin sentir; sin corazón ni cabeza. Simplemente está ahí
con la rosa. Los hindúes lo llaman satsang: estar en presencia de la verdad.
Pensar es una
actividad más burda y sentir es una actividad más sutil. Pero sabes que el
sentir puede desembocar en el pensar y el pensar puede convertirse en el
sentir.
Solamente
estando con..., y entonces todo se revela, entonces se abren todas las puertas.
No hay preguntas ni respuestas. Simplemente te has hecho uno con la realidad.
Ni pensando ni sintiendo, sólo siendo, y de pronto tú ya no estás ahí y el
mundo ya no está ahí. El Uno, Brahma, se revela. Tú y el mundo, ambos os habéis
hecho uno. Lo infinito está ahí, lo que no tiene forma está ahí; y esa es la
verdad.
La verdad no
es una conclusión filosófica, es una experiencia existencial. No es ni
pensamiento ni sentimiento, es existencial; estás con ella con todo tu ser.
El que no es ni
esto ni aquello, el que no elige, el que no proclama que “soy esto o soy
aquello”, el que simplemente está en la presencia, sólo ese puede conocer lo
Divino.
¡No necesitas
ir a ningún templo! Te puedes quedar junto a un árbol y ocurrirá. Ni siquiera
necesitas acercarte al árbol: te puedes quedar simplemente contigo mismo y
ocurrirá; porque lo Divino está en todos los sitios. Cada átomo vibra con ello,
cada átomo lo celebra. Está en todas las cosas.
No
pensar es la puerta
“Deja de hablar y de pensar, y no habrá nada que
no puedas saber”. No-pensar es la puerta. Sin-palabras es la entrada.
¿Cómo
lograrlo? La mente es muy astuta. La mente dirá: “Sí, es verdad”. Y te habrás
alejado. La mente dirá: “No, eso es muy difícil, es imposible. ¿Cómo puedes
dejar de pensar?”, y te habrás alejado. Si escuchas a la mente nunca estarás
cerca de la verdad. Si escuchas a la mente estarás siempre de viaje.
Y nunca estás
en contacto con lo real. Comes pero no te das cuenta porque la mente sigue pensando
en mil cosas. Cuando estés comiendo; simplemente come, estate en ello. Cuando
camines; simplemente camina, estate ahí. No te adelantes, no te vayas aquí y
allí. La mente siempre se adelanta o se atrasa. Estate en el momento. Al
principio te será muy difícil permanecer en el momento. Y a veces el momento
puede que no sea muy feliz.
Toma una
determinación: cualquier cosa que venga... tristeza, ira, depresión o
infelicidad; sea lo que sea, estate con ella. Y de repente te sorprenderás de
que si permaneces con la tristeza, la tristeza se transforma en algo hermoso,
la tristeza se vuelve algo profundo.
Si empiezas a
vivir en el momento verás que tu ser es un milagro, que tiene magia en sí
mismo. La felicidad se volverá más profunda. Todo se transformará porque aportarás
una nueva cualidad de ser, de consciencia, de presencia. No luches contra la
tristeza ni persigas la felicidad, porque eso es alejarte, perderte.
La mente no
está nunca donde estás tú: la consciencia está siempre donde estás tú. Ve
abandonando más y más la mente y el darle vueltas a la mente y hazte más y más
consciente y atento. Tráete a ti mismo al momento.
Al principio
será difícil. Porque debido al hábito, la mente se irá una y otra vez. Tráela
de vuelta. ¡No hay necesidad de luchar! Simplemente dile que vuelva, dile:
“Ven”. De nuevo se irá..., en unos segundos ya no estará ahí. Dile de nuevo que
vuelva.
Y poco a
poco, cuando empieces a disfrutar de este momento (el eterno presente, el único
tiempo que existe, la única vida que hay), cuanto más empieces a disfrutarlo,
más presente estará la mente en ello. Y menos se irá.
Entonces se
produce una sintonización. De repente estás aquí, en casa, y la realidad se
desvela. La realidad siempre ha estado ahí, tú eres el que no estaba ahí. No es
la verdad lo que hay que buscar, sino que eres tú el que tiene que volver a
casa.
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Fuente: Extracto del capítulo 3 de “El Libro
de la Nada”, de Osho, realizado por Emilio Carrillo.
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17/6/14
Vídeo de la charla de Emilio Carrillo en Pilas el 22 de mayo de 2014
https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=iHdiD7Xb6fw
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15/6/14
Yo Soy esto (I Am This)
CANCIÓN:
MEDITACION:
YO SOY ESTO:
ALGO HA ENTRADO EN MI Y ME HA HECHO SUYO.
ALGO MARAVILLOSO HA ENTRADO Y SE HA DE MIS SENTIDOS APODERADO.
YA NO SOY YO,
LO QUE CREIA QUE ERA YO SE FUE Y ALGO MARAVILLOSO SE HA APODERADO DE MI.
ESTO ES ALGO QUE MI MENTE NO PUEDE CONCEBIR ...
Y QUE NI HA OCURRIDO SIQUIERA
Y QUE NO CAMBIA.
ESTO SOY YO.
MI MENTE TODAVIA PROYECTA PENSAMIENTOS ... PENSAMIENTOS QUE VAN Y VIENEN,
PERO NO SON MAS QUE ESO ... PENSAMIENTOS.
YO NO SOY MIS PENSAMIENTOS
YO YA NO SOY YO,
YO SOY ESTO QUE HA ENTRADO EN MI Y ME HA HECHO SUYO.
LO QUE CREIA QUE ERA YO SE MARCHO ...
Y ALGO MARAVILLOSO SE HA APODERADO DE MI.
YO SOY LO QUE TU ERES,
TU ERES LO QUE YO SOY.
SOY UNO CON TODO LO QUE ES.
YO SOY ALGO QUE MI MENTE NO PUEDE CONCEBIR
Y QUE NI HA OCURRIDO SIQUIERA
Y QUE NO CAMBIA,
Y QUE NO MUERE
YO SOY ESTO
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Autor: Sonia Perol ( www.soniaterol.com / www.metodoterol.com /
sonia.terol @ gmail.com)
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13/6/14
Vídeo la charla de Emilio Carrillo en Córdoba el 28 de noviembre de 2013
Se ofrecen a continuación los
tres enlaces al vídeo completo (duración total: 02:53:45) de la charla-coloquio compartida
por Emilio
Carrillo, el 28 de
noviembre de 2013, en el salón de actos del FEPAMIC de Córdoba:
1ª Parte (01:01:05):
2ª Parte (01:02:39):
3ª Parte (00:50:01):
11/6/14
Taller de Emilio Carrillo en Granada: sábado 14 de junio de 2014
Sábado 14 de junio de 2014. 10:30-14:30
y 17:30-21:30 horas. Granada:
Taller (8 horas): “La práctica cotidiana de nuestra
divinidad”
Hotel Abades Nevada Palace (Calle de La Sultana , 3)
El aforo es amplio (600 plazas) y la entrada es
libre.
Para mayor información, Círculo Sierpes de
Granada:
circulosierpes.granada@gmail.com
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9/6/14
La nada lo era todo
Soñé que ya nada existía.
Que todo, era ya nada.
Y una paz con melancolía
me afligía.
Soñé que la nada era ya
todo.
Que el tiempo no quería.
Que el momento se
expandía.
Abrace la nada cual
naufrago a una guía.
Descubrí en el sueño, que
todo concluía.
Diluido mi patrimonio.
Acabose la tristeza,
comenzaba otro día,
fulguroso como el que
nunca percibí.
Abrazándome a la nada la
acogí con vida.
Ya todo era nada...
Y sin embargo...
La nada lo era todo en mi
vida de acogida.
Era adoptado por la madre
que siempre pedía.
Transportado al molino
como la espiga,
sembrado en el surco
igual que las semillas.
Elevado a lo alto cuando
el Sol insistía.
Pensando... pensando...
Pensé que el dolor...
Jamás complacería,
ni volvería.
Decidí que de este sueño
desprenderme,
nunca más querría.
Y de un salto en chapuzón
penetré en la nada.
Y nadé cuanto supe,
sin aliento,
sin descanso,
en la nada encontrada,
en la nada buscada.
Y en la nada pacía.
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Autor: Deéelij
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5/6/14
Vídeo del Taller sobre "Física de la Deidad" compartido por Emilio Carrillo en Córdoba el 26 de abril de 2014
Se ofrecen a continuación los cuatro enlaces al vídeo completo (duración total: 04:10:32) del Taller sobre "Fïsica de la Deidad" compartido por Emilio Carrillo, el 26 de abril de 2014, en la Sala El Quiñón de Córdoba:
1ª Parte (01:02:11):
2ª Parte (01:02:39):
4ª Parte (01:02:42):
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3/6/14
El Camino es Perfecto
Cuando
no se entiende el significado
profundo
de las cosas,
se
perturba en vano la paz esencial de la mente.
El
Camino es perfecto, como el espacio infinito
donde
nada falta y nada sobra.
De
hecho, es debido a nuestra elección
de
aceptar o rechazar que no vemos
la
verdadera naturaleza de las cosas.
No
vivas en los enredos de las cosas externas
ni
en los sentimientos internos de vacío.
Mantente
sereno, sin hacer esfuerzos,
en
la unidad de las cosas,
y
tales falsos conceptos desaparecerán por sí solos.
Cuando
tratas de parar la actividad
para
alcanzar la pasividad,
el
propio esfuerzo te llena de actividad.
Mientras
estés en un extremo o en el otro,
nunca
conocerás la Unidad.
Aquellos
que no viven en el Camino único
fracasan
en ambas: actividad y pasividad,
afirmación
y negación.
La
ley del efecto contrario
Emile Coué
redescubrió una de las leyes básicas de la mente humana. La llamó “la ley del
efecto contrario”. Es uno de los sutras más antiguos del pensamiento taoísta y
del zen.
Por ejemplo,
si no tienes sueño ¿qué harás? Tratarás de dormirte; harás esfuerzos, harás
esto y aquello, pero todo lo que hagas tendrá justo el efecto contrario porque
cualquier actividad, cualquier esfuerzo, irá en contra del sueño. Dormir es una
relajación. No puedes provocarlo, no puedes hacer nada para que ocurra, no
forma en absoluto parte de tu voluntad. Dormir es entrar en el inconsciente y
tu voluntad es simplemente un fragmento de la consciencia. Cuando entras en el
inconsciente, en lo profundo, dejas en la superficie la parte que es
consciente, el fragmento que es la voluntad. La única manera de entrar en el
sueño es no hacer nada. Si no viene, no viene. Espera… ¡No hagas nada! Cuando
llega, llega.
Y esto sucede
con muchas cosas de la vida: que ocurre justo lo contrario. Si quieres estar
tranquilo, ¿qué harás?... Porque quietud significa no-hacer. ¡Solamente flotas!
No hay que usar ningún método porque cualquier método significaría de nuevo que
estás haciendo algo. Y el “tienes que” va justamente en contra. Si lo haces así
te pondrás más tenso. Deja que las cosas ocurran, no las fuerces.
Sucede muchas
veces: intentas recordar un nombre o un rostro y no lo consigues, aunque
sientes que lo tienes justo en la punta de la lengua. Y cuanto más lo intentas,
menos te viene. Entonces te sientes frustrado y te olvidas del asunto… Y de
repente te viene a la memoria. ¿Qué ha ocurrido? Pertenecía al inconsciente,
estaba en lo profundo de ti. Y cuanto más lo intentabas, más se perturbaba el
inconsciente. Estabas usando la voluntad, y la voluntad no puede traer las
cosas de tu profundidad. Sólo a través de la rendición puedes hacerlo, sólo
cuando te dejas llevar.
Esta es la
ley del efecto contrario. Recuerda, con el inconsciente la voluntad no sólo sirve
para nada, sino que además resulta perjudicial. Lo más importante te ocurrirá
sólo cuando tú no estés ahí. Y si estás haciendo algo, tendrás que estar ahí.
El sueño llega cuando tú no estás ahí. La Iluminación también
sigue la misma regla.
No-hacer
En lo que a
ti concierne hacer es fácil, por muy duro que sea, y no-hacer es difícil. Si
alguien dice: “No hagas nada”, te sientes perdido. Si lo comprendieras, no
sería así.
No-hacer no
requiere cualificación alguna. Puede que el hacer sí y, puede que requiera
práctica. No-hacer no precisa práctica alguna. Es por eso que la iluminación
puede acontecer en cualquier momento, porque no es cuestión de cómo alcanzarla,
sino de cómo permitirla. Es como el dormir: te relajas y ahí está, ocurre.
La acción
alimenta el ego. Cuando no estás haciendo nada el ego no puede alimentarse.
Simplemente desaparece, se muere, no está ahí. Así que, lo que sea que hagas
queriendo, será la propia barrera. No fuerces, deja que ocurra. Flota,
abandónate, déjate absorber, no pongas tu voluntad.
Y recuerda,
siempre que haces algo voluntariamente no puedes gozarlo. Esas dos cosas nunca
se encuentran. Si fuerzas algo no puedes disfrutarlo, si lo disfrutas no puedes
forzarlo.
Simplemente
espera..., deja que se mueva tu energía interior, entonces síguela a dónde quiera
que te lleve. Ya no estás ahí... Entonces es algo inmenso, es una gran
liberación.
Deshazte de
todos tus conocimientos, porque sólo te son necesarios cuando tienes que hacer
algo. Pero cuando no tienes que hacer nada, ¿qué conocimientos necesitas? Sólo
se requiere una sensación, una especie de truco: cómo desaparecer, cómo dejar
de ser. Y cuando digo “cómo” no me refiero a que tengas que conocer la técnica.
Simplemente tienes que buscar esa sensación.
Dos cosas te
serán de ayuda. Una: intenta descubrir cómo ocurre el dormir, cómo entras en el
sueño. Puede que tengas algún ritual, pero este ritual no causa el sueño, sólo
lo ayuda. La otra: la meditación. Todo el mundo encuentra su propio ritual. El
ritual te ayuda porque te da un determinado ambiente, pero no es la causa. Si
otra persona lo sigue, puede que hasta se convierta en un obstáculo para ella.
Uno tiene que encontrar su propio ritual.
Un ritual es
simplemente algo que sirve para ayudarte a estar más a gusto y poder esperar. Y
cuando estás a gusto y esperas, ocurre. Dios llega a ti exactamente igual que
el sueño, igual que el amor. No puedes desearlo, no puedes forzarlo.
Toda tu vida
se ha convertido en un problema porque te has hecho experto en cómo hacer
cosas: muy eficiente con las cosas mecánicas porque son cosas que pueden
hacerse, pero absolutamente inútil para las cosas humanas, porque esas cosas no
se pueden aprender, no se pueden hacer técnicamente, no puedes hacerte experto
en ellas.
El
amor
Por ejemplo,
puedes forzar tu amor. El amor está ahí pero no hay nadie que ame. El amor
ocurre como una energía, pero en él no hay ego. Entonces el amor se convierte
en éxtasis y descubres algo que sólo han conocido aquellos que han llegado a lo
Divino.
La
meditación, Dios, la iluminación, el nirvana... todo ello llega a la existencia
a través del amor, porque a través del amor llega un destello. Y tan pronto
como ese destello estuvo allí, algunas almas valientes emprendieron una
aventura para encontrar la fuente de donde procedía. A través del amor se ha
descubierto a Dios. Por eso, siempre que alguien le pregunta a Jesús: “¿Qué es
Dios”, él contesta: “Dios es amor”.
Pero el
proceso es el mismo: no puedes forzar el amor. Si lo fuerzas, pierde toda su
belleza, todo se vuelve mecánico. Irás a través de todo el ritual, pero no
ocurrirá nada. No habrá éxtasis; será algo que haya que hacer y acabar. Nunca
llegará hasta tu centro, ni sacudirá tus cimientos; no será una vibración de tu
ser, sino un acto superficial.
La
paz esencial de la mente
Vas buscando
gurús, vas tras esto o aquello, para encontrar alguna técnica, algún mantra con
que iluminarte... No hay ningún mantra que te pueda iluminar. Tendrás que ser
más compasivo. Este es el único mantra: menos voluntad y más fluidez; menos
esfuerzo y más relajación; menos hacer desde el consciente y más nadar en el
inconsciente.
Ahora trata
de entender el sutra: “Cuando no se
entiende el significado profundo de las cosas, se perturba en vano la paz
esencial de la mente”.
El hecho de
que alguien esté angustiado muestra que no ha entendido las cosas, el
significado profundo de las cosas. Y vas acusando a otros de que es por ellos por
lo que estás angustiado. Aquí nadie está angustiado por nadie. Estás angustiado
debido a tu no-entender o a tu mal-entender.
¡Intenta
comprender! Todo el mundo trata de dominar. Esa es la naturaleza del ego: hacer
toda clase de esfuerzos para dominar al otro (no importa que el otro sea el
cónyuge, los hijos o los amigos). Y si todo el mundo trata de dominar y tú
también estás intentándolo, habrá lucha. La lucha no se debe a que otros estén
tratando de dominar; la lucha se debe a que no tratas de entender cómo funciona
el ego.
¡Salte de
ahí! A los demás no se les puede cambiar; si tratas de cambiarlos estarás
malgastando tu vida innecesariamente. Ese es su problema. Ellos serán los que
sufran si no lo comprenden. Sencillamente comprende que todo el mundo trata de
dominar y di: “Yo me salgo de esto, no voy a intentar dominar”... Tu lucha
desaparecerá… Y ocurrirá algo muy hermoso.
Cuando te
peleas refuerzas el ego del otro; y esto es un círculo vicioso. Cuando no
peleas el otro siente que está luchando solo, en medio de un vacío. Y entonces
le das al otro una oportunidad para que también él se dé cuenta. Psicológicamente
ya no estás en esas funciones egóicas, en la dominación, en la agresión, en la
violencia, en la ira. Ya no formas parte de eso. Entonces se crea cierta
distancia, cierto desapego. Ahora puedes ver las cosas y reírte: ¡qué ridículo
he sido hasta ahora! Te reirás, no estarás angustiado. Todo a tu alrededor es
muy ridículo, pero no te das cuenta porque eres parte de ello. La ridiculez no
puede verse a menos que se tome cierta distancia, cierto desapego.
Cuando no se
entiende el significado profundo de las cosas se perturba en vano la paz
esencial de la mente. Y no consigues nada, no llegas a ningún sitio,
simplemente te inquietas.
Todo
es como debería ser
Una vez que
comprendes que cambiar el mundo entero no es responsabilidad tuya, lo único que
puedes hacer es cambiarte a ti mismo. ¿Quién soy yo para cambiar a nadie?
Cambiarse a uno mismo no es una tarea fácil. Eres todo un mundo dentro de ti;
llevas en ti el mundo entero. Todo lo que existe, existe en tu interior.
Todo es como
debería ser; sólo tienes que serenarte, tú eres lo único que está inquieto.
Todo es como tendría que ser... nada falta y nada sobra.
¿Puedes
imaginarte un Universo mejor que este? Si eres sabio no podrás; si eres un
tonto sí que podrás. Nada puede ser mejor que tal como es. El único problema es
que no estás a gusto con ello. Deja que tu energía se repose y el Camino es
perfecto, como el espacio infinito donde nada falta y nada sobra. Todo está en
equilibrio. Tú eres el único problema., lo único que no está en paz. Todo lo
demás es tan perfecto como podría ser. Solamente tú estás divido.
Los problemas
llegan con el ser humano porque tiene consciencia. Y esta consciencia crea
problemas. Al ser consciente, puedes decir: “Esto está bien y esto está mal”.
Al ser consciente, puedes decir: “Esto es feo y esto es hermoso”. Esta
consciencia no es suficiente. Si se hace mayor, si se convierte en un círculo,
en pura consciencia, entonces de nuevo todo vuelve a su cauce.
Nietzsche
dijo los seres humanos son puentes. Serénate. Y cualquier camino servirá. El
ser humano es sólo una transición, un estado transitorio; y, mientras tanto,
permanece divido.
Al final
ocurre lo mismo. El mucho esfuerzo te conducirá al sin-esfuerzo, y el
no-esfuerzo también te llevará al sin-esfuerzo; porque el esfuerzo no es el
fin, el esfuerzo sólo puede ser el medio. Te esfuerzas para alcanzar un estado
en el que no haya esfuerzos.
Aceptamos o
rechazamos, es por eso que no podemos ver la verdadera naturaleza de las cosas.
Entonces metes tus ideas, tus opiniones, tus prejuicios… y lo coloreas todo.
Sólo tienes que ver; de una forma pura, con una mirada sin ideas, con una
mirada sin ningún rechazo o aceptación. Con una mirada pura, como si tus ojos
no tuvieran una mente detrás, como si tus ojos fueran solamente espejos. Esta
claridad, esos ojos sin prejuicios ni opiniones... y te has iluminado.
Entonces no
hay ningún problema que resolver, entonces la vida ya no es un dilema. Es un
misterio que vivir, que gozar, una danza que bailar. Entonces no estás en ningún
conflicto con ella, entonces no hay nada que tengas que hacer aquí. Entonces
sencillamente disfrutas, eres feliz.
Esto es lo
que significa el Cielo: un lugar en donde no se espera de ti que hagas nada, en
donde no tratas de conseguir felicidad; donde la felicidad es algo natural.
Esto puede ocurrir aquí y ahora.
“No vivas en los enredos de las cosas externas ni en los sentimientos
internos de vacío. Mantente sereno, sin hacer esfuerzos, en la unidad de las
cosas, y tales falsos conceptos desaparecerán por sí solos”.
No
dividas lo exterior y lo interior: evita los extremos
C.G. Jung
divide la humanidad en dos categorías: los extrovertidos, y introvertidos. Los
extrovertidos están interesados en lo externo. Es gente activa, mundana; que
persigue la riqueza, el prestigio, la posición, el poder. Se convierten en
políticos, reformadores sociales, grandes líderes, grandes industriales. Y los
introvertidos no son personas muy activas. Si tienen que hacer algo lo hacen,
pero no tienen una inclinación a hacerlo. Lo que les gustaría sería quedarse
con los ojos cerrados. Se hacen poetas, místicos, meditadores, gente
contemplativa. No les interesa el mundo, solamente están interesados en ellos
mismos; cierran los ojos e introvierten sus energías. Pero ambos están
equivocados porque ambos están divididos.
En su
interior, una persona que sea extrovertida siempre sentirá que le falta algo.
Está desequilibrada, le ha concedido demasiada atención a lo externo. Y el que
siempre ha estado consigo mismo también sentirá que le falta algo, porque es
pobre en el mundo exterior.
Evita los
extremos. No hagas ninguna distinción entre lo exterior y lo interior. Fluye,
sé equilibrado. El exterior y el interior son igual que los dos ojos: si elijes
uno será capaz de ver, pero tu visión perderá profundidad. El interior y el
exterior son sólo dos ojos, ¿por qué elegir? ¿Por qué no usar ambos sin elegir?
Y ¿por qué dividir? ¡Si tú eres uno! ¿Por qué irse a un extremo?
Es fácil ir
de un extremo a otro, pero los extremos nunca satisfacen. Esas divisiones
pertenecen a la mente. El interior y el exterior son uno: el exterior es sólo
la prolongación del interior; el interior, la penetración del exterior. El todo
tiene que incluir lo externo y lo interno. Para el todo no existe tal cosa como
el exterior y el interior. En la existencia, lo externo se encuentra con lo interno
y lo interno con lo externo.
No
trates de ser pasivo
No trates de
ser pasivo. Sé totalmente activo, así es como llega la pasividad. La propia
actividad crea la situación en la que la pasividad ocurre. Lo que sea que estés
haciendo, hazlo totalmente. Y cuando caiga la tarde y se ponga el sol, una
pasividad descenderá sobre ti. Esa pasividad es hermosa, tan hermosa como la
actividad. ¡No hay nada que elegir! Ambas cosas son hermosas y ambas se
necesitan.
¿Cómo puedes
tratar de ser pasivo? Puedes sentarte como un buda, pero esa pasividad será
sólo superficial. En el fondo estarás intranquilo. Puedes forzar al cuerpo a
sentarse en silencio; pero ¿cómo vas a forzar al ser? El ser es y es y es.
Un hombre
sabio se equilibra y sabe que la vida se equilibra a sí misma. Si haces una
cosa (pero totalmente, sin que quede nada por hacer, habiendo disfrutado de la
actividad con toda la energía) entonces el descanso es automático, le sigue. Y
cuando disfrutas del descanso le sigue la actividad, porque cuando reposas
recuperas energía. Ahora tienes que compartirla de nuevo, tienes que liberarla
con actividad. Y luego te volverás a llenar de nuevo.
Sé totalmente
activo, sólo así serás capaz de ser totalmente pasivo. Entonces los dos
extremos se encuentran y se alcanza un equilibrio sutil. Es la paz más elevada
que pueda existir porque cuando dos cosas se equilibran (el exterior y el
interior, la actividad y la pasividad) de repente transciendes ambas. Cuando
ambas se equilibran, tú ya no eres ni esto ni aquello. De repente eres una
tercera fuerza: el observador, el testigo. Pero no puedes luchar por
conseguirlo.
“Cuando tratas de parar la actividad para
alcanzar la pasividad, el propio esfuerzo te llena de actividad. Mientras estés
en un extremo o en el otro, nunca conocerás la Unidad ”.
Estar
justo en el medio, sin elegir
¡Transciende los extremos! No seas ni una persona mundana ni alguien
espiritual. ¡Equilíbrate! “Aquellos que no viven en el Camino único fracasan en
ambas: actividad y pasividad, afirmación y negación”. A este
equilibrio Buda lo denomina el camino del medio, “majihím níkaya”; y Confucio
lo llama el camino dorado.
Permanece en
el medio. Este es el arte más elevado: estar justo en el medio, sin elegir. Si
estás exactamente en el medio transciendes el mundo. Entonces ya no eres ni un
hombre ni una mujer, ni un ser materialista ni un ser espiritual, no estás ni
vivo ni muerto. Ni esto ni aquello: el puente ha sido cruzado; has alcanzado la
meta. Y la meta no está en algún lugar en el futuro, está aquí entre los dos
extremos. Ni odio ni amor...
Recuerda,
siempre que te encuentres con dos extremos, no elijas. Trata de encontrar un
equilibrio entre ambos. Al principio, debido al hábito, será difícil. Los
viejos hábitos persisten hasta en tus gestos. Los hábitos son fáciles de
mantener porque no necesitas ser consciente de ellos; se mantienen por sí solos.
Ser consciente es difícil porque para ti nunca ha sido un hábito.
Eliges
fácilmente; condenas y aprecias fácilmente; rechazas y aceptas con mucha
facilidad. Es un fenómeno mecánico. Sin ninguna consciencia, en el momento en
que ves algo, ya lo has juzgado y decidido. Ves una flor y dices: “Es hermosa”
o “no es hermosa”. Inmediatamente entra el juicio -con la percepción, entra el
juicio-. Entonces nunca serás capaz de permanecer en el medio.
Cuando
sientas odio, trata de irte al medio. Cuando sientas amor, trata de irte al
medio. Lo que sea que sientas intenta irte al medio. Y te sor prenderás de que
hay un punto entre cada dos extremos donde ambos dejan de ser; donde no sientes
odio ni sientes amor. Esto es lo que Buda llama “upeksha”: un punto tan en el
medio que no eres ni esto ni aquello. No puedes decir “Amo” ni “odio”.
Sencillamente no puedes decir nada, estás simplemente en el medio. No te
identificas. Ocurre una transcendencia y esa transcendencia es el
florecimiento. Esa es la madurez.
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Fuente: Extracto del capítulo 2 de “El Libro
de la Nada”, de Osho, elaborado por Emilio Carrillo.
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1/6/14
Sobre El Cielo en la Tierra
Mis queridos y desconocidos amigos:
¡No sabéis como me encanta vuestra ilusión, vuestra entrega a la
divinidad, vuestro deseo de alcanzar un amor pleno, vuestro afán de vivir en un
estado permanente de felicidad!
Sois, sin duda alguna, grandes utópicos, pero de una utopía
maravillosa que seguro llegareis a alcanzar con vuestra permanente decisión de
ser y de creer; que en realidad, la utopía es un hecho inalcanzable tan solo en
el momento de su formulación, pero creo sinceramente que vosotros habéis
superado ya ese momento y vais camino de alcanzarla.
Os confesaré que yo soy cristiano; en consecuencia no comparto la
idea del Dios interior; para mí es exterior; pero cuando se comparte la idea
del amor en la forma en que la compartimos, pues el amor al prójimo es piedra
angular de nuestras creencias, llego a pensar en que la ubicación de Dios no es
algo fundamental para nuestra separación conceptual; es más, yo mismo trato en
infinidad de ocasiones, durante mis ratos de meditación, de interiorizar a
Dios, de “hacerlo mío” y entonces es obvio que estamos mucho más próximos en
nuestros enfoques.
Pero mi gran problema es el amor y quizás por eso trato de hablar
con vosotros; no soy capaz de amar como debiera, siempre veo en los demás un
ser opuesto a mí en vez de una persona con la que poder identificarme (creo que
es preciso reconocer que no ando tampoco muy descaminado…). Ese es mi gran
problema y ese es el obstáculo que me impide lograr “El Cielo en la Tierra”,
ese cielo que de continuo propagáis y que tanto me agradaría alcanzar.
Estas palabras mías son casi una petición de ayuda. ¿Podríais
orientarme algo? Cuando menos, me encantaría compartir ideas con algunos de
vosotros y tratar de consolidar aquellas que no dejan de flotar a mi alrededor
sin ser capaz de poder fijarlas.
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Autor: Rafael Arbide (rafaelarbide@forycon.net)
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