6/3/10

Taller de Espiritualidad para Buscadores: Módulo 4


PARA TODOS LOS QUE DESEEN SEGUIR POR ESTE BLOG EL

TALLER DE ESPIRITUALIDAD PARA BUSCADORES

(Se publican en el Blog las entradas correspondientes a los distintos Módulos que configuran el Taller conforme éste se va desarrollando para l@s que lo siguen de manera presencial, comenzando el sábado 6 febrero y concluyendo el domingo 16 de mayo de 2010)

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Taller de Espiritualidad para Buscadores:

+ Módulo 1: Ver entradas del sábado 6 y domingo 7 de febrero.

+ Módulo 2: Ver entradas del sábado 13 y domingo 14 de febrero.

+ Módulo 3: Ver entradas del sábado 20 y domingo 21 de febrero.

+Módulo 4: Consciencia y conciencia

Sábado 06 de marzo:

24. Consciencia

25. Estado de consciencia

26. Elevación del grado de consciencia

27. Conciencia

28. Estadios de conciencia

Domingo 7 de marzo:

29. Grado de consciencia, estadios de consciencia y experiencias

30. Integración y aceptación

31. Quietud

32. Movimiento

33. Unidad

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24. Consciencia

En las páginas anteriores han aparecido con reiteración las palabras “consciencia” y “conciencia”. En el lenguaje corriente no suele distinguirse entre ambas. El propio Diccionario de la Lengua de la Academia Española remite a la segunda en el primer significado que otorga a la primera. Sin embargo, conocer lo que los dos términos significan y diferenciar entre ambos es de enorme importancia y ayuda para el ser humano, en general, y los buscadores, en particular. Y ofrece una perspectiva llena de luz para comprender e interiorizar mejor la experiencia de individualidad que ocupó el Módulo previo y el recorrido que el ser humano efectúa por las etapas examinadas -ego, triunfador, dador, buscador, vidente y espíritu-.

Empezando por el primero de los vocablos citados, la consciencia se relaciona con “ser”. Cuenta con dos dimensiones inseparablemente unidas: “consciencia de lo que se es” y “consciencia de lo que es”.

Para entenderlo conviene recordar la contestación que Dios ofrece a Moisés (Éxodo, 3,14) cuando éste le pregunta cuál es su nombre: “yo soy el que soy”, traducido del latín (“ego sum qui sum”); o “yo soy el Ser”, si se acude al griego (“e.gó ei.mi ho on”). Con una contundencia radical, se refleja en esta afirmación la consciencia de ser en su doble dimensión: la consciencia de lo que se es -consciencia de Ser, de ser quien soy-; y la consciencia de lo que es -consciencia de lo Real, de lo que es la realidad-. También Jesucristo hizo suya esta expresión y en el Evangelio de San Juan utiliza el “yo soy” en siete ocasiones (4,26; 6,20; 8,24,28,58; 13,19; 18,5). Y en la tradición oriental, Buda es descrito como un ser plenamente consciente de ser.

En esta consciencia de ser -de lo que soy y de lo que realmente es- se fundamenta el “conócete a ti mismo” comentado en apartados precedentes como clave y llave para abrir la nueva visión que la búsqueda necesita. Conocerme a mí mismo implica ser consciente de lo que soy. Y supone sentir y vivir lo “Real”, sin fantasías, prejuicios, interpretaciones o ilusas pretensiones sobre mí y lo que me rodea.

Recuérdese la película The Matrix. Lo que Neo, el protagonista, logra durante el argumento es adquirir consciencia de ser. Experimenta un proceso de despertar que enlaza con la distinción ya enunciada, formulada entre otros por Heráclito de Éfeso, entre aquellos que estando dormidos parecen estar despiertos (los humanos que las máquinas mantienen inconscientes en nichos y enchufados a una realidad virtual que consideran su verdadera vida) y los que realmente están despiertos y pueden comprender (los humanos encabezados por Morfeo que han escapado del dominio de las máquinas). Y Neo adquiere consciencia de ser en su doble dimensión: de lo que él es; y de lo que es real, una realidad tan distinta del iluso mundo virtual diseñado por las máquinas. Lo primero es resumido por Morfeo de manera admirable cuando le dice “no pienses que lo eres, sabes que lo eres”. Y lo segundo, se recoge en la frase “bienvenido al desierto de lo real”, pues para el ser consciente el mundo exterior se desvanece como mera ficción y dejan de tener significado los apegos y anhelos materiales en los que buscaba la realización.

¿Quién goza de una Consciencia Perfecta?. Una Consciencia así, con mayúscula, es atribuible a la divinidad. El Ser Uno, Todo o Dios es Consciencia pura, sin otros aditivos ni paliativos.

25. Estado de consciencia

Los seres humanos, en nuestra escala, podemos aproximarnos a ella en la comprensión de que la consciencia es un “estado” y que son muchos sus niveles o grados (como si fuera un termómetro).

El grado menor de consciencia se corresponde con la inconsciencia integral. Igual que la oscuridad completa es la falta total de luz o el frío completo es la carencia total de partículas caloríficas, la inconsciencia completa es la ausencia total de consciencia (no obstante, a la inconsciencia integral hay que aplicarle lo que se planteará en otro Módulo acerca de la hipótesis e imposibilidad del Mal Absoluto).

En cuanto al grado mayor, es la Consciencia Perfecta: un estado permanente e inalterable de consciencia absoluta de lo que soy y de lo que es. Conlleva paz y quietud inalterables, armonía y equilibrio impecables y una atención centrada en ser lo que se es sin distracción alguna. A un estado así nos acercamos modestamente los seres humanos conforme avanzamos en nuestra evolución espiritual (elevando nuestro grado de consciencia en la forma que se verá más adelante) y seguimos el consejo del Libro del Deuteronomio: “estate atento a ti mismo” (“attende tibi”). La meditación y, especialmente, la contemplación son un gran apoyo al respecto.

En el estado de Consciencia plena no existe ni el pasado ni el futuro, sólo un presente continuo en el que lo eterno se desenvuelve. No hay anhelos, ni deseos, ni versiones ilusas sobre lo real, ni ningún tipo de apego exterior al Ser que nuble la consciencia o aparte la atención de lo que soy. Tampoco pre-ocupaciones, pues el Ser está integralmente ocupado en ser. Y en un estado así fluye del Ser, de manera tan natural como intensa, el Amor Incondicional, la energía primaria y pura con la que la quietud se hace movimiento y viceversa.

Como se examinará en otros Módulos, es en ese estado de Consciencia Perfecta en el que el Ser Uno, íntegramente concentrado en lo que es, emana y expande su Esencia (lo que la astrofísica denomina “big-bang”: concentración-expansión). Actúa, así, como Principio Único de cuanto existe en sus múltiples dimensiones. No lo hace por necesidad o requerimiento alguno, sino porque es su naturaleza innata, porque es Amor; un Amor sin distingos ni predilecciones, abnegado, misericordioso, profundo.

26. Elevación del grado de consciencia

Por lo mismo, todo es Unidad: nada está separado y todo pertenece a la Identidad Divina. La Unidad es lo Real. Sin embargo, nuestros sentidos físicos perciben las cosas, objetos y seres como entidades inconexas e individuales. Además, mayoritariamente tenemos adormecida (las mujeres, por lo general, menos que los hombres) la capacidad de “ver” desde nuestro interior (intuición, sensibilidad, inspiración). La consecuencia es que fabricamos un mundo imaginario de separación y fragmentación, repleto de dualismos. De ahí la obsesión insensata, pero para tantas personas irrefrenable, de enjuiciar, clasificar y etiquetar todo y a todos: bueno y malo, superior e inferior, yo y el otro, lo tuyo y lo mío, ayer y mañana,... ¡Pobre mente humana opinando constantemente en un tumultuoso mar de suposiciones; sometida por nosotros mismos, por nuestra incapacidad de “ver” y por nuestra falta de consciencia, a la condena de ser juez y parte de cuanto existe y sucede en una agotadora actividad que ni cuando dormimos descansa!.

El ser humano puede liberarse de una situación tan absurda, inútil y dolorosa elevando de grado el estado de consciencia. Es indudable que sólo alcanzando la Consciencia Perfecta desaparecen los equívocos y ficciones: soy el que soy (no el que pienso que soy); y lo que siento Real es la realidad verdadera (no una realidad ilusoria, virtual). Y una Consciencia así es ajena al ser humano, que se mueve en grados de consciencia no plena y, por tanto, pensando lo que es (en vez de ser lo que es) e imaginando la realidad (en lugar de sentir lo Real). No obstante, podemos acercarnos a ella elevando el grado de consciencia. Y cualquiera que éste sea, se produce un hecho maravilloso que cuesta trabajo asumir: somos lo que creemos ser. Somos creadores y creamos según lo que creemos ser, en función de nuestra consciencia de ser. Ni más, ni menos. En términos utilizados en epígrafes previos, lo que crees es lo que creas; la vida es una película en la que uno mismo es el guionista, director, cámara y protagonista. Soy lo que creo ser. Y lo que creo ser depende de mi grado de consciencia, sea el que sea.

En cuanto a cómo elevar tal grado, toda persona puede en cualquier momento conseguir el máximo grado de consciencia al que es posible aspirar en el plano humano. Aunque parezca increíble, está al alcance de todos y en todo instante adquirir consciencia de lo que se es y de lo que es y afirmar con legitimidad “soy el que soy”. No es preciso vivir muchos años, ni transitar por una cadena de vidas; ni, en cada una, leer muchos libros o atesorar conocimientos múltiples. Frecuentemente, los buscadores se enfrascan en una insaciable exploración de conocimientos teóricos y experiencias que acaban por introducirlos en un sinuoso laberinto de difícil salida. Pero el ansiado encuentro es bastante más simple y directo: conocerse a sí mismo y constatar que soy el que soy.

Las etapas antes vistas de ego, triunfador, dador, buscador, vidente y espíritu son grados, de menor a mayor, del estado de consciencia (esquemáticamente enunciado, pues en cada uno hay muchos grados de consciencia posibles). Y el ser humano puede tomar consciencia de espíritu en cualquier momento; adquirir consciencia de que soy, somos, el Milagro, una manifestación de Dios y Dios mismo, Creación y Creador. ¡Interiorízalo de una vez y olvídate de tantas idas y venidas por ideas, conceptos y experiencias “interesantes”!. Sin embargo, la inmensa mayoría de los seres humanos opta por una vía más dilatada –en términos de nuestra tridimensionalidad, pues en verdad el tiempo no existe- y van incrementando paulatinamente el grado de consciencia a través de una cadena de vidas físicas y a lo largo de cada una de ellas. A continuación se verá cómo.

En cualquier caso, al ir elevando el grado de consciencia –al pasar, por ejemplo, de triunfador a dador o de buscador a vidente- nos vamos acercando a lo que verdaderamente somos y a lo auténticamente real. Como la consciencia no será total, estaremos todavía en “nuestra” película. Pero su guión y discurrir se ajustarán cada vez más a nuestro ser verdadero y a la auténtica realidad. De su argumento irán desapareciendo paulatinamente las sensaciones de fragmentación y separación y los dualismos dicotómicos que encadenaban y coartaban nuestra felicidad. Su espacio será ocupado de manera natural por paz y armonía crecientes, una honda noción de Unidad y una gran capacidad de Amor.

¿Cómo se eleva el grado de consciencia?. Para responder a este interrogante hay que detenerse en la conciencia.

27. Conciencia

La ilusoria separación de la Unidad que vivimos los seres humanos al experimentar la individualidad en libre albedrío provoca la pérdida de consciencia. La inconsciencia de lo que realmente somos nos introduce en un mundo de enredos dicotómicos y apegos materiales en el que la “conciencia” nos sirve de orientación, como una brújula. ¿Hacia dónde nos guía?: ¡a la consciencia!. La conciencia es un impulso interior que inconscientemente nos dirige, valga el juego de palabras, a elevar el grado de consciencia, a recobrar la consciencia. Es la llama que alimenta al buscador y le dirige al gran encuentro: hacia la consciencia de lo que es.

Puede parecer increíble, pero todo encaja de manera impecable y maravillosa en un Omniverso emanado del Amor. Aunque ni se nos pase por la cabeza, la función de la conciencia es la recuperación de la consciencia y, por ende, de la Unidad, a la que, obviamente, nunca dejamos de pertenecer por olvidada y arrumbada que la mantengamos.

Piénsese, por ejemplo, en las personas concienciadas en el servicio a la comunidad, la defensa de los derechos humanos, la ayuda al Tercer Mundo, evitar el maltrato de animales o la protección del medio ambiente. Son conductas y comportamientos ligados de un modo u otro a la idea de Unidad. Y son indicios palpables de que el ser humano que los ejerce, en su discurrir espiritual, avanza hacia el restablecimiento de la consciencia y el conocimiento de sí mismo. No importa que se considere ateo o agnóstico. Una persona concienciada en ámbitos como los expuestos muestra un progreso espiritual hacia su verdadero Ser. No es extraño encontrar ateos que en realidad están espiritualmente mucho más despiertos que otros que se reclaman religiosos y reducen la religión a una práctica iterativa y rutinaria de ritos y ceremonias vacíos de contenido, carentes de amor, y a una concepción egocéntrica, maniquea y maliciosa de la realidad. Como afirma la Primera Carta de Juan: “el que no ama, no ha llegado a conocer a Dios, porque Dios es Amor” (4,8).

28. Estadios de conciencia

La consciencia, como se reseñó, radica en ser; la conciencia en estar: se está en un determinado “estadio” de conciencia. Y si el grado de consciencia puede elevarse, en los estadios de conciencia es posible progresar. Expresado gráficamente, la consciencia es una línea vertical en la que se puede ascender (aumento del grado de consciencia); la conciencia es una línea horizontal en la que se puede progresar (avance en el estadio de conciencia). Así como existen diferentes grados de consciencia, hay distintos estadios de conciencia. Según nuestro grado de consciencia, las personas pasamos de un estadio de conciencia a otro a lo largo de la cadena de vidas físicas -y en cada una de ellas- de nuestra encarnación en el plano humano.

Enlazando con lo ya explicado y expresado muy sintéticamente, el punto de arranque es un bajo grado de consciencia o consciencia egocéntrica, representado por el ego y el triunfador de páginas anteriores. De hecho, engloba diversos grados de consciencia, pero todos tienen como eje la identificación con el ego y con lo que a éste reporta placer: mi yo es el centro del Universo y todo gira en torno a mí para proporcionarme felicidad. En estos grados de consciencia egocéntrica se viven, a su vez, distintos estadios de conciencia –concienciación en torno a la acumulación de riqueza y dinero o en clave de poder, éxito y fama, reconocimiento social,…- con sus correspondientes experiencias. Y es la insatisfacción o carencia de una vida llena y completa que sentimos en el transcurso de tales experiencias la que nos conduce a buscar algo más y ayuda a elevar nuestro grado consciencial.

Nos introducimos entonces en una consciencia de sistema: nos transformamos en dadores, en la terminología ya usada, y hacemos cosas de forma desinteresada para una determinada esfera (sistema). Ésta se irá ampliando poco a poco en la medida que aumenta el grado de consciencia: familia, amigos, comunidad, sociedad, humanidad, planeta. El altruismo ganará terreno, dando paso a diferentes niveles en el estado de consciencia en los que el triunfador de antes se convierte en un dador cada vez más generoso capaz no sólo de dar cosas, sino también de darse a sí mismo. En estos grados de consciencia viviremos diversos estadios de conciencia –las modalidades de concienciación ya citadas en torno al servicio a la comunidad, los derechos humanos, el Tercer Mundo, el maltrato de animales o el medio ambiente-, con sus respectivas experiencias.

La sucesión de estas experiencias aportará vivencias que irán elevando nuevamente el grado de consciencia; y ampliando el ansia de dar a todos los seres humanos y al planeta en su globalidad. Esto nos hará avanzar por estadios de conciencia cuyas experiencias situarán a nuestra individualidad en un punto límite: el mundo que queríamos abrazar deja de ser fuente de realización y aparece la necesidad de elevar trascendentemente el nivel consciencial. Aspiramos a encontrar a Dios y nos transformamos en buscadores (siempre lo hemos sido, pero ahora somos conscientes de serlo). El mundo material ya no es el lugar en el que pueden realizarse nuestros deseos y anhelos y ponemos en cuestión la pretensión del ego de ser omnipotente. Y, como buscadores, pasaremos por distintos grados de consciencia que nos introducirán en diversos estadios de conciencia con sus consiguientes experiencias.

Éstas nos pondrán en evidencia una luz interna que insiste en que hay que ir más allá, disfrutando del viaje como en la travesía hacia Ítaca cantada por Kaváfis, pues la búsqueda ha de desembocar en el encuentro. Su empuje nos lleva a vislumbrar dimensiones de la realidad que hasta ahora permanecían escondidas. Aún no las podemos palpar, pero empezamos a sentir que están ahí, esperando a que demos el paso hacia a ellas. Nuestro grado de consciencia se eleva al nivel de vidente, que realmente incluye diferentes grados de consciencia. En ellos desarrollamos diversos estadios de conciencia con sus correspondientes experiencias, que propiciarán que toda identificación externa y el ego se vayan diluyendo.

Es un nacimiento nuevo, una resurrección en vida que posibilita que veamos a Dios en la vida misma. Desparece cualquier lucha interior y el guerrero que hemos sido (egoístas, triunfadores, dadores,…) puede descansar para siempre. También el buscador, porque la búsqueda, simplemente, concluyó. Nos inundará una inocencia similar a la de los niños, aunque no será ya un sentimiento, sino consciencia. Lloraremos como niños, porque se ha producido el anhelado “encuentro”; y reiremos como niños, porque veremos que en todo momento, a lo largo del camino, el encuentro estuvo con nosotros y a nuestro alcance: sólo era cuestión de ser conscientes. Comprenderemos, igualmente, que el camino ha merecido la pena.

Nuestro nivel de consciencia se habrá elevado mucho, pero aún puede aumentar más. El encuentro nos permite ver a Dios. Pero desearemos experimentar a Dios mismo, fundirnos con Él y en Él. Se alcanza entonces un grado de consciencia de espíritu, que se despliega en los estadios de conciencia comentados en su momento: conciencia cósmica (experimentamos milagros); conciencia divina (obramos milagros); y conciencia de la Unidad (nos convertimos en el milagro). No es la Consciencia que disfruta el Ser Uno, pero sí análoga. Con el último estadio reseñado, conciencia de Unidad, la propia conciencia se disuelve. De hecho, deja de ser necesaria, pues cumplió su función como brújula y guía hacia mayores grados de consciencia. Ésta ya fluye en todo su esplendor y de modo pleno, sin reservas.

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Continúa mañana domingo:

29. Grado de consciencia, estadios de consciencia y experiencias

30. Integración y aceptación

31. Quietud

32. Movimiento

33. Unidad

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