26/1/17

Yoga y deporte


Hace unos minutos me han llamado desde Canal Sur Radio para hacerme una entrevista, decían, sobre la Declaración del Yoga como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por parte de la Unesco. Era lógico que la emisora de radio andaluza se interesara por el suceso. Lo particular comenzaba porque me llamaban desde un programa deportivo.

Con esta reflexión quiero ser absolutamente respetuoso con todas las sensibilidades y opiniones dentro del mundo del yoga. De hecho la locutora, Estíbaliz Martínez, también lo fue, porque lo primero que hizo fue excusarse por llamarme desde un programa deportivo, conociendo ella que el yoga no es un deporte. Rápidamente maticé sus palabras: “Oficialmente en España el yoga pertenece a la familia de actividades físico-deportivas”. Lo dice el Real Decreto 1034/2011, de 15 de julio y el Real Decreto 1076/2012, de 13 de julio.

Se quedó muy sorprendida porque el enlace que pretendía darle a la noticia en relación a su programa radiofónico deportivo consistía en argumentar que numerosos y significativos deportistas profesionales practican yoga tal vez para mejorar su bienestar y, al parecer, para mejorar su rendimiento. Y me puso el ejemplo de los baloncestistas Pau Gasol y Michael Jordan, y del tenista Novak Djokovic. Yo le mencioné el caso anterior y bien célebre en España del futbolista Emilio Butragueño, quien quizá gracias a practicar esta disciplina oriental pudo prolongar su vida profesional deportiva con mejor salud y menos lesiones, amén del bienestar personal y la paz espiritual que pudiera lograr en el camino.

Además, le añadí que si atendemos a una definición amplia del deporte, sin duda el yoga puede encuadrarse dentro de esta definición, por ejemplo, la que se establece en la nueva Ley del Deporte en Andalucía: ”Deporte o práctica deportiva: todo tipo de actividad física que, mediante una participación organizada o no, se realice con objetivos relacionados con la mejora de la condición física, psíquica o emocional, con la consecución de resultados en competiciones deportivas, con la adquisición de hábitos deportivos o con la ocupación activa del tiempo de ocio.” (Ley 5/2016, de 19 de julio, del Deporte de Andalucía).

El yoga implica acción física

Nadie negará que el yoga es una “actividad física que, mediante una participación organizada o no, se realice con objetivos relacionados con la mejora de la condición física, psíquica o emocional”. En consecuencia, el yoga puede encuadrarse dentro de esta definición. Si alguien quisiera argumentar que el yoga no siempre implica una actividad física, lo siento, tendría que responderle que en este plano terrenal todo yoga implica de algún modo una acción (o una concentración) física. Y aquí me remito a los textos clásicos del yoga, comenzando por los célebres Yoga Sutras de Patanjali.

Quiero ser respetuoso con todas las sensibilidades y opiniones, también con la mía propia que quiero expresar. Sé que para algunas personas en relación con el yoga, incluir esta palabra en una misma frase junto con la palabra “deporte” es como juntar el agua con el aceite. Con el sobrentendido de que el yoga o los yoguis son mejores que el deporte o los deportistas. Me parece un tanto altanera tal pretensión, y más para yogui o yoguinis a los que se supone humildad y haber sometido un poco al menos a vigilancia a las pretensiones altaneras de su ego. He conocido deportistas excelentes como personas y de una gran ética, y por otra parte, yoguis y meditadores, como yo mismo, almas en evolución.

También quiero remitirme a las etimologías de ambas palabras: Yoga significa “unión”, y unión es armonía y amor, por eso el enarbolamiento de esta bandera ha de servir a la causa de la concordia entre las personas, sean yoguis, yoguinis o deportistas. En muchas ocasiones una misma persona reúne ambas condiciones con toda tranquilidad y armonía.

Deporte viene de un término latino que significa aproximadamente “salir”, se entiende “salir de casa, al campo, a hacer ejercicio, etc.” No entraña necesariamente competencia o competición, entronca más con lo que hoy llamaríamos senderismo, o sea una práctica de ocio y bienestar bien en armonía con el yoga, pues los yoguis y yoguinis suelen gustar de tal ejercicio en contacto con la Naturaleza.

Yogui+deportista, ¿por qué no?

El meollo de la cuestión es que el yoga implica un ejercicio físico atento y concentrado en el movimiento y las posiciones del cuerpo, y, en relación con la respiración, una práctica de la respiración atenta por sí misma, una auto-observación mental, contemplación o meditación, y que conlleva también una atención a la esfera espiritual. Además posee una larga y venerable tradición filosófica y establece unos firmes principios éticos.

Como ya he señalado, muchas personas que practican yoga son al mismo tiempo deportistas, sin encontrar contradicción en ello, porque no la hay. Al revés, como bien señalaba la locutora de Canal Sur Radio, hay un beneficio notable en la práctica del yoga por deportistas profesionales o aficionados, competitivos o de ocio y tiempo libre. Del mismo modo hay que reconocer que el verdadero deporte también entraña una actitud ética de juego limpio, y aporta numerosos beneficios a la persona que los practica. El buen senderista jamás contaminará la Naturaleza que le sirve de espacio a su esparcimiento, igual que el nadador, el maratoniano, el ciclista, establece o puede establecer una interesante relación con la observación de la mente, a modo de meditación, y esto es algo que con certeza muchos lectores meditadores, yoguis y deportistas habrán experimentado.

Cuando el pasado verano Andrés Espinosa y yo visitamos a Emilio Carrillo, éste nos contó que el principio de su evolución espiritual fue a través de la práctica de la carrera de fondo o maratón. Ahí le cité yo el primer libro de espiritualidad que me leí: El Zen del correr, de Fred Rohé. Y recientemente Sakyong Mipham ha publicado en Ediciones La Llave sobre el mismo tema: Correr y meditar, subtitulado Enseñanzas para entrenar el cuerpo y la mente. En esa misma entrevista con Emilio Carrillo, el psicólogo Andrés Espinosa observaba con buen tino que tal vez este despliegue de la espiritualidad que estamos viviendo tenga alguna relación con ese interés creciente por las prácticas deportivas de ocio, como el correr.

Es evidente que las múltiples facetas y vertientes del yoga hacen que tenga difícil encaje en las categorías que la sociedad o las diferentes administraciones quieran hacer de esta antigua sabiduría: deporte, filosofía, psicología, espiritualidad, salud… Podemos decir que ninguna de ellas y todas al mismo tiempo.

Lo que está claro es que si el yoga ha de servir de algo, es para superar las toscas dualidades conceptuales: cuerpo/mente, yoga/deporte, salud/espiritualidad, purusha/prakriti. Recuerden el advaita del jnana yoga: Todo es uno.

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Autor: Joaquín G. Weil
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